Capítulo 15

Estábamos a mediados de diciembre. Los exámenes estaban por terminar y las vacaciones de navidad se acercaban a pasos agigantados. El frío y la alegría empezaban a inundar las calles y los espíritus de la gente. De todos excepto el mío. Mi mayor temor se acercaba a la misma velocidad, y yo solo quería parar el tiempo, o dar marcha atrás y que nada hubiera sucedido.

Entre los últimos días de exámenes y mi historia con Edward, o los últimos días de la misma, mis nervios me estaban jugando una mala pasada. Apenas comía y había adelgazado por lo menos 5 kilos, mi humor era una montaña rusa y las emociones parecían afectarme 15 veces más de lo normal y no paraba de llorar por cualquier tontería, aunque esto último lo sabía manejar lo suficiente como para no hacerlo delante de nadie.

Necesitaba hablar con Edward sobre cómo íbamos a continuar con aquello, o si simplemente íbamos a continuar, pero últimamente parecía demasiado ocupado. Le habían cogido en la agencia donde coincidió con Mike haciendo las pruebas y apenas le veía. Y para mí se estaba haciendo necesario hablar con él, porque si, finalmente había caído y me había dado cuenta de que estaba totalmente enamorada de él, como una idiota. Esa idiota que tenía claro que ella no… Cuanta inocencia.

Cuando estaba a solas con él parecía otra persona. Era atento, cariñoso, detallista, gracioso, y aunque nunca perdía ese punto chulesco, le daba cierto encanto siempre que no se pasase, lo que sucedía cuando tenía compañía. Cada vez era más complicado guardar el secreto, o disimular cuando quería mirarle. Nadie todavía se había dado cuenta, o por lo menos nadie me había dicho nada, de lo cual estaba más que orgullosa.

Era viernes y volvía de la biblioteca. Aunque todavía me quedaban un par de exámenes la semana que viene, había decidido ir a Forks con todos a pasar el fin de semana. Las fiestas navideñas eran una tradición en nuestras familias. Nos reuníamos todos y eran una verdadera celebración, y dado que este año la mitad se iban de viaje, tendría que ser una semana antes. No podía faltar.

-¿Tu coche?- le pregunté cuando bajamos con las maletas al portal.

-Si- dijo sonriéndome sin esconderlo. Me encantaba que hiciese eso, aunque nunca se lo había dicho, y probablemente era mejor seguir callándomelo. –Pero Alice viene con nosotros- dijo torciendo un poco el gesto, seguro de que ella no le miraba.

-Solo durante el viaje- le contesté guiñándole un ojo cerrando el maletero y sentándome en los asientos traseros. Dejaría ir a Alice delante, era lo mejor para evitar discusiones… con ella.

-Oye, ¿Cuánto tiempo os queda?- preguntó Alice cuando apenas llevábamos una hora de viaje.

-¿Cuánto nos queda de que?- Edward podía no saber a qué se refería Alice, pero yo llevaba casi un mes pensando justo en ese mismo tema. El tiempo que nos quedaba.

-Edward, en serio, vives en tu mundo. El tiempo de "relación". Os queda poco, ¿no?-. si pudiese, en ese mismo momento, hubiese tapado la boca a Alice para que se callase. Mi yo interior ya me tenía bastante martirizada como para que ahora empezase ella también.

-Ah, eso- dijo Edward con desgana. –Poco Alice. Poco- la contestó mientras nuestras miradas se encontraban por el espejo retrovisor. Fue él quien la apartó primero cerrando los ojos con fuerza y centrándose en la carretera. Yo giré mi cabeza hacia la ventanilla. Dejaría que él se ocupase de esa conversación. No quiera hablar. Solo llorar. Como de costumbre últimamente.

-Tenéis que pensar algo, y pronto. Podemos ayudaros a inventar…-.

-Alice. Ya pensaremos nosotros como lo queremos hacer, ¿vale?- conocía lo suficiente a Edward como para saber que detrás de su tono tranquilo se escondía la misma necesidad que tenía yo de que Alice se callase.

-Pues si pensáis de la misma manera que cuando empezasteis te…-

-¡Alice! Suficiente- cortó Edward, ahora, claramente alterado.

El resto del viaje pasó en absoluto silencio por parte de todos.

-Nos vemos esta noche- se despidió Alice antes de que Edward arrancase para acercarme a mí a mi casa.

-Menudo viajecito- dijo Edward una vez dejamos su casa a las espaldas. Yo me había cambiado a los asientos de delante, pero seguía teniendo la misma postura y actitud que cuando estaba atrás.

-Sabes que Alice tiene parte de razón, ¿verdad?- dije casi en un susurro.

-Si- se limitó a decir.

-¿Cuándo?- pregunté intentando que mi voz no se rompiese.

-¿Cuándo qué?-.

-Que cuando vamos a solucionar esto. Y como-.

-Hemos llegado. Hablaremos en otro momento- giré mi cabeza esperando a que me mirase, pues no quitaba su ojos de en frente. Cuando se giró yo negué con la cabeza, dándole a entender que el momento era ahora. –No Bella, ahora no-.

-Ahora si Edward. Quiero saber que va a pasar porque esta situación me está matando-.

-Tenemos dos días para pensarlo. Más tiempo incluso, hasta después de Navidad. No llores por favor- dijo abrazándome con cierta dificultad dado el espacio donde estábamos. Aun así, era lo más reconfortante que podía existir.

-Nunca va a ser el momento adecuado. Nunca voy a querer dejarlo Edward, ¿no lo entiendes?- dije en el espacio entre su hombre y su cuello que acogía a mi cabeza. –Edward, yo te quiero- dijo rompiendo a llorar sabiendo que aunque él no quisiese, la realidad nos acababa de dar de pleno, y las cosas no se podían dejar así.

-Bella- dijo cogiéndome mi cara con sus manos mirándome con incredulidad y miedo. –No era el plan-.

-Nada de esto era el plan Edward- dije entre sollozos. ¿Esa iba a ser su respuesta?-

-No puedes quererme Bella. Eso… Es algo que no está bien-.

-¿Esta va a ser tu respuesta a lo que te acabo de decir?- mis lágrimas ahora eran imparables. -¿Podemos irnos de aquí, por favor? No puedo entrar así a casa- dije soltándome de su agarre y sentándome en el asiento lo más lejos posible de él.

-Bella…-.

-¿Por favor?-.

-De acuerdo- dijo suspirando y arrancando el coche de nuevo.

Estuvimos parados con el coche unos 30 minutos en un descampado a 5 minutos de mi casa. Yo solo cerré los ojos e intente tranquilizarme, olvidando que tenía compañía y que era la causante de mi estado emocional actual.

Tampoco era una sorpresa. Quiero decir, ¿qué esperaba? ¿Qué él me quisiese de la misma manera? Dudaba que tuviese esa capacidad emocional… pero dolía tanto… Podía haberlo intentado, solo intentado.

-Podemos volver- dije sin mirarle.

Y simplemente volvió a encender el motor y puso rumbo a mi casa.

-Gracias- dije simplemente antes de salir y abrir el maletero para coger mis maletas.

-Bella- me llamó cuando yo empezaba a caminar hacía mi puerta. –¿Cómo estamos ahora?-.

-Yo mal. Tú no lo sé, como es habitual- dije encogiéndome de hombros. Me había derrumbado una vez. No volvería a pasar otra en el mismo día, y menos delante de él.

-¿Crees que es sencillo para mí?-.

-Cuando no hay sentimientos involucrados, estoy segura, de que el trabajo te resultará más sencillo-.

-Yo no he dicho que quería terminar esto-.

-Pero es lo que tiene que pasar- dije empezando a temblar. Tenía ganas de llorar, otra vez. Limpie una lágrima traicionera rápidamente e intente mantener la compostura. –No quiero vivir en una mentira lo que me queda de vida. Yo ya te he dicho lo que quiero. Ahora te toca a ti- y dándome media vuelta entré a mi casa.

Esperaba que mis padres hubiesen llegado de trabajar, pero no fue así, asique de nuevo las emociones me pudieron y rompí a llorar de nuevo. Como una niña pequeña. O simplemente como a una persona a la que estaban rompiendo en pedazos.

Me dio tiempo a darme una ducha para despejar las ideas, serenarme y hacer la comida a mis padres antes de que estos apareciesen. Unas horas después nos encontrábamos de camino a la casa de los Cullen para la tradicional fiesta navideña.

-Oye, ¿Qué os pasó de camino a tu casa? Edward está insoportable desde que volvió- me dijo Alice sentándose a mi lado en la sala de estar. Los demás parecían ajenos a aquella conversación.

-¿No te ha dicho nada?- la pregunte intentando descubrir lo que ella sabía.

-No-.

-Hemos decidido empezar a fingir que estamos mal para allanar el terreno. Ya sabes-.

-Hmmmm. Se lo ha tomado muy en serio- dijo levantándose creyéndose cada palabra que la había dicho.

Salí de la sala en busca de Edward. Tenía que advertirle de lo que había pasado, que me siguiese el juego. Que el fin ya había comenzado. Y sabía donde encontrarle.

Toqué suevamente la puerta de su habitación un par de veces.

-Alice, ya te he dicho que bajo en 5 minutos. Déjame tranquilo-.

-Soy Bella- le contesté de manera suave.

En menos de 2 segundos escuché el cerrojo y la puerta se abrió.

-Hola Bella. Pasa- dijo echándose a un lado. –Bella, necesito…- empezó mientras cerraba la puerta de nuevo y se giraba para empezar a hablar. Levanté la mano levemente para que callase, y lo entendió.

-No he venido a hablar Edward- dije acercándome a él y cogiendo la corbata que colgaba de su cuello empezando a hacerle el nudo. Era más fácil hablar cuando estaba distraída con otra cosa. – Solo quiero decirte que le he dicho a Alice que estás de este humor porque hemos quedado en que vamos a allanar el terreno para que los demás vayan viendo el fin que tiene esto. Por si te pregunta-.

-¿Por qué la has dicho eso? ¿Lo que yo quiera no importa?-.

-No estoy dispuesta a consentir lo que quieres Edward- mi tranquilidad en ese momento me sorprendía hasta a mí misma. –Creo que toca pensar un poco en mi misma-.

-Bella, no puedo decirte lo que quieres escuchar de mi- dijo cogiéndome por los brazos haciendo que le mirase. –No estoy preparado, ¿lo entiendes?-.

-Sí, si lo entiendo Edward- dije zafándome de su agarre y siguiendo con el nudo. –Y no esperaba oírlo, solo necesitaba decirlo, por mí, ya está. Ha sido… Ha sido bonito después de todo-.

-No quiero dejar esto que tenemos Bella. Lo que solo tú y yo sabemos. Es lo mejor que me ha pasado en muchísimo tiempo. Tengo en ti todo lo que necesito, y no sabía lo que necesitaba-.

-Dilo Edward. Son solo dos palabras- dije endureciendo mi postura ahora alejándome de él. –Ten el valor de decirlo y no me iré de tu lado nunca. Pero tienes que decirlo-.

-No sé-.

-No quieres-.

-¿Así que aquí se queda todo?- contestó él, ahora enfurecido también.

-Sí- dije con los dientes apretados. "Piensa en ti, piensa en ti, piensa en ti" es todo lo que mi interior repetía.

-Pues ya está ¡Fuera de aquí!- dijo más alto de lo necesario. Un sonido que paralizo mi cuerpo. -¿Hs escuchado? Eso es lo que quiero yo ahora. ¡Que te largues de aquí!- dijo señalándome la puerta. Delante de mí se encontraba el Edward que no me gustaba. Y lo odiaba.

-No me trates así- dije desafiante. Sabía que cuando saliese por esa puerta todo habría terminado, y el solo pensamiento era terriblemente doloroso.

-Te trato como te mereces-.

-¿Esto es lo que me merezco según tú?- le contesté. Ahora si quería llorar era solo de rabia. Esa actitud no era ninguna actuación. Decía lo que sentía, y dolía más que su silencio. –Eres un egoísta y…- el sonido de la puerta me interrumpió. Me giré para ver la cara de Alice asombrada.

-¿Qué está pasando aquí?- preguntó.

-Nada Alice- dije mirando todavía a Edward. –Solo aclaramos las cosas. No hace falta seguir mintiendo. Esto se acabó-.

Y con la poco dignidad que todavía mantenía salí de la habitación, dejando atrás lo que nuca hubiese imaginado como una de las etapas más bonitas de mi vida.