Capítulo 11
Llegamos a casa tarde, y no fue hasta que aparcamos cada uno con nuestro coche frente a la casa que me di cuenta de que mi móvil no tenía batería.
Habíamos pasado una tarde extrañamente divertida. Al final, viendo una cara de sufrimiento imposible, decidí que mejor una partida de bolos que una película. Presiento que me dejó ganar, porque no se puede ser tan malo jugando a los bolos, pero se lo agradezco solo interiormente.
Había descubierto a otro Edward, como si dentro de ese arrogante e idiota hubiese un chico de 21 años normal. Con ganas de pasárselo bien sin necesidad de dar que hablar. Era una charla que me gustaría tener con él por su bien, el de Alice, y porque no, el del grupo. Pero no era el momento.
Abrió la puerta y me dejo pasar primero con una sonrisa sincera que le devolví rápidamente. Antes de que la cerrase Alice estaba con los brazos en jarras en frente mío.
-¿Dónde diablos os habéis metido?- tenía una furia contenida y podía jurar que lágrimas en los ojos.
-Hemos estado en Port Ángeles. Mi móvil se quedó con batería- dije sacándolo y demostrándoselo.
-A mí se me olvidó aquí- dijo Edward cuando la mirada de su hermana cambio de uno a otro.
-Eres un inconsciente. Podía haber llamado desde una cabina, irte a un ciber y mandar un mail. ¡Algo!- le recriminó Emmet casi chillando.
-Pides demasiado- dijo con aparente tranquilidad Jacob, que estaba detrás de todos.
-¿Vais a empezar otra vez?- dije volviendo a cortar la discusión de preescolar que se estaba produciendo, por segunda vez en un mismo día, ante mis narices. –Edward no ha hecho nada malo. Fui yo la que me fui y tendría que haber sido yo la que os tendría que haber avisado. Dejadle en paz-.
-Bella, te podía haber pasado cualquier cosa y nosotros…- empezó Jacob acercándose. Creo que mi mirada le dijo que no era buena idea.
-A él también. Por cierto, he pasado una tarde increíble. Estoy mucho mejor. Gracias por preguntar. ¡¿Qué tal vuestro día?!- la última frase la dije furiosa y con un tono más alto de lo puramente formal. Me abrí paso entre el grupo y subí corriendo las escaleras. No creo que nadie se atreva a seguirme.
Con todo mi mal humor me puse el pijama y me metí en la cama. No quería pensar, solo quería dejar mi mente en blanco y dormir, dormir mucho. Sabía que al día siguiente debía disculpas y muchas explicaciones, pero no era el momento de pensar en ellas porque entonces serían ellos los que me las tendrían que dar a mí. Una Bella enfadada era algo que no le gustaría ver a nadie.
-Bella, Bella- escuché un susurro lejano mientras me mecían lentamente. –Bella- repetía. Abrí los ojos preguntándome quien osaba interrumpir mi sueño. Era él.
-¿Edward?- dije frotándome los ojos. Solo la lamparita de noche de la mesilla iluminaba la habitación. -¡Mierda!- dije dándome cuenta. Era su habitación. Ni siquiera me había planteado la posibilidad (real) de que no quisiese verme allí. –Lo siento- dije saliendo de la cama, -estaba enfadada y… no sé porque he terminado aquí Edward. Perdón, ya me voy…-.
-Bella- dijo parándome mientras me cogía del brazo y me dedicaba una sonrisa amable. ¿Por qué me sonreía tanto? –No me importa. Solo quería saber que tal estás-.
-¿Yo?-.
-Claro-.
-Eh… Cansada. Con sueño- dije. Pero vi que su expresión no concordaba con mis respuestas. -¡Ah!- dije recordándolo mientras las sensaciones volvían a mí. –Por lo de antes. Enfadada, con ellos y conmigo. ¿Qué tal? Siento que las culpas volasen a ti directamente-.
-Gracias por defenderme- dijo señalando la cama para que volviese a ella. Un gesto que le agradecí internamente de manera infinita. –Si mis padres hubiesen estado en casa me hubiesen matado por creer que te trataba mal- dijo dándome la espalda y quitándose la ropa para ponerse un pantalón de chándal y entrar conmigo a la cama. –No tenías por qué haberlo hecho-.
-Sí. No me gustan las injusticias. Quiero decir, si la culpa es mía tengo que hacerme responsable de mis actos. Tu solo intentaste cuidar de mi… o algo así. Y te lo agradezco de verdad. Ha sido una tarde genial Edward-.
-Si- dijo el sonriendo. –Eres… Eres diferente a lo que pensaba. Además de la ironía tienes una gracia natural Bella-.
-Uau- dije sin cortarme sorprendida. –Gr… Gracias- ¿Por qué me estaba poniendo nerviosa? –Tú también Edward. A veces eres solamente un chico de 21 años del montón. Y créeme, es bueno saber que existe. Buenas noches- dijo tumbándome dándole la espalda.
-Buenas noches Bella- me contestó haciendo el mismo gesto de la noche pasada, una suave caricia en la cabeza, antes de que se apagase la luz.
La mañana siguiente fue diferente. Fui yo la primera en levantarme. Era temprano y no quise despertarle asique con cuidado cogí mis cosas y salí de allí. Me preparé en uno de los baños y bajé a desayunar, encontrándome en la cocina con Alice y Rose, que tan pronto me vieron se giraron esperando mi reacción.
-Buenos días chicas- dije con naturalidad. Ya no sentía la rabia de la noche anterior, sabía que necesitaba reposar los acontecimientos para poder ver toda la situación con perspectiva. Ahora solo tenía necesidad de charlar, sobre todo con ellas, y aclarar muchas cosas.
-Hola Bella, ¿Cómo estás?- preguntó Rose.
-Mejor- dije girando mi cabeza y sonriendo delicadamente, lo que hizo que ambas sonriesen a su vez viendo que aquello, a lo mejor, no iba a ser tan malo como imaginaban.
Cuando me senté en la barra en frente de ellas con mi desayuno, sabía que iba a comenzar una charla larga.
-Bella, perdón por lo de…- empezó Alice como si llevase callando aquello por años. Yo me limité a hacerle un gesto con la mano para que no siguiese por ese camino. Y pareció funcionar, porque se calló.
-No quiero hablar de eso. Tú tenía culpa y vosotros lo empeorasteis. Ya está. Solo quiero olvidar el tema-.
-Pero es que Edward…- quiso seguir. Y yo no quería que siguiese por ese camino. No por uno donde Edward terminaba mal.
-Edward se portó increíblemente bien conmigo. No tiene culpa de nada. En serio chicas, solo hicimos lo que nos pedisteis. Hablamos, nos divertimos y pasamos una buena tarde juntos. Lo está intentando. Dadle una oportunidad. Lo está haciendo bien-.
-¿Estás bien Bella? Estás hablando bien de Edward- dijo Rosalie riendo, y no pude evitar imitarla.
-Eso creo- dije tomando un sorbo de mi café. –No sé, simplemente por ahora a cumplido lo que prometió. No quiero más discusiones por su culpa, porque no tiene ninguna-.
-Ya, es lo que les dije ayer a todos- dijo Rosalie encogiéndose de hombros. –Pero a Jake no termina de convencerle este asunto. No sé qué le pasa-.
-También me he dado cuenta- asique parece que por ahora no estoy del todo loca. -Creo que tengo que hablar con él el privado. Estuve pensando ayer- si estábamos sincerándonos, que mejor que decir aquello en voz alta, -¿os acordáis hace años, cuando me dijo que…?-. ni siquiera podía ponerlo en voz alta. Aunque gracias a su afirmación con la cabeza no hizo falta. –No creo que haya vuelto a eso, ¿no?- Jacob enamorado de mí. El problema que me faltaba.
-Yo no lo descartaría- dijo Alice en un susurro con cara de pena. Si fuese cierto, todos sabíamos el resultado del problema. Jacob se alejaría de todos porque yo jamás podría decirle que si a algo como eso. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
-Buenos días- dijo Edward saludando al entrar en la cocina pasándose la mano por el pelo y vistiendo tal y como se había caído de la cama. ¡Una camiseta por favor! –Hola- me dijo especialmente a mí con su sonrisa poniendo su mano para que la chocase. Y lo hice. ¡Lo hice! ¿Qué…?
-Hola Edward- dijo tímidamente Alice frente a él. Todos allí sabíamos que esperaba. Y no tardo en abrazar a su hermano como señal de disculpa. Lo sorprendente fue que Edward se lo devolvió, lo que hizo que Rose y yo nos quedásemos completamente perplejas. Él jamás la abrazaba, una mano en la espalda, un par de palmaditas y ya. Pero… Pero eso era un abrazo. Y de los largos.
-¿Habéis desayunado ya?- preguntó dirigiéndose a la nevera. Nosotras afirmamos con la cabeza ligeramente todavía asombradas de la demostración pública de afecto de Edward a Alice.
-¿Qué le has hecho?- me dijo está al oído bajito con una emoción difícil de explicar.
-¿Yo?- dije moviendo la boca pero sin articular ningún sonido. –Nada-.
-Hola a todos- dijeron los 4 que faltaban entrando a la cocina. Otros cuatro igual… ¡Camisetas para todos, por favor!
-Hola Bella- dijo Emmet a mi lado.
-Hola oso- le contesté con una sonrisa. El besó la parte superior de mi cabeza y sonrió sabiendo que todo estaba olvidado.
-Bella, luego quiero hablar contigo, ¿vale?- me dijo Jacob para que solo yo pudiese oírlo.
-Claro- le contesté en un susurro. Pero ya estaba nerviosa, y toda clase de posibilidades pasaban por mi cabeza, a cada cual, menos deseable. ¿Qué quería Jacob que no me pudiese decir en frente de todos? Oh Dios, por favor, que solo sea una tontería, por favor…
-Bella- me dijo Edward sentándose a mi lado chascando sus dedos en frente de mi cara. -¿Dónde estabas?-.
-En mi mundo- contesté tímidamente, pero no por ello con falta de sinceridad.
-Ya veo. ¿Qué te apetece hacer hoy antes de que nos vayamos?-.
-¿Te vienes a Seattle esta semana?-.
-Si. Pero por lo pronto, hoy- dijo dando con un dedo en la mesa y sonriendo mientras empezaba su desayuno.
Comenzamos una amena charla sobre las posibilidades de diversión sin la necesidad de salir de Forks, mientras los demás comenzaban sus propias conversaciones. Era como una pequeña burbuja divertida y agradable donde me estaba empezando a gustar el estar.
Pero la sombra de mi conversación pendiente con Jacob no dejaba de perseguirme.
