Capítulo 18
-Prefiero el negro Alice- dije tirando a la cama una vez más el rojo. Y una vez más ella lo volvió a coger para ponérmelo delante de mis narices.
-Pero el rojo te sienta genial Bella. Además, estamos aquí para celebrarlo a lo grande-.
-Negro-.
-Rojo-.
-Negro-.
-Rojo-.
-Pues no voy-.
-Ponte el negro- dijo rápidamente volviendo a meter el rojo en el armario. A veces era fácil ganar a Alice, aunque fuese a base de chantajes.
Apenas hacía 6 horas que habíamos terminado nuestros últimos exámenes del trimestre. Después de una larga siesta, nos tocaba una larguísima noche de fiesta. Y nosotros no podíamos tener más ganas de volvernos un poco locos entre música, y no entre libros y apuntes.
Me puse el vestido negro (el menos malo de los dos que Alice me había dado a elegir), y unos tacones a juego, (los cuales sabía con antelación que no seguirían en mis pies al final de la noche), y me puse a retocarme en el espejo mientras el resto de las chicas seguían por la casa haciendo lo mismo que yo.
-Bella, ¿sabes algo de Edward?- me preguntó Alice desde mi cuarto.
Paré y respire profundamente antes de contestarla. Di gracias de que no hubiese nadie en el baño que pudiese haber visto mi reacción. Después de tanto tiempo, y aun habiendo aclarado parcialmente todo, la simple mención de su nombre seguía afectándome demasiado.
-No Alice, no sé nada de él desde que lo dejamos- respondí. Aunque solo él y yo sabíamos el verdadero significado de "lo dejamos".
Ellas no sabían nada de que no estuve sola en Navidades, pero fue algo que preferíamos tener como información confidencial. O eso creía, pues desde que salió por la puerta esa noche, hace ya de eso más de 3 semanas, no había sabido nada de él por ningún medio. Parecía que ni siquiera su hermana estaba muy enterada de que era de su vida.
-Qué raro- dijo Ángela cuando pasó por la puerta del baño mientras yo me ponía un poco de rímel en las pestañas.
-¿Tú no sabes nada Alice?- pregunté intentando que mi comentario sonara lo más casual posible.
-No. Sé que ha estado ocupado haciendo pruebas y castings y esperaba varias respuestas. Pero no han debido de ser muy buenas si no dice nada-.
-¿Listas?- preguntó desde el salón Rose, más "contenta" que el resto, pues ya había empezado con las copas de alcohol. Yo no pensaba probarlo hasta que no estuviese en el club, donde la posibilidad de caerme fuese menor debido a la cantidad de gente que podría rodearme. Estaba todo calculado.
-¡Vámonos!- gritó Alice pasando su brazo por mis hombros mientras salíamos de casa. A ella no le hacía falta el alcohol para volverse loca. Ella ya lo llevaba en la sangre.
Ya en el portal nos juntamos con los chicos y fuimos andando hasta el local, que apenas estaba a 10 minutos de nuestras casas.
Al llegar, y después de esperar varios minutos en la cola, pudimos pasar por fin dentro. Aquello estaba a reventar, como era lógico, pues la mayoría de los que estábamos allí habíamos terminado exámenes esa misma tarde, y solo queríamos celebrarlo y divertirnos. Unos más que otros, pero divertirnos.
Pronto empezamos a tomar copas. Una detrás de otro, con la música a todo volumen y cada vez más bailable, el ambiente se iba caldeando.
No sabíamos cuánto tiempo llevábamos allí, y la mayoría de nosotros ya había perdido la cuenta de las copas que llevaba y de la gente con la que había bailado. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien y olvidaba, casi por completo, todas mis preocupaciones. Decir que no íbamos bastante borrachos, era una gran mentira, pero como dice el dicho, una noche es una noche".
-Voy a por otra- le dije a Alice y Rose que bailaban de una forma un tanto atrevida en medio del grupo sin ninguna vergüenza, mientras los demás las aplaudían y vitoreaban. Salí del círculo riéndome y me dirigí a la barra. Como era costumbre, hasta arriba de gente.
Esperé pacientemente a que aquello se despejase y me tocase a mí, pero después de un rato que a mí me pareció eterno mis nervios comenzaban a escasear. Dos manos en mi cintura intentaron mantenerme quieta, y lo consiguieron, vaya que si me quede de piedra. ¿Quién se atrevía…? Antes de girarme un aliento chocó en mi cuello y su voz me llegó como caída del cielo.
-¿Nerviosa?-.
Entonces me giré para encontrarme con él. Era imposible que fuese más guapo en apenas 3 semanas, o el alcohol me hacía ver alucinaciones, pero estaba… estaba tremendo. Con una sonrisa de oreja a oreja se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla pasándome un brazo por mi cintura. Yo podía apostar que tenía la boca abierta de la impresión. ¿Qué era eso de guardar las distancias en público?
-Hola- dije dándome cuenta tarde de que no me había escuchado. –Hola- se lo volvía repetir cogiendo el cuello de su camisa haciendo que se acercase a mí. Le sonreí levemente cuando se apartó para mirarme de nuevo. -¿Qué haces aquí?- dije volviendo a acercármele, dándome cuenta de que de repente quería contarle mi vida en verso si con ello conseguía tenerle tan cerca todo el rato. Su mano no dejaba de acariciar mi cintura, acercándose peligrosamente por momentos a mi culo. Cuando intentó alejarse otra vez, se lo impedí tirando de nuevo de su cuello, y su risa me llegó clara a mis oídos haciendo que el calor en mi cuerpo subiese por momentos. Su otra mano pasó a mi cuello rápidamente. Parece que no era solo yo quien le quería tener cerca.
-De celebración con unos amigos- apenas subió su tono de voz, pero tampoco hacía falta, a cada palabra que dijo sus labios acariciaron mi oreja y su voz me llegaba perfectamente.
Pasé detrás de su cuello el brazo que tenía libre y le hablé exactamente igual que el me había hablado a mí.
-¿Quieres tomar algo?-.
-Creo que esa pregunta la debería hacer yo- dijo mientras ambos comenzábamos a reírnos, pero sin perder esa postura. Separarnos un solo milímetro del otro parecía no estar en los planes de ninguno de los dos.
-¿Para qué voy a estar en esta zona entonces?-.
-Déjame a mí. Hay una chica atendiendo, creo que me hará más caso a mí que a ti-.
-Idiota- dije sin perder la sonrisa, pero sintiendo un vació cuando nuestros cuerpos perdieron el contacto. Sorprendentemente, entrelazos una de sus manos con las mías cuando se dirigió a la barra. Y efectivamente, menos de dos minutos después ambos salíamos de aquel barullo de gente con una copa en nuestra mano.
Nos quedamos uno en frente del otro en una zona de la discoteca con algo menos de gente, y donde sabíamos que ninguno de nuestros amigos nos podía ver. No entendía porque me mostraba tan cercana a él, estaba enfadada después de que no me hablase por más de 3 semanas después de su visita sorpresa. Y lo peor, sabía que cuando el efecto del alcohol me dejase, lo iba a pasar mal. Muy mal.
-¿Quieres bailar?- me preguntó pasando un mechón de pelo detrás de mí oreja y dándome un suave beso en esta, dejándome con esto sin aliento por un momento.
-No soy buena bailarina. Esta música…- dije torciendo el gesto y dando un largo sorbo a mi copa mientras lo que sonaba cambiaba de ritmo convirtiéndose en algo más latino.
-Vamos- dijo cogiéndome de nuevo por la cintura y acercándome a él de nuevo. Esta vez fue demasiado, y noté en mi entrepierna que estaba… contento de verme. El calor entre los dos empezaba a ser insoportable. –Déjate llevar-.
-Vs a tener que dar gracias al alcohol por esto- dije empezando a mover mi cintura al ritmo de la canción.
-¿Crees que alguno de los dos estaría aquí si no fuese por esto?- dijo subiendo la copa.
-No- dije mientras ambos nos reíamos y seguíamos bailando. –Espera- dije sacando el móvil que tenía guardado en i escote, un truco que me enseñó Alice para salir de casa sin un bolso pesado que te incordiase toda la noche. Vi como a Edward se le abrían los ojos cuando vio aquel gesto, e interiormente me aplaudí a mí misma. –Es solo para que no se preocupen si no aparezco- dije volviendo a guardármelo.
-¿Es que no piensas volver?- dijo, esta vez, bajando su mano a mi culo y dejándola allí. En otra situación, y con mucho menos alcohol en mi cuerpo le hubiese apartado, probablemente insultado e incluso pegado. Pero no esa vez. Esa vez, me iba a dejar llevar.
-No- dije mordiéndome el labio. –Esta noche la voy a pasar contigo- terminé pasando mi lengua por el labio inferior con una risita "inocente".
-Vámonos de aquí- dijo entre dientes presionando levemente su cadera con la mía y cogiendo mi mano para guiarme hasta la salida entre la multitud.
Nos bebimos lo que nos quedaba de copa de un solo trago antes de salir y caminamos hasta casa entre risas y cachondeo.
Al llegar a mi casa, lo primero que hice fue coger la botella de vino que Rosalie había dejado a la mitad antes de salir y darle un buen trago a morro. Poco después, entre Edward y yo, ya no quedaba nada.
Le cogí de la camisa con un dedo entre medias de dos botones y le arrastré a mi cuarto. Y aun borracha, me peguntaba de donde estaba saliendo todo ese atrevimiento de mí.
-¿Segura?- preguntó Edward cerrando la puerta con pestillo y sacándose la camisa rápidamente.
-¿Tú que crees?- le contesté dejando caer mi vestido y quedándome en sujetador y tanga delante de él viendo cómo se acercaba a mi rápidamente y me cogía en sus brazos juntando el fin nuestras bocas.
Aun teniendo los ojos cerrados, sentía que mi cabeza iba a explotar de un momento a otro. El sol ya brillaba fuera y sentía su calor en mi cara. Pero molestaba mucho, asique pasé mis brazos por mi cara e intenté tranquilizarme, hasta que noté que algo se movía a mi lado. Olvidándome de la terrible resaca giré mi cabeza con los ojos todo lo abiertos que me permitía la situación para descubrir que, o quien, era.
-¡Mierda!- grité cuando me di cuenta de que era quien. Y maldita sea, que quien era. Me senté en la cama llevándome la cabeza a las manos intentando amortiguar el dolor que me había causado mi propio grito. –No puede ser- dije levantando la sábana y comprobando, que efectivamente, no solo él estaba desnudo.
-Joder- dijo él tapándose la cara cuando abrió sus ojos. Se las quitó un momento, como si quisiese comprobar que aquello era cierto, y las volvió a poner frente a su cara. –Dime que no ha pasado nada-.
-No me acuerdo de nada- dije cerrando los ojos e intentando recordar, pero no pasó nada. –Pero… mira-. Ambos desnudos en la misma cama, varios plastiquitos de preservativos rotos a los pies de la cama, el chupetón de Edward en el cuello… eso se iba a notar, pensé mientras le miraba. –Me quiero morir-.
-Lo sé, mi cabeza va a explotar-.
-No me quiero morir solo por eso. Menos mal- dije comprobando el móvil y viendo que en casa estaba yo sola. El resto se había quedado en casa de sus respectivos novios. –No va a hacer falta que te escondas cuando salgas-.
-¿Pretendías hacerlo?-.
-Por supuesto- dije levantándome y llevándome conmigo la sábana, dejando el fantástico culo de Edward al aire, aunque no me quise recrear demasiado en ese pensamiento. Cogí un pijama del armario y salí rápidamente de la habitación para cambiarme.
Ya en la cocina, preparando el desayuno, me di cuenta de las consecuencias que aquello iba a traer para mí. Iba a sentirme como la mayor de las porquerías desde ese mismo momento hasta… Jamás iba a poder superar lo de Edward si seguía haciendo cosas como esa.
-Vaya, huele bien- dijo apareciendo por la puerta vestido con la ropa de la noche anterior, pero sin abrocharse la camisa.
-No te acostumbres- dije poniendo su parte frente a él.
-No, no podré hacerlo- dijo sin levantar la vista del plato y llevándose el primer bocado a la boca. Sonó demasiado… ¿melancólico?
-¿Pasa algo?- pregunté intentando parecer lo más desinteresada posible.
-Me voy- dijo sin más.
-¿Tan pronto? Puedes terminártelo, estoy segura de que no van a llegar hasta dentro de…-.
-No Bella, que me voy. Me voy a trabajar. A Europa-.
-¿Cómo?- dije intentando asimilar la información mientras mi tenedor se me caía de las manos ante la impresión.
-Me han cogido de uno de los castings que hice. Ya puedo decir que tengo trabajo-.
-¿Cuándo?- dije mientras el dolor de cabeza parecía viajar a la velocidad de la luz a mi corazón. La resaca estaba olvidada. Las consecuencias de mis actos empezaban a causar efecto.
-En una semana. En cuanto arregle todo y empaquete… quería decírtelo. Antes-.
-Tarde- le contesté mientras mi voz se quebraba y me limpiaba una lágrima de mi mejilla. -¿Por qué dejaste que pasara lo de anoche?-.
-¿Qué paso anoche? ¿Te acuerdas de algo? Porque yo…-.
-No, déjalo, es cierto. Es mi culpa- dije enterrando mi cabeza entre mis manos. –Maldito alcohol-.
-Bella, esto tenía que terminar pasando…-.
-¡No!- le corte rápidamente. –No tenía que pasar. Porque ahora tú te vas, y yo me voy a quedar aquí, sola, destrozada. Y nadie va a poder evitarlo. Ni siquiera yo he podido-.
-Lo siento-.
-Yo también- dije levantándome con la intención de encerrarme en mi habitación… para lo que me quedaba de vida.
-¿Podré verte para despedirme de ti?-.
-No- dije sin mirar atrás.
¿Cómo había podido fastidiar tanto la situación? ¡Como si no fuese difícil ya de por si! Cuando escuche que se cerraba la puerta de la calle, no pude más que derrumbarme y empezar a llorar. Otra vez. Sola. Destrozada.
Sin Edward. Y esta vez tenía pinta de que iba a ser para siempre.
