Capítulo 8

Aun cuando había aparcado ya frente a su casa todavía seguía dándole vueltas a la frase: "la próxima pago yo". ¿Por qué querría salir otra vez conmigo? Ya habíamos hablado lo que teníamos que arreglar… más o menos.

Cuando entramos en la casa vi que estaban todos en el salón, supuse que viendo una película. Edward subió a la parte de arriba de la casa sin dirigirme ni la palabra.

No vi a Carlisle, pero si a Esme que acariciaba el pelo de Alice con delicadeza sin perder de vista la pantalla. Era bonito verlas, ese grado de confianza que no creo que jamás alcanzar con mi madre, no porque la quiera menos si no porque Esme… Esme era una de entre un millón. Y ni qué decir de Alice.

-Hola- salude en apenas un susurro para no distraer a los demás. Esme se giró para sonreírme pero sin decir nada.

-¿Dónde habéis estado?- preguntó Alice también susurrando. Era raro mantener esta conversación con Esme al lado. No porque fuese la madre de Alice, si no porque lo era también de Edward.

-En Port Ángeles. Hemos estado tomando algo y hablando- contesté brevemente.

-¿Hablando?- repitió extrañada. Y pensándolo bien, era extraño.

-Si Alice, hablando-. Dios mío, lo que debía estar pensado Esme de mi…

-Bella- me dijo al oído después de un rato Esme, -no te he preparado la cama en la habitación de Alice. Supuse que dormirías con Edward. ¿Está bien así?- ¿Cómo? ¿Qué? ¿Podía abrirse la tierra a mis pies y engullirme? Menos mal que la habitación estaba a oscuras y no podía ver que mi cara en ese momento era más parecido a un tomate que a mi propia cara. ¿Cómo se lo tomaría Alice? O peor, ¿Cómo se lo tomaría Edward?

-Esta bien Esme, pero no quiero incomodaros, puedo dormir con Alice como siempre sin…-.

-No pasa nada Bella. Todos somos adultos- vi como Alice se tapaba la boca para disimular su risa, aunque solo yo sabía que estaba escuchando la conversación. Mañana sería el hazmerreír de todo el grupo. –Estoy muy feliz de que estés con mi hijo. No me imagino una mejor persona para él-.

-Gracias Esme- dije con un nudo en la garganta y la boca completamente seca. Era un milagro que pudiese hablar. –Me voy a dormir, estoy cansada. Hasta mañana- me despedí un poco más alto para que todos pudiesen oírme. Escuché unos cuantos balbuceos y salí de allí dirección a la habitación de Edward. ¿Cómo iba a explicarle yo esto?

Subí las escaleras todo lo despacio que pude y arrastrando mis pies pensando cómo iba a explicarle la situación. Aunque tampoco teníamos otra opción, es decir, no me podía dejar durmiendo en el pasillo ni nada parecido… ¿no?

Toque su puerta lentamente y respirando con dificultad. ¿Por qué? Era Edward y era su mentira. Que asumiera las consecuencias… ¿Pero porque siempre yo y siempre lios para mi? ¿Por qué?

La puerta se abrió y apareció Edward con unos pantalones de pijama y sin camiseta. Sin camiseta. Madre mía, podía no soportarle pero estaba claro que tenía futuro como modelo y que su seguridad estaba basada en hechos, en concreto, en unos abdominales definidos a la perfección. ¡Bella, vista arriba! ¡Y cierra la boca! ¡Háblale!

-Edward- dije como si me despertase de repente esperando que no hubiese notado mi súbito embobamiento.

-Bella- dijo más despacio. -¿Qué se te ofrece?- dijo burlándose de mi.

-No estoy para juegos Edward- dije volviendo a la realidad, donde su arrogancia ganaba por goleada a su apariencia. –Necesitamos hablar- dije bajito, aunque sabía que no había nadie cerca que pudiese oírnos.

-Venimos de estar dos horas hablando. ¿Todavía necesitas más de mí?-.

-Estúpido- dije dándole en el pecho. –Esme no ha preparado la habitación de Alice porque pensaba que iba a dormir aquí-.

-Bueno, pues dile que no vas a dormir aquí-.

-Oh no. Si no quieres que duerma aquí vas a decírselo tu- contesté dándole esta vez solo con un dedo en el pecho. –Vas a ir y a decirle: "oye mamá. Si estoy saliendo con Bella y la quiero mucho, pero no pienso dormir con ella". ¿Qué te parece? ¿Creíble?- termine cruzándome de brazos y poniéndole la sonrisa más falsa que pude.

-Eh…- empezó a pasarse con nervios una mano por el pelo. –Entra- dijo de repente cogiéndome del brazo y arrastrándome de dentro. –Esto no está planeado. Pensaba salir esta noche-.

-¿Disculpa?-.

-Sí, he quedado con… con una. No tienes que saber quién es-.

-Lo primero, no soy una novia a la que tienes que engañar y ocultarle nada. Y segundo, pero más importante, ¿ha servido de algo la charla de hoy? Edward, nada de chicas de la zona. ¡Joder! No sé ni para que me esfuerzo contigo… ni yo ni nadie-.

-¡Deja de juzgarme! He quedado, y pienso ir. Como bien dices no eres nada mío…-.

-La última vez que te lo digo. ¿Quieres seguir disfrutando de esta habitación? Deja de ser tan idiota y aguanta 4 meses. Créeme, lo voy a pasar yo peor que tu-.

-Aggggggg, de acuerdo- dijo tirándose del pelo esta vez con fuerza. –Te quedas a aquí, la cama es suficientemente grande para los dos, ni nos tocaremos-.

-Puedo dormir en el sofá- dije señalando el sofá negro que tenía justo debajo de un enorme ventanal. Parecía cómodo.

-Soy un arrogante idiota Bella, y puede que no sepa tratar a una mujer adecuadamente a veces. Pero no permitiré que duermas en un sofá cuando tengo una cama. Toma- dijo tirándome una camiseta de su armario. -¿Algo más bonito que dormir con la ropa de tu chico?-.

-Tengo pijamas en la maleta-.

-Ponte eso, es más creíble. Créeme- dijo diciendo lo mismo que yo le había dicho antes. –Coge lo que necesites de esa maleta… o mejor tráela aquí-.

Salí de la habitación con la camiseta en la mano y volví a ella en menos de un minuto. Solo quería dormir y olvidar ese día, y peor aún, prepararme para el siguiente.

Entre en el cuarto de baño y me cambie rápidamente, me lave los dientes y me cogí una coleta para que mi pelo no se enredase. Bastante humillante era la situación, como para que encima al día siguiente mi pelo pareciese un nido de cigüeñas más que una melena castaña.

Miré un momento la camiseta que me había prestado y no pude evitar sonreír. El logo de Muse cubría toda la parte delantera y por detrás todas las fechas de su gira por Estados Unidos. Todos habíamos ido el año pasado al concierto que el grupo ofreció e Seattle, y fue uno de los mejores días de mi vida.

Al salir me encontré con una imagen que nunca creí volver a ver, y no pude callarme mi sorpresa.

-¿Estás leyendo?- dije asombrada viéndole tumbado en la cama con un libro.

-Si Bella, se leer y a veces, leo-.

-Uau. ¿En qué lado duermes?-.

-En este. ¿Te importa? ¿Prefieres dormir tu aquí?-.

-No, es tu cama. A mí me da igual- dije metiéndome cuidadosamente intentando que no se me viese nada cuando la camiseta se me subiese. –Bonita camiseta- dije señalándosela y sonriendo. Curiosamente, el me la devolvió.

-Sí, me trae grandes recuerdos. ¿Te acuerdas…?-.

Y por sorprendente que parezca, así empezó una noche… inolvidable.