Capítulo 27
26, 27, 28… Las cuentas volvían a salir, y era la quinta vez que las hacía. Sin mucha tranquilidad, pero confiaba en poder contar hasta 30 sin saltarme números.
Aquello era un desastre. Sí, no era un descuido, era un maldito y auténtico desastre si se cumplía. Nada podía salir bien en mi vida, nada. O por lo menos que saliese mal pero tuviese fácil solución, no… Aquello es que no tenía ni solución.
Salí del baño y me miré al espejo intentando calmarme. Me eché agua fría a la cara intentando despejarme. Solo me quedaba media hora de trabajo y podría salir y aclararlo todo. Ir a hablar con el… Buscar cierta calma en sus palabras… Joder, solo le necesitaba a él en ese momento.
Fueron los 30 minutos más largos de mi vida. Sentía como si todo el mundo me mirase, me juzgase, se preocupase. Pero era imaginaciones. Lo sabía. La única que me miraba de esa manera, aunque su semblante era más de burla que de otra cosa, era Bree. Había llegado de sus vacaciones hace dos días y por fortuna no me tocaría trabajar con ella nunca más. Por lo menos no codo con codo. Pero era tan descarado lo que hacía… Si supiese que ahora era yo quien disfrutaba, y como disfrutaba de Edward.
Apenas el reloj marcó las 5 me levanté de mi silla y salí corriendo de allí, balbuceando torpes disculpas a los que empujaba y sin despedirme de la mitad de mis compañeros. No tenía tiempo para el metro, asique el primer taxi que pasó fue el que paré. Di rápidamente la dirección y recé para que el tráfico fuera lo más ligero posible.
Me encontré el portal abierto asique mucho antes de lo que me pensaba me encontraba frente a su puerta, sin ni siquiera saber que decirle. O mejor dicho, como decírselo.
-¿Bella?- me recibió sin camiseta y con sus pantalones de pijama grises frotándose los ojos y mirando el reloj mientras yo pasaba sin preguntar si podía. "Claro que puedes" pensé. -¿Habíamos quedado?- preguntó preocupado. En cualquier otro momento me hubiese parecido adorable, pero en ese…
-Tenemos un problema- solté. ¿Para qué retrasar el momento?
-¿Problema?- aquello pareció despertarlo de golpe. -¿Estás bien? ¿Alice? ¿Le pasa algo a Alice?-.
-No, a nosotros, o a mí… Bueno, es un problema-.
-¿Me lo vas a decir o tengo que prepararte primero la merienda?- dijo intentando meterme prisa. Lógico, le suelto la bomba y luego me bloqueo…
-Tengo un retraso de un mes- dije cerrando fuerte los ojos, como si no ver su reacción al contárselo fuese más llevadero luego…
No escuche nada, durante, quizá, unos minutos, asique tuve que abrir los ojos para asegurarme de que seguía en la habitación y no se había ido sigilosamente mientras pudo. Estaba frente a mí, tal como le había dejado. Más pálido y más rígido. Con los ojos como platos mirando a ninguna parte.
-¿Edward?-.
-¿Estás segura?- dijo en un susurro siguiendo paralizado.
-¿Segura de que no me ha venido la regla? Si Edward, de eso estoy completamente segura. De lo otro… Bueno, lo otro es una suposición. Pero… puede ser. Eso es lo que me ha hecho venir aquí- dije dando un paso y cogiendo su mano. El contacto pareció avivarle un poco, pero seguía como ido.
-¿Qué tienes pensado hacer?-.
-Pedir cita con el médico. Cuanto antes mejor. Quería saber si me acompañarías-.
-¿Yo?-.
-Claro Edward. Claro que tú-.
-Madre mía- dijo llevándose la mano a la cabeza y sentándose en el sillón más cercano separándose de mí. –Necesito agua-.
-No es el momento de perder los nervios- dijo arrodillándome delante suya y dándole el vaso de agua mientras le acariciaba el pelo. Parecía un niño pequeño desamparado. -¿Vendrás?-.
-Si, si- dijo reclinando la cabeza hacia atrás cerrando sus ojos. –Bella, ¿y si es que sí?- preguntó abriéndolos y mirándome fijamente. Era el quien demostraba estar más perdido, pero realmente yo no me queda muy atrás
-Voy a tenerlo- dije convencida. –No soy capaz… No puedo hacer otra cosa que no sea tenerlo. No te voy a pedir nada…-.
-Shhh- dijo callándome mientras me cogía de las manos y me sentaba en su regazo. Fue en ese momento cuando las tornas cambiaron y fui yo la que pasó a ser como una niña chiquita que no sabía qué hacer y era consolada por alguien más fuerte. –No pienses, ni por un segundo, que te voy a dejar sola- me susurró con su labios en mi mejilla. –No tengo ni idea de que vamos a hacer o como puede salir esto, pero sola ni estás. ¿Entendido? Toma- dijo pasándome el teléfono. –Llama ya- dijo terminando la frase con un beso.
Nunca había estado tan nerviosa a la hora de realizar una llamada. Pero claro, se trababa de la llamada destinada a cambiar, o no, mi futuro.
Tres horas después estábamos entrando a la clínica de la mano. Nos habían podido conseguir una cita a última hora que cogimos sin pensarlo un segundo.
-Solo serán unos análisis. Es la opción más fiable- me dije el doctor mientras la enfermera me pinchaba el brazo bajo la supervisión de Edward. –Mañana por la mañana pueden venir a recoger los resultados. Pero si lo prefieren nos pueden facilitar un número de confianza y les podemos llamar-.
-Un número. Mejor un número- contesté inmediatamente. No sería capaz de abrir un sobre con ese tipo de información ni con una botella de tequila entera corriendo por mis venas. –Tome el mío- dije empezando a citarle los números de mi móvil.
-Hecho- dijo el doctor. –Mañana por la mañana- dijo dándonos a ambos la mano y saliendo del cuarto.
-¿Nerviosa?- me preguntó Edward ya en la calle. En medio de la gran ciudad y parecía que me rodeaba el silencio solo interrumpido por Edward. Preciosa interrupción de hecho.
-Mucho- contesté en un susurro cogiéndole de la mano y apretándola fuerte mientras caminaba mirando el suelo. ¿Mucho? Mucho no se acercaba al nivel que sentía los nervios…
-Has dado el número de tu casa. Quiero quedarme contigo esta noche para estar mañana. Además no trabajar mañana, habíamos quedado para ir a Central Park, ¿te acuerdas?-.
-No, no lo recordaba. Para nada además- dije llevándome la mano a la cara y parando el paso. De un momento a otro, todo pareció volverse sobre mí y no pude evitar empezar a llorar.
-Eh, eh, eh mi vida- dijo Edward cuando vio que sucedía. Pronto su abrazo de abstrajo de todo mi alrededor quedando él y yo en medio de algún sitio poco importante. Yo no tenía ni fuerza para devolvérselo asique solo le cogí fuerte de la sudadera y seguí llorando. –Vámonos a casa- dijo besándome la cabeza cuando noto que dejaba de sollozar.
Me mantuvo pegada a él todo el camino a casa, sabiendo que las palabras y explicaciones sobraban y que eso era lo único que realmente necesitaba.
Fue él quien se encargó de buscar las llaves en mi bolso y abrir la puerta. Me sentó y me quitó los tacones que sin yo saberlo, me llevaban matando los pies desde hacía horas. Y fue él quien sin necesitar consultármelo me preparo un baño de agua caliente.
Me llevo cariñosamente de la mano, me desvistió y me ayudo a meterme en el agua. Segundo después era él quien me acompañaba.
-¿Mejor?- me preguntó dejando mi pelo a un lado y besándome la clavícula que me quedaba libre.
-Si. Gracias- dije subiendo mi mano hasta su cara y acariciándole la mejilla. –Gracias de verdad-.
-No hay de que Bella. No hay de que-.
-¿Podrás dormir esta noche?-.
-No. Definitivamente no. ¿Alguna idea?-.
-Esperar- dije encogiéndome de hombros. –Y arrepentirme por no atender en las clases de educación sexual lo suficiente- dije haciendo que por primera vez los dos nos riésemos de verdad de algo relacionado con la situación. –Somos un desastre-.
-Somos un desastre perfecto. ¿No crees?-.
·
-Son las 11 de la mañana ya y no han llamado. ¿Tienes cobertura el móvil?-.
-Si Edward. La tenía hace 5 minutos, hace 10 y hace 20. Y si, no preguntes otra vez, tiene batería- dije sin moverme del sofá, donde llevaba tumbada desde hacía horas. Antes incluso de salir el sol. Total, no es como si en la cama hubiese podido pegar ojo.
-No entiendo porque tardan tanto-. Edward era otro cuento. Iba y venía casi corriendo por mi salón. Y llevaba así horas también. Pero sus nervios solo hacían que los míos se descontrolasen por momentos. O llamaban pronto o aquello terminaba peor que una guerra.
-Edward necesito que te tranquilices…-.
-Y yo necesito que llamen-.
-Edward por favor…- repetí con las fuerzas que me quedaban.
-Esto me está sacando de mis casillas…-.
-¡Tú me estás sacando a mí de mis casillas!- dije poniéndome de pie de un salto y parándole por los brazos. –Quieto-.
-No grites Bella, no grites-.
-¡Grito porque me estás poniendo más nerviosa de lo que estoy!-.
-¡No eres la única que está nerviosa por aquí! ¡Por si todavía no te has dado cuenta!-.
-¡Soy muy consciente de la situación Edward…!-.
Quizá fue la primera vez, o quizá llevaba llamando un rato, pero me di cuenta de que alguien tocaba el timbre cuando tuve que respirar para seguir… gritando a Edward.
-Alice- dije casi con desesperación cuando abrí la puerta. ¿Quién sino?
-¿Qué está pasando aquí? ¿Edward?- dijo asomando por el costado que había libre. –Bella, ¿te está…?-.
-No Alice, todo va bien. Necesito que te vayas…-.
-No Bella, no me voy. Vengo a sacarte de casa y me encuentro…-.
-Alice no es un buen momento- dijo mientras escuchaba a Edward bufar por la nariz.
-¿Y me puedes decir cuándo…?-.
-Alice. Te estoy diciendo que no es un buen momento. Estamos esperando una llamada importante y no necesito más presión…-.
-¿Esperando? ¿Quién? ¿Los dos? Bella, dime ahora mismo…-.
-¡Alice por favor!- escuche que gritaba Edward detrás mía. No sería yo quien dijese nada. Me lo había quitado de la boca.
-Esto es muy raro Bella, estoy harta de…-.
-¡Alice, una llamada del ginecólogo! ¿Puedes entender el por qué?- dije llevándome los manos a la cabeza. -¿Si verdad? Te llamo luego- y cerré la puerta apoyando mi espalda en ella mientras cerraba los ojos.
Y entonces… Sonó. Un sonido como venido del cielo. Abrí mis ojos e instintivamente los de Edward se encontraron con los míos. Me acerqué lentamente y puse el teléfono en manos libres. Si no era capaz de abrir el sobre menos de darle las noticias a Edward…
-¿Señorita Swan?- sonó por todo el salón. Claro y contundente.
-Si doctor soy yo. ¿Se saben ya los resultados?- dije intentando ser lo más clara posible. Mi voz temblaba, bueno, mi cuerpo entero temblaba, y la mano de Edward en la mía también, pero se hizo lo que se pudo.
-Así es señorita Swan. No está usted embarazada en absoluto. El retraso puede deberse a niveles de estrés enormes en su día a día y quizá a un posible principio de anemia, pero no a un embarazo-.
-Gracias doctor- dije sacando fuerza de donde ya no tenía.
-Que tengan un buen día-. Y lo siguiente que se escuchó en el salón que el "piiiiiii piiiiiii piiiiiii" característico del otro lado de la línea vacío.
-Te ha vuelto el color a la cara- dije después de minutos de silencio.
-Me ha devuelto la vida esa llamada, que es diferente. Madre mía… Que cerca hemos estado
-Edward… ¿Y si hubiese sido si?-.
-No lo ha sido Bella. No demos más vueltas por favor-.
-Hace 5 minutos estábamos gritándonos por una situación que nos superaba y que ni siquiera era segura. ¿Qué hubiese pasado…?-.
-Bella- dijo cogiéndome la cara y haciendo que le mirase fijamente. –No ha pasado nada. Lo que toca ahora es descansar, sobre todo tú…-.
-Y hablar con los demás. Es hora-.
-Alice-.
-Alice-.
-Tiene el don de la oportunidad- dijo rodando sus ojos.
-A pesar de todo gracias por estar a mi lado. Eras todo lo que necesitaba, ¿sabes?-.
-No quiero estar en otro sitio Bella. A ver cuando te enteras- dijo besando mi frente.
-No te vayas- dije cogiendo yo la suya. Era un impulso pero… Pero sentía que quizá era un impulso necesario, bueno, y que llegaba justo en el momento exacto.
-No me voy a ir a ninguna parte boba-.
-No me entiendes- dije sonriendo abiertamente. –No te vayas de aquí. De mi piso. Quédate. Vente a vivir conmigo-.
