Capítulo 31

Iba a matarle. ¿Dónde se había metido? Debía de estar aquí hace por lo menos 5 horas. Pero no, en vez de eso, no cogía el móvil ni daba señales de vida. Cuando apareciese le iba a matar.

Y mientras yo sentada en la mesa con mi familia, y la suya, celebrando Nochebuena. Después de meses sin verles, Carlisle y Esme seguía igual de estupendos que siempre. Y de bien informados. No hizo falta preparar ningún discurso porque a esas alturas todos los que estábamos sentados en la mesa estábamos al tanto de mi vida personal. Y parecían no poder estar más felices. Claro que las caras de cierta gente amargaban mi comida, pero no sería yo quien echase en cara de nadie nada. No hoy por lo menos.

-Voy a preparar los postres- anunció Esme.

-Te ayudo- dije rápidamente. El ambiente a mí alrededor en la mesa se estaba volviendo un tanto agobiante. –Dime que hago-.

-Vete cortando la tarta y poniéndola en estos platos por favor- dijo con la misma dulzura de siempre. -¿Puedo hablar contigo sobre una cosa Bella?-.

-Claro Esme- la contesté sin dejar de hacer mi tarea. Hubiese puesto la mano en el fuego por el tema que me iba a sacar. Y no hubiese fallado.

-No… No sé qué es lo que ha pasado exactamente entre tus amigos y tú Bella…-.

-Esme, no creo que esa sea la palabra para definir nuestra relación en este momento. Lo siento-.

-Sois familia Bella. Antes de que supieses que estaba bien o mal, sabías que en ellos podía dejar tu vida y te la cuidarían bien-.

-No estoy segura de ello ahora-.

-Bella si todo esto es por culpa de Edward…-.

-Te tengo que cortar aquí Esme- contesté, esta vez, dejando lo demás a un lado y centrándome en la conversación. –Edward no ha hecho nada. Lleváis mucho tiempo sin verle, y deberíais estar tremendamente orgullosos de la persona que es ahora. Yo lo estoy. Si tienen un problema con Edward, no soy nada ni nadie con quien deban de pagar sus miserias. Es mi vida, y han decidido no querer entenderla. No es ni mi culpa, ni mi problema-.

-Me duele veros… así. No os miráis siquiera-.

-He sido la persona más compresiva que he podido, les he apoyado en todo en todo momento, y cuando he necesitado eso de ellos, ni siquiera lo intentaron. Lo tacharon y me dieron la espalda. Les debería dar vergüenza el siquiera nombrarme por mi nombre después de todo lo que han hecho y me han deseado. Esme, por favor, no quiero desahogarme contigo, ni enfadarme… Hoy no es la noche para hablar de esto-.

-Claro cariño. Lo siento- dijo dándome un abrazo que era imposible no devolverle. –Sigamos-.

Volvimos al comedor cargando las bandejas con los platos y sirviéndolos. Todos hablaban en pequeños grupos amenamente, y por un momento sentí que volvía años atrás y estaba en casa, en mi verdadera casa. El timbre hizo que despertase del sueño.

-Voy yo- dije viendo como Esme seguía sirviendo y los demás parecían no haberse enterado de la intromisión.

-Ho…-.

-¿Dónde has estado? ¿Se puede saber donde te has metido? Llevo esperando más de horas y no sabía nada de ti-. No le deje ni terminar el saludo. Salí, cerré la puerta y en susurros empecé a golpear en sus brazos y en su pecho en señal de furia. No debía de tener mucha porque la rabieta apenas duro unos segundos.

-Ha sido la nieve Bella. Primero ha retrasado el vuelo y después al autobús. No tengo…-.

-Te he echado mucho de menos- dijo cortándole otra vez su frase y colgándome de su cuello en un gran abrazo. Rápidamente sentí sus brazos en mi cintura respondiéndomelo. –Hola- le sonreí cara a cara dándole un beso de bienvenida. Estaba segura de que no había sonrisa más bonita en el mundo que la que tenía frente a mí en esos momentos.

-Hola preciosa. ¿Qué tal todo por aquí?- me preguntó. Me senté en el escalón que daba acceso a la casa palmeando mi lado para que me acompañase. Había salido sin abrigo y el frío empezaba a notarse de más.

-Todos lo saben ya. Supongo que tus padres se enteraron por los míos… o alguien dijo algo de más. No sé. Están felices- le dije encogiéndome de hombros como si esa frase solucionase muchos de los problemas. El me volvió a sonreír de vuelta y me quedé en blanco un par de segundo. –Pero mi padre te matará antes de que me vuelvas a hacer daño. O eso me ha dicho-.

-Eso espero- dijo tomando mi mano y dándome un beso en ella. –Que más-.

-No quiero que te pille de sorpresa, pero Emmet se quedó en casa los días que te fuiste. Tuvo una pelea con… todos y creí que lo más justo era que se quedase conmigo. No tenía dinero para un hotel y…-.

-Es tu casa Bella. Y tu amigo. No necesito más explicaciones. Pero, ¿qué pasó? Para que Emmet se enfrente a Rose…-.

-De eso hablamos en otro momento, ¿vale?-. utilicé el tono más suave y dulce que pude para terminar la conversación. Me puse de pie, preparada para entrar y con la intención de mi mejor sonrisa. No funcionó.

-¿Qué pasó?-.

-Fue un incidente sin importancia en el aeropuerto. Te lo cuento otro día Edward, no es el momento…-.

-¿Quieres que entre ahí y lo pregunte yo?-.

-¡No!-. Contesté demasiado alto y con demasiad rapidez. Lo supe en cuanto vi que Edward no lo iba a dejar ir porque se había peleado.

-¿Qué te hicieron Bella? Dímelo-.

-No me hicieron nada…-.

-Qué te dijeron-.

-Solo… Estaba enfadado y estoy segura de que no sabía lo que…-.

-¿Jacob? ¿Fue Jacob?-.

-Él me dijo una cosa y luego Alice me echó la culpa de que Emmet le hubiese pegado. Ya está. Por favor. No debería habértelo dicho…-.

-¿Por qué no?-.

-Hoy no era el día. Y está no debería haber sido nuestro reencuentro- dije dándole la espalda y abriendo la puerta para que pasase.

Intenté recomponerme antes de que todos me viesen mientras esperaba que Edward dejase sus maletas. Al llegar se puso a mi lado e intentó darme la mano. Fue un intento, porque antes de conseguirlo empecé a andar dirección al salón. Parecía que iba directa a la jaula de las fieras por lo nerviosa que me sentía. No dio tiempo a anunciarlo porque Esme le vio inmediatamente y se dirigió a él para abrazarle. No pude evitar sonreír al verles a los dos, como madre e hijo, felices. Los saludos siguieron por parte de su padre y los míos. De los demás solo Emmet se dignó a levantarse y saludarle. Que sorpresa.

-¿Tienes hambre hijo?-.

-No, estoy bien mamá. He cenado en el avión-.

-Una cena de Nochebuena en el avión. Tú si sabes montártelo bien- dijo Emmet terminándose… había cogido mi trozo de tarta y se lo estaba comiendo.

-¡Emmet!- dije dándome cuenta de que faltaba mi plato.

-¡Ja ja ja ja! Tarde Bella-.

-Bella vamos a hablar- dijo Edward en mi oído.

-No. Ahora no- le dije sin intentar disimular.

-Dime que quieres que haga si me entero de que has tenido problemas. Dímelo-.

-No estoy mal contigo. Estoy mal conmigo por ser tan bocazas…-.

-¿Problemas en el paraíso?- ambos giramos al cabeza en dirección de dónde provenía esa voz. Impresionante.

-No es de tu incumbencia Jacob- le contesté al instante.

-Claro que si. Edward es el primero. Tienes lista de espera Bella-.

-¡¿Qué acaba de decir?! ¿Cómo la estás llamando?- le gritó Edward levantándose rápidamente haciendo que la silla se cayese.

-Yo nada. Ella solita. Tú solo sales con putas por lo cual…-.

-¿Quieres que te parta la cara otra vez?- dijo Emmet imitando el mismo gesto que Edward, que a estas alturas estaba dando la vuelta a la mesa para cumplir sin amenazas previas lo que había dicho Emmet.

-¡Parad!- intenté gritar encima de todo aquel jaleo de unos y otros intentando frenar aquello. –Parad- esta vez noté que solo fue un susurro. Quería levantarme pero mi cuerpo no me respondía. Pesaba horrores. Parecía como si no fuese mío. Todo se volvía más oscuro por momentos.

Antes de perder el conocimiento sentí un golpe en la cabeza fuerte y Edward llamándome a gritos.