Capítulo 7
El viaje fue tal y como lo imaginaba, en silencio, dejando que la música llenase ese silencio. Era mucho más agradable así.
Deje mi ropa sucia en casa esperando a que llegasen mis padres de su viaje y poder recogerla limpia el finde siguiente. Era un alivio que no estuviesen aquí para poder retrasar la noticia, aunque solo fuesen, 7 días. ¿Quién sabe? A lo mejor en 7 días ambos nos hartábamos tanto de esto que lo terminábamos, y yo me ahorraba una conversación incomoda.
-¿Dónde quieres ir?- me preguntó una vez en la planta de restaurantes del cetro comercial.
-Me da igual- dije encogiéndome de hombros.
-¿El italiano mismo?- dijo señalando el que teníamos en frente de manera cansada.
-Vale- le contesté con el mismo gesto encaminándome hacía el local.
Una vez sentados y con nuestra orden hecha, Edward cruzo las manos sobre la mesa con la clara intención de comenzar con aquello. Solté un pequeño suspiro y me preparé para la que se avecinaba.
-Bella, necesito que esto salga bien- empezó con un tono solemne que me hizo soltar una carcajada que, por su expresión, no le sentó nada bien. –Hablo en serio. Empieza a tomártelo tú también así-.
-¿Perdona?- la última frase desató a la bestia. –Edward, estoy mintiendo, por ti- dije señalándole. –No te debo nada. Más en serio que yo no te lo estás tomando tu-.
-Bien, entonces, ¿Qué es lo que creen que estamos haciendo mal? No lo entiendo-.
-¿Nunca has tenido una relación de verdad, no? Que no esté basada única y exclusivamente en el sexo digo-.
-No- dijo sin ningún tipo de vergüenza. –Solo traen problemas. Mira esta, es de mentira y ya me está causando más dolores de cabeza que todas las anteriores juntas-.
-Es… todo Edward- dije intentando explicárselo justo mientras dejaban nuestras pizzas en el centro de la mesa. –Es la manera de hablar, de mirarse. No te voy a decir que sea una experta en eso, pero no podría imaginar que mi novio, no me cogiese de la mano, no me hiciese reír o… o mirase a otras tías mientras está conmigo- dije dándole una colleja para que me prestase atención. ¡Impresionante! Estaba totalmente embobado con dos rubias que acababan de pasar delante de la cristalera junto a nuestra mesa, y le saludaban descaradamente.
-¿Qué?- dijo como si no supiese que estaba haciendo mal.
-¡Edward! ¡Te has quedado mirándolas embobado! ¡Te faltaba el babero!-.
-¿Y? esto es de mentira Bella. Puedo…-.
-Oh, oh, no. Ni lo sueñes. No es de verdad, pero eso se queda entre nosotros. Ni se te ocurra ligar, y mucho menos tirarte a cualquier chica de la zona Edward-.
-¿Pero por qué? ¿No estarás celosa, no?-.
-Eres idiota- dije como confirmación de un hecho. –Este sitio es pequeño Edward. Cual estupidez que haga puede llegar fácilmente a oídos de tus padres. O de los míos. O peor, lo pueden ver-.
-¿Y entonces qué? ¿No puedo ya ni ligar a gusto?-.
-Puedes hacerlo con cualquier chica que te dé la gana. Siempre y cuando no sea de aquí. Aquí, te tendrás que conformar conmigo. Y sabes bastante bien los límites- dije empezando a comer. No iba a dejar que una comida deliciosa se enfriase por Edward. Ni de broma.
-Joder. Esas dos rubias…- dijo girando la cabeza para ver si las conseguía volver a ver.
-Mantenla en tus pantalones Edward. No debe ser tan difícil- dije orgullosa de mi humor. Y esperaba que aquello le tocase el ego.
-Ja- dije siguiendo el juego. ¿Me seguía el juego? Entonces es que le había ofendido. –No sabes de lo que hablas Bella. No tienes ni idea-.
-Guau. Tienes una confianza en ti mismo que sobrepasa tus posibilidades-.
-Me he ganado esa confianza a pulso. Créeme-.
-Lo que tu digas-.
-¿Quieres comprobarlo?- dijo limpiándose la boca y haciendo un amago de levantarse.
-La última vez que lo comprobé, yo era demasiado poca cosa para ti. Y tú eres demasiado poco para mi Edward-.
-¿Demasiado poco? Nena, te repito que no sabes de lo que estás hablando-.
-Deja de llamarme nena, es horroroso. Elige otro nombre para llamarme, en serio, no entiendo como a la gente le puede gustar que la llamen así-.
-Pero si os encanta a todas- dijo ofendido. –Es mi marca. Por donde paso…-.
-Es asqueroso. Y no, no nos gusta. Lo que pasa que a lo mejor les duele hacerte daño diciéndote que no, o les asusta-.
-¿Y por qué? Simplemente me lo dicen y no se lo llamo…-.
-O las mandas a paseo Edward. Que tú no quieras nada serio con ellas no quiere decir que ellas contigo solo quieran un revolcón rápido. ¿Sabes lo que es la empatía? Te resultaría un ejercicio muy útil de vez en cuando-.
-Ja, ja, ja- dijo separando las sílabas. –Yo solo puedo prometer que lo intentaré un poco más para que esto funcione, ¿de acuerdo? Y ahora cuando salgamos te daré la mano, para que no te asustes, y sonreiré mucho. ¿Es esa la actitud?-.
-No está mal Edward. Nada mal- dije sorprendida.
Pagamos la cuenta y tal como me avisó me cogió la mano para volver al coche.
-¿Debería haber pagado yo la cuenta?- dijo antes de ponernos en marcha. –Digo, como tu novio—dijo esto haciendo las comillas con las manos, -¿no es lo que suelen hacer?-.
-No hace falta que lo hagas conmigo. Puedo pagármelo, y no somos nada asique…-.
-La próxima pago yo- dijo terminando la conversación completamente convencido de ello.
Espera. ¿La próxima? ¿Cómo que la próxima?
