Capítulo 19
-Alice, deja de preocuparte, en serio. Yo ya lo sabía. O bueno, me lo imaginaba. Además, estamos a un par de bloques de distancia, no puede ser tan horroroso- dije guardando las últimas pertenencias en las cajas.
-Es que no se, siempre habíamos hablado de vivir juntas en Nueva York, y ahora tu no vas a vivir conmigo y se siente raro… y mal-.
-Llevas todo la vida con Jasper, es hora de que tengáis independencia. No me puedo enfadar con vosotros porque queráis vivir juntos y solos-.
-Os voy a echar tanto de menos- dijo Rosalie entrando también a mi habitación y tirándose en la cama junto a Alice. A este ritmo de interrupciones no iba a poder empaquetar todo a tiempo en el camión.
-Nos veremos en las fiestas, e incluso en algunos fines de semana. Vamos, es una nueva experiencia, será genial- dije con todo mi positivismo. Porque aunque entendía a Rosalie, no podía tener más ganas de empezar ese nuevo viaje en mi vida.
Oficialmente habíamos terminado nuestras carreras. Éramos gente, en teoría, seria, responsable y titulada en nuestras respectivas carreras. Ahora cada uno tenía que tomar su propio camino hacia la ciudad elegida. La mía, Nueva York. Hace apenas 2 semanas me habían confirmado mis prácticas en un periódico de la ciudad por 3 meses.
Había encontrado un pequeño apartamento, muy decente, bien situado y nada caro en uno de los barrios de la ciudad, apenas a 15 minutos de mi puesto de trabajo. No había tenido mucho tiempo, pues la noticia de que Alice y Jasper tenían pensado vivir solos me había sido comunicada con pocas semanas de antelación, pero había tenido suerte.
Los demás se mudaban a Los Ángeles, y mientras que Alice, Jasper y yo salíamos en unas horas, a ellos todavía les quedaban 3 días más en la ciudad.
-Cuidaos mucho, ¿vale? Y llamadme, mandadme mails, o mejor, venid a verme pronto- dije abrazando uno por uno a los amigos que dejaba atrás.
-Si Bella- me decían ya cansados, después de pedírselo más de 10 veces en los últimos 5 minutos. –Date prisa, que se van- me decían, aunque en sus caras también se veía lo poco que les gustaba la situación. Solo faltaba yo, Alice llevaba dentro de su coche algo más de 10 minutos llorando.
-Vale, vale- dije montándome en mi furgoneta y poniéndola ne marcha. –Os quiero chicos- dije agitando la mano mientras seguía al coche de Alice y Jasper fuera del campus por última vez en nuestras vidas.
Me esperaba un largo viaje yo sola hasta la que sería mi casa, esperaba, por muchos años. El viaje se me haría eterno solo por las inmensas ganas que tenía por llegar y comenzar.
Llevaba esperando este cambio en mi vida tanto… y ahora estaba camino de él. Recordé la despedida de mis padres y de toda la gente de Forks. Fue muy emotiva. Su única hija se embarcaba prácticamente sola en la aventura de su vida. Ya no sería como estar en la universidad, sabiendo que cada poco nos podríamos ver. Ahora nadie sabía cuánto tiempo iba a pasar hasta que pudiésemos volver a verles.
Al igual que tampoco pude evitar acordarme de la persona que hizo que se acelerara en mi todo el proceso de querer terminar la experiencia universitaria y dejarlo todo atrás. Edward… llevaba sin verle, y sin saber de él desde que le di la espalda en mi casa después de nuestra última noche juntos. De eso hacía ya más de un año, y lo poco que me llegaba de él eran las buenas noticias que de vez en cuanto soltaba Alice. Parecía que no le iba nada mal en Europa. Y por dentro me alegraba. Cuanto más tiempo le fuese bien por allí, más tiempo tardaría en aparecer por aquí.
Bebí un trago de mi café para mantenerme despierta. El sol empezaba a ponerse y la oscuridad cada vez era más evidente. Nos esperaba una noche larga…
Después de parar unas 4 veces por el camino, a las 11 de la mañana del día siguiente, estábamos pidiendo las llaves de nuestras respectivas casas a nuestros caseros y aparcando el coche en nuestra plaza de parking.
-Nos vemos en un rato- dije abrazando a Alice y Jasper sin poder evitar nuestra felicidad por aquel momento.
Subí en el ascensor con las pertenencias que había llevado yo, sabiendo por el casero, que el resto ya se encontraban en mi departamento. Tuve que respirar y tranquilizarme para meter la llave en la cerradura.
Sabía lo que me esperaba, lo había visto ya en fotos, pero aun así mi sonrisa daba la vuelta a mi cabeza. Era… ¡perfecto! Un salón con grandes ventanales, una cocina americana, un baño y 2 habitaciones amplias. No quería ni necesitaba más.
Lo hubiese disfrutado más si no estuviese rendida. Al día siguiente comenzaba el trabajo y necesitaba descansar lo que quedaba de día, además de adecentar un poco mis cosas. Después de comer con la pareja en un restaurante que quedaba a medio camino entre las dos casas, decline su invitación a conocer mejor los alrededores, subí a casa, me puse en despertador para asegurarme de llegar con tiempo y dormí. Dormí mucho.
·
Tal y como había programado a las 7 de la mañana sonó el despertador. Aun habiendo dormido más de 15 horas, parecía que necesitaba seguir durmiendo para ser persona. Una ducha rápida y deshacer mi equipaje para encontrar algo que ponerme fue todo lo que me dio tiempo. Compré el desayuno y lo comí durante mi viaje en metro, no quería que en mi primer día me desmayase o algo parecido.
Llegué con tiempo de sobra. Era un edificio simple, de 5 plantas. Después de preguntar en recepción y que me mandase a la última planta, me encontraba en un despacho esperando al que sería mi jefe.
-¿Isabella Swan?- preguntó alguien entrando por la puerta.
-Sí, soy yo- dije poniéndome de pie y dándole la mano al hombre que me había preguntado mientras se sentaba en su silla y me invitaba a mí a hacer lo mismo.
-Encantado. Soy Aro Smith, presidente del New York Daily. Bienvenida a la empresa- dijo abriendo los brazos de manera cómica, parecía un tipo simpático que rondaba los 50, algo que hizo que me relajara, pero solo durante unos segundos. –Bien, entonces vamos a contar con usted durante 3 meses, ¿me equivoco?-.
-Ese es el tiempo que duran mis prácticas, si-.
-Está bien, entonces me encargaré de que pases por todos los sectores posibles de la redacción. Vas a tocar todos los temas, incluso es probable que más de una vez acompañes, o vayas tu sola a los periodistas corresponsales a hacer entrevistas. ¿Cómo te manejas con ello?-.
-Para ser sincera nunca he hecho una-.
-Ya, empezarás con alguien- dijo mientras cogía el teléfono y ordenaba a alguien que se presentará en su despacho. –Bella, ella es Bree, serás su ayudante durante las primeras semanas. Tu mesa está justo al lado de la suya. Buena suerte- dijo dándome de nuevo la mano mientras le agradecía y salía detrás de la chica llamada Bree.
-¿Tu primer día Bella?- dijo Bree amablemente mientras me guiaba entre mesas y gente.
-De prácticas- llevaba unos 15 minutos allí y todavía no conseguía tranquilizarme, aunque hasta el momento todos con los que había tratado eran increíblemente simpáticos.
-Recuerdo mi primer día aquí, estaba todavía más asustada que tú- dijo girando su cabeza y dedicándome una sonrisa de compasión. Vaya, si debía notarse como estaba.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?- pregunté por curiosidad. No debía de tener más de 30 años.
-Oh, solo 3 años. Aquí es. ¿De dónde eres?- preguntó sentándose, efectivamente, en la mesa de al lado.
-De un pueblo de Seattle-.
-No te acomodes, nos toca irnos a entrevistas- dijo nada más mi culo toco la silla. –La semana que viene es la Semana de la moda en Nueva York. ¿Te interesa?- preguntó pulsando el botón del ascensor y dándome una acreditación.
-¿La moda? No es lo mío- dije negando con la cabeza, no muy segura de si mi respuesta era la acertada.
-No te preocupes, no estudie periodismo por esto pero… es lo que hay. Ya irás viendo todos los campos del periódico-.
-Eso espero. La verdad es que estoy muy entusiasmada con empezar de verdad-.
-Verás que en cada campo deberás utilizar una forma de ser distinta. Igual que la política tienes que ser seria y fría, aquí necesitas un carácter más abierto. Y muéstrate siempre curiosa. A esta gente le encanta que los demás se preocupen por ellos, aunque sea de mentira. Viven rodeados de tanta que no se dan cuenta- dijo sacándome una de las primeras risas sinceras del día.
Apenas 10 minutos después estábamos frente a un edificio enseñando nuestras acreditaciones mientras a Bree le daban el calendario del día.
-Vaya. Vamos a tener trabajo hoy. ¿Preparada? Menos mal que has venido vestida para la ocasión-. No sabía que unos vaqueros, unos tacones y una camisa metida por dentro con un cinturón pudiesen valer para la semana de la moda.
Aunque mi primer día de trabajo no tenía vistas de ser lo más educador del mundo, no tenía ni idea de las sorpresas que me deparaba.
Holaa!
Solo quería decir que sé que es un capítulo sin mucho interés, llevaba unos bastante moviditos, pero para hacer la transición de una etapa a otra creía necesario uno así. Los próximos volverán con historias!
Muchas gracias por los comentarios tan positivos que me dejáis! GRACIAS GRACIAS GRACIAS!
