Capítulo 23
-Entonces, ¿puedo contar con vosotros?- pregunté emocionada. Era la primera buena noticia que recibía en días. Aunque a esas alturas me conformaba con bastante poco la verdad.
-Claro- dijo una Alice risueña a otro lado del teléfono. –Nosotros llevamos el vino. O las cervezas. ¿Qué prefieres?-.
-Lo que sea. Pero que tenga alcohol. Nos vemos a las 9- dije despidiéndome justo cuando abría la puerta de mi casa.
Había conseguido que Alice y Jasper nos acompañasen a todos esa noche en la cena que se celebraría en mi casa. Muy a mi pesar nadie había llamado para decir que no podía presentarse asique me tocaba pasar toda la tarde en la cocina preparando la cena. Lo único bueno de aquello es que por lo menos cocinar se me daba bien y me gustaba.
Sabía que Alice estaría allí antes de tiempo. No solo para revisar mi vestuario, sino porque querría saber de qué iba todo aquello. Vamos, necesitaría cotillear para estar informada de todo. Y yo no podía tener menos ganas de exponer la situación en voz alta, porque en algún punto mi voz quebraría y se daría cuenta de que aquello me afectaba mucho más allá de lo que podía ser mi trabajo.
A las 7 el timbre sonó con tal insistencia que no me hizo falta mirar por la mirilla para saber quién se encontraba al otro lado de la puerta.
-Hola Alice- dije echándome a un lado para dejarla pasar. –Hola Jasper- dije cuando vi que con paso más pausado entraba Jasper.
-Hola Bells-.
-¿Todavía estás así?- me gritó Alice cuando me vió llegar a la cocina.
-Alice faltan dos horas todavía. Y la cena no está terminada-.
-Jasper termina- dijo cogiéndome de la mano y arrastrándome al dormitorio, que sabía dónde estaba aunque nunca había pisado esa casa. Preferí no saber la información de cómo lo sabía. Seguro que no quería.
-A ver, ese moño fuera, el delantal… quémalo, las uñas… ¡Vete a ducharte ahora mismo! ¡Estás hecha un desastre!- dijo completamente nerviosa. Temiendo seriamente que le diese un infarto cogí una muda y entre el baño inmediatamente.
Me tomé la libertad de tardar un poco más de lo normal y dejar que el agua caliente me evadiese por un momento de mi realidad, la cual odiaba un poco más a cada segundo que pasaba. Salí de allí con una toalla en el pelo y un pijama.
-Siéntate- dijo señalando mi cama mientras cogía una silla y empezaba a pintarme las uñas de las manos y de los pies. –Cuentame- vaya, mucho había tardado en empezar el interrogatorio, -¿por qué tanto drama para una cena con tu jefa?-.
-Trae compañía-.
-¿Y?-.
-Creo que le conoces-.
-¿De verdad?- dijo parando un segundo. Definitivamente había captado su atención.
-Es Edward-.
-¿Qué? ¿Pero mi hermano es idiota o que le pasa? ¿Con tu jefa? ¿No hay mujeres en Nueva York que tiene que ser con tu jefa?-.
-¿Pasa algo aquí?- dijo Jasper preocupado abriendo la puerta del dormitorio con el que antes había sido mi delantal.
-Nada Jasper, no te preocupes- le dije sin poder evitar reírme un poco.
-¿Y qué le has dicho?-.
-Yo le presenté a Edward como un conocido. A sus ojos solo somos conocidos. No quiero que sepa nada de lo que paso entre nosotros, o que le conozco desde que llevábamos pañales-.
-¿Por qué no? Además, lo vuestro fue una mentira piadosa, podrá entenderlo-.
-Pero es que no quiero que lo entienda, ¿de acuerdo? Cuando me vista encárgate de decírselo a Jasper-.
-¿Y eso es todo?-.
-Viene alguien más-. Alice tenía un sexto sentido, y era absurdo ocultarle algo cuando en poco más de una hora iba a descubrirlo.
-¿Quién?-.
-Un chico que conocí ayer y me pidió mi número. Se llama Paolo y es modelo…-.
-¡¿Paolo?! ¡¿El italiano?!- dijo dejando el pintauñas en una superficie sólida.
-Creo que si es italiano…-.
-¡Madre mía! ¡Has ligado con ese dios! ¡Bella, eres mi ídola!-.
-Alice relájate porque yo no quiero nada…-.
-Oh, claro que vas a querer. ¿Le has visto bien? Bella, ¿tienes sangre en las venas? Entonces vas a querer algo con él- dijo son parar de reír y volviendo a sus quehaceres de esteticién.
-Es solo que… ¿No es demasiado para mí?-.
-Bella, te subestimas- dijo terminando y abriendo el armario encontrando… nada.
-Está todo en las cajas todavía-.
-Eres un desastre… Pero aparte de eso Bella eres lista, manejas el humor y la ironía, tienes un montón de cualidades, y si, eres guapa. Quizá no un bellezón de pasarela, pero eres una chica común que destacas. Y si te supieses sacar más partido mucho mejor- dijo tirando cajas enteras a una esquina de mi habitación. Tenía el presentimiento de que al día siguiente Alice me iba a obligar a asistir a nuestra primera salida de compras neoyorquinas. –Con esto estarás bien- dijo tirándome un par de vaqueros ajustados y una camisa de cuadros. –Déjate abiertos unos cuantos botones. Casual y sexy. Mira, otra cualidad- dijo saliendo del dormitorio dejándome con mil historias en la cabeza que tardarían en procesarse.
Justo cuando estaba terminando de cepillarme y maquillarme sonó el timbre y con el un grito de "Bellaaaaaaa" de Alice como si no lo hubiese escuchado.
-Ya voy Alice. Ya voy- dije pasando a su lado corriendo. -¿Está todo listo Jazz?- pregunté antes de abrir.
-Todo perfecto- dijo levantando sus pulgares hacia mí.
"Allá vamos" pensé.
-Hola- dije saludando a las tres personas que esperaban al otro lado. –Adelante- dije dando dos besos primero a Bree, y después a Paolo, que se veía increíblemente guapo.
-Hola- me dijo Edward esperando mi respuesta, que fue cerrar la puerta y mirarle fijamente con toda la rabia que tenía en ese momento.
-Tú y yo esta noche somos conocidos. Alice y Jasper ya están avisados-.
-¿Alice…? ¿Están aquí?- dijo sorprendido.
-Les he invitado yo. No hables de más- le advertí y me dirigí al salón. –Ellos son mis amigos Alice y Jasper, nos mudamos aquí hace una semana. Vosotros ya os conocéis- dije señalando a la pareja y a Edward dejando a los demás impresionados.
-¿Os conocéis?- preguntó Bree que parecía haberse bebido algo más que agua antes de llegar.
-Es mi hermano mellizo- dijo Alice sin perder un ápice de su gracia.
-No os parecéis en nada- comentó Paolo. –Estás muy guapa- dijo después cerca de mi oído cuando solo yo podía oírlo. Un escalofrío recorrió toda mi columna.
-Gracias dije en apenas un susurro. Estaba el siguiente paso a nerviosa.
·
-Y bueno, ¿Cómo os conocisteis?- comenzó Paolo cuando terminamos los postres.
-¿Quiénes? ¿Nosotros?- dijo Jasper. –Pues vivimos en el mismo pueblo. No es tan complicado-.
-¿Y cómo es que vosotros dos apenas os conocéis?- preguntó Bree mirándonos a Edward y a mí. "La pregunta del millón" pensé mientras terminaba de un sorbo mi copa de vino.
-Pues…- intentó comenzar él.
-Edward prefería no reunirse con nosotros. Tenía sus propias amistades y como es hermano de mi mejor amiga, por extensión, también le conozco. Pero ya está- dije ganándome una mirada como el hielo de su parte. Aunque realmente no había dicho ninguna mentira.
Y a partir de ahí, como si quisiese algún tipo de venganza, parecía que todas sus acciones o sus comentarios fuesen dirigidos, única y exclusivamente, a hacerme daño. Que si nunca se había sentido muy integrado en el grupo, jamás, nunca, sin excepción; que no conocía el verdadero amor mientras le acariciaba la espalda… notaba mi comida subiendo por mi garganta cada vez que hacía o decía algo.
Paolo era algo más disimulado, quizá algo más caballeroso, pero estaba clara su actitud conmigo también. Quizá la única diferencia es que yo no le daba pie a más. Y no pensaba dárselo, por mucho que Alice me taladrase con la mirada cada vez que notaba mi distancia con él.
-Disculpad- dijo Paolo en un momento dado.
-Voy recogiendo- dije yo aprovechando que faltaba alguien en la mesa.
Llegué a la cocina con los últimos platos resbalándose casi de mis manos. Estaba mal, sudando, con temblores, aquello… aquello estaba saliendo tan bien como podía salir, y tan mal como me podía hacer a mí. ¿Era necesario tanto sufrimiento? ¿Por qué me lo hacía a mí misma?
-Bella lo siento me tengo que ir- dijo Paolo apareciendo por la cocina poniéndose en abrigo. Parecía terriblemente preocupado.
-Claro. ¿Está todo bien?- pregunté.
-No, no… Ehhh no. Está en el hospital. Mi mujer… Mi mujer está en el hospital- dijo dando media vuelta y dejando allí, petrificada con la noticia, como si me hubiesen tirado un jarro de agua congelada. Mujer… Estaba casado.
Salí de la cocina como si se tratase de un robot. Y me paré en el salón, preparada, probablemente, para una de las mayores humillaciones de mi vida. Mi ex novio secreto, mi actual jefa y mis mejores amigos me miraban tan preocupados como yo había mirado hace unos minutos a Paolo.
-Se ha tenido que ir- dije intentando parecer lo más tranquila e indiferente posible. Pero mi postura era lo más parecido a una estatua que había en ese salón.
-¿Te ha dicho por qué?- preguntó extrañada Alice.
-Sí. Dijo que se tenía que ir al hospital porque allí es donde estaba su mujer. Parecía tener prisa-.
-¿Cómo?- dijo Bree sin poder evitar una carcajada, bastante mal escondida. No la podó culpar. Aunque la peor cara de todas parecía ser, irónicamente, la de Edward.
-Bella…- dijo levantándose Alice con cuidado sin saber muy bien que decirme. Aunque siendo sincera yo tampoco sabía que quería escuchar. Quizá nada fuese lo mejor.
-Me voy…- dije levantando la mano esperando que no siguiese avanzando, -a la cama. Estoy cansada de todo el día-.
-Pero mañana libras- dijo Bree como si no entendiese la situación en la que me encontraba de bochornosa vergüenza.
-Hablamos- dije terminando aquello y enfilando el pasillo hacia mi habitación.
Era la sensación más rara que había sentido en mi vida. No me dolía como una ruptura, quiero decir, ni estaba enamorada ni le conocía como para comenzar una relación. Era algo más parecido al saber que se había reído de mí, en mi cara, de mi total ignorancia. Y delante de mis conocidos y amigos.
Me metí en la cama sin quitarme ni ropa ni maquillaje y sabiendo que la alarma no sonaría al día siguiente. Y que con un poco de suerte mi próximo jefe no fuese Bree.
-Bella- me susurro alguien desde la puerta. Estaba oscuro y yo intentando dormirme. Pero supe que ese alguien había pasado cuando noté que se sentó en la cama. –Bella- repitió esta vez más cerca de mí, y aun en la oscuridad abrí los ojos reconociendo su voz y la calidez de su aliento.
-Edward- dije mitad con sueño mitad con deseo, porque si, lo deseaba tanto…
-¿Qué…?-.
-No se te ocurra preguntarme que qué tal estoy- dije sentándome en la cama y encendiendo la lamparita de mesa. Si antes pensé que Paolo estaba guapo es porque no lo había comparado con Edward. Estaba claro.
-Lo siento mucho-.
-Siempre lo sientes. Yo siempre te perdono. Y así es como funcionamos- dije recogiéndome el pelo en una coleta. Allí cada vez hacía más calor.
-No… No creo que puedas entender lo mal que me siento ahora. Bree se ha ido, bueno, la ha echado Alice. Su comportamiento…-.
-Me da igual. De todo lo que podía salir mal hoy, casi todo ha salido mal, incluso peor-.
-¿Qué puedo decirte Bella?-.
-Puedes irte- le sugerí. Era la primera gran mentira de la noche.
-No voy a dejarte aquí mal. No-.
-Alice y Jasper no se irán hasta que me vean bien. Puedes irte-.
-Ya, pero es que yo también quiero comprobar que estás bien antes de irme-.
-Estoy perfectamente Edward. Vete, en serio, vete- cada vez que pensaba que se iba a ir el nudo de mi garganta se hacía más fuerte y unas ganas inmensas de llorar me invadían. Odiaba derrumbarme justo en ese momento, no sola, no con Alice, no, con él delante, y con él dispuesto a consolarme y yo a ser consolada. –No me merezco esto- dije enterrando mi cabeza en su pecho mientras sus manos acariciaban mi espalda.
-No. No creo que haya alguien que se lo merezca menos. Pero eres la persona más fuerte que he conocido, y ese idiota no se merece tus lágrimas. Nadie de las merece- dijo besando mi cabeza.
-Edward- dije medio entrando en razón y limpiándome las lágrimas mientras me separaba un poco de él. -¿Tú… Tú sabías que estaba casado?-.
-Yo… Se escuchaba algo de que estaba en una relación, pero nada de matrimonio. Te lo juro- dijo juntando sus manos.
-¿Por qué no me lo dijiste?- dije mientras las lágrimas empezaban de nuevo a caer.
-Bella, no se me ocurrió…-.
-¿Qué? ¿No te parecía un dato importante decirme que tenía novia?- dije levantándome de la cama y saliendo de la habitación.
A esas alturas lo que pensasen los demás me daba absolutamente igual.
-Bella- me dijo Alice levantándose del sofá con Jasper detrás. -¿Qué…?-.
-Entiéndeme. ¿Y si te digo que tiene y al final no…?-.
-Sabes perfectamente que el me daba igual. ¡Idiota!- dije pegándole en el brazo. Ni siquiera intentó defenderse.
-¿Por qué no me lo dijiste?-.
-¿Qué no te lo dije? Edward, tengo un poco de amor propio, a estas alturas poco, pero algo conservo… ¿Estás ciego?-.
-¿Qué está pasando aquí?- dijo Alice totalmente descolocada viendo como Edward y yo nos mirábamos como si allí solo hubiesen dos personas.
¿Qué la has hecho Edward? ¿Bella?-.
-Nada Alice. Tu hermano que… déjalo-.
-¡No! ¡Mírate! ¿Qué ha pasado?-.
-¡Nada!- grité.
-¡Bella!- me replicó.
-¡Qué tu hermano y yo estuvimos juntos! ¡No solo de mentira, estuvimos juntos, de verdad! Pero como siempre era demasiado poco para él, como lo soy para todo el mundo. Y parece seguir siendo así. Ahora, ¿podéis iros, por favor?-.
-Yo, Bella…-.
-Alice, no- le dijo Jasper cogiéndola de la cintura y apartándola de mí muy sabiamente. –Llámanos cuando lo necesites- me dijo cuando pasó a mi lado y dándome un beso.
Cuando esa confesión debería haberme quitado 20 kilos de encima, parecía que solo había añadido porquería a la ya existente en mi vida. Perfecto.
