¡Tachán!

He me aquí para regalaros lo único que mi escasa economía puede proporcionaros: una tardía actualización de Riagus clementae.

Como imagino que tendréis unas enormes ganas de leerlo y debido al ENORME número de rr que me dejasteis en el capítulo ocho (gracias, gracias, GRACIAS a todos por vuestro apoyo) y que no puedo contestar a todos aquí, paso directamente a la lectura que, como siempre, espero que disfrutéis y nos vemos al final.

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Disclaimer: que Rowling haga mis exámenes de enero mientras yo disfruto de su fortuna... o lo que es lo mismo, que nada del mundo HP me pertenece.

Dedicado: a todo el que lo lea, porque se merece esto y mucho más.

Nota: lo de siempre, pensamientos con guión, comillas y en cursiva.

Una cosilla más, quizá os descoloque un poco al principio, pues relato las actuaciones de los dos protagonistas, siempre separadas por - - - - - - - - , ok?

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Riagus clementae

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Capítulo IX: Sobre yo, tu mismo y el beso.

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Lo dicho, aquello era un problema.

Maldita persona entrometida, quien le mandaba mirar por ventanas... no había nada interesante ahí fuera. El mismo paisaje que veía día sí y día también.

No había nada...

Excepto ellos...

Besándose.

Cualquier persona coherente, dada la situación en la que se hallaba, hubiese perseguido a su amada... o lo que fuera... pero él no era una persona coherente ni razonable.

Él era Draco Malfoy, orgullo Slytheriano y suave y brillante cabellera platina. Quizás para los lectores eso no explique nada, pero sí para nuestro joven Romeo que, como de si las andanzas más Shakesperianas se tratase, quería venganza de la persona entrometida... o, por lo menos un soborno... aunque no sabía si podría conseguir algo de ELLA.

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Una vez había visto la película, pero en ella hay una frase muy característica que siempre repite la gente, y si a ella, en ese momento, la viesen por los corredores de Hogwarts camino a su casa, sin duda, alguien gritaría... "corre, Forrest, corre".

Nuestra dama de Gryffindor corría cual gacela perseguida por el más fiero león... y voy a dejar de hacer alusiones estúpidas a libros, películas y documentales... en fin, que Hermione corría mucho.

Cuando llegó al retrato de la Dama Gorda se paró un instante, quería normalizar su respiración antes de entrar a su sala común y atraer la mirada de todos.

Una vez atravesado el umbral, se dio cuenta de que ese "todos" en realidad no era nadie... debían estar en el campo de quidditch viendo entrenar a su equipo. Subió a su habitación y al verla tan tranquila decidió darse una relajante ducha

Estaba cambiándose cuando empezó a oír jaleo en la sala. Apenas unos minutos después, sus compañeras subieron y tras un corto saludo y la recogida de no sabía qué cosas de sus cajones volvieron a salir por puerta. De nuevo sola, decidió que si quería evadir su mente, la mejor opción era la lectura así pues cogió una de sus "lecturas ligeras" y se echó en la cama.

Apenas había leído una página cuando...

- Conozco tu secreto...

Se levantó como si tuviese un resorte en el trasero...

- ¿Qué secreto? – preguntó profundamente alarmada ante aquella revelación... ¿qué sabía Ginny Weasley?... ¿Y si sabía... ? intentó calmarse y poner la cara más inocente que conocía... ¡Error!

- ¡Oh, vamos!... No me pongas esa carita de perro abandonado porque la inventé yo y sólo te hace parecer más culpable.

- No sé de qué me hablas. – patada tras patada a la vía de escape típica.

- Tenía mis dudas a causa de las fuentes de las que he obtenido mi información, pero el hecho de que estés actuando de una forma tan sospechosa me está empezando a preocupar.

- Yo no...

- Y quizás... ojalá me equivoque porque es algo de lo más extraño... – continuó la pelirroja.

- ¿Qué es tan ex...?

- Y es tan imposible... es decir... ¡tú!... – casi tartamudeaba la joven Weasley- ... ¡no!... no serías capaz...

- ¡Ginny!... no sé que sabes, pero podrías desenmascarar ya la información... porque no me gusta esta tensión y...

- ¿Es verdad que te has besado con Malfoy?

- ¡¿QUÉ?!

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Así que esa pequeña lagartija plutoniana les había visto... ¡vale! ... hacía falta concentración... ehmhm... ¿cómo asesinarla sin que se note?... no... demasiado agresivo... ¿y torturarla con un "cruciatus"?... no, demasiado peligroso... ¿qué tal arrancarle la lengua estilo muggle?... no, estaría intacta la manera escrita de comunicación. Bien pensado, lo de asesinarla parecía la mejor opción... pero no creía que a Herm... ¡GRANGER! Le gustase la idea... ¿y desde cuándo tenía en cuenta su opinión?

¡Bah! Lo mejor era hablar con "eso" y hacerla entrar en razón.

Una risa surgió en su cabeza... ¿razonar con aquel ser?... ¡era imposible! Pero habría que intentarlo... ¡A buscar la sala común de Ravenclaw!

Dos horas después... en la percepción draconiana del tiempo, claro, porque en realidad había sido media hora de paseillo por los pasillos de Hogwarts, decidió que lo mejor era preguntar amenazantemente a algún compañero de su casa para obtener información y... ¡Anda, un niño de primero con el escudo del águila!

Tres segundos después (N/A: imaginaos esto como en cine insonoro: en blanco y negro, con la musiquilla esa tipo Benny Hill y con imágenes negras con la conversación escrita) y con un infante atemorizado, llorando y tartamudeando obtuvo una información muy importante... que cuando lloras es imposible hablar porque los mocos te lo impiden.

Deducido, por tanto, que la opción amenazante estaba descartada... ¡Plan B!... Padma Patil se acercaba coqueta... ¡Seducción!

Tras un minuto de intenso ligoteo, obtuvo... una cita para el viernes siguiente a la que no pensaba acudir y un "¿por qué la buscas a ELLA?"... y como no tuvo una excusa coherente... pues pasó del Plan B.

Plan C: si no se encuentra a la persona en cuestión... ¡en busca de algún amigo/a!... Plan C inmediatamente descartado... ¿tiene amigos?

Plan D: lugares comunes en los que avistar seres extraños. Biblioteca: no está. ; Gran comedor: no está; Aula abandonada: no está; Torre de astronomía (jadeo intenso por tener que subir todas esas escaleras): no está; Visitar a la loca de Trelawney (ataque cardiaco por aquel sufrimiento): no está ("que raro, pensaba que se llevarían bien"); Pasillos con fantasmas, cuadros de locos, estatuas parlanchinas...: no 'ta. ; vuelta a la ventana indiscreta: vaho en los cristales... ehmhm... pero no está.

Plan E: Si Mahoma no va a la montaña... que la montaña vaya a Mahoma... o algo así.

La montaña no se mueve ni un ápice así que... Plan A: amenazar, amenazar... ¡AMENAZAR!

... Y aquella niña de tercer curso podría considerarse afortunada y, quizás, con el tiempo y algunos psiquiatras, contaría a sus nietos que Draco Malfoy le había hablado una vez y que, pese a no dormir durante los siguientes 4 años con el temor de que su familia fuese asesinada por aquel platino, aquella experiencia había sido única.

Con la información en su cabeza, el Sly se encaminó jovialmente a la casa Ravenclaw precedido por la "alegre" muchacha, donde fue "gratamente" recibido y llamó "sutilmente" a la fuente de su desdicha.

Luna Lovegood apareció somnolienta por el hueco de la escalera y con un perezoso "¡Oh, eres tú!" atendió al educado y tranquilo joven.

- Tú y yo tenemos que hablar.

- Claro... ¿De los Kropogs?... Mi padre me ha dicho que... – habló inocentemente la Raven.

- ¡Lovegood!... ¡No vengo a tener una conversación al azar contigo, ni a escuchar tus locuras o las de tu padre! Vengo a hacer, sea como sea, que tu boca esté cerrada a cerca de lo que viste antes.

- ¡Oh!... eso. – Levantó los hombros – Sinceramente, Malfoy, no me interesa tu vida sentimental... y tampoco la de Hermione.

- ¡PsSsSsSsHhHh! No pronuncies mi nombre y el suyo en la misma frase! . Le reprochó el Sly escondiendo graciosamente la cabeza y mirando a los lados. Una vez repuesto añadió: - Entonces... ¿no vas a decírselo a nadie?

- Ahora ya no. – contestó perezosamente la joven.

"¡Vaya! Parece que vuelvo a imponer bastante" – pensó el platino, sin embargo, 'algo' iluminó sus pensamientos – Un momento... ¿¡Ahora!?

- Ajá- confirmó – Se lo dije a Ginny hace un rato.

- ¿¡A WEASLEY!?

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- ¿Qué?... ¿cómo?... ¿qué??... ¿¡QUiÉN!? – tartamudeaba Hermione incoherentemente mientras gotas de sudor frío recorrían su frente. - ¿Quién te ha dicho eso? Es... es una... una auténtica barbaridad... que locura ¿te imaginas? Jeje... una auténtica locura... ¿no te parece?... jeje... vaya idiotez – siguió delirando la castaña.

- O sea que es verdad. Siempre has sido malísima mintiendo – le advirtió Ginny. La cara de culpabilidad de Hermione lo confirmó.

- ¿Cómo te has enterado? – preguntó, resignada.

- La cuestión no es cómo me he enterado, es... ¿estás completamente loca? Hermione¡es Malfoy!... ¿te das cuenta de lo qué has hecho?

- Lo sé.

- Además, no es sólo eso, imagínate que sale a la luz, el revuelo que se armaría...

- Dime que quién nos vio no fue alguna de esas cotillas, prométeme que no fueron Lavander o Parvati.

- Te has librado de una buena, no fueron ellas, fue Luna.

- ¿Lovegood?

- ¿Conoces a alguna Luna más?

- ¡Ah, bueno! – respondió más tranquila- entonces el problema disminuye un poco... si lo cuenta nadie la creerá.

- Ya, pero el problema no es Luna, ella no es cotilla, no lo va a ir relatando por ahí. La cuestión es que si andáis besuqueándoos por ahí (permíteme añadir un "Iuhg") – dijo con cara de asco – ella puede no ser la única que os haya visto.

- Estoy metida en un gran lío.

- Sí, y ahora viene uno mayor... cuéntamelo todo.

Hermione suspiró... ni siquiera sabía por donde empezar... bueno, si que lo sabía, pero no creía estar preparada para soltar la bomba, aunque fuese a Ginny... se armó de valor y comenzó a relatar:

- Recuerdas el día que Harry se quedó inconsciente en la sala común – la pelirroja asintió – bien, pues ese día Snape nos colocó en parejas para hacer una poción y, bueno, a mí me tocó con Malfoy. Ocurrió 'algo' con un ingrediente y... desde entonces... y Ginny, ahora agárrate a la cama porque es muy fuerte... podemos comunicarnos... mentalmente.. – Ginny hizo una mueca y una risa de incredulidad salió de su boca – No es broma. – afirmó la castaña.

- ¿Quieres decir...? A ver si lo entiendo... ¿dices que...?... que habláis... jajaja... vía mental – curiosamente, a la pequeña Weasley eso le parecía gracioso – 'Mione, no tienes porque inventarte excusas... vale, me cuenta reconocerlo, pero el chico es muy guapo... quitando el hecho de que es tu enemigo mortal y todos esos clichés, pero ¡oye! Si te gusta, en fin, no soy nadie para...

- Ginny... ¡para! Te estoy hablando completamente en serio, inhalamos los vapores de la dichosa Riagus clementae y ahora estamos así. – dijo Hermione determinantemente.

- ¿De verdad? – La castaña asintió. - ¡Oh Dios mío!... ¿estás diciéndome qué... tienes acceso a la mente de Malfoy?

- No exactamente, es... algo más complejo... aún estoy investigándolo.

- Es increíble.

- Lo sé, aún no me lo he digerido.

- Ya, pero aún no me has aclarado el porqué del beso.

- Bueno, es que no tengo ninguna explicación lógica para eso. Supongo que... las cosas han cambiado... puede que no le vea de la misma forma... Sí, ya sé que es una estupidez – añadió debido a un gesto irónico de la pelirroja – pero, no sé que pensar, ni qué hacer... lo que sea que me está ocurriendo, me domina.

- Sé que no soy la más adecuada para dar consejos pero, Hermione... él no... ¡Malfoy no!

- ¿Crees que no lo intentó? Lo hago, con todas mis fuerzas y, sin embargo, no sé, es como si... esa conexión que tenemos... me siento como si estuviésemos unidos y no sólo en los pensamientos... también en... bueno, en todo... en los sentimientos. Esta tarde, cuando nos hemos besado, sentía que... no había otra cosa en el mundo que debiese hacer en ese preciso instante salvo besarle y... él sentía lo mismo, créeme. Sé que es un cabrón... y no intento justificarle... pero... estoy muy confusa, Ginny – las lágrimas empezaron a parecer en sus ojos y fueron cayendo rápidamente por sus mejillas – no sé que hacer – caían con fuerza, con necesidad por liberarse – no puedo controlarlo.

Se sentía tremendamente angustiada, pero también liberada por haber podido compartir aquello.. y, por fin... llorar.

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Jamás había experimentado un "fin de semana de chicas"... de hecho, cuando Ginny se lo explicó le parecía la cosa más absurda que jamás había oído, sobretodo teniendo en cuenta que venía de una familia en la que ella (y su madre) eran las únicas féminas, pero lo cierto es que, salvando el zumo destoxificante hecho con huevo crudo, no había estado mal.

Ambas se habían inventado una excusa de lo más patética (pero sorprendentemente creíble) para justificar a las compañeras de habitación de Hermione el hecho de que ella estuviese tan deprimida por un chico, alegando que había recibido una mala noticia de "su novio" vía lechuza. Así que después de unos cuantos "no sabía que tenías novio" y "¡que guardado te lo tenías, pillina!" aderezados con "y parecía una mosquita muerta", la convencieron de que las mascarillas de pepino, manzanilla, yogur de frutas del bosque y demás potingues no eran en absoluto dañinas para la piel e incluso, aunque nunca lo diría en voz alta, su tez había quedado suave. Hasta su pelo enmarañado parecía ahora semi-radiante con aquellos mejunjes e incluso se había dejado dominar un poco (sólo un poquito) con el cepillo.

Aunque sin duda, la mejor parte había sido el chute de endorfinas a base de chocolate en cantidades industriales y, aunque no le gustase reconocerlo, le había animado también el hecho de que todas hubiesen contado sus nefastas historias con los chicos (que en caso de Lavander eran demasiadas).

Así que, tras ese fin de semana completito, con las energías cargadas y con la autodeterminación de no pensar en él otra vez, se encaminó hacia el Gran Comedor para un suculento desayuno.

Con una sonrisa se sentó junto a Ginny y enfrente de Harry y Ron.

- Estáis muy contentas – dijo el pelirrojo quisquilloso - ¿vais a contarnos de una vez que es lo que habéis estado haciendo todo el fin de semana?

- ¿Qué parte de "¿qué coño te importa"? no entiendes, Ron?

- ¡Ginny!... ¡no digas palabrotas! – la joven bufó – No entiendo esos secretismos que os traéis últimamente... seguro que estabais hablando de chicos.

- No son secretismos, Ronald – alegó Hermione con voz cansina- sólo han sido un par de días relajados.

- ¿Y, exactamente, en que parte de esos "par de días relajados" entraba el "¡no os acerquéis, cotillas, esto es Top Secret!" de Parvati? – preguntó Harry introduciéndose en la conversación.

- ¡Eso!... además¿qué hacíais con ellas? Pensaba que no te caían bien – interrogó Ron a la castaña.

- A veces hay que ampliar miras y atreverse a adentrarse en lo desconocido. – Concluyó con secretismo.

Y entonces lo percibió. Sintió su presencia, su mirada, la misma angustia que ella padecía. Y se obligó a cerrar su mente y sus emociones, concentrándose en el acalorado debate entre los hermanos Weasley acerca de lo que significaba "privacidad".

Se sintió enormemente orgullosa al notar que las clases volvían a estimularla. De nuevo prestaba su más entera concentración y dejaba patente que, aunque se hubiese despistado durante los últimos tiempos, ella seguía al pie del cañón.

Fue la única que supo transformar un canario en un avestruz, para suerte de la profesora McGonagall pues el ave estaba dando más problemas de los que ella hubiese imaginado. Y si, además de ese animal, en un espacio tan reducido como ese aula, le sumamos un híbrido entre rana-cocodrilo (marca de Neville, por supuesto) y un amago de leopardo, el resultado es una profesora sacada de sus casillas y quince alumnos subidos en sus pupitres esperando que Superman, Spiderman o algún sucedáneo de súper héroe mágico les rescate.

Y nada mejor que una clase 'activa' para aumentar el apetito. Así que de nuevo en el gran comedor, el Trío de Oro comentaba alegremente la anécdota de la "Jungla de Transformaciones" a cursos inferiores, que miraban impactados a los protagonistas y añadían comentarios como "¡jo! Que pasada... ¿porqué nuestras clases no son así?".

Así pasaron días, y después semanas. Semanas en las que se había prohibido pensar en él, comunicarse con él, ni siquiera mirarle. Las navidades estaban a la vuelta de la esquina, todos corrían emocionados por la vuelta a casa. Hacían maletas, colgaban adornos... incluso Justin iba con un trozo de muérdago portátil que "accionaba" cada vez que Hermione estaba cerca.

Adoraba esa época del año y, aunque había sido elección propia el quedarse en Hogwarts para acompañar a Harry al igual que iba a hacer Ron, no podía evitar pensar en su familia y en lo que les echaba de menos. Y, bueno, no era por ser selectiva, pero adoraba hacer las compras de navidad con su madre y decorar el árbol... a ella la echaba especialmente de menos en ese momento.

El colegio se quedó vacío en apenas una hora, así como su sala común, en la que, además de los tres amigos y Ginny, se encontraban Neville (cuya abuela había decidido pasar las navidades en un lugar cálido), algunos alumnos de séptimo curso y un par más de cursos inferiores.

La castaña consiguió convencer a los cuatro de hacer sus tareas los primeros días para poder disfrutar plenamente del resto de las vacaciones y eso le dio tiempo para intentar buscar una solución al nuevo problema que se le había presentado: Malfoy, al contrario de lo que pensaba, no se había ido a su casa y, ahora se encontraba en el mismo vacío colegio en el que estaba ella. Lo cual no debía suponer un trastorno, la indiferencia y la ignorancia por ambas partes había funcionado bien durante el tiempo posterior al beso, sin embargo, existía una molesta punzadita que le hacía pensar que quizás esa metódica no seguiría funcionando mucho tiempo más.

El día de Nochebuena recibieron una nota de la profesora McGonagall en la que informaba a todos Gryffindor de que la cena sería en el gran comedor y les rogaba que "acudiesen vestidos lo más formalmente posible" a lo que añadía "por favor señor Weasley, evite la túnica de gala de hace dos años", que, por supuesto, no gusto un pelo a Ron. Así que Ginny y Hermione se pasaron la tarde intentando decidir qué se ponían... corrijo: Ginny pasó toda la tarde intentando decidir qué se ponían del armario de Lavander y Parvati porque, la verdad, ellas tampoco tenían demasiada ropa formal y, como decía la pelirroja "no se debe repetir traje en la misma festividad" así que los vestidos del Baile de Navidad estaban vetados. Mientras, Hermione leía un interesante libro del que sólo levantaba la vista para decir "no pienso ponerme eso" o "McGonagall dijo ' lo más formal posible' no 'vístanse como si fuesen a la boda del rey de Inglaterra'".

Muchos bufidos después y una vez rechazada la idea de la castaña a cerca de dar un uso formal a la falda del uniforme (valga la redundancia), bajaron a la sala común donde los chicos ya estaban vestidos.

Desde luego, lo de ir formal... digamos que lo habían intentado, pero era comprensible que después de tener que ir todos los días con corbata, hubiesen decidido elegir los conjuntos más horrendos de su armario. Neville iba especialmente... ejem... radiante, su jersey verde lima pedía a gritos unas gafas de Sol a prueba de deslumbramientos y sus pantalones dejaban poco a la imaginación. Todo esto bajo la experta mirada de la pelirroja, pues lo único que ella había pensado al verle fue "¡Ah!... ¡que susto!" de lo que luego se reprochó mentalmente.

Una vez unidos los Gryffis, se dirigieron al gran comedor. Todos estaban allí, los pocos alumnos presentes en el colegio y los profesores. Todos... excepto los Slys, que hacían suyo el dicho de 'la novia debe llegar treinta minutos tarde', sólo que ellos, ni eran la novia, ni aquello era una boda. Aunque, para que negarlo, a nadie le apetecía que se pasasen por allí, especialmente a Hermione... si Malfoy no aparecía en toda la noche, mejor para ella.

Sin embargo, basta con que desees algo profundamente para que no se haga realidad y diez minutos después se presentaron con su soberbia y sin un lastimero 'lo siento' saliendo de sus bocas. La profesora McGonagall tenía su ceño especialmente fruncido y lanzaba miradas acusatorias a Snape, quien no le hacía ni caso pues estaba mucho más interesado en observar si algún miembro de la casa de los leones se saltaba alguna norma inquebrantable, como sentarse indebidamente o no colocarse la servilleta sobre el regazo. Hagrid, en cambio miraba su plato embobado, como si aquel gesto pudiese hacer que, de repente, este se llenase y, de vez en cuando, acariciaba su tripa indicando a todo el que quisiese mirarle, que tenía un hambre atroz, como el trío había confirmado... en cuatro ocasiones.

No podía quejarse de la cena una vez que esta apareció, era abundante y deliciosa y, aunque su mente a veces se evadía pensando en los pobres elfos domésticos que no disfrutarían de su navidad pues habían tenido que preparar aquella cantidad de comida, se alegraba recordando que, aunque le hubiese costado aceptarlo (no del todo), ellos eran felices haciendo su trabajo.

Cuando el postre hizo su aparición y aprovechando que todos estaban comentando la buena pinta que tenía, Ginny se acercó a ella y la susurro:

- Quizás no sea asunto mío pero... ¿no crees que... a lo mejor, deberías hablar con él? – Hermione la miró, sorprendida - Bueno, no digo que tengáis la conversación del siglo, pero... Hermione, han pasado semanas, el tema se ha enfriado y me parece un buen momento.

- ¿En mitad del banquete de Nochebuena?

- ¿Tienes una opción mejor?... Bueno, no es mi vida, lo siento, pero creí que, tarde o temprano, querrías solucionarlo. – añadió y volvió a su posición.

Es cierto, lo había pensado y quería arreglar las cosas... bueno, no arreglarlas... pero zanjarlas, sí, esa era la palabra... zanjar el asunto... así que se armó de valor. Estaba nerviosísima...

- "Malfoy" – no hubo respuesta, volvió a insistir – "¡Malfoy!" – de nuevo nada - "¡MALFOY!" – gritó mentalmente. El platino, franqueado por sus gorilas particulares, dio un leve bote en la silla y, tras repetir un par de veces que no le pasaba nada a las preguntas que le formulaban, la miró fijamente, un instante, un milisegundo en el que parecía querer derretir el hielo con una visión láser... un nanosegundo en el que a Hermione le temblaron las piernas y, si no hubiese estado sentada, se habría caído de bruces contra el suelo por la intensidad con la que la había lanzado.

- "¿Qué quieres, Granger?" – preguntó hoscamente.

- "Hablar" – contestó, escueta.

- "¿No te dan suficiente conversación tus 'amiguitos'?" – hasta pensando podía arrastrar las palabras.

- "Ginny lo sabe" – dijo tras un bufido.

- "Lo sé"

- "¡Cómo que lo sabes?..."

- "Que poca verborrea tenemos" – suspiró – "Descubrí a Lovegood mirando por la ventana en el momento del... bueno, de eso"

- "¿Por qué no me lo dijiste? Podríamos haberlo arreglado... podríamos haber hablado con ella..."

- "Primero: cortaste la comunicación... ¿recuerdas? ...

- "No corté la comunicación... no puedo hacer eso, ojalá pudiese... ¿Crees que si supiese hacerlo estaríamos en esta situación?... simplemente te ignoré... igual que lo hiciste tú, por cierto."

- "Y segundo..." – añadió como si no hubiese oído el discurso de la castaña – "¿Qué crees que he estado haciendo estas semanas, Granger? Ya me he ocupado yo de todo."

- "¡Oh, Dios mío!... sigue viva¿no?"

- "Ja... ja... JA. Muy gracioso"

- "Podrías definir el 'me he ocupado de todo'?"

- "Basta con saber que no abrirán la boca."

- "¿Abrirán?... ¿Quiénes?"

- "Cuando quieres eres tonta, Granger... ¿Quién va a ser? Lovegood y Weasley."

-" ¿Hablaste con Ginny?… espera..." – le dirigió al Sly. Tras eso se acercó a la pelirroja y la susurró- ¿Hablaste con Malfoy?

- La palabra exacta no es 'hablar'... es más bien 'amenazar' – aclaró.

- "¿Amenazaste a Ginny?" – preguntó enfadada.

- "La palabra no es 'amenazar', le dejé las cosas claras... eso es todo"

- ¿Qué te dijo? – preguntó de nuevo a la pelirroja.

- Resumido: que si le contaba a quien fuese algo de lo sucedido... bueno, mi familia sería menos numerosa. – increíble, estaba exasperada y furiosa muy furiosa.

- "¿Le dijiste que si comentaba algo matarías a su familia?"

- "Nah... sólo le dije que tenía mis contactos" – el platino parecía especialmente orgulloso y juguetón con el tema.

- "No me lo puedo creer. Estás... estás completamente loco... ¿lo sabías?"

- "Verás Granger, yo no puedo permitirme que me asocien a ti y menos de esa manera. Así que como tú no hacías nada, me tuve que encargar."

-"Yo no hice nada porque confiaba en que fuesen discretas, además Gin me dijo que hablaría con Luna"

-"Claro... esperabas que las cosas se solucionasen solas, pero te diré algo: las manzanas no caen solas del árbol y el agua puede fluir o puede golpear... se agua, my friend" (N/A: lo siento, una coña)

- "¿Pero qué leches dices? ... estás empezando a delirar."

- "Es posible, pero ni delirando he conseguido averiguar por qué me besaste"

- ¡QUÉ?! – gritó. Todos los presentes en la sala se giraron hacia ella. Ginny se acercó y la susurró entre dientes:

- Deberías ser más discreta. – pero a ella la importaba un pimiento que todos y cada uno de los presentes en la sala creyesen que se había vuelo loca.

- "Yo no te besé... ¡me besaste tú!" – le gritó ofuscada.

- "Cuando sólo hay dos testigos hay un cincuenta por ciento de posibilidades de que uno mienta y yo digo que me besaste"

- "Bien, entonces tú mientes"

- "De nuevo en duda"

- "No hay dudas que valgan, Malfoy... me besaste tú y punto y si aún quieres más, te recuerdo que había un tercer testigo... si quieres se lo preguntamos."

- "Que pena, Granger... resulta que Lovegood está en su casita pasando las navidades"

- "Existen las lechuzas... ¿lo sabías?"

- "Sí, pero puedes trucarla"

- "Eso es típico de ti, no de mí"

- "La duda ofende" – era oficial, la había sacado de sus casillas... estaba roja de la furia y la gente seguía mirándola ocasionalmente para asegurarse de que no había sido poseída por ningún anacardo o almendra garrapiñada mientras su amiga intentaba convencer a los interesados de que era simplemente una reacción alérgica y que se le pasaría enseguida.

- "Me estoy hartando de esta conversación, Malfoy"

- "¿Crees que yo no?"

- "Tenemos que acabar con esto... YA"

- "Bien... corto y cambio"

- "No me refiero a ahora... me refiero a lo de comunicarnos mentalmente... quiero que se acabe"

- "Jamás pensé que diría... o más bien, pensaría esto, pero estamos de acuerdo"

- "Bien, mañana a las tres, en la biblioteca"

- "Mañana es Navidad, Granger..."

- "A las cuatro entonces..."

- "Sigue siendo Navidad"

- "Sí, pero te doy tiempo a hacer la digestión... CORTO"

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Un "¡WALAH!" hizo que abriera los ojos. No se había acostado especialmente tarde la noche anterior, estaba demasiado enfadada para socializarse, pero sus amigos consiguieron convencerla para jugar un poco antes de subir a las habitaciones. La exclamación que había oído era reconocible: Ron estaba abriendo sus regalos. Rápidamente, Ginny saltó de la cama de Lavander en la que se había dormido y gritó compulsivamente "regalos, regalos, REGALOS"... aún se la escuchaba al llegar a la sala común.

Hermione remoloneó un poco en la cama intentando volver a dormir, pero las voces de abajo se lo impidieron. Se levantó y se dirigió al baño para lavarse un poco la cara... parecía triste en el espejo... estaba triste en su interior, pero la gente no tenía porqué saberlo, así que puso su mejor sonrisa y salió de la habitación. Inmediatamente Harry fue hacia ella a desearla feliz navidad y a darle las gracias por su regalo, Ron y Ginny murmuraron lo mismo mientras seguían concentrados en buscar que regalos les pertenecían y cuales no.

Tras abrir los suyos y luego de haberlos agradecido, se sentó en uno de los cómodos butacones para empezar a leer el libro que su padre le había regalado, mientras sus amigos hablaban de quidditch y esas cosas que a ella le interesaban tan poco. Pronto se hizo la hora de comer y de nuevo se dirigieron al gran comedor que lucía igual que la noche anterior. Parecía que a los profesores les había gustado la idea de concentrarlos a todos en una misma mesa en vez de tenerlos desperdigados por cuatro vacías. Sorprendentemente, los Sly ya estaban sentados y eran ellos los que llegaban los últimos, así que una vez sentados y tras el discurso típico de Dumbledore, empezaron a comer.

No sabía porque, pero estaba especialmente asquerosa la comida de ese día... quizás los elfos hubiesen utilizado las sobras del día anterior... no, eso era impensable... o a lo mejor era que se había tupido tanto por la noche que no tenía apetito... o era posible que estuviese tan nerviosa por el encuentro con el Sly que no la entrase bocado. Fuese lo que fuese, la comida estaba mala y punto. Así qué, mientras sus amigos engullían, especialmente Ron, ella miraba el plato lleno y se alejaba del mundo con sus pensamientos.

Recordó sin querer el momento del beso... la música que sonaba antes y el sabor de su boca después, todo paso a paso, sensación por sensación... sumida en el recuerdo hasta que un "NO" resonó en su cabeza. Instintivamente, su cabeza giró a él y un casi imperceptible "no me hagas esto" llegó a su mente. Lo entendía, no sabía cómo, ni porqué, pero le comprendía. Sentía lo mismo que él... acerca de cómo lo estaban y lo habían pasado y, aún entendiéndolo, estaba completamente desorientada.

Decidió dejarlo correr y volvió a fijarse en su plato. Había un estupendo mousse de chocolate... ¡eso si que no era asqueroso! Así que empezó a comer.

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Si el mundo está lleno de incoherencias, sin duda la mayor de todas es que el tiempo pase tan rápido cuando te diviertes y tan lento cuando te aburres, pero la más surrealista es que aún pase más rápido cuando quieres evitar a toda consta un momento determinado, un encuentro, el encuentro... con él.

Intentando sacar fuerzas de su discman mientras escuchaba "Mad World" que expresaba exactamente sus sentimientos, caminaba desganada por los pasillos que la llevaban a la biblioteca. De nuevo, el camino se le hizo más corto de lo que esperaba y atravesó el umbral con toda la decisión posible. Ahí estaba. Miró su reloj, llegaba dos minutos tarde, de ahí la presencia del puntual Malfoy. El lugar estaba completamente vacío, sin duda los alumnos no consideraban la biblioteca el sitio en el que pasar un día de fiesta y agradecía por ello.

Malfoy hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera y se encaminaron hacia la zona más alejada. Era lúgubre, apenas iluminada por una ventana que dejaba ver uno de los días más oscuros que recordaba y unos candelabros con velas casi finiquitadas, una única mesa rodeada de estanterías con cientos de libros de idéntica encuadernación: negra.

- ¿Cómo has conseguido la autorización para entrar a la zona prohibida? – preguntó Hermione mientras caminaban por los pasillos.

- Snape me la dio.

- ¿Te preguntó para qué la querías?

- Él siempre pregunta, pero esta vez simplemente me miró, hizo un garabato y me tendió el papel.

- Será porque está acostumbrado a que sientas deseos irrefrenables de venir aquí.

- O quizás que se huela algo.

- ¿Tu crees? Es imposible... ¿cómo va a saberlo Snape?

- Es más listo de lo que piensas.

- Sé que es listo, pero una cosa es que sea perspicaz y otra muy diferente que saque una conclusión acertada de todas las locuras que están pasando. – Draco se giró.

- Snape es un verdadero experto en interpretar la actitud humana, por no hablar de su dominio de la legeremancia, podría haberse introducido en nuestras mentes sin habernos dado cuenta.

- ¿Ves?... otra razón más para acabar con esto ya, si realmente Snape lo sabe, estamos metidos en un buen lío.

- No tienes ni idea... ¡mira!... este es el libro que estaba buscando – dijo parado enfrente de una estantería. Lo cogió con cuidado y lo depositó encima de la mesa.

- ¿'Efectos secundarios de las pociones y sus ingredientes'?... no entiendo por qué este libro está en la zona prohibida, por el título parece inofensivo. – preguntó la castaña.

- ¿No has oído el dicho 'nunca juzgues un libro por la portada'?... si está aquí es por algo.

Evidentemente, pues fue abrir el libro y ambos cayeron al suelo desmayados. Diez minutos después Hermione abrió perezosamente los ojos, le costó unos segundos orientarse y recordar donde estaba y por qué. Se acercó cautelosamente al libro mientras Malfoy seguía tirado en el suelo, imaginó que tardaría más en despertarse pues él estaba más cerca del tomo en el momento de abrirlo. Al ver que no pasaba nada leyó las palabras escritas en la primera página:

'Como habrás comprobado, existen efectos únicos y extraños que se escapan a la lógica mágica. Este ha sido un ejemplo al igual que los encontrarás a medida que avances en tu lectura. Sólo si eres lo suficientemente valiente continuarás pasando páginas sin temor a lo desconocido. Si no lo eres, no oses a seguir con mi sabiduría en tu poder, pues no te la mereces. JE'

Ella estaba en la casa de los valientes, aunque, si la primera página había sido un desmayo, no quería ni imaginarse lo que vendría después, pero... ¿y si ese libro era la respuesta a su problema?... ¿y si era el único modo de deshacerse de él?

Draco despertó unos instantes después. Se frotó los ojos como si hubiese echado un confortable sueño y, de repente, se giró bruscamente al no reconocer el lugar.

- ¿Qué ha pasado?

- Nos hemos desmayado, este libro trae algunas sorpresitas.

- ¿Cuántas más?

- No lo pone – respondió la Gryffindor alzando los hombros – pero estoy segura de que leerlo no va a ser coser y cantar.

- No me digas que te estás echando a atrás. – dijo provocador.

- No he dicho eso – contestó altiva – sólo que debemos estar preparados, no podemos hacerlo al buen tun-tún.

- Yo estoy preparado – confirmó sentándose elegantemente enfrente del tomo.

- Bien – suspiro – pues empecemos – añadió sentándose también en una silla.

Unas cuantas cucarachas, un poco de urticaria y algo de vitíligo después (a Draco apenas se le notaba), llegaron a la página que habían estado buscando, la que mentaba a la Riagus clementae y en la que, como única información, obtuvieron un bonito regalo de amnesia momentánea y unas pocas palabras en las que decía que podía ser causante de pérdida de memoria. Pero a ellos no les había ocurrido eso, nada más lejano, así que su búsqueda volvió a ser infructuosa.

Hermione cerró el libro enfadada por la falta de buenas noticias y Draco emitió un largo suspiro.

- ¿Qué vamos a hacer? – preguntó la castaña.

- No lo sé, está era la única opción que conocía. Hay cientos de libros aquí, pero a saber cuál es el que estamos buscando. – reconoció desesperanzado.

- Aún nos queda otra salida.

- ¿Cuál?

- Snape – respondió.

- No, él no es una opción, ya te lo dije. – repuso a la defensiva.

- Malfoy, me cuesta decir esto, pero es nuestra última esperanza.

- No voy a pedirle ayuda a Snape.

- Pero... ¿por qué? Dices que es posible que ya se huela algo, así que la mitad del trabajo está hecho.

- ¿La mitad del trabajo? Granger... ¿te das cuenta de la gran cantidad de preguntas que nos haría? O peor... se metería en nuestras cabezas y podría averiguarlo TODO.

- Incluido el beso.

- Incluido el beso – confirmó el platino. Hizo una pausa en la que intentaba animarse a decirlo: - Granger, si alguien lo averigua, mi padre... el Señor Oscuro... no saldría de esta.

- Lo sé... yo tampoco tendría grandes posibilidades de sobrevivir.

- Exacto. No podemos arriesgarnos. Al principio era una cuestión de orgullo, pero ahora...

- Entiendo – dijo comprensiva. – pero tampoco era para que amenazaras a mi mejor amiga – añadió medio quisquillosa, medio divertida. Draco rió.

- Aunque te cueste reconocerlo, sabes que no iba a hacerles nada.

- No sé, la verdad es que me parece que tu te guías demasiado por Maquiavelo.

- 'El fin siempre justifica los medios' suele ser mi lema, pero a veces hay que moldearse a las diferentes situaciones. No les hubiese tocado porque sabía que... – no lo había dicho, no se había permitido decirlo, pero no podía dominar sus pensamientos igual que su lengua – "... que te haría daño".

Los ojos de Hermione tomaron un brillo especial.

Lo negaban, ambos lo negaban, pero una ínfima parte de su ser les golpeaba internamente, pataleaba y gritaba a pleno pulmón que aquello existía, fuese lo que fuese, pero era real.

Se miraron fijamente durante largos minutos, como tantas veces y tan pocas en realidad. Hermione descubrió que Draco tenía una manchita morada en su iris izquierdo y él que la castaña tenía un lunar justo debajo de su ojo derecho. Si tan sólo pudiesen juntarlos, ser una misma imperfección sin que el mundo se volviese patas arriba... lo harían, claro que lo harían, más allá del pudor o de ser polos opuestos.

Draco acarició su mejilla y ella se estremeció ante el contacto, sus ojos se humedecieron aún estando cerrados. Al abrirlos, vio su cara desencajada por la rabia, el dolor... y se sorprendió por el hecho de que el inquebrantable heredero Malfoy no sólo estaba expresando físicamente sus sentimientos, sino que se los mostraba a ella.

Fuera de su convincente actuación ante los demás, ante ella y su propio intento de auto convencerse, sabía que sentían lo mismo... rabia.

Rabia por no poder reconocer y demostrar al mundo que quizás... y sólo quizás... estaban enamorados.

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UHF! Me ha costado escribir este chap... y mucho! Básicamente porque hacía tanto tiempo que no actualizaba que realmente no sabía por donde cogerlo.

Las excusas por mi retraso creo que son innecesarias porque estaréis hartas de leerlas, ya sabéis que mi falta de tiempo es alarmante, pero me propuse dejaros Riagus para las navidades y aquí está, para que os lo leáis durante las vacaciones.

En fin, hasta aquí el capítulo nueve. Riagus clementae cumple su primera navidad, espero que cómo buenas Reinas Magas o Santa Claudias que sois, me regaléis lindos rr, que me encantan.

Feliz Navidad a todos/as. Gracias por leer y ya sabéis: Submit review-- Go

-ò.ó-

Zandra Evans

"Triunfar es ser uno mismo y estar en paz"