Lo sé y siento muchísimo la tardanza. Lo que ha ocurrido es que estas semanas he estado especialmente atareada. Para empezar, me fui de viaje, con lo cual estuve una semana desconectada del mundo y otra semana intentado reconectarme. Por supuesto he tenido que ponerme al día. Para más inri, no sólo me toca ir todos los días seis horitas al hospital, ahora además hago horas extras, porque mi prima tuvo una bebé la semana pasada y allí estuve yo, a la una de la mañana en el paritorio, poco más y empalmo directamente con la mañana. Al menos tuve la gran satisfacción de ver cuán sabia es la naturaleza y, bueno, que llamaron a la niña como a una servidora, jeje. También esta el hecho de que perdí un poco la imaginación y, durante un par de días odié esta historia, el porque es tan sencillo como estúpido, resulta que esta idea se me ocurrió cuando estaba estudiando para mi examen de ginecología, examen del que salí diciendo, tengo un 9 mínimo, porque me encanta esa asignatura. El caso es que el profesor es un capullo y suspendió a toda la clase menos a 10 (yo estaba entre los suspensos), así que, tras pensar en "101 formas de asesinar al doctor y que parezca un accidente", mi ira pasó a esta historia, que la pobre no tiene culpa de nada. Por fin lo comprendí, pero por falta de tiempo no había podido ponerme, así que esta mañana he dicho: "de hoy no pasa" y aquí está people, el tercer capítulo de Riagus...
Pero antes, contestaciones a los RR, una aclaración, a las que tengáis cuenta en FF no os voy a poner aquí nada porque ya os contesté, oka? si preferís que en vez de darle al reply os conteste aquí, decídmelo, no problemo. Aunque no os lo ponga aquí, muchísimas gracias a todas. Me hacéis realmente feliz con vuestros RR. Si, por alguna razón me salté a alguna de vosotras y no os respondo en ningún sitio, decídmelo también.
Moniji: mmmm.. bueno, no fue muy pronto, pero aquí está. Muchas gracias por tu review.
Isa: jejeje, si, el final también me pareció gracioso, pero, seamos sinceros, uno tiene delante tantísimos libros y lo primero que hace es irse por patas, yo al menos... Ñak. Muxs gracias
Genesys: juas... todo llegará... poco a poco se irán dando cuenta de muchas cosas, en este capítulo ya hay un acercamiento, así que espero que lo disfrutes. Mxs gracias por tu RR.
Rociradcliffe: pues aquí el segundo capítulo, espero que te guste. Bss y gracias.
Hasta aquí la contestación a los RR, lo dicho si falta alguien que me lo diga, vale? Creo que no ha sido buena idea lo de contestar a unos vía reply y a otros por aquí porque ya dudo sobre a quien he respondido y a quién no, en fin. Por cierto, curioso el número de Stats que tengo ahora mismo 888 y aún más curioso el hecho de que tenga 31 RR (de los que no me quejo para nada, que conste:P ) y tanto stat... soy consiente de que hay gente que se mete y luego no lee, gente que se mete varias veces y que hay que pasar por el chap uno para ir al dos, pero, a todos aquellos que os metéis y no dejáis un RR... POR FA! Que son dos minutejos y me hacéis realmente muy feliz.
Bueno, hasta aquí (y ya de verdad) mi rollo, espero que disfrutéis con este capítulo, que a mí me ha gustado mucho escribir, y que os guste ;)
Disclaimer: Si yo tuviera los derechos de la franquicia Harry Potter no tendría el déficit de sueño que tengo ahora mismo... ¿quedó claro?
Dedicado: a mi misma porque últimamente estoy de bajón y a cierta persona que se ha introducido últimamente en mi vida, a quien estimo y a quien temo haber herido no intencionadamente. Por supuesto también a vosotros por leer esto y a los babys del hospital que me han pegado el catarrazo que tengo (sí, encima estoy con fiebre).
Nota: ya sabéis, diálogos con guión, pensamientos con guión, comillas y en cursiva.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
-òó-
Riagus Clementae
-()-
Capítulo III: Me gustan los guisantes y conversaciones desagradables.
------
Una tarde más encerrada en la biblioteca. En realidad llevaba prácticamente todo el día allí. A decir verdad, dos días enteros. Obvio que seguía yendo a sus clases y a dormir a su sala común, pero prácticamente no pisaba el gran comedor a la hora de las comidas. La estaba consumiendo completamente. Dos días de infructuosa búsqueda. Dos días de quebraderos de cabeza, de agobios, de impotencia y de rabia mermaban el habitual buen humor de la castaña. Bueno, vale, tampoco era muy habitual que ella estuviese de buen humor, es decir, si lo era... Bah! Dos días enteros enfrascada en los libros ni siquiera la permitían definir en palabras su personalidad. El caso era que sus amigos se habían dado cuenta de que algo la pasaba. No ya en el hecho de que de pasase la vida en la biblioteca, a menudo lo hacía, la P.E.D.D.O. era un buen ejemplo. Pero cuando regresaba a sus amigos, ella solía estar feliz por haber terminado un trabajo especialmente interesante y completo, o por haber logrado recavar información suficiente sobre el problema que la atormentaba. Pero esta ocasión no era el caso. Cuando se reunía con ellos, Hermione se mostraba cansada, enfadada, saltaba a la mínima y, en cuanto podía, se iba a su habitación a dormir.
Se estaba volviendo antisocial. Curioso que al tener el don, o más bien, el suplicio de comunicarte mentalmente con alguien, te vuelvas antisocial. Pero es que el problema no era el don en sí, bueno... en realidad si que había problema con eso, pero lo más grave de todo era con quien le había tocado padecerlo... ¡DRACO MALFOY¿Es que no había nadie más en el mundo con el que tener telepatía? Hubiese preferido compartir ese don con una hormiga, al menos comprendía el comportamiento de estas. Draco Malfoy, en cambio, se escapaba completamente de su entendimiento. Era él el que la había convencido sobre no hablar con Snape de su problema y solucionarlo ellos mismos, pero ella rondaba las 48 horas en la biblioteca y apenas se le había cruzado un par de veces en las que, escuetamente, habían cruzado un "¿Has encontrado algo?" y un "No". Era cierto que en ambas ocasiones él se había llevado dos libros (libros de los que, por cierto, no le había dejado leer la portada), pero es que ella habría investigado en unos doscientos libros. En ellos, mucha información sobre la Riagus Clementae... ¿pero por qué nada sobre sus vapores en la Poción Permutadora?
A estas alturas ya se estaba planteando seriamente el irse a preguntar a Dumbledore para ver si él sabía algo. Obvio que si lo hacía, descubriría la razón del interés de la chica por el tema, pero había hecho unos tres planes diferentes sobre como preguntarle sin que lo notara. Ninguno funcionaría. Otra opción era la profesora McGonagall, opción absolutamente descartada. Ella era su profesora favorita y, a parte de que no soportaría el ver la decepción en los ojos de la profesora de transformaciones, también sabía que ella era la profesora más rígida del colegio y, si realmente su acción iba a tener consecuencias, la primera y más intensa la tendría de parte de la profesora McGonagall. Llegados a este punto, no le quedaba más opción que su amigo Harry. No le apetecía someterle a la tanda de preguntas que iba a llevar a cabo, sobretodo por el hecho de que a él no le haría ninguna gracia recordar el suceso, pero realmente no encontraba otra alternativa. Además, estaba empezando a odiar con todas sus fuerzas a la antaño conocida como "fuente de saber y conocimiento" o, en otras palabras, la biblioteca. Como también estaba a empezando a odiar a los libros... bueno, eso no era del todo cierto, AMABA a los libros, pero estaba enfadada con ellos. Antes eran sus "amigos" y ahora la hacían la vida imposible. En una situación tan frustrante para la castaña, lo único que se la ocurría era culpar a los objetos que la impedían su cometido.
Se levantó de su asiento y salió de la biblioteca. Los pasillos estaban oscuros, ya era algo tarde, la cena seguramente ya hubiese acabado. ¿Hay algo peor que estar frustrada? Sí, definitivamente sí: estar frustrada y hambrienta. Y así estaba ella, enfadada con el mundo y con ganas de devorarlo. Era obvio que no podía entrar en su sala común como un tornado y ponerse a sacarle información a Harry con esa cara de cabreo, suficiente trabajo iba a ser el sacarle cuatro palabras seguidas sobre el tema a tratar. Así que, con el fin de tranquilizarse, pero sobretodo, de saciar su hambre, se dirigió hacia las cocinas.
Cuando estaba frente al cuadro de la entrada, hizo cosquillas a la pera y atravesó el umbral. No le gustaba aquel lugar, odiaba ver la esclavitud de los elfos domésticos en pleno apogeo. Hacía unos meses que había dejado de lado el asunto de la P.E.D.D.O., justo en el momento en el que comprendió lo innecesario que era, no ya por el hecho de que no creyera necesario que hubiese una plataforma por los derechos élficos, si no porque sabía que, por muy útil que ella lo encontrara, si solo tenia cuatro miembros no sería necesario para cumplir su cometido. No dio siquiera un paso y Dobby ya la estaba saludando y haciendo reverencias. El elfo parecía especialmente contento de verla o quizás especialmente contento de ver a algún ser humano. La razón apareció en cuanto la leona echó una mirada a la sala. Al fondo de la mesa en la que los elfos ponía la comida se encontraba, ni más ni menos, que el príncipe de Slytherin, más conocido como Draco Malfoy. Este, alertado por las efusivas palabras de Dobby, levantó la vista del libro situado justo al lado de su comida y fijó sus fríos ojos grises sobre la sorprendida cara de la Gryffindor.
- ¿Qué haces aquí, Granger?
- Yo podría preguntarte lo mismo.
- La diferencia es que yo lo pregunté antes. Dime.
-No me des órdenes, Malfoy. – dijo ofuscada, pues menudo día llevaba ella para que encima le viniesen a tocar las narices. Intentó respirar tranquilamente para evitar entrar en cólera con el platino.- simplemente se me paso la hora de la cena. Y tú... ¿qué haces aquí?
- Lo mismo.
- La razón por la que se me ha pasado la hora de la cena es que estaba en la biblioteca investigando, Malfoy. ¿Se puede saber qué has estado haciendo tú para solucionar nuestro "problemilla"? porque que yo sepa apenas nos hemos cruzado dos veces allí y llevo casi dos días enteros encerrada buscando...
- Que no vaya a la biblioteca no quiere decir que no este investigando cómo sobrellevarlo, Granger.
- ¿Sobrellevando¿Cómo que... ?
- Quería decir solventarlo, eres una quisquillosa, Granger.
- No es que sea quisquillosa, es simplemente que me da la sensación de que me estoy molestando muchísimo más que tú en encontrar una cura para esto y que mientras, el gran Draco Malfoy se lo esta pasando genial haciendo... bueno, lo que hagas tú para pasártelo genial.
- Pues para tu información, la biblioteca no es el único sitio para buscar la solución, Granger. Hay un mundo fuera de esas cuatro mohosas paredes.
- Un mundo que ahora mismo no me interesa si no tiene la clave para finiquitar esto.
- Eres muy obtusa. Claro que tiene la clave – Hermione abrió mucho los ojos- emmm, quiero decir, que seguro que tiene la clave, aunque aún no la haya encontrado. Pero estoy convencido de que la respuesta esta fuera de esa biblioteca,no obstantesi tanto te gusta aspirar ese olor a hongos y humedad, yo te cedo la investigación intra bibliotecaria a ti solita.
- Creo que ya lo has hecho, Malfoy.
- Exacto, me gusta anteponer mis acciones a las explicaciones.
Hermione chasqueó la lengua y miró hacia otro lado. Se dio cuenta de que Dobby la observaba de forma rara, no habíacaído en cuán indiscreta había sido. El elfo era "amigo" de Harry y podía informarle en cualquier momento de que ambos habían estado hablando en las cocinas. La castaña decidió enviarle al elfo una preciosa sonrisa con el fin de que este olvidara el tema. Funcionó, pues inmediatamente pareció olvidar la extraña conversación que habían tenido la mejor amiga de Harry Potter y su antiguo amo y volvió a sus funciones como elfo doméstico. Hizo una reverencia y le preguntó qué quería comer. Hermione, a estas alturas se conformaba con cualquier cosa que le quitase ese hambre atroz y así se lo hizo saber al elfo, omitiendo, por supuesto lo del hambre atroz. Con el fin de hacer tiempo y no volver a cruzar su mirada con el Sly, decidió que el techo de las cocinas era interesantísimo, la verdad es que siempre le había fascinado el hecho de que a través de él pudiese pasar la comida para llegar a las mesas del gran comedor, pero lo realmente cierto es que quería mantener su mente ocupada para evitar dar algo interesante al Sly. Cuando ya empezaba a pensar que era demasiado cantoso el hecho de mirar tan interesadamente el techo durante tanto tiempo, Dobby apareció con una cantidad de comida tal, que los Weasleys habrían tenido para las sobras de una semana. Hermione no sabía que cara poner, no sabía si gritarle a Dobby que era un exagerado o explicarle amablemente que ni de coña se iba a poder comer eso. Al final ni lo uno ni lo otro, decidió mandar otra cordial sonrisa al elfo y, cuando se cansase de comer, le diría la verdad: que eso no se lo podría comer ni la señora Gorda en sus mejores tiempos, con otras palabras, claro.
Sabía que tenía hambre, pero no fue hasta que tragó el primer bocado cuando se dio cuenta de que estaba tan hambrienta que se podría pasar horas y horas hasta acabar todo lo que había sobre la mesa. Incluso si Malfoy se descuidaba, le robaría su comida. Más por curiosidad que por otra cosa, se fijo en la cena del platino. Era un triste plato con algo que parecía un filete y puré. Rió para sus adentros. Era obvio que la afinidad del elfo había influido en sus cenas,ella tenía, como mínimo 7 platos delante suyo y él un triste filete con puré de patatas. También tenía guisantes y le daba la sensación de que al Sly no le hacían demasiada gracia, pues el filete estaba prácticamente finiquitado al igual que el resto del plato y sin embargo los guisantes seguían intactos. Lo dicho, que no se descuidase porque se tiraba a por los guisantes... ninguno de sus siete platos tenía guisantes y a ella ahora le entraba antojo de guisantes.
- Mmmmmmmm, Malfoy... ¿vas a comerte los guisantes?
Él le miró como si estuviese loca, tenía delante un suculento banquete propio de un Malfoy en toda regla y ella quería las asquerosas pelotitas de caca de oveja pero en verdes, rectificación: SUS pelotitas de caca de oveja... mmm, pero en verdes.
- ¿Acaso no estás conforme con lo que tienes delante, Granger?
- Sí, muy conforme, la verdad. Pero es que me apetece comida verde y he visto tus guisantes y...
- Tienes comida verde. Hay una ensalada delante de ti.
- Pero no tiene guisantes.
- Tiene lechuga y tomate.
- Pero el tomate es rojo.
- La lechuga es verde.
- Pero no son guisantes - dijo con voz de pena.
- Eres una caprichosa, Granger.
- Ya bueno, supongo que se me habrá pegado algo de ti.
Draco la miró asqueado, no pensaba compartirlos con ella y menos cuando le había llamado caprichoso. Hizo de tripas corazón y cogió unos cuantos guisantes con su tenedor (labor difícil, por cierto), la miró con desdén y se los metió en la boca. Masticó sonoramente y tragó aún más alto. Era evidente que le había costado un triunfo por el ruido, y su cara era un poema después de haber saboreado los, en su opinión, asquerosísimos guisantes. Hermione le miró divertida. Intentó hablar para hacer que ella quitase su sonrisa de suficiencia de su cara, pero en vez de cualquier sonido, fue abrir la boca y le vino una ahorcada. La gryffindor rió sonoramente, pero cuando paró, sus ojos le mandaron al rubio una mirada de comprensión.
- No tienes porque pasármelos si no quieres, pero desde luego no te los vuelvas a intentar tragar porque es obvio que no los soportas.
Derrotado, así se sentía el joven Malfoy. Derrotado por una verdura incomible y redonda. ¡Una verdura redonda, es que ni si quiera tenía sentido que la naturaleza hubiese hecho tal experimento. Unas pelotas pequeñas como verdura era la peor invención de la madre tierra, tras el sentimiento de humillación claro. Vencido y habiendo perdido parte de su orgullo, pero no de su cabezonería o de su capacidad de negociar, decidió pasar los guisantes a la castaña.
- Te los doy si tú a cambio me das todo lo que tienes delante.
- Malfoy, veo que no dominas el tema de las negociaciones. Te doy el plato de cerdo y el de los espaguetis por los guisantes.
- El cerdo, los espaguetis, las patatas y la tarta de chocolate.
- El cerdo, los espaguetis, las patatas y el rosbif.
- Todo eso y la tarta de chocolate.
- Todo eso, menos la tarta de chocolate y la mitad del plato de la ensalada.
- No quiero la ensalada, quiero la tarta de chocolate.
- No, la tarta de chocolate me la quedo yo. - pensó un istante- Esta bien, te doy todo menos la ensalada y la tarta de chocolate.
- Creo que no hay trato, Granger.
- Esta bien, el cerdo, los espaguetis, las patatas, el rosbif y MEDIA tarta de chocolate. Yo me quedo con el pollo, la ensalada y la otra mitad.
- Y los guisantes – dijo Draco con una sonrisa inesperada hasta para él mismo.
- Y los guisantes – añadió Hermione con una sonrisa divertida.
- Trato hecho.
Durante un instante, se quedaron mirando divertidos por la situación, pero, al darse cuenta de lo extraño de ese momento, Hermione bajó la mirada. Se levantó y le pasó los platos negociados. Pidió a Dobby otro plato más y un cuchillo para partir la tarta y le dijo que podía retirarse. Sabía que era mil veces mejor pasar un rato incómodo con Malfoy a que sus amigos se enterasen de todo. A cambio, Draco le dio su plato de guisantes y ambos estuvieron un rato comiendo sin cruzar palabra. Cuando Draco parecía saciado, levantó la vista de su plato. La castaña tenía sus ojos puestos en el libro que, incautamente, él mantenía aún sobre la mesa. Lo cerró apresuradamente y lo metió en su mochila.
- ¿Esa es tu investigación? Creía que no te limitabas a los libros.
- Dije que no me limitaba a la biblioteca, Granger. Pero no es el único sitio donde hay libros, como debes saber.
- ¿Y bien¿Tienes algo?
- "¿Si tuviese algo crees que seguiríamos así?"
- No hagas eso, Malfoy
- "¿Hacer qué?"
- ¡Eso! Cada uno tiene una boca, utilicémoslas.
- Estoy empezando a pensar que eres una experta en frases con doble sentido, Granger.
- No es eso, Malfoy. Es simplemente que tu tienes una mente calenturienta. – el chico rió sonoramente por el comentario.
- Sí, es posible que yo tenga una mente calenturienta, pero también lo es el hecho de que tú necesites liberar tu tensión sexual.
- ¿A que te refieres? – Hermione no sabía si mostrar interés o preocupación por lo que vendría a continuación.
- A que el hecho de que lances ese tipo de frases puede significar dos cosas: que realmente tengas una necesidad sexual tan importante que haya colonizado tu subconsciente y hagas comentarios de ese tipo sin darte cuente o... – la mirada divertida que le había estado lanzando a la leona fue cambiada por un gesto inquisidor – que me estés mandando esos comentarios intencionadamente.
Al principio Hermione estaba anonadada por el discurso del Sly, pero cuando lo digirió no pudo evitarlo, comenzó a reírse de una manera casi insana ignorando las palabras del chico que decían cosas como "basta ya" y "no era de broma". Cuando consiguió tranquilizarse, lanzó una sonrisa a Draco.
- Créeme, aunque tuviese una GRAN necesidad, no haría a ninguno de los dos pasar por ese suplicio.
El joven no pudo evitar sonreír ante ese comentario. Hermione decidió que su estomago ya estaba suficientemente completo, tanto de comida, como de ejercicio (había hecho moverse mucho a todas sus vísceras peritoneales con esa risa tan sana) y se levantó de la un último trozo de tarta de chocolate (su estómago tendría que hacer un hueco para esa divinidad) y le pasó el trozo sobrante al joven.
- Me voy a la cama. Hasta mañana.
- ¿Ves? Lo de "me voy a la cama" también podría ser malinterpretado.
Y con una última sonrisa, salió de la cocina.
Que extraño había sido, había compartido una conversación con Draco Malfoy. Una conversación sin gritos, insultos o palabras despectivas, incluso había sido divertida. Miró su reloj. Era bastante tarde, tendría que darse prisa si quería pillar a sus compañeros en la sala común. No tenía problema si algún profesor la veía caminando por el colegio por esas horas, ventajas de ser prefecto, pero tampoco le agradaba caminar sola por corredores tan oscuros. Apresuró el paso mientras pensaba que seguramente sus amigos estarían solos en la sala común, no porque la estuviesen esperando, sino porque, como siempre, dejaban sus deberes a última hora. Si ella apostase, apostaría 50 galeones a que debían estar terminando la redacción que Flitwick les mandó hacía una semana y que debían entregar mañana. Suerte que ella la hizo varios días antes de que sucediese el incidente con la Riagus. Había estado tan ocupada y obcecada con la investigación que quizás ni se hubiese acordado de hacerla.
Llegó al cuadro de la Señora Gorda y dijo la contraseña "ma, me, mi". Contraseña estúpida fruto a que la memoria de Neville Longbottom parecía menguar con la edad, así por lo menos, aunque balbuceara, se suponía que conseguirá abrir la puerta.
Atravesó el conducto de entrada y allí estaban sus amigos, ellos y todo su curso... ¿es que todos dejaban los deberes para el último día? Sus caras se iluminaron al ver a la castaña, tendría que ayudarlos a todos con su redacción, maldito ser bonachón.
Uno a uno fue diciéndoles las pautas a seguir, datos que ellos desconocían e incluso les corrigió las faltas de ortografía. Pensó con malicia que algún día tendría que empezar a cobrar por dar esos servicios, eso o que la dieran una credencial por ello, algo al mérito escolar o a los Servicios Especiales... ¿por qué Harry y Ron tenían una placa y ella no?
Había dejado a sus amigos para el final, y es que cada uno de sus compañeros se habían ido a la cama al acabar su redacción, con lo cual en la sala sólo quedaba el Trío de Oro y Neville, así que se puso a corregir las redacciones de sus amigos a la espera de que su otro compañero decidiera que daba igual cuanto tiempo le echara porque iba a seguir sacando un cero por la redacción y es que ella había hecho lo que había podido con ese trabajo, pero no habría manera de hacerlo bien si no se rescribía entera y, sincera y egoístamente, en ese momento le importaba un rábano que Neville sacase otro cero, necesitaba hablar con Harry ya.
Durante los siguientes minutos siguió con la corrección mientras, disimuladamente, miraba de reojo al castaño. Al ver que no se iba, se levantó y caminó hacia él, le dictó el final de la redacción y con un "vete a la cama, Neville. Se te ve cansado" le instó, u obligó, a irse a dormir.
Una vez que, por fin, se quedaron a solas. Hermione decidió que era el momento.
- Oye Harry. – un asentimiento de cabeza por parte del moreno le indicó que la estaba escuchando – me preguntaba si... mmmm.. Seguías practicando oclumancia.
Lo que se imaginaba. Fue mentar la palabra y las cabezas, no sólo de Harry sino también la de un Ron con cara alarmada, se levantaron.
- ¿A qué viene eso? – preguntó casi agresivamente.
- Bueno, es que, como Dumbledore y toda la Orden le dio tanta importancia al asunto en su día, pensé que quizás hubieses seguido con ella, ya sabes, no aprendiéndola, sino practicándola.
- No. – muy escueto el ojiverde.
- Y ... mmmmmm – quería seguir adentrándose en la sombra- y ¿qué hacías en las clases?
- ¿A parte de ser objeto de burlas por parte de Snape y tener que ver su careto?
- Mmmm... ¿sí?
- Pues él se introducía en mi cabeza y ya está. – dijo queriendo terminar la conversación y bajando la vista de nuevo a su pergamino.
- Ya pero... quiero decir que... bueno... quería saber que fue lo que aprendiste, para bloquear sus incursiones, digo.
- Sabes que no aprendí a hacerlo del todo, Hermione. – dijo con voz hastiada.
- Lo sé, pero conseguiste pararle en algunas ocasiones¿qué fue lo que hiciste¿Qué cosas te enseñaba él?
Harry levantó la vista y miró escrutadoramente a la castaña. Hermione temió la pregunta del siglo, pregunta a la que por supuesto no iba a responder. Pero, en vez de eso, Harry miró a Ron, como esperando que este cortase la situación, que la hiciese comprender cuán inadecuado era hablar sobre oclumancia y Snape si no era estrictamente necesario y normalmente no era necesario nunca. Sin embargo, al mirar a su gran amigo, no encontró la comprensión que esperaba, en cambió, él le miraba con interés. El moreno jamás había hablado sobre lo que Snape le había enseñado en sus clases, no la técnica, al menos. Al ver que tenía la atención interesada de sus dos amigos, suspiró y habló con voz cansada.
- No me enseño nada realmente útil, tan sólo me daba indicaciones sobre qué debía hacer, como que debía dejar mi mente en blanco antes de las incursiones o cuando me iba a dormir. También me decía que debía impedir que él avanzase por mis pensamientos...
- ¿Cómo?
- No me lo dijo, simplemente debía pararle cuando él se metiese en mi mente.
- Pero... ¿tú le sentías avanzar? Quiero decir si, bueno, sabías que era exactamente lo que estaba viendo...
- Sí, por mi mente pasaban todas las cosas que él veía, no tenían un orden cronológico, de repente había un recuerdo de cuando era niño y luego salía una imagen de Hogwarts y cosas así
- Entonces no es como si él estuviese en tu cabeza, quiero decir, bueno, si lo estaba, pero no como si fuese capaz de leer tu mente.
- La verdad es que yo no lo veo diferencia, se metía en mi mente a placer y se paseaba por mi memoria.
- ¿Pero no podía escuchar tus pensamientos?
- No lo sé, supongo que no lo que estaba pensando en ese momento, simplemente porque no era capaz de pensar, sólo veía mis recuerdos y me sentía frustrado por lo que ocurría.
Se callaron, no la era de gran ayuda. Quería tener esa conversación con Harry porque creía que esa información le sería útil para impedir que Malfoy entrase en su mente a placer, pero la conversación no había sido tan productiva como había deseado. Ron habló por primera vez.
- ¿Y cómo lo hiciste para pararle?- Hermione levantó la vista, la conversación le volvía a interesar.
- No lo sé, simplemente decidí que no quería que viese más, que siguiese más tiempo en mi cabeza, así que le paré.
- ¿Como paraste la maldición Imperius con Ojo-loco Moody? – preguntó ella.
- Supongo que sí.
Eso era un alivio, a ella le había costado, pero finalmente había conseguido resistirse a la maldición imperdonable, en clase, por supuesto. Quizás podría ponerlo en práctica ahora, pero había un problema: en la oclumancia sabes exactamente qué es lo que está viendo la otra persona. En su caso, no sabría hasta que punto Draco Malfoy estaría metido en su cabeza, no sabría si estaría escuchando todos sus pensamientos, si estaría sintiendo sus sensaciones o si, simplemente, eran capaces de comunicarse mentalmente. Era algo que debía conocer porque, ya que no parecía que fuese a encontrar la solución en corto plazo, por lo menos tendría que aprender a vivir con el Sly en su cabeza.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
-()-
Hasta aquí el tercer capítulo de esta historia. Espero y deseo que os haya agradado y, como no, que me dejéis RR. Ya sabéis que la cosa es sencilla Submit Review---> GO
Un besazo a todos y dadme cariñitos que estoy mimosa, jajajaja. me faltan menos de dos semanas para cumplir años y me ha entrado bajón, jejejeje.
Venga caris, lo dicho... QUE LLUEVAN BESOS (se lo tomé prestado a Lianis, que me encanta)
-ò.ó-
Zandra Evans
"Triunfar es ser uno mismo y estar en Paz"
