Capítulo 29
-¿Puedo?-.
-Claro. Adelante- dije sin molestarme en acompañarle. Era tanto su casa como la mía. -¿Quieres algo?-.
-Una cerveza estaría bien-.
-Enseguida- dije camino de la cocina. –Tu dirás Jasper- dije sentándome frente a él. Sabía, desde el momento en que había abierto la puerta, que venía a hablar, y seriamente. Alice no le acompañaba y eso era, como mínimo, raro.
-Sabes porque estoy aquí, ¿verdad?-.
-Puedo imaginármelo-. Las conversaciones con Jasper, aunque serias, no eran incómodas. Él no quería eso. Solo quería ayudar.
-¿Qué tal estás?-.
-Bien. Bueno, dentro de cómo puedo estar, estoy bastante bien. ¿Cómo estáis vosotros?-.
-Yo mejor que ella Bella-. Llevaba 2 semanas sin saber absolutamente nada de Alice. Se negaba a aceptar que su primo y yo volviésemos a ser algo. A querernos. Pensaba que solo yo podía salir dañada de aquello. Y simplemente decidió dejar de hablarme. No estaba muy segura de que Alice sabía dónde y con quien se encontraba Jasper en esos momentos.
-Ya bueno, poco puedo hacer por eso Jasper-. Aunque me dolía no saber nada de mis mejores amigas, Rose había decidido adoptar la misma actitud que Alice respecto a mí, yo no había hecho nada malo, o eso era lo que yo pensaba, si ellas no querían saber de mí, supongo que tendría que asumirlo. Al igual que Jacob, hacia semanas que no sabía nada de él. Emmet y Seth me enviaban mails aislados, preguntándome que tal me encontraba. Supongo que ellos estarían en la misma situación que Jass.
-Sois las tres tal para cual- dijo haciendo que los dos sonriéramos sabiendo la razón que encerraba esa frase. –Pero no te falta verdad tampoco. Están actuando como dos niñas consentidas-.
-Ya no sé cómo explicárselo Jasper. No me coge el teléfono, ni contesta mis mensajes, no me abre la puerta de su casa. A Edward la ignora más que a mi casi. Y tú no estás aquí por ella-.
-No si no quiero que me corte la cabeza-.
-Ella más que nadie debería de saber lo que hace el estar enamorada-.
-Le quieres mucho, ¿verdad?-.
-Nos queremos Jasper- corregí. –Ha pasado mucho tiempo desde aquella mentira. Mentira de la que todos fuimos parte. No soy una persona a la que le apasione mostrar sus sentimientos. Edward tampoco. No quiero meter a nadie más en esta relación, pero se lo que siente y por fin soy correspondida como quería ser. No se…- dije escuchando el timbre de mi casa.
-Hola preciosa- me saludo mi sonrisa favorita nada más abrir a puerta dándome un pequeño beso.
-Hola. No te esperaba- dije casi en un susurro.
-¿Tienes visita?- me pregunto cambiando su gesto por otro mucho más serio. No era la única que lo estaba pasando mal por culpa de aquella situación. Le cogí de la mano y le llevé hasta el salón, donde Jasper esperaba sentado. Noté en su mano que la tensión desaparecía.
-Hola Jasper-.
-¿Qué tal Edward?- le respondió levantándose y estrechándose las manos.
-Podíamos estar mejor, pero bien-.
-¿Os habéis puesto de acuerdo en las respuestas?- contestó sacando otra vez una risa general. Adoraba a Jasper, entre otras cosas, porque tenía una increíble capacidad para destensar el ambiente. Hacer que no todo fuera malo.
-¿Qué tal Alice?-. A fin y al cabo era su hermana, la única que siempre se había preocupado por él, que había confiado en él… Sentía como si de alguna manera la estuviera traicionando.
-A ratos- dijo cortando el tema de raíz. No era agradable para ninguno seguir dándole vueltas a ese tema. Aquí las que tendrían que dar el primer paso, y todos los sabíamos, eran ellas. Y solo ellas sabían si algún día habría vuelta atrás. –Es hora de irme. No sé cuándo tiempo se le puede mentir a Alice y que ella no te descubra. Hablamos, ¿vale?-.
-Eso espero Jasper. Hasta pronto- dije dándole un abrazo sincero.
-Gracias Jasper. Adiós- le contestó Edward viendo como salía por la puerta.
-No te esperaba por aquí hoy- dije cuando escuché la puerta cerrándose y colgándome de su cuello. No es que me avergonzase de él (imposible), pero las muestras de afecto mejor de puertas para dentro. Pronto tuve sus brazos rodeándome a mí también. Ahora estaba en casa.
-Tienes el día libre, yo también. ¿Qué esperabas que hiciese?- dijo dándome un pequeño beso en los labios mientras nos sentábamos en el sofá.
-Buena idea-.
-Aunque tienes un poco de razón-.
-¿En qué?-.
-Tengo que contarte una cosa-. Desde hacía unas semanas ni él ni yo éramos muy fan de las sorpresa, de hecho, eso nunca nos había salido bien, ni siquiera cuando la sorpresa debía de ser algo positivo. Pronto mi alarma se activó.
-¿Edward?- dije separándome de él y mirándole con toda la preocupación que vivía en mí en ese momento.
-No… No te pongas nerviosa. No te alteres. Es solo… una noticia que te tengo que contar. Ya está-.
-¿Qué ha pasado?-.
-He recibido una oferta- dijo soltando todo el aire con la noticia. Pero no parecía más relajado que antes.
-¿Una oferta? ¿De trabajo?-.
-Sí. Una campaña mundial. A nivel mundial Bella-.
-Pero… Pero eso es algo bueno, ¿no?- sabía poco de su mundo, pero creía que algo así era, por lo menos, algo genial. –Es lo que llevas queriendo toda tu vida Edward- dije cogiéndole de la cara y mirándole, que viese que estaba feliz por él… Mientras me preguntaba porque él no lucía como alguien a quien acaban de dar una de las mejores noticias, probablemente, de su vida.
-Sí, es una gran noticia Bella. Pero…-.
-¿Pero qué Edward? Llevas esperando esto muchos años. No entiendo porque no estás… feliz-.
-Bella, habrá cambios. Cambios importantes. Cambios que no sé si quiero en mi vida ahora mismo. Tendré que irme de Nueva York, incluso del país. Si todo sale bien no volverá a ser lo mismo-.
-Edward…-.
-No te puedo obligar, ni siquiera te puedo pedir que dejes o cambies algo por mí. No otra vez-.
-No vas a renunciar a tu futuro y tus sueños por mi Edward. Yo voy a seguir aquí siempre. O me puedo ir contigo, o visitarte… no sé, algo podremos hacer. Solo me quedan unos meses en la empresa, después soy libre-.
-Has dejado atrás muchas cosas por mi Bella, no…- dijo tirándose hacia atrás en el sofá tapándose la cara con las manos.
-No. Ellos me han dejado a mí atrás. Pero es que sin ti no voy a ninguna parte, ¿entiendes? Quítate las manos de la cara y mírame-. A pesar de que la conversación no invitaba a ello, mi cara tenía dibujada una sonrisa enorme en ella. Y lágrimas de felicidad recorrían mis mejillas. –No entiendes que esto es lo que llevaba esperando tanto tiempo. Estás dispuesto a sacrificarte por mí, dejar lo que más quieres de lado para no hacerme daño… Edward, tú ya tienes mi confianza. Puedes hacer lo que quieras, y yo estaré a tu lado-.
-Que no se te olvide que lo más importante para mi eres tú. No me molestaría ni un poquito tener que quedarme aquí, así, toda la vida- dijo abrazándome por la cadera y apoyando su cabeza en mi tripa repartiendo pequeños besos por ella. –Contigo-.
-Entonces, ¿cuándo te vas?- dije pasando mis manos por su pelo.
-En dos días. Londres-.
-Voy a tener un novio famoso. Seré la envidia de la población femenina mundial. No está nada mal- dije guiñándole un ojo.
-No serás una de esas novias celosas que no dejan ni mirar a otras chicas…-.
-No. No mientras no me des motivos- dije haciendo que ambos nos riésemos a carcajadas. Por supuesto que me moriría de celos. Pero ya se encargaría él de quitármelos.
-Vamos a recorrer el mundo juntos. Te vas a venir conmigo y por fin te voy a poder dar lo que te mereces-.
-Edward, no necesito más que lo que ya tengo. Mi único miedo sería que cambiases, pero me vas a tener pegada a tu culo asique no te voy a dejar-.
-Es la primera vez que una amenaza me suena tan bien- dijo pasando su mano por detrás de mí cuello haciendo que me agachase y acercarme a su boca. –Haces que hasta eso suene bien- dijo terminando por fin la distancia.
-¿Irás este año a Forks en Navidad? Hace mucho que no ves a tus padres-.
-Ni tu a los tuyos-.
-También. Van a ser unas navidades movidas-.
-Sí. No sé si podré… Supongo que lo sabré días antes. Pero tú tienes que ir-.
-Quiero pasarlas contigo-.
-Pero las tienes que pasar con tus padres-.
-Me van a interrogar durante las 24 horas del día y no quiero. ¿Y por qué Alice…? ¿Y por qué Rose…? ¿Y que tiene Edward…?-.
-Te prometo que haré lo que pueda para estar allí y hacer todo un poco más incómodo para ambos-.
-Me parece perfecto- dije sonriendo.
Era fácil estar con él. Era fácil bromear e incluso sentirnos cómodos, por fin, uno con el otro. Con nuestra vida, amigos, trabajo, vida. Por fin había encontrado en él a alguien en quien confiar, y sentía que él estaba pasando por lo mismo. Después de tantos años nos teníamos tan cerca que no podíamos ver que nuestra mitad estaba parada justo a nuestro lado.
Me daba igual la opinión que tuviesen los demás. No sabían ni querían entender que por fin había encontrado de lo que ellos llevaban mucho tiempo hablando. Quizá era la persona, quizá era simplemente que a nadie le gustan los cambios, pero era mi vida, y por fin la felicidad tenía un significado real para mi.
Pasamos toda la tarde entre bromas, risas, abrazos, amor. Esas cuatro paredes eran pequeñas pero no nos asfixiaban.
Solo quedaba esperar que nos depararía el futuro.
