- ¡Buenos días mami!- grita Alexis.

Abro los ojos y la imagen que veo, hace que se me nuble la vista y se me empañen los ojos. Ante mi tengo a una Alexis despeinada y sonriente, sosteniendo una bandeja con el desayuno.

Me cuesta reaccionar. El recuerdo me golpea violentamente dejándome sin aire. Rick, en la misma posición en la que se encuentra Alexis, con un café en las manos. Su mirada está clavada en mí mientras sonrie con ternura. Me dejo caer de espaldas sobre el cojín y respiro profundamente, tranquilizándome. Cerrando las puertas de mi mente, como llevo haciendo los últimos cinco años, a la memoria de aquel amor intenso.

Alexis se ha asustado, no está acostumbrada a verme así, sin fuerzas, tan conmocionada. Desde ayer parece que toda la fortaleza y el aplomo que habían en mi se hayan esfumado.

- Mamá ¿qué pasa? ¿qué he hecho mal? ¿Por que lloras?- está preocupada, lo noto en el tono de su voz. Suelta la bandeja sobre la mesita de noche y se sienta en la cama a mi lado.

No me he dado cuenta, pero es verdad, se me ha escapado una lágrima traicionera.

- Alexis cariño, no es nada, mamá no está acostumbrada a que le hagas estas sorpresas de buena mañana. Ven aquí preciosa, ¿todo esto lo has hecho tú sola?- ya esta, he recuperado mi seguridad.

- Sí mami, quería darte una sorpresa, ayer estabas muy triste y no me gusta verte así...- habla en susurros, como si el hecho de hablar alto pudiera hacer que me derrumbara otra vez.

Sus palabras me emocionan y no puedo evitar abrazarla. Se parece tanto a Richard...

- Vamos a desayunar, ¿no querrás que se nos enfrien las tortitas verdad?-


Ya estamos listas, a punto para un gran día de chicas, así es como hemos decidido llamarlo.

- Mamá, ¿a dónde vamos primero?- me coje de la mano y me mira, con los ojos iluminados por la emoción.

- Mmmm, iremos a la Quinta Avenida, he oído que hay una tienda que tiene unos vestidos preciosos.- le sonrio y cogidas de la mano salimos del apartamento.

Vivimos a unas doce manzanas, de modo que cojemos un taxi para que nos lleve.

- Cuando eras pequeña como yo, ¿la abuela también te llevaba de compras?- pregunta Alexis curiosa, incorporándose en su asiento.

La pregunta me pilla por sorpresa, casi nunca hablamos de mi madre.

- Pues la verdad es que no ibamos mucho. A la abuela no le gustaba ir de compras y a mi tampoco me entusiasma.

- Jo... con lo divertido que es... No lo entiendo - contesta confundida, y se acomoda en el asiento.

Entonces recuerdo la primera vez que mi madre, Johanna, me llevó de compras. Fue un completo desastre, no nos gustaba nada de lo que nos enseñaba la depedienta y los únicos dos pantalones que nos gustaron eran, o demasiado pequeños, o exageradamente grandes. Terminamos por artarnos e irnos a casa con las manos vacías. Sonrio, como desearía que estuviera conmigo.

- ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mira ese edificio, es enorme!- chilla la pequeña, impresionada por la grandeza del Empire State y me estira de la mano para que me asome por la ventana.

- Es el Empire State, un día subiremos, verás lo bonito que es, puedes divisar todo Nueva York.- le acaracio el pelo.

- ¿Lo prometes? - pregunta, ofreciendome el dedo meñique.

- Lo prometo- respondo a la vez que uno mi dedo meñique al suyo, en señal de nuestra promesa.


Estamos en una zapatería, Alexis se está probando unas botas.

- Déjame ver como te van.- dice la dependienta agachándose a la altura de Alexis. - ¿Bien no? - pregunta después de comprobar que las botas no le apretan.

- ¡Sí! Son perfectas. Mamá ¿me las compras? - pregunta dirigiéndose a mí.

- Si te compro las botas ya no te compro los tacones, piensatelo bien.

Alexis se queda pensativa, debatiendo que es mejor si las botas o unos tacones.

- Mmm, creo que prefiero las botas. Soy demasiado pequeña para llevar tacones ¿no crees?- contesta con convicción.

- Buena elección.- respondo y le sonrío.

Alexis se pone sus zapatos y me da las botas para que vaya a pagarlas.

- Tienes una hija muy lista.- interviene la dependienta que se agacha para estar a la altura de Alexis. - Tu mamá debe estar muy orgullosa de ti.- Le sonrie y Alexis le devuelve la sonrisa.

- Siempre me dicen lo mismo ¿verdad mamá? - dice Alexis levantando la mirada para encontrarse con mis ojos.

- Sí cariño, pero si lo dicen será porque es verdad ¿no?- Alexis se encoge de hombros y coge la bolsa que le tiende la dependienta.

La chica se despide con una amable sonrisa y salgo de la tienda con una orgullosa Alexis cogida de la mano.

Vamos caminando tranquilamente por la Quinta Avenida, observando todo lo que nos rodea.

- Mira allí está esa tienda de la que te hable, la que tiene tantos vestidos.- le explico a Alexis señalando una tienda del otro lado de la calle.

- Mamá pero aún faltan tus tacones. Yo ya tengo las botas, pero tú no tienes nada.- replica

- Tranquila, tenemos todo el tiempo del mundo. Podemos ir primero a ver los vestidos y luego ya buscaremos mis zapatos.-

- Está bien.- acepta Alexis.

En ese momento me acuerdo de que no he recibido ninguna llamada de Josh. Aunque es normal, ayer apagué el móvil. Debe estar preocupado. Saco el móvil y compruebo si tiene batería. En efecto, menos mal. Lo abro y veo que tengo cuatro llamadas perdidas y dos mensajes de texto. Decido llamarle y no leer los mensajes.

- ¿Sí? - contesta Josh, con voz ronca.

No me he acordado del cambio horario, seguramente lo habré despertado.

- Hola Josh, soy Kate. - respondo serena.

- ¡Katy! No te había reconocido, perdona. Estaba durmiendo, justo me has despertado. ¿Cómo va el primer día sin mí, me echáis de menos? - explica ahora más despierto.

Me gustaría decirle que bien, que tampoco es para tanto, sólo ha pasado un día. Pero me lo callo, como siempre.

- Siento haberte despertado, me he olvidado de la diferencia horaria. Nosotras estamos en la Quinta Avenida, de compras. - explico.

En ese momento Alexis se ha percatado de que estoy hablando con Josh y se gira para estar atenta a la conversación.

- Te paso a Alexis que quiere explicarte lo que se ha comprado. Ya hablaremos luego, que vaya bien el congreso. Un beso. Adiós. - hablo rápido para que no me interrumpa y no me mantenga más rato al teléfono.

- Hola pequeña, a ver explícame que te has comprado. - oigo que le pregunta Josh.

- Hola papá. Me he comprado unas botas, ya te las enseñaré cuando vuelvas. ¿Tú estás bien? ¿Es bonito Washington DC? - responde Alexis.

- Sí, un día vendremos los tres juntos a visitarlo, seguro que te encanta. Bueno me tengo que ir. Dile a mamá que ya os llamaré yo, porque no sé a qué hora saldré del congreso. - explica él.

- Vale. Adiós. Un beso. - cuelga Alexis y me da el mobil.

Sé que he sido demasiado seca con él pero sinceramente, no me apetecía hablar.

- Bueno, ahora sí. ¡Vamos a comprar esos vestidos!- grita Alexis llena de emoción.

Nos disponemos a cruzar la calle cuando tropiezo con el tacón de mis botas y pierdo el equilibro. De repente noto unos brazos que me cojen en pleno vuelo y me sujetan para que no me caiga al suelo.

El individuo me levanta para que me ponga en pie de nuevo

- ¿Se encuentra bien?- pregunta el extraño.

No puede ser, esa voz. Debo estar soñando. Entonces me doy la vuelta para saber de quién proviene esa voz.

Al principio no estoy segura de lo que ven mis ojos, o más bien no quiero creermelo. El corazón me da un vuelco y me quedo sin aire, paralizada, con los pies clavados en el suelo. Después de cinco años sin saber nada de él, ni una dirección, ni una llamada, ni siquiera un mensaje. Cinco años luchando por enterrar su recuerdo aún vivo en lo más hondo de mi ser. Ahí está, delante de mí, cómo una aparición. Está un poco cambiado, más mayor, como si me hubiera perdido cosas de él. Pero su mirada es la misma, esos ojos de un intenso color azul cielo que ahora vuelven a estar clavados en los míos, de la misma forma que hace cinco años. Entonces me entra el miedo. El miedo a qué vuelva a desaparecer. Y pronuncio una palabra, una palabra que da sentido a todos mis recuerdos y que resuena en mi cabeza, luchando por salir a la luz.

- ¿Rick?