Capítulo 30

-¿No entras?-.

-No. Si entro me voy contigo y no sabes que no puedo- dije pasando mis brazos alrededor de su cintura.

-Eres pequeñita, puedes entrar en mi maleta- dijo imitando mi gesto mientras besaba cariñosamente la punta de mi nariz.

-Tentador, pero no puedo- dije poniéndole un puchero.

-Me tendrás aquí en una semana. No te dará tiempo a echarme de menos-.

-Mentiroso-.

-Tienes razón. Yo ya te extraño-.

Sabía que la decisión de ir con mucho tiempo de antelación al aeropuerto había sido un acierto. Odiaba las despedidas, asique cuanto más retrasase el momento, mejor.

-Recuerda que cuando vuelvas te espero en Forks, no aquí-.

-No creo que se me olvide. Ni que tu dejes que eso pase-.

-Me conoces bien-.

-¿Estás segura que no quieres venir?-.

-Me quedan dos días de trabajo antes de navidades. Y después unos días duros convenciendo a todo el mundo sobre que no somos tan malos- dije viendo como me ponía una cara parecida a la de algún monstruo. Daba igual, a él todo le quedaba bien.

-Buena suerte… con… eso…- noté como sus brazos se tensaban y sus palabras y su mirada se perdían en algún punto detrás de mí, dentro del aeropuerto.

-¿Estás bien Edward?- pregunté acariciando una de sus mejillas. Parecía hasta que el color se había ido de su cara.

-Gírate despacio Bella. No te lo vas a creer- apenas un susurro escapó de su boca sin dejar de mirar lo que quisiera que hubiese detrás mía.

Mi reacción no debió de alejarse mucho de la suya. Con razón no me lo iba a creer. ¿Qué hacían ellos allí? Por lo menos la sorpresa era mutua, dadas las caras y los evidentes gestos incómodos que tenían.

-¿Bella?- dijo Emmet dando un paso al frente con asombro. -¡Bellita!- dijo alzando los brazos y una enorme sonrisa en su cara que consiguió que yo sacase una en la mía. Algo más pequeña. -¿Has venido a buscarnos?- dijo mientras me envolvía en un gran abrazo que le fue rápidamente correspondido por mí. –Hola Edward, ¿qué tal estás?- dijo extendiéndole la mano amablemente.

-No Emmet, esto es una sorpresa para mí también. He venido a despedirme de… de Edward. No sabía que veníais hoy- dije esto último entre el reproche y la tristeza.

-Ya…- dijo pasándose la mano por detrás de su cabeza entendiendo lo incomodo de todo aquello. –No… No está siendo fácil-.

-No te preocupes Emmet. Nos veremos en Forks-.

-¿Vais? ¿Vais a Forks? ¿Los dos?- dijo recuperando su entusiasmo y su alegría y un punto de picardía.

-Yo voy en un par de días. Él se unirá más tarde-.

-¿Pero a donde te vas Edward?-.

-Londres. Trabajo-.

-Vaya… Cuanto has avanzado tío. Me alegro mucho- dijo palmeándole un hombro. Yo miraba la escena embobada y rebosante de alegría y orgullo, olvidándome de que había 5 pares de ojos a la espalda de Emmet que nos ametrallaban con cada parpadeo. Solo Seth parecía feliz de verme, pero estaba segura que bajo alguna amenaza, que no había llegado a tiempo con Emmet, se mantenía en su sitio. Y luego estaba Jasper, cuya sorpresa, por una vez en su vida, dejo que le inundara el rostro.

-Muchas gracias Emmet- dijo de manera sincera. -Tengo que irme- dijo mirándome mordiéndose el labio, -se me va el tiempo para embarcar-. Sabía lo que pensaba. Los teníamos delante, a todos, y esa situación no estaba planeada, no hasta dentro de una semana por lo menos.

-Está bien. Llámame cuando llegues- dije cogiéndole de las solapas de su abrigo para ayudarme a ponerme de puntillas y darle un pequeño beso en los labios, seguida de una sonrisa por su parte.

-Te voy a echar de menos mi vida- dijo dejando la maleta en el suelo, la vergüenza de lado y dándome un gran abrazo.

-Oh vamos, es solo una semana- escuchamos a Emmet a nuestro lado. No pudimos evitar reírnos.

-Te quiero- me dijo sin soltar el abrazo mientras me miraba.

-Te quiero- le contesté volviendo a juntar nuestros labios.

-Nos vemos- dijo dando un pequeño abrazos a Emmet.

-Pásatelo bien compañero- le contestó Emmet, mientras veíamos como se alejaba y pasaba al lado de nuestros antiguos amigos, de su propia hermana, sin mirarles. Que era lo mejor.

-Bueno, te dejo, parece que te reclaman- le dije a Emmet. –Y tengo que trabajar. Pero si tienes un hueco y quieres tomar algo tienes mi número-.

-Claro Bella- dijo abrazándome. –Me alegra mucho verte así de feliz. Que lo sepas- me dijo al oído mientras me abrazaba, solo cuando yo podía oírle. Emmet estaba muy enamorado de Rose, pero no se dejaba manipular con ninguna facilidad, no por lo menos en esos temas. Y me alegraba inmensamente.

Cuando le solté todos estaban mucho más cerca. La tensión era palpable.

-Nos vemos- dije antes de darme la vuelta y escuchar algo, que jamás en mi vida pensé que escucharía de él. Jamás.

-Que te parta un rayo, puta-. No había ni separado los dientes, pero todos allí fuimos capaces de oírlo, y sentir el odio que destilaban esas palabras hacia mí.

Jacob, al que había considerado desde mi niñez mi hermano, me tachaba de puta, y deseaba de una manera muy clara, mi muerte.

Antes de poder abrir la boca para contestarle vi un puño volar directo a su mandíbula. Y supe que la tormenta se había desatado..

-¡Emmet!- chillaron algunos.

-¡Jacob!- chillaron otros.

-Parad por favor. Parad- era lo único que mi tembloroso cuerpo podía expresar en ese momento.

-¡Mira lo que has hecho!- me dijo Alice, encarándose conmigo.

-No he hecho nada- dije entre lágrimas. Aquello era un espectáculo lamentable.

-Emmet vete de aquí ya- le dijo Rosalie desde el suelo intentando que le dejase de salir sangre del labio a Jacob.

-Con mucho gusto. Vámonos Bella- dijo cogiéndome del brazo y arrastrándome hacia la salida, aunque yo evitaba apartar la mirada de aquello. -¿Bella, has venido en coche?- me dijo después de un rato Emmet.

-No tengo. ¿Qué ha pasado ahí dentro?- dije explotando y sacando mis emociones fuera.

-Que no podía más Bella. Llevan meses echando porquería sobre ti y sobre Edward, y eso ha colmado el vaso. Están… Están desconocidos. Se ha pasado demasiado. Te llevo a casa y…-.

-¿Tienes donde quedarte?- pregunté rápidamente. Rosalie le había hablado de muy malas maneras, y por su gesto entendí que ambos sabíamos que desde ese momento, la respuesta era un no. –Te quedas en mi casa-. No era una pregunta. Solo le estaba informando. –El metro está por allí- dije cogiéndole del brazo y empezando a andar calmándome por el camino.

·

-¿Listo?- le pregunté una vez estuvo sentado a mi lado en el autobús.

-Si- dijo frotándose las manos. –Está todo arreglado-.

-Me alegro- dije sinceramente. –No me gustaría no ser la protagonista de estas navidades- dije intentando quitar nervios al asunto. Su estruendosa risa hizo que miedo autobús nos mirase preocupado. –Emmet…- advertí.

-Van a ser divertidas. Sí. Pero por lo menos Rose ha entrado en razón conmigo-.

Iba a ser un viaje largo, y en principio lo tendría que haber hecho sola sino fuer aporque Rose retiro su palabra a Emmet durante horas y este se tuvo que buscar otra manera de llegar a Forks que no fuese el coche de Alice.

Y aunque le tuviese a él, echaba de menos más que nunca a Edward. Las llamadas apenas duraban unos segundos, eran caras y el tiempo escaseaba por las dos partes. No le quise decir nada del incidente. Ya habría tiempo para hablar…

Además los nervios me comían por dentro. Era la primera vez que iba a ver a mis padres en meses. Y les llevaba la noticia de que su única hija tenía como novio al fue el playboy del pueblo. No me quitaba de la cabeza que a lo mejor no solo mis amigos me iban a dejar de lado…

Pronto me quedé dormida. Entre el estrés emocional y el del trabajo, apenas había dormido en los últimos días. Y cuando desperté estábamos llegando.

-Duermes más que yo- dijo Emmet cuando vio que abría mis ojos.

-Estaba agotada-.

-¿Edward te da mucha guerra?-.

-Vete a la mierda Emmet- dije pegándole en el brazo mientras el salía y cogía las maletas.

-Bella… Creo que aquí nos separamos- me dijo mientras señalaba con la cabeza un coche. El coche de Rose.

-Claro Emmet. Nos vemos en un rato. Muchas gracias por todo grandullón- dije abrazándole.

-No olvides que te quiero mucho enana. Nos vemos- dijo despidiéndose mientras entraba en el coche, y rápidamente este se ponía en marcha. Emmet podía ser muy bruto, muy grande y despistado, pero a cariñoso también era complicado que le ganase alguien.

Paré el primer taxi que vi y le di la dirección de mi antigua casa. Pronto el señor me puso cara como la muchacha del jefe de policía que se fue a Nueva York y venía a pasar las fiestas con sus padres. Quedaba claro que todo el pueblo estaba al corriente de mi visita. Y que mi padre tenía ganas de verme. Por lo menos empezábamos bien.

Le pagué y pronto me quede frente a aquella casa, con todos sus recuerdos golpeándome. Esa era mi niñez, y pese a todo lo que creía, guardaba mucho y muy buenos recuerdos. No pude evitar sonreír.

Enfilé en caminito que llevaba hasta la puerta y antes de darme cuenta mi dedo pulso el timbre y unos pasos apresurados se acercaron a abrirme.

-¡Hija!- me recibió mi madre abrazándome y pasándome dentro de la casa. –Déjame verte. ¡Estás guapísima! Y muy delgada… Eso hay que solucionarlo. Pero mírate…-.

-Renee, deja a tu hija respirar. Hola cariño- dijo mi padre apareciendo desde la puerta del salón.

-Hola papá- dije acercándome a él y dándole un abrazo. Después de casi un año, la ocasión bien valía que mi padre y yo nos fundiésemos en un abrazo. Era solo para casos extraordinarios.

-Deja tus cosas aquí y ven, la comida ya está lista- dijo mi madre acariciándome la espalda. –Tienes que contarnos muchas cosas- decía mientras removía en contenido de una cazuela y mi padre y yo nos sentábamos a la mesa. –Bueno. Ponnos al día- dijo sonriente mientras los dos empezaban a comer.

-¿Y qué queréis que os diga? Bueno, allí todo sigue igual. Mucho frío, mucho trabajo, pero estoy bien. Bueno, eh… esto… por favor calma. Tengo novio y Alice, Rose y Jacob me han retirado la palabra- dije sin respirar metiéndome la primera cucharada a la boca sin atreverme a mirarles a la cara directamente. Noté que ellos había cesado sus movimientos con la frase "tengo novio" asique aproveche la impresión para terminar de ponerles casi completamente con las novedad.

-Que tengo que preguntar primero Bella- dijo mi padre con una calma bastante mal fingida-. ¿Quién es el chico? ¿O por qué tus amigos ya no lo son?-.

-Van bastante unidas- dijo en un tono muy suave, como si eso pudiese conseguir relajar la situación.

-Entonces…-.

-Es Edward. Edward Cullen. Pero ellos no me hablan por más…-.

-¿Con ese?- bramó mi padre. -¿Ese? ¿Otra vez?-.

-Papá, ese es mi novio. Le conoces y se llama Edward, por favor-.

-Renee, ¿piensas decirla algo?

-¿Desde cuándo?-.

-Solo unos meses pero están siendo los… mejores-.

-No pudo decir que me sorprenda. Y tú tampoco Charlie. De hecho la sorpresa fue que cortarais cuando estuvisteis hace tiempo-.

-Uau…- atiné a decir seguido de un bufido de Charlie.

-Tienes razón- dijo mi padre. –Confiaré en ti y en tu criterio. Pero como te vuelva…-.

-No volverá a pasar- dije sonriendo de oreja a oreja.

-No dejaré que pase Bella. Antes le mato. Te lo juro-.

-Tendrás tiempo para decírselo-.

-Y ahora, ¿puedes seguir con el resto de la historia?- preguntó mi madre con un gesto de cariño inmenso.

La bomba ya había sido soltada y apenas había causado daños. Parte del peso de culpa y miedo que llevaba había desaparecido.

Pero estaba segura de que todavía quedaba lo peor.