Capítulo 24
Apenas había salido de la cama los últimos días, asique cuando puse un pie fuera de ella me sentí rara. Tenía la espalda dolorida, las rodillas entumecidas y los ojos llorosos de la repentina luz que había invadido, casi sin permiso, mi habitación.
Sabía que tenía que ducharme rápido y maquillarme más de la cuenta si no quería que me equivocasen con un zombie. Las ojeras me llegaba casi a la barbilla y necesitaría un milagro para evitar preguntas sobre cómo había dormido.
Al salir de casa paré en la primera cafetería que vi abierta y compre el café más grande y cargado que pudieran venderme. Necesitaba espabilarme como el respirar.
Y dejar de pensar. Sí, eso también era vital. Temía tanto mi próximo encuentro con Edward, el cual todavía no tenía fecha, como el de Bree. Solo de pensarlo la vergüenza se apoderaba de mí. Solo el pensar que me podía tocar de nuevo con ella en otro reportaje, o que se hubiese ido de la lengua y toda la oficina supiese de… No pensar. No pensar.
Entre en el edificio mirando mis pies, la cosa más interesante que podía contemplar, estaba segura. A medida que me iba acercando a mi mesa comprobé que nadie sabía nada. Eso, o eran excelentes actores. Todos me saludaban con naturalidad, amablemente, y poco a poco yo pude ir devolviendo saludos mirando a la cara. Cuando llegué a mi mesa comprobé que Bree no había llegado y había una nota encima de mi mesa. Era del jefe, durante la próxima semana iba a trabajar sola, nadie a mi alrededor nada más que papeles y un ordenador. Iba a revisar y corregir, revisar y corregir. Era la primera buena noticia en días. La segunda vino cuando me dijeron que Bree tenía sus vacaciones y no iría allí en las próximas dos semanas. La mala vino cuando me di cuenta de que yo era desgraciada por naturaleza, y tanto bueno traería algo malo, muy malo en breves. Solo tenía que esperar.
El día pasó rápido, tan tranquilo como hubiera deseado en un principio, y con oportunidades para conocer más y mejor a mis compañeros, a los que apenas reconocía, pues había pisado la redacción durante 5 minutos una semana antes. Fue un día perfecto.
Pero eran las 5 de la tarde, todavía quedaba mucho día por delante y podían pasar muchas cosas. Alice me había estado acribillando a llamadas y mensajes, en las cuales se escuchaba a Jasper de fondo "déjala tranquila, ya llamará". Quería saber que tal estaba, lo entendía, pero yo no estaba para contestarla todavía. El resto de mis amigos me habían dejado mensajes de preocupación, no sabían que pasaba pero sabían que algo pasaba. Ya llamaría también… Mis padres no estaban preocupados, más bien enfadados, demasiado días sin saber de mí. También les debía una visita. Paolo ni se había dignado a un mensaje, y tampoco lo quería. Y Edward… más de lo mismo. Como si no existiera.
Pero como ya decía quedaba mucho día por delante, y delante de mi portal estaba él. Estaba menos sorprendida de lo que yo misma esperaba.
Con la poca dignidad que él se había encargado de dejarme camine firme y segura para abrir ignorándole, como si no hubiera visto su presencia allí. Como si no pudiera sentirle.
-Bella- me dijo a mis espaldas cuando abrí el portal. Aunque no le invité, supe por el ruido de sus pisadas que estaba detrás de mí y me acompañaba. –Bella- repitió. –Bella por favor, mírame- dijo cuando abrí la puerta de mi casa, esta vez sin atreverse a pasar sin invitación.
-¿Cuánto llevas abajo?-. Fue la primera pregunta que se me vino a la cabeza. Estúpida, sin sentido e innecesaria. Tal como yo me sentía.7
-No sabía a qué hora terminabas de trabajar hoy. Llevo ahí desde la 1-.
-¿Has comido?-.
-No me he movido. No-.
-Pasa- dije dándole la espalda y caminando. –Sírvete lo que quieras- dije sin mirarle de nuevo y entrando a mi habitación a cambiarme.
Cuando volví todavía estaba sentado en el sofá, con sus manos entrelazadas y mirando a sus pies. Cuando notó mi presencia lo único que cambió fue que su mirada pasó a la mía. Y me miraba como si fuese lo más especial del mundo, no como si llevase unos pantalones anchos grises y una camiseta blanca ancha… Una camiseta que fue suya. ¡Mierda!
-Puedo devolvértela cuando quieras- dije dándome cuenta de mi grado de estupidez.
-Quédatela. Te queda estupenda-.
-Seguro. ¿No tiene hambre?- dije intentando que la conversación no fuese por el camino que llevaba evitando estos días.
-He venido a hablar contigo-.
-¿Y no puedes comer mientras?-.
-¿Cómo estás?- dijo evitando dar más rodeos aún.
-Mal- ¿para qué mentir? De hecho, en todo aquello, yo era la única que no había mentido. –Algo mejor que el otro día, pero mal-.
-¿Has hablado con Alice o con los chicos?-.
-No. Los chicos saben que ha pasado algo pero no el que. Y Alice me acosa con llamadas y mensajes, pero he tenido el móvil apagado estos días. Lo he visto esta mañana. Les contestaré pronto- respondí para que no se preocupase de más.
-¿Sirve de algo que te vuelva a pedir perdón de nuevo?- dijo.
-Para que me sienta peor- dije pasándole una cerveza ya abierta para que no pudiera rechazarla. Me senté a su lado y fijé mi vista en sus manos. Que manos…
-No solo por lo de la otra noche, sino por todo. Todo Bella-.
-Edward- dije haciendo un amago de sonrisa. –Ha pasado mucho tiempo. Que yo recuerde ciertas cosas es mi problema. Me hago daño a mí misma. No tienes por qué disculparte o sentirte mal porque n¡ yo no sepa avanzar-.
-Tenemos el mismo problema entonces-.
-Explícate-.
-Que yo sea un capullo, o lo fuese, o lo que sea, no significa que lo que diga lo piense de verdad. Tú me importabas. Lo sigues haciendo Bella. Pero creo que sigo sin poder demostrarlo como tú quieres. Y como tú te mereces-.
-De hecho esa confesión es mucho más de lo que aspirabas hace un año- dije juntando nuestros botellines en un brindis.
-Aunque ahora sirva de poco-.
-Aunque ahora sirva de poco- repetí. –Es injusto. No sé si lo entenderías pero estoy hecha una porquería ahora mismo Edward. Más que antes. Mi vida no se acerca a la perfección ni por asomo, e involucrar a otra persona en ella es arrastrarla hacia algo que no es agradable para nadie. Es lo último que me gustaría hacerte. A ti o a cualquier otro. Aunque te quiera como siempre-.
-¿Por qué no me dejas a mi decidir eso? Es lo que tu decías…-.
-Y lo que tú ignoraste-.
-¿Te crees que mi vida está bien? ¿Qué ha sido perfecta en algún momento? ¿Qué este año ha sido… bueno?-.
-Has conseguido por lo que estabas luchando Edward. Eso es conseguir algo, algo muy bueno. Deberías estar tremendamente orgulloso de ti mismo. Yo lo estoy. Todos lo estamos-.
-Te he echado de menos muchísimo. Te he necesitado como no te puedes imaginar. Tus consejos, tus ironías, tus berrinches. Todo. A ti. Solo querías que estuvieras a mi lado para ver lo que conseguía-.
-Edward- dije levantándome del sofá resoplando. –Uffff- dije mirándole por primera vez en toda la conversación. -¿No podías haberme dado esa sinceridad cuando te la pedí? ¿Cuándo la necesitaba? Ahora… No ahora-.
-Mejor tarde que nunca. No he venido buscando una oportunidad- dijo levantándose y poniéndose frente a mí, - aunque si me la das no te voy a decir que no- dije sonriendo y haciendo que yo también sonriese, -solo quería pedirte perdón una vez más. Intentar arreglar las cosas. Quedar mejor de lo que estábamos. ¿Puede ser?-.
-Puede ser- dije totalmente embelesada con esa sonrisa.
No pude evitar colgarme de su cuello y abrazarle, y apenas segundo después el me devolvía el abrazo. Tenía tantas ganas de aquello. De volver a sentirle cerca, de saber que poco a poco aquello se podía solucionar. Lento, pero a buen paso.
-Por fin- dijo cogiéndome de la cara cuando ya estábamos separados.
-Si-dije sin poder quitar la sonrisa de mi casa.
-Hablamos. ¿Me lo prometes?-.
-Hecho-.
-Y habla con Alice-.
-Te lo prometo-.
-Y no creas que eres un cero a la izquierda. Eres lo más valioso que tengo- dijo dejando un beso en mi mejilla. –Gracias por la cerveza- y salió de mi casa dejándome esta vez sin palabras.
Al parecer los días podían terminar bien. O mejor que bien.
