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#04 - Cuando Irlanda del Norte se despierta
Suspiras largamente. Hundes un poco más el rostro en la almohada.
Sonríes por inercia y sientes la cautivadora suavidad de tu cama.
Ah~ pero qué bien habías dormido.
Con el regreso lento pero seguro de tu consciencia, bajo los párpados distingues la ligera luz que se filtra a través de la cortina verde trébol que compraste la semana pasada.
Según tu memoria, al lado de la ventana está tu cajonera, y encima el reloj despertador que siempre apagas lanzándole un zapato. Es una buena práctica tomando en cuenta que muchas ocasiones has salvado tu vida con la puntería necesaria.
Por otro lado, el mueble combina con el estilo de tu cama, del clóset, y del escritorio en que tus libros favoritos están acomodados, para finalizar con algunos cuadros que compraste a lo largo de los años…
Te das un golpe mentalmente, a la vez que ríes para ti: a veces, en verdad, puedes ser tan soso y simplón, ¡es decir! No es tan emocionante pensar en la decoración de tu habitación enseguida de despertar.
Ya casi puedes escuchar a tus hermanos suspirando y quejándose de lo insípido que puedes ser, y no los culpas si tomas en cuenta la clase de familia a la que perteneces: como Kirkland, es tu obligación parecer un chico cool, temerario, carismático y astuto.
Tal obligación es cumplida la mayoría de las ocasiones, facilitándose cuando estás con Bryan y la fluidez de su sincronización, del caos que ejercen juntos. Pero también se cumple por tí mismo en aquella actitud infantil y traviesa, una que se dispara cuando miles de posibilidades se abren ante tu ingenio espectacularmente gracioso.
Es natural e inevitable. Una verdadera obra de arte que resaltas por tus dotes individuales.
Así, te has creado una reputación bien fundamentada que te ahorra burlas y problemas fuera del círculo familiar.
Pero la verdad es que eres alguien sencillo, casi un "buen chico" que tiene la esperanza de hacer amigos sin ocultar intenciones. Un tipo que tiene consideración sobre los sentimientos ajenos, que cree en la bondad de las personas; un idealista y un soñador que desea hacer reír a todos con tal de que los malos momentos se alejen.
Vuelves a sonreír para ti. Claro que entiendes los reclamos de tus hermanos, incluso los que te recriminan internamente, pero no puedes evitarlo.
De tal forma, la rutina se ve impregnada de aquella actitud conciliadora y calmada que te tiene satisfecho, con graciosas sorpresas y las buenas intenciones que no te identifican como un elemento de caos, sino de equilibrio.
Es más evidente cuando, por ejemplo, llega el momento de dormir: tomas antes un té negro con leche mientras revisas tu e-mail, las conversaciones pendientes de Facebook y en lo que das las últimas instrucciones a tu equipo en aquel juego de rol medieval al que te volviste adicto.
Al terminar tomas una ducha, vistes ropa cómoda y te metes a la cama, sin olvidar programar el reloj despertador.
Antes de las 23:00 pm ya estás dormido, a menos que una nueva misión saliera de improviso en La Tierra Media o que Bryan te llamara para que ejecutaran una broma que despertaría una nueva leyenda.
Lo admites, es casi soso.
No obstante, cuando al fin descubres tus pupilas, tienes la entera sensación de que hay algo diferente…
Tratas de ver algún detalle, una obviedad que te de respuestas, pero todo parece igual desde tu posición… quizá si te levantabas y echabas un vistazo…
Lo intentas, por supuesto. El punto fue que no pudiste, ya que al retirar un poco la sábana para ponerte de pie, descubriste un… brazo alrededor de tu cintura… y una mano que, por inercia, se aferró a tu torso inusualmente descubierto.
Te congelas. Sientes que tu respiración se acelera. Abres completamente los ojos.
Te abrumas por el calor que de repente notaste en tu espalda; por el olor de pino, hierba, romero y violetas que ya inunda las sábanas; por la respiración que choca contra nuca y la sensación de una piel ajena acoplada casi naturalmente a la tuya…
Las emociones te embargan, ya que tu memoria te aclara la situación demasiado rápido: ayer que saliste de una junta con Inglaterra te encontraste con Islandia, el chico de ojos azules y actitud circunspecta que te hace suspirar a cada momento que lo ves; ya te había avisado de antemano que tendría tiempo de visitarte, así que en cuanto te viste libre, lo buscaste en su hotel para que salieran a comer juntos.
Si bien, aun no deja de serte difícil desenvolverte con el país que te hace sonrojar con una simple mirada, te las arreglaste para iniciar una buena charla y tener el placer de hacerlo sonreír varias ocasiones, además de que él también pareció hacer un esfuerzo por ser un poco más abierto a lo que normalmente está acostumbrado.
Al salir, caminaron juntos por la ciudad, siendo que se encontraron cómodos a pesar de que eras tú el que se la pasó hablando y que él escuchó interesado lo que decías.
A solas compartieron un… un b-beso y… y luego, con el corazón amenazando salirse de su sitio, le preguntaste si le gustaría ir a tu casa… ¡Ah! ¡Que vergonzoso! ¡Seguramente pensó que eras un pervertido! Y aunque intentaste reparar la oración con alguna broma que salió a medias, él accedió con aquel sonrojo en todo su rostro…
Compartiendo un nuevo beso, más largo, más profundo e íntimo que el anterior, caminaron nerviosos y ansiosos…
S-Sí, las imágenes te llegaron de golpe y no pudiste hacer más que contener el aliento, en busca de que tu acompañante no se despertara por tu inquieta emoción.
Con cuidado te volteas, no creyendo al principio la forma en que Emil te abraza y la manera inconsciente en que busca tu calor, la forma tan calmada en que su sueño se desarrolla junto a ti.
Volviste a tu posición, intentando no temblar por la combinación de emociones.
—Ryan… — lo escuchas, a la vez que se remueve un poco y recarga la cabeza en tu espalda
Te recorre un escalofrío y hundes nuevamente la cara en la almohada. Sientes que la vida no puede ser más hermosa.
Miras el despertador, y también recuerdas que no lo programaste. Te alegras, porque ahora no tienes ganas de practicar tu puntería.
Vuelves a mirar la cortina, el mueble y los cuadros de las paredes de siempre. La decoración que no cambió de un día para otro.
Defintivamente hoy todo está diferente~
