Capítulo 22

¿Dónde demonios se habían metido? Miré una vez más el reloj…

-Perdón, ya he terminado de contestar- dijo una voz masculina cerca de mí.

-Sí, si, eh… disculpa- dije dedicándole una sonrisa avergonzada y mirando la siguiente pregunta del cuaderno que me había dejado Bree. Le formulé la siguiente y estúpida pregunta, que gracias a Dios era la última, y volví a empezar a mirar a mi alrededor.

Hacía una hora que Edward y Bree habían desaparecido de mi vista hacia una teórica entrevista. Pero no sabía exactamente el porqué, pero no me fiaba de ninguno de los dos.

-Muy bien Paolo, ya hemos terminado. Muchas gracias- dije apagando la grabadora y guardando todo en mi bolso.

-No hay de qué. ¿Nueva, verdad?- dijo sonriéndome.

-Si- dije algo nerviosa y desconcertada. La verdad es que era un muchacho claramente atractivo, italiano, de piel y pelo moreno y un acento al hablar inglés divertido, y durante la entrevista me había parecido simpático también. Pero tenía mi cabeza en otras cosas. –Estoy de prácticas. Llevo solo dos días- dije para no parecer muy seca. Seguramente debería conocerle porque sería famoso o algo así, la legión de chicas que nos miraban a la espera de una foto con él o una entrevista era casi indecente para una sola persona, pero yo no sabría ni decir su apellido sin mirarlo en mis apuntes.

-Te han metido en la boca del león desde el principio. ¿Cómo lo llevas?-. ¿Por qué seguía hablando conmigo cuando tenía a media ciudad pendiente de él y esperándole? Le miré y la verdad, no parecía nada preocupado por ello.

-Mal- dije sin pensar. –Bueno, me estoy acostumbrando-.

-Bella te llamabas, ¿verdad?- preguntó mientras yo le afirmaba que si con la cabeza. -¿Te importaría apuntarte mi número para quedar un día?- dijo sin borrar la sonrisa de su cara. Y para que mentir, que sonrisa.

¿Me estaba pidiendo salir algún día? ¿Ese… dios italiano quería salir conmigo?

-Claro- dije sin saber porque salió eso de mi boca. Y aun sin comprenderlo le di mi móvil para que me apuntase su número.

-Hecho- dijo entregándomelo de nuevo. –Hablamos- dijo dándome un beso en cada mejilla y dejándome sola de nuevo entre tantísima gente, pero claro, ahora las sensaciones eran diferentes. ¡Había ligado con un modelo italiano impresionante! ¡Yo! Incluso me había olvidado de lo preocupada que estaba… Pero claro, soy Bella y las cosas buenas no duran demasiado en mi vida. Alguien me cogió del brazo haciendo girar violentamente para quedar cara a cara con él. ¿Era necesaria una conversación ahora?

-¿Qué has hecho?- me preguntó entre dientes mientras me conducía a una zona más calmada y alejada de la gente y del ruido.

-Estaba haciendo mi trabajo. ¿Qué has hecho tú? ¡Eres un desgraciado! ¡Es mi jefa!- dije dándole en el pecho con toda la fuerza que tenía. No mucha seguramente, pues ni siquiera se tambaleó cuando recibió los golpes.

-Eh, no he hecho nada…-.

-Todavía- dije terminando su frase. –No me vas a joder este trabajo Edward. No mi trabajo-.

-Yo no quiero nada con ella. Solo estaba siendo amable-.

-Estabais ligando. Los dos. Delante de mi cara. ¡Idiota! No sé qué es peor, que te líes con ella o que la dejes con el calentón-.

-¡La habías dicho que éramos solo unos conocidos! Eso duele-.

-¿Qué eso duele? ¿Eso es lo que más te duele de toda la historia? Eres un completo…-.

-Shh- dijo tapándome la boca pues mi tono de voz empezaba a elevarse y las pocas personas que había a nuestro alrededor empezaban a notar nuestra presencia. –Solo la he concedido una entrevista y hemos cambiado números para tomar algo mañana. Ya está. La diré que no quiero nada más que una amistad…-.

-Como me echen del trabajo porque juegas con ella, te juro Edward que te falta ciudad para correr-.

-¿Y tú qué? Ligando en medio de todo el mundo con Paolo. ¿Por qué le has dado tu número? ¿Estás loca?-.

-¿Disculpa? ¿Por qué debería darte yo a ti explicaciones de lo que hago con mi vida o con mi número de teléfono?-.

-Tú me las has pedido a mí-.

-Sí, claro, porque tú vas a vivir en mi casa y no voy a permitir que traigas a mi jefa a ella para… para eso, y estás a punto de costarme el puesto de trabajo. ¿Suficiente?-.

-Esta conversación no ha terminado- dijo mirando la hora y escabulléndose entre la gente dejándome con la palabra en la boca. ¡Ahhhhhhhh! ¡Lo quiero matar!

-¡Bella!-. Giré mi cabeza para ver a Bree que alzaba un brazo entre la gente intentando hacerse ver entre ella. Parecía feliz. Perfecto.

-Bree- dije secamente cuando conseguí llegar hacía ella y poníamos rumbo al siguiente desfile. Entre tanto jaleo se me había olvidado comer. Todo estaba saliendo a pedir de boca…

-Ay- dijo suspirando cuando nos sentamos en nuestros asientos. –Tu amigo, conocido, Edward- me aclaró como si fuese necesario- es… ¡es perfecto!- dijo emocionada. Parecía Alice cuando le decíamos que necesitábamos un consejo sobre cómo vestirnos.

-¿Qué tal?- pregunté sin mirarla, intentando poner atención a lo que estaba leyendo. Fracasé completamente. Pero aunque no quería oírla no tenía otro remedio, y ella no parecía muy dispuesta a callarse y a guardarse que había ligado con el mismísimo Edward Cullen.

-Es… ¿Has visto que cuerpo tiene? ¿Y los brazos? ¿No me digas que no te has fijado en su cara? ¡Y que ojos! Tiene una manera de hablar tan… sensual, y es tan educado… ¡Nos hemos dado los números para quedar mañana! ¡Vente!-.

¿Qué?

-¿Qué?- la contesté sorprendida. –No-. Rotundamente no.

-Sí, deberías venir. Así podrás allanarme el camino un poco. Tú le conoces mejor que yo seguro-. Pues sí, mucho mejor.

-No sé, es una cita. Sobro allí-.

-Tráete a alguien-.

-No salgo con nadie-.

-Pero… Luego hablamos- dijo bajando su voz a la vez que las luces también se apagaban.

·

Salí totalmente asqueada de aquel edificio, con unas ganas infinitas de no querer volver en la vida y el profundo cabreo de saber que todavía me quedaban un par de días más de sufrimiento. Saqué el móvil del bolso, solo quería llamar a Alice y Jasper y escaparnos a emborracharnos de nuevo. Me daba igual la resaca, solo quería…

-¿Bella?-. Bueno, ¿aquello era una broma?

-Paolo- dije girándome con buena intención y una gran sonrisa, la que me duró lo mismo que tardé en ver a la persona que venía con él. No podía ocultar que le resultaba divertido y yo solo quería quitarle la sonrisa a golpes.

-¿Qué tal Bella?- preguntó acariciándome el brazo Paolo. Sobón, pero cariñoso.

-Bien. Edward- dije a modo de saludo.

-¿Os conocéis?- preguntó sorprendido.

-Sí, somos… conocidos- le respondió él enfatizando la última palabra.

-Hey- la que faltaba. –Hola- dijo Bree haciéndose un sitio en el grupo y auto presentándose a Paolo. -¿También le conoces?- me preguntó señalando a Paolo.

-Sí, le he entrevistado esta tarde-. No podía estar más incómoda en ese momento.

-¡Perfecto! Así puede venirse mañana-.

-No creo…- empecé viendo como el pánico subía por mi cuerpo. Al igual que Edward cuya cara era un poema… malo de narices.

-¿Mañana? ¿Podemos quedar mañana?- me preguntó Paolo con la esperanza dibujada en la cara. ¡Joder! Debía tener un cartel en mi frente donde ponía grande y claro: "no sabe decir que no".

-Mañana trabajo…-.

-A la 1 has terminado- dijo Bree como recordándome lo obvio. –Entonces, ¿quedamos? ¿Te parece bien en tu casa? La mía está en obras y no creo que ellos tengan sitio aquí…-.

-Claro- dije susurrando mientras Bree y Paolo se despedían del grupo dejándonos a Edward y a mí solos en frente del edificio de la muerte.

Le miré viendo como ocultaba su cara entre sus manos sabiendo que aquello no tenía solución, que era una gran… Le iba a matar.

-Yo… lo siento…no-.

-No hables- dije sintiendo como empezaba a formarse un nudo en mi garganta. –Eres…-.

-Puedes decirlo libremente. Tienes razón-.

-Me juré a mí misma Edward que no ibas a volver a ser nada en mi vida. Nada. Cambié de opinión el otro día por Alice, otra vez para ayudarte, porque parece ser que es lo único que se hacer en mi vida, ayudarte, y nunca sale bien. No tienes ni la más remota idea de cómo me siento ahora. Soy un completo cero a la izquierda. Tú haces que me sienta así. ¿Por qué no sabes dejarme en paz? ¿Olvidarme?-.

-Porque no puedo Bella. No eres alguien fácil de dejar a un lado. Es imposible- dijo acercando sus manos a mi casa. Rápidamente y de un manotazo las aparte.

-No me toques. Y no me digas esas cosas ahora, porque ni la quiero oír, ni me las creo. Solo intenta que esto de la cita salga bien, ¿vale? No quiero quedarme en la calle en mi primera semana-.

Y me fui de allí todo lo que mis piernas me permitían. Me fui andando y sintiendo como la ciudad empezaba a llenarse de luces y mi vida de sombras.

Yo quería llegar a Nueva York para tener una vida diferente, mejor. Pero parecía que alguien no quería que eso ocurriese.

Sin probar bocado me puse mi pijama y me metí a la cama a llorar como hacía meses que no hacía, intentando desahogarme y poner las cosas en su sitio a base de sollozos.