Capítulo 13

-Saluda a mis padres- la dije mientras el resto se metía en sus coches.

-Claro. ¿Estás segura…?-.

-¡Vete!- la dije entre cansada y divertida. Se preocupaba por nada. –Solo voy a estudiar-.

-Adiós Bella- dijeron bajando sus ventanillas y perdiéndose entre los demás coches del campus que se iban con la intención de disfrutar el fin de semana.

Yo no podía. Mi semana de exámenes estaba encima, y necesitaba estudiar como una condenada, y sabía que con ellos a mi alrededor sería imposible. Ya me había pasado. Y Edward… Bueno, él había decidido quedarse en Seattle esos días, y yo, que a veces hablo antes de pensar, le había dicho que si no molestaba mucho nos podíamos hacer compañía mutuamente. A lo que él, sorprendentemente, contestó que sí. Asique aquí estaba yo, en casa preparando la comida y esperando que llegase.

Eran mediados de noviembre, y nuestra "mentira" ya llevaba la mitad del camino recorrido con éxito. Decírselo a mis padres fue la experiencia más aterradora de mi vida. Juro que ambos pensábamos que mi padre sacaría la escopeta en cualquier momento. Pero al final lo aceptaron de la mejor manera que se puede aceptar que tu única hija salga con el gigoló oficial del pueblo.

En cambio, Esme y Carlisle estaba encantados. No había sábado y domingo que no insistiesen en que me quedase a dormir allí, y yo siempre les daba la excusa de querer pasar más tiempo con mis padres.

Los demás ya lo tenían asumido también. Incluso Edward nos había acompañado a alguna de nuestras salidas… y parecía que lo había disfrutado. Se pegaba a mí como un salvavidas y solo Alice podía sacarle de esa burbuja, pero al contrario que a Jacob, a mí no me molestaba. De hecho, me había empezado a gustar, pero solo un poco. Edward podía ser una muy agradable compañía cuando era él. Y era todo un misterio como terminaríamos después del mes y medio que nos quedaba.

Terminé de poner la mesa cuando sonó el timbre y fui a abrir la puerta. Esto no me podía estar pasando.

-Hola Bella- dijo sonriendo al entrar tocándome la cabeza, una forma extraña que tenía cuando me decía hola, adiós o buenas noches, como el primer fin de semana. -¿Conoces a Mike, verdad?- dijo señalando a la persona que tenía al lado. ¿Qué si le conocía? Solo fuimos pareja un año. De nada.

-Sí. Hola Mike- dije notando como el poco color que ya de por si tenía, iba desapareciendo de mi cara. ¿Qué hacía aquí?

-Bella- dijo dándome un beso en la mejilla. El no parecía nada incómodo. ¿Qué demonios estaba pasando? -¿Puedo?- dijo señalando el interior de la casa.

-Claro- contesté todavía perpleja por todo aquello. Hacía más de un año que lo nuestro había terminado, y ese era el tiempo que llevábamos sin hablarnos. -¿De que os conocéis?- les pregunté. Pues aunque Mike y yo fuimos algo, jamás Edward me vio con él, ni se interesó por mi vida en ningún sentido.

-Es un compañero de trabajo. Hicimos juntos el casting para la última campaña de fotos-.

-¿Tu modelo?- dije señalándole y no pudiendo evitar una risa absurda. Imposible…

-No, a mí no me cogieron- dijo ensombreciendo un poco la mirada.

-Perdón dije intentando disculparme. Empezábamos bien el viernes. –Eh… Pensaba que solo venía Edward asique no hay comida suficiente para los tres- dije un poco avergonzada, cuando no era yo quien tendría que sentir eso. Pero claro, pedirle a Edward algo así era imposible, él no tenía vergüenza, ni ningún sentido de la educación.

-Poco previsora- dijo levantándose del sofá mientras me guiñaba un ojo. -¿Qué hacemos?-.

-Ya me prepararé algo- dije dejando aquello por imposible. –Tenéis la comida en la cocina. Solo no me molestéis, estaré estudiando-.

Tardé lo que se tarda en parpadear en prepararme mi propia comida y salir de allí para no ver a ninguno de los dos. ¿En qué pensaba Edward para traer a alguien sin avisar? ¿Y en que pensaba Mike para aceptar? Él sabía dónde vivía… Les iba a matar.

Me costó una eternidad empezar a concentrarme y justo cuando parecía que la tarde iba a ser de algún tipo de provecho, alguien llamo a mi puerta y la cabeza de Mike apareció por ella.

-¿Se puede?-.

-Claro- dije rodando mis ojos y cerrando los libros. -¿Qué haces aquí'- pregunté por fin. Toda la tarde con la pregunta en mi cabeza. Necesitaba respuestas.

-Edward me invitó y quería saber si era cierto-.

-¿Si era cierto el que?-.

-Decía que se estaba viendo con una chica, que era su polvo seguro. Cuando me dijo tu nombre no me lo creía. ¿Bella con Edward? Vamos… Pero viéndolo ahora… Uau Bella. Has aprendido a jugar con los mayores- dijo riéndose débilmente. Esto… Esto… Esto no tenía nombre. –Luego pensé que a lo mejor te apetecía verme, volver a salir. No sé, has cambiado tanto… podría funcionar-.

-Mike, se dónde vives, se dónde encontrarte. Si hubiese querido saber de ti hubiese ido a verte. Ahora te voy a pedir que salgas de mi casa, ¿vale?- dije levantándome y abriendo la puerta.

-Pero Bella…-.

-Bella nada. No hagas que terminemos mal. Por favor-.

-De acuerdo- dijo derrotado. –Pero si quieres…-.

-Adiós Mike- dije entre dientes. Solo necesitaba que se fuese y poder tener una charla con Edward. Oh, aquello iba a ser la guerra.

-¡Eh Mike! ¿A dónde…? ¿Por qué se va?- dijo Edward cuando vio que Mike salía y yo aparecía en el salón. Intentaba aparentar una actitud de calma, pero era realmente complicado. Solo quería… Es que no sabía ni lo que quería hacer con él.

-¿Sabes de que nos conocíamos Mike y yo Edward?- estaba apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados y matándole con mi mirada.

-No- dijo simplemente.

-Pues Mike y yo estuvimos saliendo. Un año. ¿Qué te parece?-.

-¿De verdad?- dijo riéndose. –Es… Es raro. Vosotros-.

-¿Y sabes qué además? Eso nos da cierta confianza. Asique, un polvo seguro, ¿no?-.

-¿Qué?- dijo mirándome con ojos asustados. Sabía por dónde iban los tiros, y si a él no me gustaba, a mi mucho menos.

-Que eso es lo que soy para ti, ¿no? Un polvo seguro. Uau. ¿A cuanta gente a parte de Mike le has contado eso?-.

-Bella, puedo explicártelo. Déjame…-.

-¿¡Cuanta Edward!?- adiós calma. Hola tempestad.

-Solo a la gente con la que trabajo. Nadie te conoce…-.

-¿Cómo no me conocía Mike?-.

-Eso ha sido una casualidad…-.

-¡Eres un completo idiota!- llegado a ese punto yo estaba desesperada. Quería pegar a todos los muebles, paredes… Ah. Y a su cara. -¿Por qué? ¿De qué han servido estas semanas? ¿Por qué mientes y me haces creer que has cambiado?-.

-Yo nunca he dicho que haya cambiado Bella. No quiero cambiar, me gusta como soy. Dije eso porque tengo una reputación y tú me prohibiste…-.

-¡Me has metido a mí en una de tus mentiras! ¡Soy la idiota de la universidad! ¡Gracias!-.

-Creo que te estás pasando. A fin de cuentas tu llevas mintiendo un tiempo-.

-Sí, y no me puedo sentir peor por ello. Creéme, es el peor sentimiento que he tenido en mucho tiempo. Pero tienes razón, creo que lo mejor que puedo hacer es dejar de mentir. Ha sido un placer-.

-¡No Bella!- en un segundo Edward estaba a mi lado cogiéndome del brazo intentando que no me fuese. A él no le gustaba el final de la discusión. Y a mí tampoco. Me había quedado… vacía. –No puedes hacer esto. No ahora-.

-Sí que puedo- le contesté susurrando.

-Lo estábamos haciendo tan bien…-.

-Pero no soy ninguna mentirosa, y no me gusta mentir. No quiero convertirme en alguien como tú. Alguien que es un mentiroso patológico, que solo sabe hacer daño a la gente-.

-Tú nunca podrás ser como yo Bella. Tu eres una buena persona, y no creo que seas capaz de hacer daño a alguien ni aunque te lo propongas. Lo siento Bella, no se volverá a repetir-.

-Mientes- dije en un intento de sonrisa. –Siempre lo haces. Yo creía que esto te importaba algo pero no. Es una mentira sobre otra mentira-.

-No dejes esto, por favor. Eres importante, aunque no lo creas, eres muy importante para mí. Y esto no le he dicho jamás, a nadie-.

Odiaba saber que mentía, pero tenía la sensación de que aquello era demasiado profundo y sonaba a tanta verdad… Lo odiaba. El roce de su mano con mi brazo me mantenía en un espacio donde todo parecía precioso, leal, de confianza. ¡Lo odiaba!

-No te creo- dije mirando aquel roce y soltando una lágrima traicionera. –Esto no se soluciona con una charla o… Es demasiado tarde-.

-Vamos Bella. No me hagas esto, por favor- dijo arrastrándome a un abrazo mientras una mano paseaba por mi espalda y la otra por un cabeza. Su voz sonaba… rota. Parecía tener dolor en ella. No pude hacer otra cosa que rodearle también con mis brazos ¿Qué nos estaba pasando? –Bella- susurró en el tope de mi cabeza colocando su boca en ella.

No sé cuánto tiempo pasamos así. Y tampoco entendía porque cada segundo aquello se sentía mejor. O porque mis sentimientos parecían calmarse, poner todo en perspectiva… No, no los ponían en perspectiva. Empezaba a darme igual lo que el hiciese. Y eso solo podía hacerme daño. Una y otra vez salía dañada de aquello, pero milagrosamente el mismo que lo estropeaba lo arreglaba. No me gustaba que pasara eso con él. No con él. No con Edward.

-Bella- repitió otra vez en mi cabeza. Sentir su pecho en mi mejilla era terriblemente reconfortante. Su voz pasó de tener ese deje roto de dolor a uno donde el solo susurro hizo que mi cuerpo subiese dos grados de temperatura. Edward nunca había tenido ese efecto en mí. Yo era inmune a… Solo quería mirarle la cara y ver que sus ojos reflejaban lo mismo que su voz.

Lentamente separé mi cara de él y levanté la cabeza para mirarle. Tenía los ojos rojos y su mirada… su mirada solo pedía compasión y cariño.

Cada vez le veía más cerca. Más cerca. Más cerca. Su aliento en mi cara. Lo notaba. Su respiración acelerada. La mía también. No quería. No quería no quería. ¿Pero por qué no me movía? No que… Si quería. ¿Desde cuándo?

Y sus labios se unieron a los míos en un roce, lento, suave. La mano que viajaba antes por mi espalda ahora se encontraba en mi mejilla, con su pulgar dibujando círculos. Mis manos no se movían de su espalda. Como si no quisiese que se alejase ni un milímetro de donde se encontraba.

No quería que algo pasase, pero ya había pasado. Y me vi recordando desde cuando me ocultaba a mi misma cuanto deseaba que aquello ocurriese.