Capítulo 16
-Hija, pero todavía te quedan…-.
-Mamá. Me voy en el primer autobús que salga. Necesito tranquilidad-.
-¿Es por Edward?- preguntó mi padre endureciendo la mirada.
-Es por mí- dije por enésima vez. –Disfrutad del viaje, y traedme algún recuerdo- les dije dando un abrazo a cada uno y saliendo de casa con la maleta.
Apenas había 5 minutos andando desde mi casa a la estación de autobuses, y aunque el frío era casi hasta doloroso, lo necesitaba para despejar mis ideas, para poder pensar en otro cosa que no fuese Edward y la noche anterior.
En la cena quedó patente nuestro distanciamiento ante todo el mundo. Cada uno en una punta de la mesa, sin dirigirnos la mirada y sin hablarnos. Al igual que yo lo aclaré luego con mis padres, supongo que él lo aclaró con su parte. Y aunque me moría de curiosidad por saber que le habían dicho, como se lo habían tomado, mi dignidad volvió a ganar y logré no comunicarme con él.
Ya en la estación, la señora me dio mi billete. Mi autobús salí en apenas un cuarto de hora, tiempo para mandar un mensaje a mis amigos diciéndoles que me volvía a Seattle.
Necesitaba una tranquilidad que Forks no me podía dar. Apenas me quedaban 2 exámenes y quería aprobarlos, porque la última de mis intenciones era dejar que lo de Edward me afectase demasiado. Si, estaba rota, lo quería y se lo había dicho, y él prácticamente actuó como quien oye llover. Si eso es todo lo que le importo, no pensaba dejar que el me afectase más de lo estrictamente necesario.
Metí la maleta en el bus y me senté, cerré los ojos y me preparé para las largas horas de viaje que me esperaban.
Antes de salir de Forks mi móvil empezó a sonar. Lo cogí sin mirar el identificador pensado que eran mis padres llamándome y diciéndome que algo se me había olvidado, como era habitual.
-Dime mamá- dije en un tono bajo, pues apenas eran las 7 de la mañana, y aunque el autobús no iba lleno, si podía ver a algunas personas intentado dormir, tal como estaba yo hace apenas segundo.
-Bella- esa voz me sobresaltó. No era la que esperaba oír.
-¿Edward?- dije extrañada. ¿Qué quería ahora?
-¿Dónde demonios estás?- estaba enfadado, era obvio por su tono de voz. ¿Qué le pasaba ahora?
-De camino a Seattle. ¿Por qué?-.
-¿Por qué te vas?-.
-Porque necesito tranquilidad para estudiar y en Forks no la encuentro-.
-¿Lo haces por mí?- ¿Por qué todo el mundo suponía eso? ¿Era tan transparente?
-Lo hago por mí. Y solo por mí. No eres el centro de mi mundo- o no todo el tiempo.
-¿Y cuándo piensas hablar conmigo? Creía que…-.
-No tengo nada que hablar contigo Edward. Esto se acabó, quedó todo muy claro ayer. No sé porque creías otra cosa-.
-Porque no lo podemos dejar así-.
-Eso es porque lo dices tú supongo. Por si no te ha quedado claro Edward te lo repito, no quiero saber nada más de ti. Nunca. Déjame en paz-.
-¿Así es como demuestras a la gente que la quieres? Porque te recuerdo que ayer me dijiste que me querías. ¿Ya se te ha pasado?-.
-¡Como puedes…!- dije gritando cuando consiguió sacarme de mis casillas. Pero la mirada de mi vecino de asiento de delante me hizo callarme de inmediato. –Eres asqueroso Edward- dije empezando a llorar sin poder evitarlo, y supe que en mi voz se notaba. –No se ni porque sigo hablando contigo-.
-No se te ocurra colgar…-.
-Adiós Edward- dije haciendo caso omiso de su amenaza y colgando. Segundos después supe que lo que tenía que hacer era apagar el teléfono, y no lo dude un solo segundo.
Después de eso, aún alterada y sin poder evitar llorar, me quedé dormida lo que quedaba de viaje.
La estación de autobuses en Seattle estaba algo más lejos de mi casa que en Forks, asique no tuve elección y tuve que coger un taxi hasta mi casa, con el desembolso de dinero que eso conlleva.
Y nada más llegar a casa, parecía que mi día iba encadenando buenos momentos, porque después de más de 10 horas de viaje en un incómodo autobús, una llamada de teléfono poco deseada y que había dejado mi ánimo bajo mínimos y dejarme en el taxi más dólares de los que me podía permitir, el ascensor estaba roto, asique me tocaba subir a pie 4 pisos con una maleta demasiado pesada. Estupendo. Pero lo que colmo mi día fue ver mi puerta. Más que ver mi puerta, quien estaba en ella. Esto tenía que ser una pesadilla.
-¿Qué haces aquí?- pregunté intentando sonar lo más despreocupada posible buscando las llaves.
-Por fin has llegado- dijo levantándose y dándome paso para abrir la puerta. –Llevo aquí más de dos horas- dijo doblando su cuello y estirándose.
-Nadie te ha preguntado eso Edward- además de desinteresada, eso había sonado muy maleducado, pero tampoco me disculparía por ello. Yo llevaba aguantándolo más tiempo, y ni un solo perdón había salido de su boca. -¿Qué haces aquí?- repetí entrando a casa y dejando que él también lo hiciera, aunque pocas ganas tenía de estar a solas con él en un espacio cerrado y reducido.
-¿Mal viaje?-.
-Mal de todo. Edward, mi paciencia se ha extinguido. Hablo muy en serio, ¿por qué estás aquí?-.
-Para hablar contigo, por supuesto-.
-¿Has conducido 5 horas para hablar conmigo?-.
-No tenía otra salida. Has colgado mi llamada-.
-Puedes dar gracias de estar sentado en ese sofá y no en la puerta todavía. Edward, te voy a decir lo mismo, no quiero hablar porque no hay nada de qué hacerlo-.
-Sí, sí que lo hay. Yo no quiero terminar con esto pero…-.
-Pero tus condiciones a mí no me valen. ¿No crees que sea justo que ahora sea yo quien ponga unas normas? ¿Algo que a mí me venga bien? Edward, estoy mal. Mal emocionalmente, y necesito alejarme de esto porque me sigue haciendo daño. ¿Por qué no lo quieres entender?- dije empezando a sollozar… otra vez. Odiaba ser tan débil a veces. Odiaba que el fuese mi debilidad.
-Porque cuando estamos juntos los dos estamos bien. Los demás dan igual. Tú eres feliz y me haces feliz a mí- dijo acercándose y cogiéndome la cara entre sus manos. Era imposible alejarse de él cuando me tocaba o miraba de esa manera.
-Te lo voy a repetir una sola vez más, te quiero Edward, y quiero estar contigo. Pero quiero estar contigo con todas las consecuencias que eso conlleva. Lo que tuvimos estos meses fue bonito, pero no fue real del todo, y no quiero seguir con algo así. Es todo o… nada- la última palabra fue apenas un movimiento de labios, pues era incapaz de decirlo en voz alta, a pesar de que estuviera acostumbrada a ese pensamiento.
-Joder Bella- dijo juntando su frente a la mía cerrando los ojos. –No… Necesito tiempo- dijo abriéndolos y mirándome fijamente.
-¿Tiempo para qué?- dije susurrando. Estábamos demasiado cerca.
-Para aclararme. Todo esto es demasiado fuerte para mí-.
-¿Te crees que para mí no? Nunca, jamás, había sentido esto, y cuando lo digo en voz alta tú… tú no quieres arriesgarte. Eso es lo que te pasa, y lo que me mata, porque no puedo cambiarlo- dije cogiéndole sus manos y apartándolas de mi cara mientras yo me alejaba de él y le daba la espalda.
-Bella- escuché a mis espaldas y no pude evitar no girarme. –No sé si te quiero, porque no sé cómo se siente el querer a alguien. Y no quiero decírtelo para evitar hacerte daño en un futuro. Pero lo que siento por ti es algo especial, algo que no sabía que existía y que no he sentido nunca. Pero no puedo dejar que nadie más sepa esto…-.
-Ibas tan jodidamente bien Edward- dije riéndome entre lágrimas. Siempre lo tenía que fastidiar todo. Siempre. -¿Tanta vergüenza te da sentir ese algo por mí?-.
-Bella, sabes cómo son las cosas…-.
-No, no lo sé. Y no lo quiero saber. Por última vez, ¿lo tomas o lo dejas?-.
Sabía su respuesta. Su mirada encerraba tanto dolor que me dolía hasta a mí. Pero no eran dudas lo que el escondía, lo que es aguantaba era una difícil respuesta, y yo sabía cuál era. Y sabiéndolo empecé a llorar, frente a su cara de nuevo. Iba a terminar deshidratada.
-No soporto verte llorar Bella- dijo intentando acercarse de nuevo, pero yo le paré con un gesto con la mano. No lo iba a permitir. Por mí. -¿Ni siquiera me vas a dejar darte un abrazo?- negué rápida y energéticamente con la cabeza mirando al suelo. La respuesta iba más para mí que para él realmente. –Asique ibas en serio, no… no hay nada más-.
-No- dije hipando con la respuesta. En otra situación hubiese sido hasta cómico, en esos momentos nada tenía un punto gracioso.
-¿Qué tengo que hacer ahora Bella?-. Parecía derrotado. Supongo que él nunca se había abierto tanto a ninguna otra persona, y la respuesta nunca se la imaginó tan cruda. Pero así era la vida.
-Irte. Vete con tu familia. Disfruta de ellos las fiestas. Han recuperado a un hijo, seguro que están felices de que vayas-.
-Yo no soy el mismo si no estás a mi lado. No sé qué hacer para que te des cuenta-.
-Ya lo sé Edward. Pero no me puedo permitir no ser feliz cuando tengo la oportunidad de serlo, aunque sea sin ti. Siento mucho hacerte daño, pero no puedo-.
-Al menos podremos…-.
-Por el momento prefiero que no Edward- dije cruzándome de brazos. Sabía lo que quería, seguir viéndonos, aunque como amigos. –Será mejor que por un tiempo no-.
-Hasta pronto Bella. Y gracias por todo- dijo caminando hasta la puerta.
-Adiós Edward- dije bajito escuchando inmediatamente después el sonido de la puerta al cerrarse.
Y nada más llego a mis oídos el sonido, me derrumbé en el mismo suelo del salón a llorar. Una vez. A pesar de que lo había intentado, que reconocía que yo era algo para él, siempre estaban los demás, la opinión que nunca lograría sacarse de encima. Su reputación. Y yo no entraba en ella.
Sería doloroso, pero por mi tenía que superarlo.
¿Podía existir un día peor que aquel?
