Capítulo 10

La luz que dejaba pasar la ventana me despertó dándome directamente en los ojos. Moví el brazo para que la claridad no me diese de pleno, porque no tenía todavía ninguna intención de moverme, mucho menos de levantarme.

Pero algo me resultó extraño, y es que yo nunca había despertado en esa habitación. Nunca… ¡¿Dónde estaba?!

Me senté rápidamente en contra de mi voluntad y miré a mi alrededor. Respiré con alivio cuando recordé los acontecimientos de la noche anterior. Esta era la habitación de Edward. Pero, ¿Dónde estaba él? No salía ningún ruido de su baño, y desde luego no en el dormitorio. Cogí mi móvil para ver la hora, y eso terminó de despertarme. ¡Las 11 de la mañana! ¡Yo jamás había dormido tanto! A no ser que la noche anterior hubiese estado de fiesta…

Cogí rápidamente unos pantalones cortos de mi pijama y baje a la planta baja, donde pude ver que estaban todos reunidos, menos Carlisle y Esme, pues aunque fuese sábado, solían pasarse por sus respectivos trabajos.

-Buenos días- dije sin reconocer ni mi propia voz. A pesar de haber dormido muchísimo, todavía seguía agotada, y no sé de qué.

-Buenos días dormilona- me saludó Rose con un pequeño abrazo, mientras yo me dirigía a la cocina a prepararme algo de desayunar.

-Buenos días Bella, ¿qué tal anoche?- me preguntó Emmet cuando yo estaba de espaldas, lo que me permitió poner una cara extraña sin que nadie me viese.

-Bien, ¿por?- dije, aunque en esos momentos me encantaría ver la cara de Edward ante mi contestación.

-Oh nada, solo que ayer escuchamos ruidos, más bien nombres, te levantas tarde. Sí, has tenido que pasar una muy noche-.

-No es lo que insinúas Emmet- contestó Edward antes de que yo pudiese responderle. La preparación de mi desayuno era más importante que contestar sus tonterías.

-No- dijo Jacob alargando la palabra excesivamente. –Porque no es para anda lo que parece- aunque su tono era totalmente diferente al de Emmet, el suyo era… serio, de reproche. No bromeaba. Eso hizo que me enfadase considerablemente. ¿Quién creía que era yo?

-Jamás me acostaría con Bella, Jacob. Toda para ti- dijo con una sonrisita burlona. Estaba disfrutando aquello. Ahora mi furia se dividía entre los dos. ¿Qué estaba pasando aquí?

-Eres tan imbécil Edward- respondió Jacob girándose hacía el con actitud desafiante.

-Ten cuidado. Estás en mi casa y no tendría ningún problema en…-.

-¡Basta!- grité visto que ninguno parecía tener intención de parar eso. Y tenía mucha pinta de acabar mal si seguían por ese camino. –Habéis conseguido joderme el día en un tiempo record-.

-Bella- susurró Seth intentando cogerme del brazo mientras salía de allí. Se lo aparté de mala forma aunque no era mi intención. Le pediría disculpas luego.

Subí y me cambié de ropa lo más rápido que pude. ¡Mierda! Al final no había desayunado, y tenía mucha hambre.

-Alice, ¿me dejas tu coche?- dije cuando aparecí en la planta de abajo cortando una discusión de todos contra todos, probablemente sobre mí, que se desarrollaba entre susurros.

-Bella, puedo…-.

-No Alice, quiero ir sola. ¿Me va a dejar alguien el coche o me voy caminando?- estaba enfadada, muchísimo, y seguir encerrada en esa casa solo incrementaba aquello.

-Toma- dijo sacándolas de su bolsillo y tirándomelas.

-Ten cuidado, por favor- dijo Jasper detrás de ella.

-Lo tendré- dijo con una sonrisa tranquilizadora, aunque no real.

Encendí el motor del Porche amarillo y cogí la carretera en menos de un minuto. Odiaba la velocidad al volante, pero entre que el coche de Alice era demasiado fácil de conducir y que tenía prisa por salir de allí rápido, al final era el punto menos importante del día.

Como era lógico, tardé menos de lo normal en llegar hasta Port Ángeles. Aparqué en el parking del centro comercial y me dirigí al primer establecimiento que vi para desayunar.

Estaba segura que desde fuera era patético mirarme. Sola, con un montón de comida delante de mí mientras la devoraba sin miramientos, y enfadada, aunque probablemente a los demás les pareciese que estaba triste. Que también lo estaba.

Me permití el lujo de quedarme un rato más sentada escuchando música. Cuando vi que la camarera empezaba a mirarme mal pagué mi cuenta y salí a caminar por la ciudad.

Aquella situación… Llevaba menos de dos días con ella y ya me superaba. Además de crear conflictos, algo que detestaba profundamente, más si eran entre amigos. Aunque Edward no era considerado como tal, pero no me gustaba. Y odiaba que sus opiniones influyesen tanto en mí. ¿Qué más me daba que no tuviese un interés sexual por mí? ¡Yo tampoco quería! Pero no creo que a nadie le gustase escuchar que era tan poco apetecible sexualmente para alguien…

Y luego estaba Jacob. Odiaba a Edward, y a la menor oportunidad le atacaba verbalmente. Y me fastidiaba que siempre fuese yo la excusa para empezar las provocaciones. Cuando apenas éramos unos adolescentes Jake mostró cierto interés en mí, pero con el paso del tiempo se fue diluyendo hasta volver a ser Jacob y Bella, grandes amigos. No quería ni imaginarme que fuese por eso… no, ni de broma.

Y luego estaba los demás, cada uno con su estilo. Unos pasaban, otros presionaban, otros bromeaban constantemente.

Mi cabeza iba a explotar.

Me di cuenta de que estaba en un parque, uno donde nunca antes había estado. Me senté en un banco quedando delante de mí un lago lleno de patos. Compré comida y empecé a tirársela.

Estaba realmente lejos del centro comercial. Debía haber andado bastante tiempo, pero nadie esperaba por mí en casa, asique deseché ese pensamiento rápidamente. Tenía todo el tiempo del mundo para mi… y para los patos. Aunque ese pensamiento sonó como si fuese una vieja solitaria cuya máxima preocupación en la vida son sus decenas de gatos. Me reí de mi misma ante tal pensamiento.

-¿Divertido?- escuché una voz a mi lado, pero con los cascos era imposible distinguirla. Al girar mi cabeza, mi cara cambió completamente.

-¿Qué haces aquí?- le pregunté quitándome los cascos. -¿Cómo me has encontrado?-.

-Si te digo la verdad, llevó buscándote 2 horas. Pensaba que todavía me quedaban unas cuantas más. Casualidad supongo-.

-No me has contestado al que haces aquí, Edward-. Era, realmente, a la única persona que no esperaba ver ni de cerca.

-Creo recordar que hoy teníamos una cita- dijo cogiendo un poco de la comida y tirándosela también a los patos.

-Ya, seguro que esa es la razón-.

-También quería pedirte disculpas… en nombre de todos. Creo que todos tenemos un problema sobre cuando parar ciertas bromas-.

-Si solo fuese ese el problema- dije suspirando. –Sois una panda de imbéciles. Los dos- dije por fin aliviada.

-Sí, te concedo eso. No… no soy muy sociable Bella, o por lo menos no cuando se trata de amistades, y menos en cuanto a fingir tener una novia. Simplemente no se-.

-Tampoco te esfuerzas por intentarlo Edward. Es agotador-.

-Sí, pero parece que esto va funcionando, ¿no? Digo, llevamos dos conversaciones increíblemente normales. Hasta agradables-.

-Demasiado bueno-.

-Eso también te lo concedo. Está siendo muy bueno-.

-No quiero hablar más de esto. Me debes una cita. Cine. Quiero llorar con una película- dije poniéndome de pie.

-En otra situación te llevaría la contraria. Pero hoy te lo mereces. Ven el coche está por aquí- dijo cogiéndome la mano y llevándome por un camino.

No deje de ver esas dos manos unidas y de pensar, con auténtico terror, lo bien que se podían llegar a ver juntas.

Retiré rápidamente ese pensamiento nada más ver su Audi, y nos dirigimos por segundo día consecutivo a una cita en el mismo sitio.

Mi preocupación era ahora, lo rápido que arreglaba los problemas con Edward. Se sentía natural volver al camino de la normalidad con él. Y eso, jamás me había pasado con nadie.