Páginas en blanco

N.A: Vale, sé que dije al menos una vez por semana y ya hace casi tres que no actualizo, pero es que la universidad me está matando (un consejo: si alguna vez os vais a estudiar a un país extranjero, no os preocupéis por la diferencia de idioma y costumbres o por no encontrar vuestra marca de galletas preferida, preocupaos por la burocracia). Además que tengo otra historia que actualizar y varios proyectos de one-shots (pondría información sobre ellos en mi perfil, pero es que me da pereza). Pero como seguro no tenéis ganas de leer mis quejas, adelante con el segundo capítulo de "Páginas en blanco". Gracias a todos los que comentaron; espero que os guste este tanto o más que el anterior.

Capítulo 2: Soul Society

Hisana se despertó al día siguiente más tarde de lo habitual. Se removió perezosamente en la cama, hasta que resultó obvio que no iba a poder volver a dormirse. Lanzó un suspiro cansado y se irguió lentamente. Miró hacia el otro lado de la pequeña habitación que compartía con su hermana. La cama de Rukia estaba ya vacía. Hisana se puso de pie y se dirigió hacia la puerta.

El contraste entre la escasa luz del dormitorio y el brillante sol que entraba por la ventana del salón cocina la cegó momentáneamente. Hisana parpadeó un par de veces y se frotó los ojos.

-Buenos días, hermana.- La saludó una voz familiar. Hisana parpadeó un par de veces más y vio a Rukia aún en pijama sentada ante una pequeña mesa cubierta de libros y apuntes. Era casi idéntica a su hermana mayor, salvo que un poco más baja, con el pelo algo más corto y por el color de los ojos, que en vez de ser violetas como los de Hisana eran de un azul tan profundo como el mar. Levantó la cabeza de sus deberes y le sonrió.- ¿Qué tal has dormido?

-Como si hubiera estado despierta hasta la madrugada- lo cual era cierto. Entre unas cosas y otras, había vuelto a casa hasta bien pasada la una de la madrugada.

-¿Qué tal la fiesta?

Hisana suspiró. ¿Por dónde empezar?

-Podría haber ido mejor...- murmuró simplemente.

Rukia entendió que su hermana no quería hablar del tema y no insistió, volviendo su atención otra vez a sus deberes. Hisana fue hasta la nevera para coger una botella de zumo y servirse un vaso. El piso en el que vivían era tan pequeño que apenas necesitó cuatro pasos.

La verdad es que las últimas horas de la fiesta del día anterior habían sido una auténtica tortura. Había tenido que aguantar los continuos sarcasmos e indirectas de Byakuya Kuchiki a cerca de su torpeza durante horas. Hisana entendía que estuviera molesto pero no tenía por qué ser tan grosero. Le había pedido perdón, ¿no?

Hisana bebió un largo trago de zumo. Bueno, lo pasado, pasado está. Lo mejor era olvidarlo. Era sábado y hacía un día precioso. El lunes iría a la oficina y todo volvería a la agradable rutina de todos los días.

O al menos eso esperaba.


Las oficinas de la revista Soul Society se situaban en el decimotercer piso de uno de los muchos rascacielos del centro de Tokio. Hisana llegó el lunes por la mañana puntual como siempre, saludó al recepcionista y entró en la oficina. A esas horas la oficina estaba muy tranquila, con los pocos empleados que ya habían llegado aún adormilados tras un fin de semana de descanso.

Hisana fue hasta su escritorio, dejó su bolso a un lado y se puso a trabajar. Todo parecía ir normal hasta que...

-¡Hisana!

La aludida levantó la mirada para encontrarse con una joven menuda y rubia de unos dieciocho años. Era Kiyone Kotetsu, la becaria.

-¿Que sucede, Kiyone?

-El señor Ukitake quiere hablar contigo en su despacho.

Hisana parpadeó. Eso era algo raro, si Ukitake quería hablar con alguien normalmente iba a verlo él mismo en vez de mandarlo buscar.

-¿Te ha dicho por qué?

-No...- La chica hizo un leve puchero.- Sólo dijo que fueras lo antes posible.

Hisana suspiró.- Está bien...

Se puso de pie y se dirigió al despacho de su jefe. ¿Qué querría ahora?

Llamó a la puerta suavemente. Cuando oyó una voz al otro lado diciendo "adelante" la abrió y...

Para su inmenso horror, delante de Ukitake, sentado al otro lado del escritorio, estaba nada más y nada menos que Byakuya Kuchiki.

-Ah, Hisana. Pasa, pasa- la invitó Ukitake con una sonrisa.

La joven entró con paso vacilante, cerrando la puerta a su espalda. El despacho de Jushiro Ukitake no era muy grande, pero estaba decorado con buen gusto y transmitía una sensación cálida y familiar que parecía haber adquirido de su ocupante. Las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de libros, salvo donde estaba la ventana y la puerta, a un lado había dos sillones desgastados, pero cómodos, junto a una mesa baja, y completaban el mobiliario las tres sillas en torno al escritorio amplio y ordenado, el lado izquierdo del cual estaba ocupado por una enorme cesta de mimbre repleta de caramelos. Hisana se sentó en la silla libre al lado de Byakuya, quien no se molestó siquiera en dirigirle una mirada.

-Bien, ahora que estamos todos, podemos empezar- dijo Ukitake.- Pero lo primero es lo primero: ¿Queréis un caramelo?

Byakuya negó con la cabeza y Ukitake pareció algo decepcionado, pero su rostro volvió a iluminarse con una sonrisa cuando Hisana cogió un buen puñado. La chica se llevó uno de cereza a la boca y guardó el resto. Tenía la impresión de que iba a necesitar algo que le levantase el ánimo muy pronto.

-Como ya sabrás, Hisana- empezó Ukitake-, la familia Kuchiki patrocinará nuestra revista a partir de ahora. Sin embargo, Ginrei Kuchiki ha solicitado poder supervisar nuestro trabajo, así que ha elegido a Byakuya como representante de la editorial Kuchiki en nuestras oficinas.

Traducción: quieren vigilar que no despilfarremos su dinero, así que vamos a tener que aguantar a uno de ellos metiendo las narices en nuestro trabajo.

Hisana se mordió el labio. La que les esperaba.

-Por lo tanto- siguió Ukitake-, y puesto que Byakuya va a trabajar con nosotros, he pensado en mostrarle las oficinas, y me preguntaba si serías tan amable de venir tú también dado que ya os conocéis.

-Disculpe señor pero, ¿no sería más apropiado que le acompañara Kaien? Es su asistente al fin y al cabo- replicó Hisana intentando sonar educada. Lo que menos le apetecía en ese momento era tener que estar cerca de ese hombre.

-Es verdad, pero lamentablemente Kaien está ocupado con otros asuntos y ha tenido que marcharse temprano.

Hisana se mordió el labio otra vez. A saber qué excusa se había inventado Kaien para librarse de ésta. ¿Por qué sería que siempre le tocaba a ella cargar con el muerto?

-Está bien...- Asintió. Para ser sincera, era difícil decirle que no a Jushiro Ukitake. Era demasiado buena persona como para llevarle la contraria.

-¡Bien!- Exclamó el director de la revista, sin darse cuenta de la falta de entusiasmo de su subordinada. Se puso de pie y los otros dos lo imitaron.- Entonces empecemos, hay mucho que ver... Oh, Byakuya, ¿seguro que no quieres un caramelo? ¿No? Vaya... Vamos pues.

Era ya casi mediodía y la oficina estaba en plena efervescencia. Los empleados iban y venían llevando informes y los becarios corrían de un lado a otro haciendo recados. Uno de ellos, un chico bajito de pelo negro cargado con una bandeja llena de cafés que parecía tan pesada como él, tropezó cuando pasaba a su lado y a punto estuvo de tirar todo el contenido de la bandeja por encima del carísimo traje de Byakuya Kuchiki. Por suerte, de alguna manera el chaval consiguió mantener la bandeja estable y sólo algunas gotas de café salieron volando. Byakuya reaccionó rápido y se apartó a tiempo, las gotas del líquido caliente cayeron justo delante de sus zapatos.

-¡Oh, lo siento muchísimo!- Exclamó el chico. Byakuya le lanzó una mirada envenenada que lo hizo temblar de pies a cabeza y otra vez estuvo a punto de caérsele la bandeja.

-No pasa nada, Hanataro- intervino Ukitake con una de sus cálidas sonrisas.- Pero ten más cuidado la próxima vez, ¿si?

El chaval asintió con la cabeza y se alejó lo más rápido que pudo hacia un grupo de trabajadores necesitados de cafeína.

-Es un buen chico, pero algo torpe- comentó Ukitake a la vez que reanudaban su paseo.

-Parece ser algo característico de los empleados de esta oficina- comentó Byakuya mordazmente. Hisana sintió que se enrojecía. "Ya estamos otra vez", pensó.

La primera parada fue en el Departamento de Edición, que dirigía Ukitake personalmente, lo que podría explicar porqué tenía un aspecto tan normal, seguido por el Departamento de Diseño Gráfico y Fotografía, donde tuvieron que despertar a su encargado, uno de los empleados más antiguos de la revista, que roncaba sonoramente sobre su escritorio.

Fue cuando llegaron al Departamento de Administración y Finanzas cuando la realidad del día a día en Soul Society empezó a mostrarse. Un pisapapeles salió volando por la puerta, Hisana y Ukitake lo esquivaron por costumbre, Byakuya por suerte tenía buenos reflejos y el objeto volante no identificado apenas le rozó el pelo. Lo que no pudieron evitar fueron los gritos que siguieron.

-¡Ten más cuidado, cara de mona!

-¡¿A quién llamas cara de mona, chimpancé estúpido?

Quienes discutían tan acaloradamente eran Kiyone la becaria y Sentaro Kotsubaki, el encargado del departamento de Administración y Finanzas. Verlos (y sobretodo oírlos) enzarzarse en una pelea verbal por las más absurda e insignificantes razones era algo que se había convertido en un escenario típico en Soul Society. Sin embargo, el motivo de su odio mutuo era algo que permanecía desconocido para todos, incluso para ellos mismos.

-¡Señor Ukitake!- Exclamó Sentaro nada más verlos.- ¡Esta chiquilla incompetente está saboteando mi trabajo otra vez!

-¡Eso no es verdad!- Se defendió Kiyone.- ¡La culpa es de ese animal andrajoso!

-Vamos, vamos, calmaos- intervino Ukitake tratando de poner un poco de paz.- ¿Qué ha pasado?

-¡Señor, esta mocosa hace todo al revés sólo para molestarme!

-¡No es cierto! ¡Es tu culpa por no hablar claro!

-¡Eres tú la que no entiende cuando se le habla!- Replicó el encargado de Administración y Finanzas, blandiendo un montón de hojas de colores encuadernadas con distintos tipos de anillas.- ¡Te dije que a los reportes de contabilidad en rosa rojizo les pusieras anillas simples, a los de color salmón anillas dobles y que los anaranjados los graparas, y lo has hecho todo al revés!

-¡No es así! ¿Qué culpa tengo yo de que no te aclares con los colores? ¡Para empezar, eso no es rosa rojizo, es rojo rosado! ¡Y eso no es color salmón, es anaranjado, simio daltónico!

-¿Ah, si? ¿Entonces cómo llamas a éste?- Sentaro esgrimió las hojas que él había clasificado como anaranjadas.

-Es color "cerezas en la nieve".

-¡Ese color no existe, te lo acabas de inventar!

-¡Si existe!

-¡No existe!

-¡Que si!

-¡Que no!

-Chicos, chicos, vale ya de peleas- intervino Ukitake una vez más. Los dos empleados estaban tan inmersos en su discusión que ni siquiera lo oyeron. Ukitake suspiró y se volvió hacia Hisana.- ¿Te importaría seguir enseñándole las oficinas a Byakuya? Yo tengo que encargarme de esto.

-Eh... Está bien- suspiró Hisana. La verdad, quedarse a solas con Byakuya Kuchiki no le hacía la menor gracia.

Ukitake le sonrió y se apresuró a intentar separar a sus dos belicosos empleados. Se hizo un incómodo silencio y Hisana se aclaró la garganta, nerviosa.

-¿Seguimos?- Maldición, no tenía intención de sonar tan insegura.

Byakuya asintió y echó a andar. Hisana tuvo que apresurarse para poder seguirlo, murmurando un tímido "por aquí".

La siguiente parada fue el Departamento de Informática, a cargo de Marechiyo Omaeda. Hisana no tenía nada contra él, pero la verdad es que no le agradaba en absoluto. Parecía que esta vez Byakuya coincidía con ella, porque su boca se curvó en una levísima mueca de desagrado en cuanto entraron en su despacho. Aunque tal vez fuera por el ambiente sofocante y el olor a cerrado, o por las pilas de bolsas vacías de aperitivos esparcidas de cualquier manera por la habitación, o porque Omaeda estaba leyendo un manga hentai online en vez de hacer su trabajo. O simplemente, porque el gordo y perezoso encargado de Informática no le caía bien a nadie.

¡Y a su derecha pueden ver un encantador Departamento de Relaciones Laborales! Obviamente, Hisana no sonó así de entusiasta cuando abrió la siguiente puerta, pero es que empezaba a sentirse como una guía turística.

Y entonces, dos enormes, mullidos senos se aplastaron contra su cara sin previo aviso.

-¡Hi-sa-na-chaaaan!- Exclamó una voz en su oreja, mientras unos brazos la apretaban más contra el exageradamente abierto y abultado escote de su captora y un intenso olor a perfume caro y alcohol le invadía las fosas nasales.

-¡Me alegro tanto de verte, Hisana-chan! ¿Qué tal el fin de semana? ¿Cómo fue la fiesta del viernes? ¿Y cómo le va a Rukia? ¿Por qué no te vienes de copas conmigo esta noche y me lo cuentas todo?- La mujer, Rangiku Matsumoto, encargada de Relaciones Laborales, se separó de Hisana justo cuando ésta estaba a punto de desmallarse por falta de oxígeno. Antes de que pudiera responder algo coherente, su amiga fijó su atención en el atractivo hombre que la acompañaba.- ¿Y quién es el chico guapo? ¿Es tu novio?- La sonrisa de Rangiku se hizo más grande y pícara. Tenía las mejillas un poco enrojecidas, obviamente estaba más que achispada.- ¡No me digas que por fin te has estrenado!

-¡Rangiku!- Exclamó Hisana escandalizada, sintiendo que se enrojecía hasta la coronilla. Se deshizo del abrazo de su amiga e hizo las presentaciones de rigor.

-Ooohhh, nuevo jefe, ¿eh?- Comentó Rangiku, mirando a Byakuya como un gato miraría a un pez antes de echarle las zarpas encima. Puso las manos en sus anchas caderas, con lo que su escote se abrió un poco más.- Será un placer trabajar contigo- ronroneó mirándolo de arriba abajo.

Byakuya arqueó una ceja y Hisana puso los ojos en blanco. Le caía bien Rangiku, pero cuando estaba bebida se ponía insoportable.

Salían del despacho cuando Ukitake los alcanzó. Byakuya se dirigió a él de inmediato.

-Ukitake, no puedo creer que permitas a tus empleados semejante comportamiento. Consumir alcohol en horario de trabajo es inaceptable, y más a estas horas de la mañana.

-Vaya, no puedo creer que alguien de aquí haya hecho tal cosa- replicó Ukitake.- ¿Quién fue?

-Rangiku- contestó Hisana.

-¿Rangiku? ¿Aquí? ¿Borracha?- Repitió Ukitake, pareciendo muy sorprendido- Qué extraño... Normalmente, los lunes ni siquiera se molesta en venir.

Byakuya abrió mucho los ojos. Hisana reprimió una risita; era la primera vez que lo veía expresar tanto asombro y la verdad era que la cara que puso no tenía precio.

El resto del día siguió sin más incidentes, a parte del evidente desdén que mostraba Byakuya por el comportamiento excesivamente libertino de su nuevo lugar de trabajo.

Hisana volvió a su casa agotada, la arrogancia de ese hombre era algo que le atacaba los nervios. Le extrañó un poco que Rukia aún no hubiera llegado, pero estaba tan cansada que simplemente se dejó caer en su cama con un libro en la mano.

Al cabo de un par de horas oyó la puerta de la entrada abrirse y la voz inusualmente alegre de su hermanita exclamando: -¡Hola! ¿Estás en casa, nee-san?

Hisana sonrió para sí y salió a saludarla.

-Hola, Rukia, ¿qué tal las clases?

-¡Bien!- Contestó la adolescente. Definitivamente, se la veía muy contenta, y Hisana no tuvo que esperar para saber por qué.- Una chica de mi clase me invitó a dar una vuelta con sus amigas. Hablamos mucho y paseamos juntas. Fue divertido.

-Es genial que estés haciendo nuevos amigos, Rukia- dijo Hisana con una sonrisa. Se sentía realmente feliz por ella. A las dos les costaba relacionarse, Hisana era demasiado tímida y Rukia era muy introvertida, casi fría si no se la conocía bien. Había tenido una pandilla de amigos en primaria, pero había perdido contacto con casi todos: la familia de uno se había mudado a Estados Unidos, otro se había cambiado de colegio y al tercero lo habían mandado a un internado. El único que le quedaba de aquella época era Renji, era un buen chico pero Hisana se alegraba de que Rukia encontrara más amigos.

-¿Qué tal si me lo cuentas todo?- preguntó. Su hermanita asintió con entusiasmo y ambas se sentaron a la mesa, una enfrente de la otra, y Rukia no perdió un segundo en empezar su relato.

-La chica esa de clase se llama Orihime Inoue, es muy simpática y agradable aunque algo rara; tendrías que ver las cosas que se trae para almorzar. Me presentó una amiga suya, Tatsuki Arisawa, que está en el equipo de kárate del instituto. Creo que me gustaría ir a clases de kárate, Tatsuki dice que son gratuitas par los estudiantes, sólo tendría que comprarme el uniforme- añadió Rukia algo insegura.

La sonrisa de Hisana adquirió un tinte triste. Las dos sabían que su situación económica dejaba mucho que desear. Cierto era que Hisana tenía un buen trabajo, pero hacía apenas un par de años que lo había conseguido. A su familia nunca le había sobrado el dinero, su padre tenía una pequeña librería y su madre era trabajadora social, pero les daba para vivir. Cuando murieron, se quedaron casi sin nada. Tuvieron que dejar la casa en la que habían vivido como una familia e instalarse en aquel diminuto apartamento. Hisana encontró un trabajo de camarera y otro en una librería, pero ganaba muy poco y entre sus dos trabajos y la universidad apenas dormía y con frecuencia tenía que dejar a Rukia con Nanao o con la familia de Renji. Incluso pensó en...

No, no iba a recordar eso ahora, era todo parte del pasado. Ahora podía cuidar de Rukia, podía estar a su lado siempre que la necesitara. Ya no era una niña, pero tampoco era una adulta. Necesitaba a su hermana mayor, su única familia.

Hisana sonrió tiernamente. -Es una buena idea, te vendrá bien hacer algo de deporte. ¿Me cuentas más cosas sobre tus nuevos compañeros?

La cara de Rukia volvió a iluminarse, y continuó hablando sobre los más destacables especímenes de su clase. Hisana la escuchaba con atención, dejando que sus palabras borrasen todo sentimiento negativo de su mente.


-Adelante.

Byakuya Kuchiki abrió la puerta del despacho de su abuelo, lo había llamado diciendo que quería verlo en cuanto terminase su primer día en Soul Society. Su abuelo le indicó que se sentase y fue directo al grano.

-¿Y bien? ¿Qué te ha parecido tu nueva oficina?

Byakuya pensó un momento antes de contestar.

-Es... Distinta a lo que estoy acostumbrado.

-Entiendo.- ¿Era imaginación suya, o el bigote de su abuelo ocultaba una leve sonrisa?- En Soul Society siempre han tenido una manera de hacer las cosas un tanto... peculiar. Incluso en los tiempos en los que Genryusai Yamamoto la dirigía nunca sabías qué podías encontrar.

Byakuya reprimió una mueca. Ahora sí estaba seguro de que su abuelo encontraba la situación muy divertida. Podría haberle avisado de lo que le esperaba.

No importaba, aún ahora que sabía dónde se había metido, no iba a echarse atrás. Su orgullo no se lo permitiría. Además, ya iba siendo hora de que alguien pusiera orden en aquella casa de locos.

Antes de que pudieran continuar con la conversación, el teléfono del escritorio del anciano sonó con un agudo timbrazo. Ginrei descolgó y contestó. Escuchó un momento a quien quiera que estuviese al otro lado de la línea y Byakuya pudo notar que su expresión, pese a seguir pareciendo tan fría y falta de emoción como siempre, se ensombrecía gradualmente. Su abuelo le lanzó una mirada rápida que Byakuya entendió de inmediato. Se puso de pie, hizo una leve inclinación y se dirigió a la salida. Antes de cerrar la puerta tras de sí, aún alcanzó a oír algunas palabras de su abuelo, llenas de fría cólera, dirigidas a quien estaba al otro lado del teléfono:

-Creía que ya había dejado bien clara mi posición a cerca de su oferta.

La puerta se cerró, amortiguando los sonidos del despacho. Tampoco es que a Byakuya le interesara la conversación, ya tenía suficiente con sus responsabilidades como para estar al tanto de los negocios de su abuelo.

Volvió a su apartamento, se sirvió una copa de coñac y se dejó caer en un mullido sofá. Podría haber seguido viviendo el la mansión de su familia, pero le gustaba la tranquilidad y soledad que le proporcionaba tener su propio piso.

Sin darse cuenta, empezó a pensar en Hisana. No había esperado volver a verla, y no estaba seguro de si era algo bueno o malo. Se había sentido atraído por ella en la fiesta, si, pero ahora iban a trabajar juntos, por lo que cualquier posibilidad de una relación quedaba descartada. Y después de que le tirara una copa de champán encima (a propósito, estaba seguro) tal vez fuera mejor así.

Byakuya se pasó una mano por la cara. Necesitaba descansar algo; ese había sido un día muy largo, y tenía la impresión de que ese era sólo el comienzo.


N.A: Bueno, hasta aquí la historia era más bien una introducción, en el siguiente capítulo ya empezará a ponerse más interesante. He de decir que este capítulo me ha costado un poco, más que nada porque no tengo ni idea de cómo funciona una oficina, así que si me he dejado algún departamento o algo avisad, ¿vale? Aunque de todas formas, ya desde el principio tenía pensarlo hacer el lugar de trabajo de Hisana lo más excéntrico posible, así que no estoy muy segura de que importe que quede realista...

Oh, y por si a alguien le siente curiosidad por el color ese de "cerezas en la nieve", parece ser que existe de verdad (sí, va en serio). Como compensación por el retraso, contaré una anécdota. Hace un par de años mi madre me regaló un esmalte de uñas de dos colores, uno naranja claro que se aplicaba como base, para luego añadir el segundo color, un rojo brillante semitransparente. Como resultado, quedaba una especie de brillante rojo anaranjado (o naranja rojizo, como queráis llamarlo). Obviamente, lo probé enseguida, al día siguiente fui a clase y una amiga mía un poco (bastante) pija, al verme las uñas exclamó: "¡oh, ese color es cerezas en la nieve! ¡Lo vi en una revista!". No hace falta decir que me quedé con cara de WTF.

Próximo capítulo: "Puntos de presión". ¡Hasta pronto! (O eso espero).