Capítulo 32
-¿Bella? ¿Me oyes? ¿Bella?- escuchaba su voz como si estuviese a docenas de metros de distancia, pero sabía que estaba justo a mi lado cogiendo la mano. Eso es lo único cierto que sentía es ese momento. -¿Bella?-.
Intenté abrir la boca para contestar pero ningún sonido parecía salir de mi garganta. Abrí los ojos con cuidado par ano deslumbrarme pero en esa habitación apenas había luz así que no requirió de un gran esfuerzo. También sabía con certeza cuál era la habitación donde estaba tumbada. Podían pasar vidas y seguiría reconociéndola.
-¿Cómo te encuentras?- me preguntó sin dejar de mirarme. Centré mi mirada en su rostro y todo pareció volver a su cauce normal por un segundo. Pero no olvidaba que seguía enfadada con él. Un pinchazo en la cabeza me recordó que había pasado exactamente. No pude evitar poner una mueca de dolor y llevarme la mano que tenía libre al punto exacto.
-Duele- me limité a decir.
-Mi padre dice que te dolerá un par de días seguramente. El chichón un poco más. Dice que estás más delgada de lo que deberías. Y más blanca. Bella me prometiste que te cuidarías- dijo acariciándome la cabeza cuidadosamente.
-Estoy en ello. Pero me dais demasiados disgustos-.
-Ya bueno, pues no voy a permitir que siga pasando eso. Decide, te vienes conmigo o me mudo a tu casa-.
-¿Disculpa?- chillé incorporándome rápidamente olvidando mi dolor de cabeza, que no tardo el aparecer más fuerte todavía.
-¿Ves de lo que hablo?- dijo tumbándome con delicadeza por los hombros.
-No es justo. Te lo pregunté y no quisiste. Además se cuidarme-.
-Lo sé. Pero quiero cuidarte yo también. ¿Me dejas?-.
-Sigue sin ser justo. No me puedes preguntar así las cosas y pretender que te diga que no-.
-¿Así como?-.
-Así de… adorable- Aggggh-.
-Decidido entonces- dijo con una gran sonrisa tumbándose a mi lado. Era imposible no devolvérsela. Alargué mi mano para acariciarle la cara y sentir que volvía conmigo.
-¿Qué ha pasado?- pregunté rompiendo de cierta manera la magia que se estaba creando.
-Han echado a Jacob de la casa. Emmet ha contado todo… y Rose ha vuelto a enfadarse con él. Todos en realidad, pero no parecía preocuparle mucho. Esme no ha parado de llorar y gritarle a Alice. Parecía una selva, pero tampoco te puedo decir mucho porque te he subido corriendo aquí. Carlisle debe de entrar en cualquier momento para ver que tal estás. Y tus padres se han ido preocupados pero hemos prometido que cuando te despiertes les llamas-.
-Odio ser el centro de atención-.
-No te martirices por algo como esto. No es tu culpa. Por lo menos ahora todos sabemos cómo son las cosas-.
-He perdido a casi todos mis amigos para siempre- susurré dándome cuenta de las dimensiones del problema y sin evitar que las lágrimas bajasen por mi mejilla sin control.
-No te voy a permitir que llores Bella- dijo limpiándolas él. –Nadie entiende el porqué de ese comportamiento. Ni tú, ni Emmet ni mis padres ni los tuyos…-.
-¿Y tú?-.
-Yo si lo entiendo- respondió con una media sonrisa que no escondía felicidad precisamente.
-¿Por qué?-.
-Ellos han visto la peor parte de mí. Fue hace tiempo, pero son cosa que no se olvidan. Entiendo que piensen que siempre seré como ellos conocieron-.
-No te estás tratando como te mereces- dije acercando su cara a la mía con decisión. –Ya no eres ese Edward, gracias a Dios- dije sacando, esta vez sí, una sonrisa de verdad. –Y ellos no son nadie para hacértelo creer-.
-Estoy contigo porque algo bueno he tenido que hacer. Eso seguro-.
Unos golpes en la puerta interrumpieron nuestro momento. Edward se levantó para abrir y dejar paso a Carlisle.
-Veo que te has despertado ya- dijo sentándose en la borde la cama. -¿Todo bien?-.
-Si… Bueno, la cabeza, me duele. Mucho. Pero ya me dijo Edward que lo tendré que soportar unos días-.
-Si- dijo sonriéndome con un poco de compasión. –Es molesto, pero…- buscó algo dentro del bolsillo del pantalón, -te ayudará. Dos al día Bella. No más-.
-Dos al día- repetí dejándolas en la mesilla.
-Necesito que me prometas que te cuidarás, o tendré que recetarte…-.
-No más medicamentos. Me cuidaré. Lo prometo. Han sido los acontecimientos de los últimos meses-.
-Ya me ha puesto Edward al corriente de todos. No lo has pasado bien, y pido perdón en nombre de Esme y mío por todo…-.
-No, no, no, no. No me habéis hecho nada para merecer unas disculpas. No Carlisle-.
-Entonces acéptalas por no habernos preocupado más por ti-.
-No he estado muy accesible de todas formas. Está todo lo bien que puede estar Carlisle-.
-Descansa Bella- dijo besando con cariño mi frente. -¡Ah! Y por favor, no me hagáis volver a recordaros las clases de educación sexual que os debisteis de perder…-.
-¡Papá!- gritó Edward escandalizado mientras mi cara pasaba a convertirse en una réplica de un tomate. –No pienso volver a contarte nada. ¡Señor!- dijo cerrando la puerta fuerte.
-Me quiero morir de la vergüenza. Aquí mismo. Ahora- dije con apenas un hilo de voz.
-Duerme anda…- dijo de manera divertida mientras volvía tumbarse junto a mí.
No recuerdo si llego a terminar la frase porque caía rendida en sus brazos como un bebé.
·
Desperté con ese terrible dolor de cabeza de nuevo y sin Edward a mi lado. ¿Dónde estaba? Aunque deseaba saberlo, mi cabeza iba a reventar de un momento a otro así tomé una de las pastillas de Carlisle y bajé a la cocina a desayunar. No quería que además de problemas con la cabeza tuviese también problemas con mi estómago.
Reinaba un silencio descomunal en la cocina, y eso teniendo en cuenta que estaban todos allí reunidos alrededor de la barra de la cocina.
-Ey- me dijo sorprendido Edward. –Te lo iba a subir- dijo señalando la bandeja de descansaba a su lado. –Buenos días- dijo dándome un pequeño beso que respondí con una sonrisa.
-Bella. ¿Cómo estás?- Emmet se levantó de su silla y vino hasta donde yo estaba para rodearme con sus enormes brazos.
-Estoy bien Emmet. Me duele un poco la cabeza pero con esto se me pasará- dije mostrándola la pastilla.
-No me vuelvas a dar estos sustos, ¿entendido?-.
Solo hizo falta guiñarle mi ojo para que su sonrisa apareciese y abriese su apetito… de nuevo. Estaba segura de que el plato lleno de comida que había delante suyo había sido servido de nuevo. Segura.
-¿Todo bien Bella?- me preguntó Jasper cuando me senté a su lado. Apenas fue un susurro como si no quisiese que nadie más lo escuchase. Seth me miraba como deseando saber la respuesta.
Mi actitud con ellos dos no estaba muy segura. Quiero decir, ¿qué problema tenían? ¿Qué preferían otra amistad a la mía? ¿Miedo? ¿De qué?-.
-Si- fue todo lo que respondí sin ni siquiera mirar a ninguno de los dos.
La pastilla apreció hacer efecto casi al instante. Edward preparó desayuno como para alimentar a un ejército entero y poco después de llegar me quedé sola comiéndole mientras los demás empezaban con sus diferentes tareas para el día.
-Déjale en paz- no me giré porque sabía de quien era esa voz. Tampoco pregunté a quien se refería. No hacía falta. Decidí ignorarla pero no parecía muy contenta con mi decisión.
-¿Me has escuchado?- dijo esta vez poniéndose frente a mí con ira en la mirada. Algo parecido al pánico empezaba a invadirme. Rose enfadada no era algo que nadie quisiese enfrentar en su vida. –Tú has decidido joder tu vida y malgastarla con él, pero no te consiento que lo hagas con la mía-.
-Ni yo estoy malgastando mi vida ni mucho menos me estoy metiendo en la tuya Rose. Déjame desayunar tranquila-.
-Deja el puto desayuno y mírame- dijo quitándome la bandeja. –Emmet es mío. Y no consiento que pase tiempo contigo. ¿Lo estás entendiendo?-.
-Creo que esta conversación va dirigida a la persona equivocada. Yo puedo hacer lo que me de la real gana- me levanté y volví a coger mi bandeja. Total, ya había conseguido arruinarme el día. No me iba a privar de mi desayuno.
-Él no ve las cosas como son…-.
-¿Y tú sí?- dije mirándola.
-No le quiero cerca de ti, y mucho menos de Edward. Sois como el veneno…-.
-Creo que esta conversación se termina aquí Rose-. Ambas giramos la cabeza sorprendidas por la voz que había interrumpido aquello. Era la de Carlisle, pero diferentes rostros se asomaban detrás de él. Agaché la cabeza y me la tapé con las manos. La vergüenza empezaba a comerme poco a poco y antes de reventar me levanté corriendo y salí de allí mientras explicaciones, gritos, llantos y súplicas se mezclaban.
-¡Bella!- abría la primera puerta que encontré y entré. Segundos después volvía a abrirse y poco después Edward me abrazaba mientras dejaba que yo llorase de nuevo sobre él. –No te creas nada de lo que dice Bella. Solo quiere hacerte daño…-.
-Pues lo ha conseguido-.
-No dejes que lo haga por favor. Vales mucho más que cuatro palabras de esa víbora-.
-¿Soy como un veneno Edward? Destrozo todo lo que toco y que me importa. No quiero que Emmet y ella se peleen o que Jacob…-.
-Nadie más que ellos tienen la culpa de lo que les ha pasado. ¡Por el amor de Dios Bella, no ha conocido a nadie más bueno e inocente en ese sentido que tú! No te permito que te la creas. No te lo permito-.
-No me dejes volver a verles Edward. No me dejes por favor. Solo a Emmet. A nadie más-.
-No es como si me apeteciese verles las caras tampoco-.
-Alice es tu hermana y…-.
-Y no me quiere en su vida. En cambio yo te quiero a ti en la mía-.
-No quiero romper esa relación…-.
-¿Qué relación? Dime, ¿qué relación? Apenas la conozco Bella. Creo que no he sido el único que ha cambiado en estos años-.
