Capítulo 9

-¿Te acuerdas cuando Alice casi se desmaya porque pensó que el cantante le había guiñado un ojo? Te juro que pensé que tenía una hermana de 14 años… otra vez. Todavía me dan escalofríos de pensarlo-.

-Si- dije sin poder evitar reír. –Estuvo hablando de ello 2 meses sin parar. No sé cómo Jasper la puso soportar. "Jasper guíñame el ojo. No ese no, el otro. No así no, tienes que sonreír"- dije intentando imitar su voz. Logré sacar una gran carcajada a Edward. -¿Qué lees?- le pregunté cuando la curiosidad me invadió.

-Oh, es solo un viejo libro- dijo marcando la página y cerrándolo. –Es de poemas. Debía tener como 15 años cuando me lo compré. Cuando todavía creía que ser un romántico era lo que funcionaba-.

-¿No crees que lo romántico funcione?-.

-Al final no-.

-Te equivocas. Ser romántico te da muchos puntos. Pero tienes que saber ser romántico. Eso es lo difícil-.

-Ah, ¿qué hay muchas maneras de ser romántico?- me preguntó mientras yo asentía con la cabeza. –Ilumíname-.

-No- dije riendo. –No te voy a dar el trabajo hecho, eso no tiene ningún mérito. Pero ser romántico no consiste solo el dar flores y bombones a las chicas, va un poquito más allá. Esas cosas están demasiado vistas, y aunque con algunas funcionan… están demasiado vistas- concluí.

-Deberíais venir con libro de instrucciones. En serio-.

-¿Por qué? No somos tan complicadas. No puedo hablar por todas, porque hay algunas a las que ni yo entiendo. Pero no somos una especie desconocida Edward. De hecho, muchos nos conocéis mejor que nosotras mismas-.

-¿Estás hablando de los ginecólogos?-.

-¡Edward!- dije dándole en el brazo, aunque ninguno de los dos podíamos parar de reír.

-Si alguien ha escuchado eso, va a pensar que soy realmente bueno-.

-Mhhhhhhhhhh siempre vuelves las conversaciones a ese tema. Eso no es romántico-.

-Pero funciona-.

-Con algunas. Las que no darían ni para una página en ese libro de instrucciones-.

-En eso tienes razón- dijo haciendo que chocase mi puño con el suyo. Como si fuéramos colegas, vaya.

-Simplemente para nosotras el sexo no lo es todo. Es importante, está claro, pero las que queremos algo más no basamos todo en eso. Quiero decir, si la primera impresión que te da el chico es que quiere tenerte en su cama esa misma noche, y tú quieres algo serio, al final, no terminará en nada para ninguno de los dos-.

-Bella, créeme, como hombre que soy, todos queremos lo mismo desde el segundo 1. Siento desilusionarte pero…-.

-No escuchas. No estoy diciendo que no queráis. Estoy diciendo que no lo mostréis. Esforzaros-.

-¿Cuántas relaciones has tenido Bella?-.

-2- le contesté. La verdad es que no me apetecía que Edward indagara en mi vida privada, pero estábamos teniendo un rato tan agradable que no pude callarme. –Un año más o menos cada una-.

-¿Ellos te entendían de la manera que tú pides?-.

-A veces sí. A veces no. Es complicado. Al principio parece que sí, luego ves que no, luego prefieres darle una oportunidad, te lo demuestra una vez si otras no… relaciones- dije levantando mis manos en un signo de incomprensión. –En eso, nadie tiene una fórmula para que funcione. ¿Y qué hay de ti Edward? ¿Cuántas relaciones?-.

-Creo que la que más me duró fue con una chica cuando tenía 18 años. 3 semanas- contestó haciendo el gesto de la victoria. –Del número perdí la cuenta hace años-.

-Uau. ¿Con alguna de ellas aplicaste eso?- dije señalando el libro.

-Tenía 15 años Bella. Ni siquiera entendía lo que decían-.

-¿Y lo entiendes ahora?-.

-No. Hablan de amor, y yo no sé lo que es eso-.

-Esta conversación empieza a ser demasiado profunda- dije colocándome un mechón de pelo detrás de mí oreja y tapándome la cara con la mano. ¿Por qué hablaba con él de estas cosas? Lo más íntimo que habíamos intercambiado hasta ahora en una conversación era que qué nos apetecía de cenar.

-Si- dijo él, que parecía igualmente avergonzado. –Oye, ¿te apetece ir mañana a algún sitio? No sé, a patinar o…-.

-Edward, entiendo que no te agrade, pero querer matarme, intentarlo o incluso conseguirlo, es delito-.

-Cierto, torpe como estilo de vida. Perdón. No sé, dime algo, no me apetece estar en casa todo el día aguantando las miradas y comentarios de todo el mundo-.

-¿Y te apetece estar conmigo?- pregunté levantando una ceja.

-Ya se. Cine. Todo el mundo callado y mirando lo película. Así nadie se tiene que soportar mutuamente- dijo sonriendo irónicamente y trayendo de vuelta el Edward más idiota.

-Perfecto. Pero elijo yo-.

-¡No! Vale, pero por favor, nada cursi…-.

-Elegiré lo que me apetezca Edward- ahora era yo la que le sonreía con una inocencia claramente fingida mientras me tapaba con las sábanas y me metía en la cama. –Buenas noches Edward-.

-Buenas noches- soltó en un bufido costándose al lado opuesto de la cama y apagando la luz.

Una vez a oscuras me moví un poco para ponerme más cómoda y no pude evitar soltar un gritito de sorpresa.

-¡Ah!- dije sentándome de repente. –Tienes los pies helados Edward- dije cuando Edward volvió a encender la luz y me miraba con cara de sorpresa.

-Odio dormir con calcetines- me dijo como si se intentase disculpar.

Ambos nos quedamos mirando unos segundos hasta que estallamos en carcajadas. Eras altas horas de la noche pero parecía no importarnos. De hecho, ni siquiera pensamos en los demás en ese momento.

-No me vuelvas a tocar- dije advirtiéndole de manera graciosa.

-¡Pero si has sido tú la que te has movido!- contestó sin poder parar de reír.

-Estaba al borde de la cama, y tus pies ocupaban mi espacio. Tú culpa-.

-¿Qué? No, yo llevaba así un rato y nadie se había quejado hasta que tú te moviste- dijo enfatizando la palabra "tú".

-Vale. Entonces puedo moverme libremente por ella mientras no toque a nadie, ¿no? Peeeeeeeefecto- dije empezando a dar vueltas por la cama sin llegar a tocarle. Me quedaba a penas a unos milímetros de él, pero hasta ahí.

-¿Quieres jugar?-.

-¿Cómo?- dije parando de reír y quedándome frente a él. "Demasiado cerca" pensé.

-Creo recordar que odiabas las cosquillas…-.

-No Edward, no- dije moviéndome rápidamente a mi lado de la cama. Ahora era demasiado tarde porque tenía a Edward encima de mí atacando mi barriga con sus manos. Y yo solo podía gritar de risa y desesperación para que parase.

-Para, para, para. Edward por favor- le pedía casi sin aliento ya revolviéndome entre sus piernas.

-Shhh- dijo tapándome la boca mientras reía y seguía con las cosquillas. –Vas a hacer que piensen otra cosa- dijo quitándose mientras yo recuperaba el aire.

-Idiota- dije dándole un golpe en el brazo.

-¿Quieres dar tú las explicaciones oportunas mañana?- dijo medio empujándome delicadamente mientras nos salía una risa nerviosa a los dos en la cara.

-Quiero dormir. Y volver a respirar bien- dije mientras otro ataque de risa volvía a mí.

-Buenas noches Bella- dijo tocándome cariñosamente la cabeza y apagando la luz.

Esa vez los dos nos metimos en la cama, cada uno a su lado, sin tocarnos.

Era raro, una noche con Edward, donde no hubo peleas, hubo… risas. Solo risas, muchas, sinceras.

Sí, era una noche inolvidable.