Capítulo 20
Aquello era el caos. Gente caminando, o corriendo, en todas direcciones, te pisan, te empujaban y chillaban sin tener consideración unos de otros. Yo iba detrás de Bree intentando recordar cada detalle, cada cara con la que me cruzaba, pero era imposible si no quería perderla de vista. A ella se le notaba mucho más suelta con el ambiente, parecía saber a dónde ir y por donde tenía que ir. Iba a tener que trabajar mucho para adquirir tantísima desenvoltura.
Llegados al final de un pasillo abrió una puerta que parecía la puerta del cielo. Solo había silencio. Gente trabajando consultando si móvil o su portátil, mirando revista, o hablando con algún colega, pero sin chillar, toda una novedad por la zona.
-De acuerdo Bella- dijo sacando un documento, grande, de su bolso y dándomelo. –Tengo que ir a hacer una serie de gestiones e informarme de lo que nos han concedido para empezar a trabajar. Es aburrido y no sirve para nada. Asique creo que es mucho mejor que te leas esto. Es como un gran resumen de todo esto. Empezar con la semana de la moda, si no estás familiarizada con el terreno puede ser una pesadilla. Léetelo- me dijo como advertencia. –Vuelvo en cuanto pueda-.
Me senté en un sillón lo más lejos posible de la puerta agradeciendo internamente quedarme allí, en silencio, intentando asimilar todo aquello.
Para mi leer aquel artículo no era lo más entretenido del mundo, de hecho se parecía más a una revista de moda que a un artículo serio. Y cuantas más páginas pasaba menos comprendía. Todas las caras me parecían iguales, los vestidos más imposibles y los tacones… los tacones parecían sacados de Misión Imposible. Llegado cierto momento, desistí también en aprenderme los nombres, tanto de modelos, como de diseñadores, que aunque casi todos era americanos habían decidido ponerse un nombre artístico en francés… Con lo poco que me gustaba el idioma. Cada corte, cada forma, cada color… ¡Ni siquiera sabía que existía tanta variedad!
-¿Bella?-.
Levanté mi cabeza para encontrarme con esa cara y esa voz tan familiar, pero tan poco esperada.
-¡Alice!- dije levantándome y abrazándola sorprendida. -¿Qué haces aquí?- dije haciéndola un hueco en el sillón para que se sentase conmigo.
-¿En serio crees que esa es la pregunta adecuada? Mira donde estamos- dijo riéndose ante tal estúpida pregunta. Y tenía mucha razón. –Por las prácticas, ya sabes, te meten de lleno desde el primer día. ¿Y tú?-.
-Prácticas, también. Voy a pasar por todos los departamentos pero mi apoyo tenía que escribir hoy sobre esto asique… aquí estamos- dije mostrándole el documento del infierno.
-¿Puedo verlo?-.
-Todo tuyo-.
-Vaya… Está muy bien Bella. Con esto vas a poder desenvolverte por aquí con mucha soltura…-.
-Si lograse aprenderme algo. Alice, es una tortura. Ahora admiro todo lo que sabes de… esto-.
-Es fácil, es lo mismo que lo tuyo. Si te gusta, no cuesta ningún trabajo-.
-Alice, me salen los colores turquesa y los cortes princesa por las orejas. Ni siquiera se pronunciar correctamente el 90% de los nombres. ¿Por qué está todo en francés? No, no me contestes, ya lo sé, está todo ahí- dije antes de que hablase como si quisiese soltar le lección de carrerilla.
-¿Y a que desfiles te tocará venir?-.
-No tengo ni idea, pero espero que a ninguno. Estamos aquí en teoría para entrevistas, hoy. No quiero volver a pisar este sitio. Están todos locos, chillando, corriendo… Yo pensé que esto tenía un poco más de glamour-.
-Eso se queda en la pasarela Bella. El resto es una locura. Pero, ¡bendita locura!- dijo con una sonrisa impresionante mientras botaba en el sillón dando palmaditas. Si, desde luego que estaban todos locos. –Espera- dijo abriendo su bolso y cogiendo su móvil que sonaba con alguna canción que suponía debería serme conocida, pero no era el caso. -¡Edward!- dijo emocionándose.
Estaba segura de que todo color en mi cara se había ido y mis ojos podían salirse sus órbitas en cualquier momento. ¿Edward? ¿Edward llamando a Alice y no al revés? Raro.
-Sí, si claro que puedo hablar- dijo juntando sus manos en mi dirección como pidiéndome perdón por el incidente. No pasaba nada. –Bien, todo bien, empezando mis prácticas… Si ya estoy en Nueva York. ¡Esto es genial!-.
Antes de seguir escuchando la conversación, quise irme, asique con un gesto le indiqué a Alice que tenía que salir fuera. En esos momento, prefería el bullicio de puertas para fuera que la pesadilla en ese trocito de cielo que había pasado a ser infierno con apenas una palabra.
Cogí el móvil y teclee algunos mensajes para mis amigos y mis padres, haciéndoles saber que estaba bien, que todo iba como esperaba y que ya les echaba un poco de menos, aunque no fuese totalmente cierto. Aquellas horas de independencia no se me habían dado nada mal.
No fue extraño que más temprano que tarde chocase con alguien, pues andar mirando la móvil y no al frente entre aquella multitud solo podía acabar mal. Lo que si fue extraño, fue con la persona con la que choqué. ¿Pero no estaba hablando con…?
-Alice, tengo que colgar. Nos vemos pronto- dijo colgando la llamada mientras se metía el móvil en el bolsillo, y quitaba muy lentamente la mano de mi espalda que me había ayudado a no caerme de culo. Esto no me podía estar pasando. No hoy. –Bella-. Me hubiese encantado contestarle, un hola, un qué tal, un cuanto tiempo… Pero nada salía de mi garganta, ni siquiera aire. Odiaba que se notara el efecto que seguía teniendo en mí. Después de año, seguía siendo incontrolable. Me moví lentamente invitándole a quitar la mano de ese sitio mucho más rápidamente. Estaba incomoda y mi postura corporal lo mostraba. Rápido, se alejó un paso de mi tocándose el pelo y sonriéndome, eso no cambiaba. Él también parecía nervioso. -¿Cómo estás?- dijo finalmente.
-Bien- dije haciendo un esfuerzo para que mi voz se escuchase por encima del jaleo. –Bien. De prácticas-.
-¿Trabajas aquí?- dijo mucho más sorprendido incluso que Alice.
-Es un periódico. El primer artículo es sobre esto. Espero no volver- y esta vez deseaba no volver jamás. Cuanto más lejos mejor. -¿Tú?- dije encogiéndome de hombros. Era una conversación incómoda, como si miles de personas nos estuviesen observando, aunque sabía que nadie más que él y que yo estaba pendiente de aquello.
-Bien también. Trabajando. Por fin-.
-Tenía entendido que estabas por Europa. Por Alice- quise aclarar.
-Si, Italia, Francia, España, Inglaterra… Ha sido un año curioso. Muy ajetreado, pero por fin vuelvo a casa una temporada. Estaré por aquí unos meses-.
-¿Por aquí? ¿Te refieres a Forks…?-.
-No, hablo de Nueva York. Tengo varios proyectos por aquí asique…- estoy segura de que fue mi mirada entre pánico y advertencia la que le hizo frenar y no seguir hablando. Ni loca quería escuchar "nos veremos más a menudo". No, me negaba.
-¿Por qué habías llamado a Alice?- dije para desviar completamente el tema de conversación.
-Quería darle una sorpresa. ¿Sabes dónde está?-.
-Estaba conmigo en una sala al final del pasillo. Supongo que seguirá allí-.
-Perfecto. Oye Bella, ¿tú todavía…?-.
-Bella-. ¡Bree! Oh dios, acababa de convertirse en mi persona favorita del mundo. La amaba. Casi tanto como a Edward. –Tenemos que ponernos en marcha-.
-Claro- dije con unas ganas locas de empezar a trabajar. Incluso en aquello, ahora todo me parecía fabuloso si con ello Edward se alejaba de mí. –Adiós Edward- dije pasando por su lado sin ni siquiera mirarle ni dejarle que acabase la frase.
-¿Un amigo?- me preguntó cuándo le dejamos atrás.
-No. Solo un conocido- dije quitándole importancia.
-Pues vayas conocidos- dijo recalcando lo que era evidente. Edward estaba cada día más guapo. Incluso más que hace un año, algo que parecía imposible.
Sabía que aquel encuentro iba a ser el primero de muchos. Vivir en la misma ciudad, con alguien en común como era Alice… Iba a ser inevitable. Solo rezaba, rogaba a algún ser superior para que Nueva York me ayudase a empezar a olvidar. Y lo necesitaba rápido.
