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N.A: Uh... Me da vergüenza actualizar después de tanto tiempo... De veras que lo siento, pero este capítulo me tenía atascada. Y eso que quería publicarlo pronto porque estaba muy, muy emocionada de que esta historia consiguiera el doble de comentarios de los que tenía en el capítulo anterior. Al menos, estaba tan falta de ideas con este capítulo que pasé al siguiente, así que el capítulo 6 lo tengo casi acabado. Espero poder actualizar más pronto la próxima vez.

Gracias a Makiko-maki maki, AryaKuchiki, kusajishi-chiru, Any-chan15, Chi002, DWHJ S.M.P.A.A, KByakuya, Chappy-Kurosaki, Alice-Vampiirithap-Cullen y Kasumi por comentar. Espero que disfrutéis de este capítulo en compensación por la espera :)

Capítulo 5: De familia y viejos amigos

El resto de aquel memorable fin de semana pasó sin más sucesos dignos de mención, si no se cuenta que la cena del sábado estuvo amenizada por los ronquidos de Stark, que se había quedado dormido sobre su plato, y a Lylinette no se le ocurrió mejor idea que, en vez de despertarlo como siempre hacía, se puso a dibujar con rotuladores de colores en su cara, ante las miradas mitad escandalizadas mitad divertidas del resto de personas en el restaurante. A parte de eso, todo fue normal.

Las semanas siguientes pasaron en una agradable rutina. Las vacaciones de invierno llegaron y quedaron atrás, dejando un regusto amargo en las hermanas Shirayuki. En esa época la falta de familia se hacía dolorosa; aunque en Soul Society se celebraba cada año una fiesta de Navidad que compensaba en parte su soledad, no era lo mismo que cuando sus padres vivían.

Pero toda melancolía que pudieran traer esos días quedó pronto olvidada con la llegada de otra importante fecha, apenas unas semanas después.

-¡Nee-san, despierta!

Hisana parpadeó aún adormilada para encontrarse con el excitado rostro de su hermana a apenas unos centímetros del suyo. Rukia le sacudió un poco los hombros.

-¡Vamos, despierta! ¿Sabes qué día es hoy?

Su cerebro aún iba un poco lento y estuvo a punto de contestar no, pero entonces lo recordó. Hisana sonrió.

-Claro. Feliz cumpleaños, Rukia.

Rukia le devolvió la sonrisa, con los ojos brillantes de entusiasmo, y se puso a revolver su ropa en busca del atuendo perfecto para pasar su decimosexto cumpleaños. En teoría tendría que ponerse el uniforme de la escuela, pero aquel era un día especial. Rukia sabía que no tenían mucho, así que lo que pedía cada año por su cumpleaños era que pasaran el día juntas. Y como por aquella época no tenía exámenes y siempre había sido una buena estudiante, si su cumpleaños no coincidía con un fin de semana Rukia se ponía convenientemente enferma y, respaldada por su hermana mayor y tutora legal, se saltaba ese día de clase.

Así que esa mañana fría de enero Rukia la acompañó al trabajo. Ya había ido varias veces, sobretodo cuando Hisana había empezado a trabajar allí (en aquella época, Rukia era ya lo suficientemente mayor para insistir en que no necesitaba niñera, pero no lo bastante como para que Hisana se sintiera segura dejándola sola), y había pasado a ser algo así como la mascota de la oficina. Ukitake la trataba como si fuera su hija, y Kaien, como si fuera su sobrina favorita. Así que ir de visita a Soul Society se había convertido para Rukia en el mejor regalo que pudiera desear.

Y no hace falta decir que los empleados de Soul Society estaban más que encantados de tener una excusa para estar de juerga.

-¡Rukia-chan!- Gritó Rangiku, saltando sobre la pobre chica nada más verla para apresarla en uno de sus asfixiantes abrazos. Parecía que esa era la única razón por la que se había dejado ver por la oficina antes de las diez y (relativamente) sobria.- ¡Feliz cumpleaños, Rukia-chan! ¿Cuántos cumples? ¿Dieciséis? ¡Ya eres toda una mujer! Dentro de poco empezarás a salir con chicos, y a ir a fiestas, y a beber alcohol, y...

-¡No me gusta el alcohol!- Protestó Rukia, intentando quitársela de encima. Nunca había sido ni tan paciente ni tan tímida como su hermana.- Las fiestas son demasiado ruidosas, y todos los chicos que conozco son idiotas.

-Oh, ya cambiarás de opinión. Ven, tengo un regalo para ti- la cogió de la muñeca y la arrastró hacia su despacho. Hisana, insegura de que fuera una buena idea dejar a su hermana sola con Rangiku (tanto por la personalidad de la adolescente como por la de la supuesta adulta) las siguió.

Ya en el despacho de la encargada de Relaciones Laborales, Rangiku empezó a rebuscar entre montañas de papeleo, apartando de cualquier modo carpetas, botellas de sake, prendas de ropa y todo tipo imaginable de artículos femeninos, haciendo volar todo por encima del hombro para que fueran a parar a alguna de las varias pilas de objetos que llenaban aquella caótica habitación. Rukia y Hisana se quedaron mirando a una prudente distancia, esquivando algún que otro objeto de vez en cuando, hasta que Rangiku se alzó triunfante con dos paquetes envueltos en papel de regalo a rayas rosas y violetas y un entusiasta "¡Lo encontré!"

Rangiku le tendió los paquetes a Rukia, que los cogió con cierto recelo (bien justificado, todo hay que decirlo). Abrió el primero, que resultó ser un set de maquillaje, y se lo quedó mirando en blanco.

-¿No crees que es super ideal?- Exclamó Rangiku con los ojos brillantes.- Te enseñaré a maquillarte. Estarás monísima con un toque de sombra de ojos azul o violeta, algo de pintalabios color cereza y tal vez...

-Pero si no me gusta maquillarme...

-Tonterías, a todas las chicas les gusta.- Ambas hermanas intercambiaron una mirada de entendimiento. En momentos como ese se sentían como bichos raros.- Pero bueno, ¿por qué no abres el otro?

Rukia retiró el papel del otro paquete. Dentro, había un pequeño pedazo de tela.

-¿Es un pañuelo?- Se preguntó en voz alta.

-¡Qué va!- Contestó Rangiku.- Es un top. ¿No es adorable?

Hisana se puso roja, y Rukia parecía estar a punto de hacerle tragar la minúscula prenda a Rangiku, cuando la puerta del despacho se abrió de improviso.

-Oh, así que ya llegó la cumpleañera, ¿eh?

Era Kaien, que al parecer acababa de llegar porque aún no se había quitado el abrigo, pero antes de que pudieran saludarlo Rangiku le golpeó en la cabeza con un archivador. Kaien soltó una maldición.

-¡¿A qué ha venido eso? !

-No se entra en el cuarto de una dama sin llamar a la puerta- lo regañó Rangiku.

-Primero, esto es un despacho, no tu cuarto. Y segundo, tú no eres una dama.

Rangiku volvió a golpearlo.

Cuando la ira de la mujer finalmente se redujo un poco y decidió tener la suficiente misericordia como para dejarlo ir sin más daño, Kaien salió del despacho refunfuñando, seguido de Hisana y Rukia (a la que Rangiku tuvo que recordar que se llevara sus regalos porque casi se los "olvida"). Cuando estuvieron a una distancia prudente del Departamento de Relaciones Laborales, Kaien se volvió hacia Rukia y le revolvió el cabello con una de sus grandes manos.

-Bueno, ¿cuantos cumplías?

-Dieciséis- respondió ella, quitándose su mano de encima con aire irritado y peinándose con los dedos.

-¿Oh, de verdad? Que vieja eres ya- volvió a revolverle el pelo y Rukia volvió a apartar su mano, molesta. Kaien rió suavemente y añadió:- Por cierto, te traje esto de parte de Miyako.- Sacó un paquete de su cartera envuelto en papel azul cielo, Rukia casi se lo arrancó de las manos y lo abrió con mucho más entusiasmo que los regalos de Rangiku. Era un cuaderno de dibujo nuevecito y una caja de lápices de colores.

-¡Gracias!- Le sonrió Rukia.

-Me alegro de que te guste- Kaien le devolvió la sonrisa y, para el inmenso desagrado de la adolescente, volvió a revolverle el cabello.

Rukia le apartó la mano con un golpe de su nuevo cuaderno, y Hisana observó divertida cómo los dos empezaban una amistosa pelea. Estaba feliz de poder ver a su hermana sonreír.


Byakuya entró en la oficina un par de horas más tarde de lo habitual. Había tenido que asistir a una reunión con su abuelo a primera hora y lo que más deseaba era descansar un rato, pero tenía trabajo que hacer. Y como si la reunión no hubiera sido lo suficientemente agotadora, al salir de la sala se encontró con que lo esperaba nada más y nada menos que Yoruichi Shihoin. No aguantaba a esa mujer. Pero su madre y ella habían sido muy amigas desde pequeñas y Yoruichi se había convertido en algo así como su tía; sobretodo después de que sus padres murieran se había empeñado en ser su "figura materna", si bien a su peculiar manera.

Así, apenas había salido de la sala de reuniones cuando una figura oscura se abalanzó sobre su espalda, y un par de enormes senos se apretaron contra su nuca. Byakuya se la quitó de encima lo mejor que pudo antes de reconocerla.

-¡Tú!

-¿Es esa forma de saludar a una vieja amiga, pequeño Byakuya?- Rió Yoruichi cruzando los brazos sobre el pecho. Vestía un traje oscuro y camisa de un brillante naranja, elegante y provocativa a la vez como siempre. Pese a su edad, se mantenía en perfecta forma, su piel oscura conservaba una tersura natural y su cabello violáceo no mostraba la menor cana. Nadie que no la conociera hubiera imaginado que tenía más de 30 años.

-Yoruichi Shihoin; ¿qué estás haciendo aquí?- Preguntó Byakuya en el tono más frío que pudo, el que usaba para dejar a sus subordinados temblando de miedo, pero esta vez sólo hizo que la mujer sonriera aún más.

-¿Cómo? ¿No puedo visitar a mi sobrino favorito de vez en cuando? ¿O es que te preocupa que una chica como yo te robe la corbata? Como cuando eras pequeño y te cogía tu cinta para el pelo y te enfadabas tanto, ¿te acuerdas? Te ponías taaan mono...

Byakuya le lanzó su mejor mirada asesina, pero no tuvo ningún efecto en aquel demonio de mujer, que simplemente lanzó una carcajada. Intentó tragarse su irritación e ignorarla, pero cuando se dio la vuelta para irse Yoruichi simplemente lo siguió a paso ligero.

-¿No tienes una empresa que dirigir?- Preguntó bruscamente, sin molestarse en ocultar su enfado.

Yoruichi se encogió de hombros.

-Puede. Pero no es tan divertido como molestarte- Byakuya cerró los ojos, tratando de imaginar que aquella molesta mujer no existía. Era evidente que su paciencia estaba llegando a su límite, pero Yoruichi sólo sonrió más y se colgó de su brazo.

-Ooohhh, no me digas que te he enfadado- dijo, haciendo un falso puchero. Byakuya se la sacudió de encima, dejando a un lado sus maneras de caballero.

-No tengo tiempo para tus juegos, Yoruichi Shihoin.

Yoruichi chasqueó la lengua.

-Aguafiestas- murmuró. Se encogió de hombros y añadió:- Está bien, iré al grano. ¿Sabes dónde se ha metido Ginrei? Me llamó diciendo que quería hablar conmigo después de la reunión, pero no lo he visto.

Byakuya frunció un poco el entrecejo. Su abuelo había estado aún más ocupado de lo normal los últimos meses. Insistía en que no era nada fuera de lo normal, pero Byakuya podía ver que había algo que le preocupaba.

Sin embargo, antes de que pudiera interrogarla sobre lo que sabía, la secretaria de Yoruichi, una joven menuda de origen chino un par de años mayor que él, se les acercó apresuradamente.

-¡Señora Shihoin! El señor Kuchiki pregunta si podría ir a verlo a su despacho.

Yoruichi rodó los ojos.

-¿Ya estamos con los formalismos, Soi-Fong? ¿Cuántas veces te tengo dicho que me llames Yoruichi?

La secretaria se sonrojó y murmuró algo ininteligible. Yoruichi se encogió de hombros y se volvió hacia Byakuya.

-Bueno, me alegro de haberte visto después de tanto tiempo- se giró y agitó una mano mientras se alejaba, seguida de Soi-Fong.- ¡Hasta pronto, pequeño Byakuya!

Byakuya evitó las ganas de contestarle que si por él fuera, no volvería a verla en su vida, y salió del edificio lo más rápido que pudo, no fuera que se encontrara con más personas molestas.

Ahora, ya en Soul Society, estaba empezando a pensar que por una vez no se vería envuelto en las excentricidades de sus compañeros de trabajo cuando se dio cuenta de que todos y cada uno de ellos estaban comiendo tarta. Eso era raro. Bueno, más que de costumbre. Fuera lo que fuera, Byakuya esperaba escabullirse en su oficina antes de que alguien notara su presencia, pero no tuvo tal suerte. Apenas dio dos pasos cuando Kiyone Kotetsu se plantó delante de él.

-¡Ah, ya está aquí, señor Kuchiki! Tenga, le hemos guardado su parte de tarta- le puso un plato de cartón con una buena porción en las manos y añadió:- La hicimos yo y mi hermana para Rukia-chan. Es su favorita.

Byakuya abrió la boca para preguntar a qué venía eso, pero Kiyone desapareció tan rápido como había aparecido, dejándolo plantado mirando al pedazo de pastel como si fuera un alienígena de aspecto repugnante.

Decidió abandonar el plato (con su contenido aún intacto) en la primera mesa que encontró y encerrarse en su oficina, pero otra vez algo llamó su atención. Esta vez, se trataba de un grupo charlando animadamente en torno al escritorio de Hisana. Eso era aún más raro, Hisana era una de las pocas personas cuerdas en la oficina y no solía pasar el rato charlando con los demás. Byakuya se acercó. Nada más verlo, los empleados se dispersaron en todas direcciones, excepto la joven de pelo negro sentada frente al escritorio.

-Hisana, ¿qué...?- Byakuya se detuvo en seco. La chica acababa de girarse hacia él. No era Hisana. Se parecía muchísimo a ella, pero Byakuya pudo notar ciertas diferencias. Esa chica se veía mucho más joven, su cabello era algo más corto que el de Hisana y su rostro mostraba una expresión más severa, casi arrogante.

La chica lo miró de arriba abajo y torció ligeramente los labios en desagrado. Byakuya frunció el ceño. ¿Quién se creía que era esa niñata para mirarlo así?

-Si está buscando a nee-san, debe estar a punto de volver- dijo la chica. Su voz era más grave que la de Hisana, y carecía de su dulzura. Byakuya abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla. "¿Nee-san?" Se preguntó. Entonces recordó que Hisana le había dicho que tenía una hermana pequeña. Iba a preguntarle qué estaba haciendo allí cuando Hisana apareció.

-Oh, hola Byakuya. ¿Ya conoces a Rukia? Es mi hermana. Rukia, este es Byakuya Kuchiki. ¿Te acuerdas que te hablé de él?

-Si, claro- Asintió Rukia, mirándolo de reojo. Byakuya le devolvió una mirada impasible.

Hisana no pareció notar su mutuo desagrado y le preguntó si la estaba buscando. Byakuya se dio cuenta entonces de que no tenía una escusa para hablar con ella, así que improvisó diciendo que había un par de cosas que quería consultar con ella sobre un artículo que había escrito. Hisana aceptó su explicación, pero su hermana lo miró con suspicacia, hasta que Hisana le sugirió visitar a Ukitake para que no se aburriera mientras ellos hablaban. Rukia se alejó, echándole una última mirada de desagrado por encima del hombro que Byakuya devolvió con altivez. Hisana sin embargo no se dio cuenta y revolvió algunos papeles mientras parloteaba animadamente.

-Es una pena que no vinieras a la fiesta de Navidad- estaba diciendo en ese momento.- Rukia ayudó a decorar la oficina y quedó preciosa. Miyako trajo galletas caseras y estuvimos cantando villancicos las tres y también Rangiku antes de que estuviera demasiado borracha...

Byakuya intentó hacerla concentrarse en el trabajo, pero Hisana parecía incapaz de hablar de nada que no fuera su hermana, lo que le resultaba enormemente irritante. Al final, no pudo contenerse y le dijo que todo eso no le interesaba, lo que lamentó de inmediato porque Hisana perdió la sonrisa y bajó los ojos, avergonzada.

-Lo siento- murmuró.- No quería molestarte con mis tonterías...

Byakuya no sabía qué decir. No había sido su intención ser tan brusco con ella, pero verla hablar de una forma tan entusiasta sobre otra persona, o saber que no dedicaba toda su atención a él lo molestaba de una forma que nunca antes había sentido.

En un impulso, la cogió suavemente del brazo. Hisana se sobresaltó un poco, pero no se apartó.

-Lo siento- Dijo Byakuya. Esas dos palabras parecieron atragantársele en la garganta, pero aún así continuó:- No quería hablarte así...

No sabía qué más decir, así que se quedó mirándola a los ojos, intentando transmitirle lo mal que se sentía por haber sido tan brusco con ella. Hisana no apartó la mirada, y Byakuya sintió que el mundo a su alrededor se desvanecía, perdido como estaba en esos hermosos ojos...

-¡Nee-san!

Rukia apareció de golpe y se lanzó sobre su hermana, rompiendo el hechizo entre ambos y haciendo que Byakuya se separara de ella.- ¡Mira lo que me ha regalado el señor Ukitake!

Enarboló un peluche de Chappy el conejo casi tan grande como ella misma delante de su hermana. Hisana le sonrió y acarició el esponjoso hocico del conejo.

-¡Oh, que mono! ¿Le has dado las gracias?

-¡Claro que si!- Respondió Rukia. Fue a añadir algo, pero Byakuya intervino.

-¿Nos disculpas un momento? Estamos trabajando.

-¡Oh! Disculpe, señor Kuchiki, no lo había visto- dijo Rukia en su mejor voz de niña buena e inocente. Byakuya entrecerró los ojos. No se le había escapado el ligerísimo tono malicioso en sus palabras. Rukia se volvió de nuevo hacia su hermana.- Oye, nee-san, Rangiku dijo que iba a bajar a la cafetería de la esquina a tomar algo, ¿podemos ir con ella?

-Claro que si, es hora de un pequeño descanso- Hisana se levantó y cogió su bolso y su abrigo antes de volverse hacia Byakuya.- No te importa que dejemos esto para más tarde, ¿verdad?

Se la veía aún algo nerviosa sobre lo que acababa de pasar, así que Byakuya asintió a regañadientes, y Hisana se alejó apresuradamente con su hermanita antes de que Byakuya tuviera tiempo de decir nada más. Antes de que desaparecieran de su vista, sin embargo, Rukia le lanzó una mirada burlona por encima del hombro.

Byakuya apretó los puños. La pequeña zorra lo había hecho a propósito. Quería apartarlo de Hisana. Desde luego, no era como si se sintiera celoso de la atención que Hisana le daba a su hermana... Pero la chica era ya lo suficiente mayor como para no estar pegada siempre a sus faldas. ¿Es que no entendía que Hisana necesitaba relacionarse fuera del trabajo y la familia? Ya estaba en edad de buscar a un hombre responsable con el que compartir su vida. Alguien como él, por ejemplo. Pero no él, desde luego. Trabajaban juntos, no sería apropiado.

Byakuya se encerró en su despacho, cerrando la puerta de un portazo, y se dejó caer en su silla, aflojándose la corbata y maldiciendo para sí a quien fuera que inventara las fiestas de cumpleaños. De verdad esperaba que no volvieran a molestarlo con alguna otra celebración.


Sin embargo, antes de que acabara el mes se presentó otra oportunidad para estar de fiesta. Uno de los miembros más antiguos de la oficina, que había estado trabajando allí incluso antes de que el viejo Yamamoto se retirara, iba a jubilarse. Y desde luego, no podía faltar su debida fiesta de despedida.

-Por cierto...- Dijo Rangiku colgándose del brazo de Hisana, que hizo una mueca al notar el olor a alcohol en su aliento.- ¿Quién se jubilaba?

-Oh, Rangiku...- Hisana agitó la cabeza y suspiró. Esa mujer no tenía remedio.- Chojiro Sasakibe, de Departamento de Edición.

Rangiku la miró desconcertada.

-¿Quién?

-Chojiro Sasakibe- repitió Hisana. Como Rangiku seguía mirándola raro, añadió:- Pelo blanco, bigote fino, ojos ambarinos, ¿te suena?

-¡Ah, si, claro que sí!

-¿Ya lo recuerdas?

-Para nada.

Hisana aguantó las ganas de darse de cabezazos contra una pared. Vale que era un hombre muy discreto y pasaba fácilmente desapercibido, ¿pero cómo podía Rangiku ser incapaz de recordarlo si llevaba trabajando allí desde antes de que ella naciera?

Hisana suspiró. Poco importaba ya, Chojiro se jubilaba y Ukitake les había dicho que ese mismo día iba a presentarles a su sustituto. Por lo que Hisana había oído, era un joven de talento que había recibido incluso la aprobación de Byakuya Kuchiki, así que no estaba muy segura de qué esperar.

Rangiku se había descolgado de su brazo para ir a buscar más alcohol y Hisana vagaba sin rumbo por entre los grupos de gente charlando animadamente, cuando Ukitake la llamó. Estaba de pie junto a Byakuya y otro hombre de su edad de pelo negro que vestía vaqueros y una camiseta que dejaba sus brazos al descubierto. Ukitake se lo presentó como el nuevo encargado del Departamento de Edición, pero Hisana no fue capaz de prestarle atención. Ya conocía a ese hombre. Se lo veía más maduro y llevaba un 69 tatuado en la mejilla izquierda, pero no había duda de quien era.

-¿Shuhei?

-¡Hisana!- El joven sonrió.- ¡Cuánto tiempo!

Hisana no podía creer lo que veía. Allí, delante de ella, estaba uno de sus dos únicos amigos del instituto. Shuhei Hisagi. Llevaba años sin verlo, y decir que había cambiado mucho sería quedarse corto. ¿Qué había sido del chico menudo y delgaducho del que todos se reían en el instituto? Había dado un buen estirón, y aunque conservaba la constitución esbelta de sus años de adolescente, era evidente que había pasado bastante tiempo en el gimnasio.

Hisana, Nanao y Shuhei habían formado el grupo de inadaptados de su curso en el instituto. Hisana era demasiado tímida como para relacionarse con facilidad, Nanao era la "cerebrito" al que todo mundo tachaba de empollona, y Shuhei, con su aspecto frágil, era una presa fácil para los abusones. Los tres se llevaban muy bien, pero después del instituto Shuhei había ido a estudiar a Estados Unidos y tanto Hisana como Nanao perdieron contacto con él.

-Oh, ¿ya os conocéis?- Preguntó Ukitake. Ambos jóvenes asintieron y empezaron una animada conversación sobre sus días de adolescentes, para luego cambiar de tema a lo que habían estado haciendo durante los últimos años. Ukitake escuchaba con atención, pero al poco tiempo Byakuya se dio la vuelta y se alejó sin decir palabra. Ukitake lo llamó pero fue ignorado, y los tres lo miraron alejarse perplejos.

-¿Qué le ha dado de repente?- Se preguntó Ukitake. Hisana se encogió de hombros. Nunca entendía el comportamiento de ese hombre.

Sin embargo, Byakuya fue rápidamente olvidado con la llegada de Rangiku, bastante más achispada que cuando la había dejado. Le presentaron a Shuhei y Rangiku le sonrió, moviendo los brazos de tal forma que su blusa se abrió más de lo que ya estaba, haciendo que el joven dirigiera la mirada a un punto bastante por debajo de sus ojos y se sonrojara violentamente, lo que tanto Hisana como Ukitake encontraron muy divertido.

Y así continuaron con su conversación, y Hisana estaba tan entretenida que no se dio cuenta de que, desde el otro lado de la sala, Byakuya no les quitaba la vista de encima, los puños apretados con tanta fuerza que tenía los nudillos blancos.


N.A: No me gusta cómo me quedó este capítulo, pero llevo meses queriendo publicarlo y ya me tenía harta, así que lo acabé un poco de cualquier manera. Quizás algún día le cambie un par de cosas, pero de momento se queda así.

Próximo capítulo: Encerrados

Spoilers: Yay, Nel ha vuelto! :D Lo malo es que por lo que dijeron, parece ser que Stark sí que se murió :( ¿Por qué esas dos p***s que maltrataban a Orihime siguen vivas y Stark no? La vida no es justa incluso en la ficción.

¿Y a nadie le parece irónico que la primera vez que Sasakibe recibe algo de atención sea cuando se muere? Ahora en serio, pobre hombre. Este capítulo lo planeé antes de que muriera, no me esperaba que le pasara algo así. Un minuto de silencio por Chojiro Sasakibe, teniente de la primera división y primer personaje del bando de los shinigami en morir tras diez años de serialización y más de 400 capítulos. Requiescat in pace.