Capítulo 17

Iban a ser mis primeras navidades sola. Completamente sola. Aunque claro, tampoco tenía derecho a quejarme, era mi elección.

Con mis padres fuera del país disfrutando de sus primeras vacaciones en años, más que merecidas, y mis amigos repartidos por el mundo, aunque algunos seguían en Forks, convertían las navidades de ese año, en unas para olvidar.

Apenas había decorado la casa con un pequeño árbol de navidad con cuatro bolas, y una tira de pequeñas lucecitas que estaba alrededor del marco de la puerta.

Pensaba pasarme esa noche, la del 24, viendo un maratón de películas navidades, más que probable que "Solo en casa" fuese la elegida, y con un montón de comida, comida que engordase. Y mucho helado, aunque fuese invierno, no importaba, quería helado. Era por eso que en mi nevera, a pesar de estar yo sola en casa, no cabía nada más.

Había estado toda la mañana estudiando, como la semana anterior, y aprovechando las tardes para cosas que apenas podía hacer cuando estábamos todos en la ciudad. Ir al cine sola y disfrutar de las películas que de verdad me apetecía ver; perderme por una librería y decidir con tiempo que libro quería comprarme; simplemente dar un paso sin hablar, escuchando música y relajándome, que falta me hacía.

Intentaba no pensar en él, pero esa era la parte más complicada de todas, porque incluso sin mi permiso, me encontraba dándole vueltas siempre al mismo tema. Él. Él. Él. Me cansaba tanto… pero al mismo tiempo, cuando me descubría pensando en él me daba cuenta de que echaba mucho de menos no tenerle en mi cabeza. O mejor dicho, simplemente no tenerle cerca.

No era chica tremendamente sentimental, pero sabía que esa noche, entre villancicos, e historias de finales felices iba a terminar emocionalmente por los suelos. Lo sabía, y de alguna forma, hasta me apetecía. Era puro masoquismo por mi parte.

A las 9 de la noche, ya estaba duchada y había terminado de poner la comida en diferentes recipientes para empezar a comer y no parar. Mi portátil encima de la mesa ya tenía la selección de películas lista también. Solo quedaba dejarse abrazar por ese curioso y raro espíritu navideño.

Con los créditos del final de la primera película, sonó el timbre haciéndome fruncir el ceño y preguntándome quien, y porque a estas horas, alguien tocaba mi timbre.

Me limpie las migas de la boca con el dorso de la mano antes de abrir. Lo que previsiblemente parecía una noche tranquila y hasta aburrida, dejo de serlo en menos de 2 segundos.

-¿Sorprendida?- preguntó sonriendo de medio lado. Tenía una bolsa en cada mano y ni siquiera había intentado entrar en casa.

-Eso es quedarse corto. Últimamente te pregunto mucho esto, pero, ¿Qué haces aquí?-.

-¿Me dejas pasar primero? Te prometo que hoy vengo solo- dijo sin perder esa sonrisa. Y tal y como estaba en esos momentos, era demasiado débil como para decirle que no, asique con un gesto de cabeza le invité a pasar. –Gracias-.

-Tú dirás- dije cruzándome de brazos mientras me sentaba en el sofá poniendo en pausa mi película. Dudaba que aquello durase poco.

-No quería que estuvieras sola el día de Navidad. ¿Qué? ¡No me mires así! Es verdad. Había hablado con todos y ninguno me dijo que las fuera a pasar aquí, y hace dos horas pasé por aquí, vi la luz encendida y supuse que no tendrás compañía-.

Segundos después de que terminase aún seguía en shock. Ese detalle era… Era increíblemente dulce. Y venía de Edward. Uau.

-Eso es… Gracias Edward. Pero no hace falta que te quedes. Tú tendrás tus planes, no hace falta que los canceles. Tampoco estoy tan mal acompañada- dije señalando la comida y el portátil. –Y lo mejor de la noche todavía no ha llegado. Tengo helado en el congelador- dije guiñándole un ojo y chascando la lengua en un intento de parecer animada. Estaba segura de que aquello sonaba patético.

-No, yo tampoco tengo nada que hacer. Pensaba ir a un bar y emborracharme, pero creo que "Solo en casa" siempre es mejor plan-.

-¿Quieres verla conmigo?- dije palmeando el lado libre que quedaba en el sofá. Tenía que reconocerle que el detalle era increíble, y que ni siquiera me lo hubiese esperado de mis mejores amigos. Además, se veía que de verdad quería estar allí, asique, ¿por qué negárselo?

Con una sonrisa de oreja a oreja, rápidamente se quitó sus zapatos y se sentó a mi lado.

-Te aviso, es la segunda. Y todavía me quedan por lo menos 3 más. ¿Aguantarás?-.

-Por supuesto- dijo encogiéndose de hombros. –He traído provisiones- dijo cogiendo las bolsas que había dejado en el suelo y sacando el contenido.

-Genial, más comida. Voy a terminar las vacaciones rodando- dije entre risas y haciendo sitio en la mesa para que entrase todo.

-Empecemos- dijo dando al play y recostándonos en el sofá.

Era agradable seguir mis planes con compañía. Nunca hubiese imaginado que iba a pasar aquello. Es decir, las probabilidades de que Edward me estuviese acompañando en aquel momento, viendo una película, riendo y comiendo relajadamente, en mi mente, eran mínimas. Nulas para ser más exacto.

-Si te hubiese dicho lo que querías oír, y ahora fuésemos algo más. Esto- dijo señalando a ambos con los dedos, -¿sería algo normal?-.

-Supongo- dije sin saber muy bien a donde quería llegar a parar. –Es lo que hacen las parejas, pasan tiempo juntas, disfrutan de la compañía del otro-.

-Eso es lo que estamos haciendo ahora sin ser nada Bella-.

-Pero esto no es lo normal. Es navidad, estoy sensible y tú has tenido un detalle precioso-.

-Cierto. ¿Qué más hacen las parejas?-.

Parecía una conversación que se tendría con un niño de 5 años.

-No se… tienen buen sexo también- dije sacando las risas nerviosas de los dos.

-Sí, eso es algo que me voy a perder. Sexo regular… y muy bueno- continuo mientras me miraba de arriba abajo. No debí haber hecho ese comentario.

-Pero supongo que es algo que se tendrá que quedar en la imaginación- dije volviendo mi interés hacia la película. Aunque hacía tiempo que lo había perdido completamente.

-Si- dijo susurrando y mirando de nuevo hacia la película. –Bella-.

-Dime-.

-Feliz Navidad- dijo señalando el reloj del ordenador cuando justo marcaba el comienzo de un nuevo día.

Le miré y vi en su rostro una sonrisa sincera de cariño. Y vi cómo se aproximaba a mi cara y dejaba un suave beso en mi mejilla que me consiguió cortar la respiración.

-Feliz Navidad Edward- dije cuando conseguí recomponerme y devolverle la sonrisa.

Sabía que aquella noche la terminaría llorando. Pero no sabía que terminaría tragándome mis lágrimas para que él no las viese.

Era horroroso estar enamorada y no ser correspondida. Lo odiaba. Pero no podía odiarle a él. Y por eso me odiaba a mí.