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N.A: Siento el retraso, este capítulo me ha costado muchísimo. Hay una nueva encuesta en mi perfil, estáis invitados a votar cuando queráis. En este capítulo hay una pequeña referencia a uno de los episodios del relleno de los Bound (no recuerdo cual era exactamente). Gracias a Yui-nyann, fortuneladystar, KByakuya, tashigi99, Makiko-maki maki y Claudy Summer por comentar. Espero que os guste :)

Capítulo 7: Luces y silencio.

Rukia sabía que algo no estaba bien con su hermana. Desde hacía un par de días, la notaba ausente y cuando mencionaba cualquier cosa relacionada con su trabajo, primero palidecía y después se ponía roja como un tomate.

Pensándolo bien, estaba así de rara desde aquel día en el que se había quedado encerrada en el ascensor cuando salía de trabajar. ¿Igual le había quedado un trauma o algo así?

Fuera lo que fuera, le estaba afectando mucho. Ya al día siguiente del apagón había empezado a notarlo. Estaban cenando juntas y Rukia empezó a hablar de la anécdota del día en el instituto. Ichigo y Renji habían vuelto a pelearse en plena clase y la profesora los había echado al pasillo.

-Ya es la tercera vez en dos semanas- añadió Rukia.- Esos dos están todo el día igual. Van a acabar expulsados si siguen así.

-Sí…

-Y luego se pusieron a discutir de nuevo en el pasillo. O eso dicen ellos, porque cuando salimos a ver a que venía tanto alboroto estaban tirados en el suelo uno encima del otro, y ya ves a Chizuro Honso toda entusiasmada sobre lo bonito que es el amor. ¿Te acuerdas que te hablé de ella? La chica lesbiana que acosa a Orihime. Está loca. Pero claro, Renji e Ichigo se dieron cuenta de la posición en la que estaban y se separaron, diciendo que no era eso y rojos como tomates. Fue muy divertido.

-Hmm…

-¿Te he contado que a Orihime le gusta Ichigo? No entiendo qué ve en él. Siempre va con esas pintas de delincuente, se mete en peleas y es un idiota. Y no le gustan mis dibujos- añadió, como si eso fuera lo más ultrajante sobre su problemático compañero de clase.

-Ya…

Rukia la miró de reojo. Hisana llevaba un buen rato respondiendo con monosílabos y de forma distraída. Empezaba a sospechar que no la estaba escuchando. Tal vez debería probar a ver si prestaba atención a lo que decía…

-Son tal para cual, Renji e Ichigo, un par de críos. Espero que maduren pronto, porque estoy embarazada y no sé cuál de los dos es el padre.

-Ajá…

Rukia torció los labios. No, no le estaba haciendo caso. Inspiró hondo y…

-¡NEE-SAN!

Hisana se sobresaltó tanto que soltó los palillos y casi se cae al suelo.

-¿Eh? ¿Qué pasa?

-¡No me estás escuchando!

-¿Qué? ¡Sí que te estoy escuchando! Es sólo que… Uh…- Hisana suspiró, derrotada.- Lo siento, Rukia. Tienes razón, me distraje y no te prestaba atención. ¿Qué estabas diciendo?

-Nada importante, da igual.- Rukia puso su sonrisa más angelical. Era mejor que no hubiera oído lo que acababa de decir, le daría un ataque. Y cuando se enterara de que era una broma la dejaría sin salir hasta que fuera mayor de edad. Mejor cambiar de tema.- ¿Estás bien? No es normal que te distraigas así.

-Oh, no es nada, nada- Se había puesto roja y parecía nerviosa. Rukia frunció el entrecejo. A su hermana se le daba fatal mentir.

-¿Seguro?

-Sí, estoy bien. De verdad, estoy bien.- Hisana trató de parecer más segura esta vez, y aunque Rukia aún no estaba muy convencida, no insistió más. De eso hacía ya unos días y Hisana seguía actuando raro.

Lo que Rukia no sabía era que aquel día había pasado algo más chocante que quedarse encerrada en un ascensor. Hisana no quería pensar en ello y sin embargo, no podía quitárselo de la cabeza. Aún podía sentir el calor de su cuerpo, la suavidad de sus manos, la presión de sus labios sobre los suyos...

No, no iba a pensar en eso. Ya era difícil ir a trabajar cada día sabiendo que él iba a estar allí, y aún más tratar de evitarlo. Por no hablar de que no podía evitar ponerse roja cada vez que la miraba, lo que era siempre. Sí, podía sentir sus ojos (aquellos profundos, misteriosos ojos grises que la embelesaban) clavados en ella siempre que andaba cerca. Y era consciente de que más de una vez intentó mencionar lo que pasó aquella noche, pero siempre había alguien cerca (Hisana trataba de no quedarse nunca sola a propósito), y ninguno de los dos quería que corriera la voz sobre aquel... incidente.

Y así había pasado casi una semana y Hisana seguía sin dándole vueltas al asunto. Necesitaba pensar en otra cosa. Buscó el libro sobre el que tenía que escribir un artículo en la revista y comenzó a leerlo, pero al cabo de un rato lo tiró en el sofá y lanzó un suspiro de desesperación. Rukia, que estaba haciendo los deberes, la oyó y la miró con curiosidad.

-¿Tan malo es ese libro, nee-san?

-No, no es que sea malo, pero se me está haciendo difícil de leer. Es tan deprimente...

-¿De qué va?

-Es un libro de poemas, pero todos tratan de lo mismo: muerte, oscuridad, vacío existencial… Quien lo escribió debe de tener un grave problema de depresión. Es de un joven autor que ha empezado a publicar en la editorial Hueco Mundo hace poco, y ya está teniendo mucho éxito- y tenía un nombre rarísimo además, se dijo Hisana. Rukia, aburrida de hacer deberes, se acercó y recogió el libro del sofá.

-Cantos del murciélago a medianoche, por Ulquiorra Schifer- Leyó el título y el autor en voz alta.- Lo conozco, a Orihime le encantan sus libros.

-¿En serio?- Hisana estaba sorprendida. Resultaba difícil de creer que a esa chica tan alegre le gustara algo tan deprimente. Ella sólo había leído cuatro o cinco poemas y ya quería tirarse por la ventana. Desde luego, si la intención del autor era inducir a sus lectores al suicidio, lo estaba consiguiendo.

Antes de que Rukia añadiera algo más, el tono del móvil de Hisana se oyó desde algún punto del pequeño apartamento. Siguieron unos segundos de nerviosismo mientras lo buscaban, hasta que Rukia encontró el cacharro debajo de un paquete de galletas y se lo pasó a su hermana.

-¡Hola, Hisana!- Oyó la voz de Ukitake nada más descolgar.

-¿Señor Ukitake? ¿Sucede algo?- Hisana no pudo evitar sentirse un poco preocupada. Si Ukitake llamaba fuera del horario de oficina era siempre por algo importante.

-Nada grave, no te preocupes. Es sólo que Byakuya acaba de llamarme diciendo que le faltan unos papeles que debe firmar y entregar mañana a primera hora, y me preguntaba si no los tendrías tú por error.

-No lo sé…- Hisana titubeó, no creía que ella tuviera esos papeles, pero revisó la carpeta donde guardaba sus papeles del trabajo, mientras al otro lado de la línea Ukitake se excusaba por llamarla a esas horas. De pronto, soltó una exclamación de sorpresa.

-¿Hisana?

-Creo que los he encontrado- Hisana leyó algunas líneas del extraño montón de papeles que acababa de encontrar. Ukitake suspiró aliviado.

-Sí, es eso. ¿Podrías llevárselo a Byakuya, por favor?

-¿Está en la oficina?

-No, ya se ha ido a su casa. Te daré la dirección.

Hisana buscó algo para anotarla mientras trataba de protestar tímidamente. ¿De verdad tenía que ir a su casa? ¿No podía dárselos mañana? Pero Ukitake insistió y no le quedó más remedio que aceptar. Cuando colgó, tenía la boca seca y una mala sensación en el estómago.

-Rukia, voy a tener que salir un momento. Volveré lo antes posible.

-Vale, hasta luego- contestó su hermana tranquilamente. Había pasado de los deberes y ojeaba con atención el libro de poemas que Hisana había estado leyendo.

Hisana se puso los zapatos, el abrigo y cogió su bolso y la carpeta en la que había guardado los papeles para Byakuya. Tener que encontrarse con él en su casa era lo último que deseaba después de lo que había pasado apenas una semana antes, pero parecía que no iba a poder evitarlo más.


Empezaba a anochecer cuando Hisana se bajó del autobús en una de las zonas residenciales más caras de la ciudad. Sólo estar de pie en la acera la hacía sentirse fuera de lugar. Acabaría el encargo y se volvería a casa lo más rápido posible. Sí, y si además podía evitar encontrarse cara a cara con Byakuya, mejor. Empezó a andar, siguiendo las indicaciones que le había dado Ukitake, y pronto llegó a un elegante edificio de apartamentos con un ampuloso portal de mármol y una pesada puerta de hierro forjado y cristal. Buscó el telefonillo pero sólo había un botón gris en un lateral, así que lo presionó. Oyó un timbrazo amortiguado al otro lado y a los pocos segundos un hombre con uniforme de recepcionista abrió la puerta, la miró de arriba abajo y dijo:

-No se acepta publicidad.

Y le cerró la puerta en las narices.

Hisana se quedó mirando la entrada con la boca abierta. Cuando por fin reaccionó, sintió una oleada de indignación. ¡Ni siquiera le había preguntado qué hacía allí! ¿Por qué daba por hecho que estaba repartiendo publicidad? ¡Qué persona tan maleducada!

Hisana volvió a llamar al timbre. Cuando el hombre volvió a abrir la puerta, le dirigió una mirada desagradable.

-Le he dicho que no…

-No reparto publicidad- Le interrumpió Hisana.- Vengo a ver a uno de los inquilinos.

-¿Ah sí?- El hombre enarcó una ceja y volvió a mirarla de arriba abajo. Hisana enrojeció.- Lo siento, pero no puedo dejar entrar a personas ajenas al edificio sin permiso. Buenas tardes.

-¡Espere!- Gritó Hisana, y el portero, a punto de cerrar la puerta, se detuvo.- Si no puedo pasar, ¿podría entregarle usted estos papeles al señor Byakuya Kuchiki? Es algo relativo a su trabajo, y es importante.

Vale que el portero estaba siendo muy desagradable, pero si le evitaba tener que encontrarse con Byakuya, no le importaba. Podría hacer el recado sin verlo y si le preguntaban, no era culpa suya.

Sin embargo, el portero se puso de pronto muy blanco y la miró como si acabara de darse cuenta de que estaba allí.

-¿Podría decirme su nombre?- Preguntó con voz algo más débil.

-Hisana Shirayuki. Trabajo con el señor Kuchiki en la revista Soul Society- respondió ella, un poco confusa. ¿Y ahora qué le pasaba?

El portero se puso aún más blanco y toda la arrogancia que había mostrado hasta hace un momento pareció evaporarse. Para sorpresa de Hisana, se inclinó profundamente.

-Mis más sinceras disculpas, señorita Shirayuki. El señor Kuchiki avisó de que iba a venir. Si es tan amable de seguirme, por favor.

Y abrió más la puerta para permitirle pasar. Hisana se lo quedó mirando, como si no fuera suficiente sorpresa su cambio de actitud, parecía que su perfecto plan acababa de derrumbarse. Se aclaró la garganta y trató de escabullirse.

-No querría ser una molestia, sólo vengo a entregarle unos papeles, usted podría dárselos...

-El señor Kuchiki dijo claramente que la condujera hasta su piso.- La cortó el portero. De no haber estado tan preocupada con sus propios problemas, Hisana habría encontrado divertida la expresión casi desesperada que tenía en ese momento.- Por favor, acompáñeme.

Hisana suspiró y se dejó guiar al interior del edificio. El vestíbulo era amplio, con suelos impolutos de mármol y algunas plantas de interior a los lados. El portero presionó el botón de uno de los ascensores, que abrió las puertas de inmediato, y le indicó amablemente el piso y la puerta antes que las del ascensor se cerraran.

Para estar situado en la última planta, el trayecto se le hizo muy corto. Tal vez podría dejar los documentos en el suelo, llamar al timbre y salir corriendo antes de que abriese la puerta. Sí, eso haría. Y de paso, trataría de ignorar la vocecita interna que le decía que se estaba comportando como una cría.

En realidad, tampoco le costó mucho. Porque justo estaba a dos pasos de la puerta cuando ésta se abrió de repente y se encontró cara a cara precisamente con Byakuya Kuchiki.

Obviamente, su primera reacción fue sobresaltarse. No se esperaba para nada que se adelantara de esa forma a su plan. Y claro, la descolocó tanto que lo único que pudo hacer fue quedarse allí plantada y tartamudear:

-Ho… Hola…

Byakuya arqueó una ceja y le dedicó una leve inclinación de cabeza.

-Buenas tardes, Hisana.

Oír su nombre la sacó de su parálisis. La carpeta casi se le cae de las manos, pero la cogió a tiempo y se la tendió.

-Ten. Son los papeles que olvidaste.

Byakuya no hizo ademán de cogerlos. De hecho, se hizo a un lado y la invitó a pasar. Hisana se balanceó adelante y atrás, esperando que de alguna forma cambiara de idea, pero no sirvió de nada. A regañadientes, entró en el apartamento.

Le bastó una mirada para darse cuenta de que era la vivienda más lujosa en la que había estado. Sólo el salón era ya más grande que su apartamento entero. Parecía sacado de una revista de muebles, bien decorado en tonos blancos y negros, sin una sola mota de polvo. Un lado del salón estaba completamente cubierto de grandes ventanales que iban del suelo al techo, y ofrecían una magnífica vista de la ciudad, los puntos de luz que eran las ventanas titilando como estrellas en la oscuridad. Hisana se acercó más y pudo ver su reflejo en los cristales; tenía la boca entreabierta por el asombro y se apresuró a cerrarla cuando vio el reflejo de Byakuya acercándose a su espalda.

-Ponte cómoda, te traeré algo de beber.

-No hace falta, yo sólo...- Pero Byakuya ya se había perdido en la cocina haciendo caso omiso de sus protestas.

Hisana se quedó sola en medio del enorme salón. Dejó la carpeta sobre una mesa y paseó la mirada por la habitación. Ahora que se fijaba bien, tenía cierto aire abandonado e impersonal, como si nadie viviera allí. Entonces, le llamó la atención un objeto en una mesita aparcada en una esquina del salón, de forma que quedaba a la vista pero sin llamar la atención. Un marco sencillo, plateado, con una foto que parecía ser el único objeto personal en aquel elegante pero frío apartamento. La curiosidad pudo con ella y se acercó para verla mejor. La foto mostraba a tres personas, con un jardín al fondo del que se veía un estanque y árboles de hojas verdes que brillaban con la cálida luz dorada de principios de verano. Una mujer preciosa de cabello castaño sostenía a un niño de poco más de un año y pelo negro, mientras un hombre de cabello lacio, también negro, le pasaba un brazo por los hombros estrechándola contra sí. La mujer mostraba una enorme sonrisa, el niño se abrazaba a su madre mirando a la cámara con gesto serio y el hombre tenía los labios ligeramente curvados en un gesto amable que inspiraba confianza.

-Son mis padres.

Hisana se sobresaltó y se giró. Byakuya se le había acercado por la espalda sin hacer ruido y ahora estaba muy cerca de ella, sosteniendo una copa de vino en cada mano. Le pasó una y con la mano que le quedó libre cogió el marco.

-Es de las pocas fotos en las que estamos los tres juntos. Mi madre murió de cáncer cuando yo aún era un niño, mi padre tuvo siempre problemas de salud y falleció poco después.

-Oh...- A Hisana no se le ocurrió nada más que decir. Le había contado que sus padres murieron, pero no sabía que él también fuera huérfano, y de pronto sintió una simpatía y comprensión hacia él que nunca habría imaginado que sentiría.

Byakuya volvió a dejar la foto en su sitio y se volvió hacia ella.

-Tenemos que hablar sobre lo que pasó el otro día.

-Oh...- Repitió Hisana. ¿Cómo se las arreglaba para dejarla siempre sin palabras? Intentó centrarse en otra cosa, pero Byakuya le puso un dedo en la barbilla y la hizo mirarlo a los ojos.

-Lo siento. Sé que no debí hacerlo y que te he causado muchas molestias. Quería disculparme antes, pero no tuve ocasión.

Hisana se sonrojó y trató de disimular bebiendo un sorbo de su copa, pero no estaba acostumbrada al gusto amargo del alcohol y la hizo toser violentamente. Byakuya le apoyó una mano en la espalda.

-¿Estás bien?

-Si, no es nada...- Dejó la copa en una mesa, y de pronto se le ocurrió algo. -Dejaste esos papeles en mi carpeta a propósito, ¿verdad?

-Tenía que hablar contigo a solas.

Hisana se quedó boquiabierta. ¿Ni siquiera iba a intentar negarlo? No sabía si enfadarse o echarse a reír. Pero por el brillo pícaro que vio en sus ojos, se decidió por sonreír.

-Creo que yo también debería disculparme. Me sentía incómoda y no quería afrontar la situación. Lo siento.

Se hizo un largo silencio. Hisana no pudo aguantarle más la mirada y clavó los ojos en sus pies. Se dio cuenta de que su relación era siempre así: momentos luminosos y cálidos que se ahogaban entre largos y fríos silencios.

-Debería irme ya, le dije a Rukia que no tardaría.

-¿Quieres que te lleve?

-No, no hace falta.- Se balanceó adelante y atrás, pensando si debería añadir algo más, pero no sabía qué decir, así que dedicó una última sonrisa. -Buenas noches, Byakuya.

-Buenas noches, Hisana.

Byakuya aún se quedó un rato en el umbral de su apartamento después de perder de vista a Hisana tras las puertas del ascensor. Cerró la puerta y se dejó caer en el sofá, aún con la copa de vino en la mano. Cuando se fue a la cama aquella noche, todavía seguía pensando en ella.


N.A: He estado pensando… ¿A qué podrían dedicarse Rukia y Renji si fueran humanos? Ichigo y Uryuu probablemente estudien medicina, como sus padres (por lo visto muchos fans tienen la misma teoría), de Orihime ya hay unas cuantas opciones en el manga, y en cuanto a Chad, me lo imagino volviendo a México para trabajar de traductor.

Creo que Rukia podría estudiar historia o literatura, y no sé por qué pero me imagino a Renji estudiando empresariales o derecho (y eso que no le pega nada lo de ser abogado). O podría ser bombero, le sentaría bien el uniforme ;D

Próximo capítulo: De resfriados, dibujos y un visitante no deseado.