Capítulo 26
-Siento llegar tarde. Los chicos se acaban de ir y Alice puede ser realmente pesada cuando quiere algo- dije entrando a la cafetería y sentándome en la silla de en frente sin apenas mirarle. Me sentía terriblemente mal por ir sin avisar a nadie.
-No te preocupes- dijo levantando su mano para llamar al camarero. -¿Cerveza?- preguntó mientras yo afirmaba con la cabeza.
Ninguno de los dos dijo nada hasta que las bebidas estuvieron en frente nuestra.
-¿Qué tal todo? ¿Qué tal con los chicos?- me preguntó rompiendo el silencio.
-Bien. Muy bien la verdad. Todavía no me había dado cuenta de cómo les echaba de menos. Todo ha cambiado mucho, ¿sabes?-.
-Si, de algo me he dado cuenta- dijo sacando una sonrisa de medio lado que me dejo completamente embobada.
-Eh…- dije intentando recomponer mi postura, -fuimos al partido de los Yankees, aunque yo no tenga ni idea de beisbol pero estuvo bien, les enseñamos un poco la ciudad, y de paso aproveché para verla yo también y, básicamente nos pusimos al día-.
-Me hubiese gustado unirme pero no era…-.
-No, no era lo mejor- dijo terminando de decir lo que ambos pensábamos.
-¿Sigue odiándome Jacob?- preguntó mirando su taza mientras la daba vueltas entre sus manos.
-Él no te odia Edward. Bueno, -dije corrigiendo sabiendo que aquello era mentira, -te odia a ti por ser a quien yo elegí en su momento. Podría ser cualquier otro chico. No te lo tomes como algo personal-.
-Es un poco difícil, ¿no crees?-.
-Quizá, pero aun así, debería darte igual. No es como alguna vez hubieseis sido inseparables. Pero realmente no quiero hablar de eso ahora, ¿te importa?-.
-Para nada. Esto se estaba poniendo muy deprimente-.
-¿De qué querías hablar?-.
-¿Yo?-.
-Por algo me has debido de llamar Edward-.
-Yo… yo solo quería pasar algo de tiempo contigo. Te… te echaba de menos y…-.
-Edward no- dije en un suspiro mirándole.
-Vas a tener que lidiar con ellos Bella. Antes no te hablaba de mis sentimientos y ahora no me los pienso callar. No después de ver lo que pude tener y no tengo-.
-Edward, hay cosas que han cambiado, pero otras siguen igual. ¿No te recuerda esto a nada? Vernos a escondidas, sin que nadie sepa nada… Es la misma historia. Y no tuvo buen final- dije mientras daba un sorbo a mi café intentando templar los nervios y mi tono de voz.
-No sé qué hacer para… poder… volver…-.
-No puedes hacer nada- dije limpiándome una lágrima que caía por mi cara intentando que nadie la viese. Bueno, con Edward no tuve tanta suerte. –Yo… Yo veo que has cambiado en algo, pero sigo muy dolida, no me puedo quitar de la cabeza ni del corazón lo que pasó Edward. Se supone que esto lo cura el tiempo, pero no sé cuánto necesito-.
-¿Y sería bueno que yo estuviese cerca mientras intentas superarlo?-.
-No, estoy casi segura que no- dije sin poder evitar una pequeña risa. –Pero yo también he estado un año sin ti y te he echado de menos. Y no quiero volver a pasar por eso. Eres tú quien tiene que decidir si te quedas o te vas. Yo solo aceptaré lo que pase-. Como siempre, dije terminando la frase para mí misma.
-Yo no me voy a ninguna parte sin ti- me dijo mirándome a los ojos, desprendiendo sinceridad, algo a lo que no estaba acostumbrada cuando se trataba de Edward. Me dejo literalmente sin respiración. –Vámonos de aquí- se levantó tendiéndome una mano y una sonrisa difíciles de rechazar.
-¿Qué piensas hacer cuando termines aquí?- pregunté mientras nos adentrábamos en Central Park.
-Ir a donde me manden supongo- dijo encogiéndose de hombros mirando al suelo. –Pero me gustaría quedarme aquí-.
-¿Por qué?-.
-Porque estás tú. Y Alice, pero eso no se lo digas- dijo haciendo que ambos riésemos. –No sé, quizá me hagan desfilar en las pasarelas de Europa otra vez. Quizá catálogos de fotos por el mundo. No sé, de verdad que no sé-.
-¿Y te gustaría?-.
-¿El qué?-.
-Saber lo que viene después. Saber que mañana vas a seguir aquí, o te irás, pero saberlo-.
-Claro. Como a todo el mundo supongo. Quiero asentarme, aunque suene raro viniendo de mí, quiero establecerme, quizá un trabajo más fijo, hacer amigos…-.
-Verás cómo lo consigues- dije pasando mi brazo alrededor del suyo mientras le dedicaba una mirada de apoyo que me devolvió con una sonrisa. Deje de manera definitiva mi brazo ahí, se sentía bien. -¿Oyes eso?- dije parándome y agudizando el oído. Eran trompetas, si, instrumentos de viento…
-Música en directo- dijo Edward cerrando los ojos y comenzando a andar en otra dirección. –Te encantaba la música en directo-.
-Me sigue gustando. Solo que ahora no tengo ni el tiempo ni el dinero para disfrutarla-.
-Bueno, esta es gratis- dijo cuando llegamos a un gran círculo de personas que rodeaban a una banda de artista de unas 10 personas con diferentes instrumentos tocando alguna pieza alegre de un estilo similar al jazz.
Estuvimos disfrutando del espectáculo mucho tiempo, aplaudiendo, riendo y comentando de vez en cuando algún detalle.
-Baila conmigo- dijo cuándo algunas parejas se cogían de las manos y comenzaba a bailar tímidamente en el centro del círculo.
-¿Qué? No Edward, no pienso salir ahí- dije casi asustada de la sola visión de… No.
-Bueno, entonces aquí- dijo saliendo del círculo, donde la gente nos daba la espalda y parecía que solo estábamos nosotros.
-¿Traes calzado fuerte, no?- dije aceptando su mano y pasando la otra detrás de su cuello.
-Bella- se limitó a decir con una sonrisa mientras lentamente empezábamos a dar vueltas uno junto al otro.
Para mi fueron muy pocos minutos, pero el reloj no mentía, y el cielo tampoco. Era casi de noche, la gente e incluso la banda ya habían desaparecido y algunas gotas empezaban a caer sobre nuestras cabezas.
-Se está haciendo tarde Edward- dije en su oído.
-Hmmmm-.
-Edward, ya ni siquiera hay música- dije un poco más fuerte, pero sin sonar convincente. La lluvia empezaba a intensificarse.
-Hmmmm-.
-Tenemos que irnos Edward-.
-No- dijo claro y fuerte.
-Edward, está lloviendo mucho- dije intentando separarme de él viendo que la lluvia ya era algo serio y era más que probable que pillase un resfriado si me quedaba en la calle.
-Me da igual Bella. No me importa- dijo levantando su cara y mirándome. Parecía tan feliz. Le quité un mechón de pelo mojado de su cara con ternura. Estos momentos los debería tener prohibidos, porque todos sabemos cómo terminan… Pero era tan inevitable también… -Dime que no te importa- dijo cogiéndome en brazos justo por debajo de mi culo y levantándome hasta quedar a la misma altura. –Dímelo- dijo haciendo que ambos riésemos debajo de una intensa lluvia. –Dime que justo ahora no eres feliz- dijo más bajo juntando nuestras narices mientras yo le cogía su cabeza y movía la mía lentamente, con los ojos cerrados, sintiendo el contacto, notando su aliento…
-Si- dije abriéndolos y encontrándome con su mirada penetrante cerca de la mía.
-Da igual lo mal que esté todo en este momento. Quiero ser feliz, un rato, a tu lado-.
-Nos lo merecemos- dije sin pensar en las consecuencias de mis palabras.
-Si- terminó mientras terminaba con la distancia entre nuestros labios y los volvía a juntar después de más de un año.
Era como volver a casa, a mi lugar, donde por primera vez en mi vida había sentido la plena felicidad. Aguantó mi peso todo lo que duró el beso, mientras mis manos viajaban por su cara, su pelo y su cuello, recorriendo de nuevos los lugares como si no hiciese más que unos minutos desde la última vez.
Mi respiración fallaba por momentos, la cordura a veces hacía acto de presencia y estaba calada por la lluvia de arriba hasta abajo, pero todo daba igual siempre que Edward me tuviese entre sus brazos.
-Necesitamos secarnos- dijo sin despegar sus labios de los míos.
-Hmmm- esta vez era yo la que no necesitaba hablar.
-Venga- dijo entre risas dándome un corto beso mientras me bajaba y empezábamos a andar entre risas.
No me di cuenta de donde estaba realmente, hasta que no me quede sola. Era la casa de Edward.
-Mi compañero está de vacaciones asique estoy solo. Toma- dijo pasándome una toalla seca y una camiseta larga.
-Gracias- dije metiéndome al baño a cambiarme.
Era ahora cuando le situación se iba a volver realmente incómoda. Estaba casi segura.
-Déjala ahí- dijo cuando le pregunté por la toalla y cogía mi ropa para meterla a la secadora. -¿Estás bien?- dijo sentado desde el sofá mientras yo me dedicaba a ver cómo funcionaba la secadora.
-¿Eh?- dije girándome para verle. –Sí, si- dije pasándome la mano por el pelo. -¿Recuerdas cuando te he preguntado que si no te gustaría saber lo que te espera?-.
-Si- dijo extrañado sin entender nada.
-Bueno, pues yo también. Odio no saber qué es lo que va a pasar ahora con esto. No quiero que saquemos ideas equivocadas, no…-.
-Shhhh- dijo levantándose y acunando mi cabeza entre sus manos. –Bella, ha sido un beso. Ha pasado lo que tenía que pasar. Ambos lo queríamos, ¿no?-.
-Si-.
-Entonces ya está. ¿Qué es lo que quieres ahora?-.
-Edward yo…-.
-Solo dilo. Sea lo que sea. Dilo-.
-Por una vez, dime que quieres tú. En esto, que es lo que quieres-.
-¿Yo? Yo te quiero a ti. Quiero hacerte el amor Bella. No solo hoy. Te quiero para mucho tiempo. Quizá para toda la vida. Pero eso es solo lo que yo quiero-.
-¿Y si mañana me despierto, arrepentida? O si tú te vas y no nos volvemos a ver…-.
-Ahora Bella. Que es lo que quieres ahora-.
-Yo solo quiero estar contigo- dije cogiéndole del pelo y acercándolo a mi boca de nuevo.
Me dolía la necesidad de él. Me acerqué a él y me ayudo a subir para enroscar las piernas alrededor de su cintura. Caminó por la casa hasta que se sentó y nos tumbó a ambos en el colchón.
Al instante mi camiseta se perdió por algún lugar de la habitación acompañando a sus pantalones, quedando los dos piel con piel.
-Hace un año te hubieses tapado- dijo besándome entre mis dos pechos. –Y sigues siendo perfecta- dijo subiendo hasta mi cuello. –Te quiero Bella-.
Me despertó el olor a café recién hecho. Supe al instante que algo no encajaba porque mi café recién hecho era el que compraba en la calle y yo estaba en una cama. ¡Llegaba tarde al trabajo! Busqué la camiseta para ponérmela y salir a por mi ropa seca…
-¿A dónde vas tan rápido?- dijo Edward cuando pase a su lado sin saludarle siquiera.
-Mi ropa. ¡Llego tarde! ¿Por qué no me has avisado?- dije dándole la espalda y poniéndome la ropa interior. No iba a ver nada que no hubiese visto antes… Aunque en circunstancias de menos estrés nunca lo hubiese hecho, estaba segura.
-Bella, respira- dijo dándome la vuelta y cogiéndome por los brazos. –Está arreglado- dijo dándome un beso corto y separándose. –Llame y hoy puedes trabajar desde casa. Estás resfriada y no querrás contagiar a nadie-.
-¿Qué has hecho qué?-.
-Era la única solución para que no te cayese una bronca. Trabajas pero no vas a la oficina. Ahora comer. Hacía mucho que no hacía desayuno para dos- dijo sentándose en la barra de la cocina señalando la banqueta de en frente.
-Huele genial- dije aflojando la humor. –Hacía mucho que no cocinaban para mí-.
-Un placer- dijo levantando el vaso de zumo en señal de brindis. –Aunque si mis vistas todas las mañanas va a ser estas, no me importaría hacerlo más a menudo-.
-Edward- dije sin poder evitar reír.
-¿Cómo estás?- dijo algo más serio. Aquello si era una novedad. Preocupándose por mi después de una noche juntos. Uau.
-Bien. Estoy genial la verdad-. Y era cierto. Estaba bien física y mis emociones en su sitio. Otra novedad.
-Me alegro. Estuvo increíble- terminó diciendo.
-Si- ¿Cómo podía negarlo? Había sido la mejor noche de mi vida casi sin ninguna duda.
-Esto nos deja…-.
-Nos deja como estábamos Edward. Lo de anoche fue impresionante, pero no quiero que defina lo nuestro ahora. Solo que… fluya-.
-Sin etiquetas-.
-Sin etiquetas- termine diciendo. –Necesito tiempo para que los demás lo comprendan-.
-¿Vas a decírselo?-.
-Sí. Tengo que hacerlo. Pero a mi ritmo-.
-Tú decides-.
-Gracias. Por todo- dije levantándome y poniéndome entre sus piernas. –Gracias por lo de anoche, por el desayuno…-.
-Gracias por volver a confiar en mi- dijo cortándome la frase. –Gracias por dejarme volver a intentarlo-.
-Bueno, es un trabajo de dos, ¿no?-.
-Si- dijo sonriendo. –De los dos- dijo besándome haciéndome saber dónde terminaba aquello.
