Hola, aquí esta este primer capitulo espero que les guste, gracias a Pinamor por su review y sí habrá continuacion. Gracias a quienes agregaron este fic a favoritos me hacen muy feliz.
Capitulo 1.
Un silencio incomodo abarcó todo el pasillo del séptimo piso. Scorpius apretó las manos en puño y chasqueó la lengua con enojo sin dirigirle ni una mirada a la pelirroja prefecta de Ravenclaw.
Una punzada en la nuca le indicó que la muchacha aún tenía la mirada fija en él esperando una respuesta a su paseo nocturno. Bufó con exasperación y volvió sobre sus pasos.
¿Porqué Potter quería que le diera una explicación sobre lo que se encontraba haciendo? ¿Desde cuándo le importaba a ella lo que hiciera o dejara de hacer? Algo que le habían enseñado y había perfeccionado en Slytherin, era que nunca un Malfoy, alguien como él, no debía dar explicaciones sobre sus actos a nadie.
Orgullo, independencia, elegancia. Palabras que no debía olvidar, y nunca lo haría, pero, aquél que había predicado aquella enseñanza a la familia había muerto.
Scorpius detuvo su andar en medio de las escaleras, se giró cuando escuchó una serie de pasos acercarse con rapidez y detenerse justo detrás de él.
Así que, ¿Lily Potter no podia ser menos inoportuna? La miró por unos instantes en los cuales notó como un ligero rubor aparecia en sus blancas mejillas dándole un aspecto de niña buena, el uniforme seguía perfectamente colocado en su sitio, como si no hubiera corrido una larga distancia.
― ¿Acaso te dije que me siguieras, Potter?― dijo Scorpius con ambas cejas enarcadas.
Intentaba parecer tranquilo, cuando por dentro se sentía hervir de enojo y rabia. ¿Cómo le hacia esa muchacha para sacarlo de sus casillas?
Nunca trataba de acercarse a los Potter y Weasley más que lo estrictamente necesario, pues aunque el tiempo hubiera transcurrido y no fueran ellos los que habían tenido rencillas en el pasado, algunos de ellos lo miraban con rabia, coraje y odio.
Pero no tenía tiempo para perderlo tratando de descubrir lo que pasaba por las mentes de aquellos que lo odiaban a pesar de la decadencia de su familia.
Nunca le importó demasiado lo que dijeran y pensasen de él, cuando comenzó el colegio y fue mandado directamente a Slytherin, comprendió lo que las antiguas familias de magos y brujas querían decir con la frase "Generaciones de sangre limpia".
Lo cual era lógico en todo sentido. Tan lógico como que los Weasley siempre serian Gryffindor, que las familias allegadas a los Malfoy serian siempre Slytherin y que, él como Malfoy, sería también un Slytherin.
La tradición dictaba que las familias de sangre pura no podían mezclarse con aquellas familias cuyos orígenes eran muggles o de traidores a la sangre. Se les consideraba la escoria de la sociedad mágica.
Entonces se sorprendió al pensar desde ese día que lucharía por ser reconocido por ser él, no por ser un miembro más de la familia Malfoy. Porque Scorpius no seguiría los pasos de sus antecesores ni de nadie más.
¿Se habría sentido de esa manera su abuelo Lucius cuando era adolescente? Scorpius gruñó con desesperación y se recargó en el barandal de la escalera alzando sus ojos al techo del colegio.
― ¿Sucede algo, Malfoy?― preguntó Lily con un tinte de preocupación en la voz.
Lily se acercó hasta quedar frente al muchacho que tenía una expresión de fastidio en su pálido rostro.
Scorpius bajó la mirada y se encontró con los ojos marrones de la prefecta de Ravenclaw. La fuerza de aquella mirada lo envolvia de una manera que no sabia como explicar, eran como dos pozos profundos en los que podría perderse con facilidad.
Abrió los ojos por la sorpresa ante lo que acababa de pensar y desvió la mirada de la chica y comenzó a bajar los escalones a gran velocidad esperando perder a la pelirroja.
Algo andaba mal. ¿Pero qué?
Caminó por los pasillos que daban hacia la sala común de Slytherin con cuidado de no ser descubierto por la gata del celador, no le importaba ganarse un castigo. Ya había perdido la cuenta de cuantos se había ganado a lo largo de su séptimo año.
Sonrió con victoria al no toparse con el celador ni su odiosa gata y caminó tranquilamente hacia la puerta de acceso a su sala común. A esas horas de la noche, los pasillos de las mazmorras se encontraban casi a oscuras de no ser por algunas antorchas colocadas a ambos lados del pasillo.
Eso era lo que le daba un aire tétrico a las mazmorras, por eso nadie se atrevía a pasar por los pasillos a no ser que se dirigieran a la clase de pociones o a la sala común de las serpientes.
Tras siete años de estar dentro de esas paredes ya estaba acostumbrado, por lo que se sentía como pez en el agua.
Soltó una leve carcajada al recordar cómo los prefectos durante su primer año en Hogwarts, los habían asustado diciéndoles que si pasaban por el pasillo de acceso a la sala común y no llevaban la túnica que los identificaba como Slytherin, los alumnos de cursos superiores podrían hacerles bromas o atacarles.
Y la estrategia funcionó.
Los primeros meses todos los alumnos de primero de Slytherin no olvidaban colocarse las túnicas verde con plateado para no ser confundidos. Pero cierto día, había escuchado a unos alumnos de cuarto quienes hablaban sobre la broma que habían realizado los de quinto año.
Era eso una broma y una especie de bienvenida a los novatos. Cuando supo eso, dejó de colocarse la túnica en perfecto orden, se valió en esos días de su apellido y de su físico.
Sobre todo de la piel pálida, cabello rubio y ojos grises. La marca Malfoy por excelencia.
Recordó que en esos días, siempre llevaba su varita en la mano esperando defenderse, pero nunca llegaron los ataques, al contrario, se topaba con alumnos de su casa y lo saludaban tranquilamente con sonrisas burlonas, fue ahí cuando empezó a sospechar que algo andaba mal con la advertencia de los prefectos.
― Eso debería servir para ahuyentar a los Gryffindor molestos como los Weasley y los Potter― soltó Scorpius en un susurro bajo y con una sonrisa ladeada.
Se detuvo frente a la puerta de la sala común, dio la contraseña y se dispuso a entrar a la ya vacía sala común.
Se dirigió hacia los dormitorios de séptimo año y abrió la puerta con cuidado de no despertar a sus compañeros y que no se dieran cuenta de que no se encontraba en su cama.
Sin embargo, se detuvo de golpe al observar cómo en la cama contigua a la suya, las cortinas se abrían y una luz salía de la varita de su compañero.
Soltó un suspiro de resignación y se encaminó hacia su cama quitándose la túnica en el camino dejándola sobre su baúl.
― ¿Y bien?― dijo su compañero de cabello castaño revuelto― ¿Algo que quieras contarme?
Scorpius se sentó en su cama mientras se deshacía de su uniforme adoptando una expresión pensativa en su rostro que no pasó desapercibida a su amigo.
― No hay nada que deba contarte, Liam― contestó Scorpius con desinterés mientras se colocaba su pijama y se metía en la cama bajo la atenta mirada de su amigo.
― Bien, si así lo quieres― contestó Liam con el entrecejo fruncido, apagó la varita y se dispuso a acostarse en su cama dejando a Scorpius solo y a oscuras.
Scorpius deshizo su cama de un solo movimiento y se dejó caer pesadamente sobre el colchón. Fijó sus ojos sobre el techo de la habitación y sus pensamientos volaron hacia la Sala de Menesteres, donde esperaba nadie pudiera encontrar el diario que había pertenecido a su abuelo.
Con esos pensamientos, se quedó dormido en unos pocos segundos.
Al día siguiente, el sonido del reloj despertador de uno de sus compañeros sonó alertándolos a todos los que se encontraban dormidos.
Scorpius se removió en la cama con cierto pesar y cansancio, no había dormido muy bien esa noche.
Se levantó de la cama restregándose los ojos y se encaminó hacia su baúl para sacar todo lo necesario para darse un baño como lo hacía desde que tenía memoria.
Una pelea matutina que era protagonizada por sus compañeros Alexis Zabini y Evan Mallory se llevó a cabo frente a sus adormilados ojos, por lo que no pudo evitar soltar un gruñido de enojo.
Cada mañana era lo mismo. Aquellos dos, que se decían ser amigos siempre peleaban en las mañanas tratando de ponerse de acuerdo sobre quien tomaría el baño primero, pelea que después los metería a Liam y Scorpius dentro.
Los intercambios verbales entre ellos seguirían por algunos minutos hasta que Scorpius tomara cartas en el asunto y con tranquilidad lograría terminar con esa pelea usando la diplomacia y un poco de persuasión.
Ante esa acción de Scorpius, Liam sonreía de medio lado, Scorpius era considerado una persona seguro de sí mismo, inteligente y cortés, aun y cuando su familia ya no fuera tan reconocida, seguía siendo el estandarte de Slytherin, alguien a quien seguir.
Pero, lo curioso era la manera en la que Scorpius podía controlar a Zabini y Mallory. Los conocía bastante bien, incluso sus mayores debilidades.
Una de ellas eran las chicas.
Alexis Zabini, hijo menor de Blaise Zabini y Millicent Bulstrode, quienes fueron compañeros de curso y casa del padre de Scorpius, Draco; era un chico de piel morena, alto y fornido, de ojos azules, muy parecido a su padre Blaise, no era gran amigo de Scorpius, pero era uno de los primeros que hacia lo que Malfoy decía.
Podría ser por el pasado de sus padres que la mayoría de alumnos de Slytherin se conocían entre sí, sin embargo, después de la guerra contra el Señor Tenebroso, como algunos aún lo llamaban, Scorpius, no tuvo demasiado acercamiento con ellos, a excepción de sus primos Liam y Helena Nott-Greengrass.
Alexis jugaba en el equipo de quidditch de la casa en la posición de golpeador por su gran corpulencia y fuerza, lo que había llevado a que lo llamaran "La bestia verde" y fue a sus espectaculares juegos con el equipo que se había ganado la atención de algunas chicas dentro del colegio.
Mientras que Evan Mallory, era el primer hijo de muggles que entraba a Slytherin, cuando fue su selección, causó un gran furor pues gracias a él, los siglos de tradición de Slytherin habían cambiado, pero no fue nada fácil para los demás pertenecientes a la casa lograr adaptarse a un cambio así.
De cabello negro azulado algo largo, alto y de aspecto algo débil, era uno de los mejores alumnos de su promoción, no le gustaba el quidditch, prefería jugar los deportes muggles como el beisbol y era uno con los que Scorpius tuvo que competir para el puesto de Premio Anual puesto que sus calificaciones eran las mismas.
Evan era uno de los chicos que también seguía a Scorpius, pero lo hacia cuando era necesario y de eso todos se daban cuenta, incuso el mismo Scorpius lo sabia. La relación entre ambos era cordial, pero tampoco eran buenos amigos, la definición correcta seria compañeros y nada más.
― Vamos, hagamos un sorteo, el que gane utilizara el baño primero― sugirió Scorpius con una sonrisa de medio lado― Claro, procurando que el agua caliente no se acabe para poder bañarnos tranquilos, ¿Qué les parece?
― Malfoy, somos cuatro― señaló Evan con cara de aburrimiento y haciendo el número cuatro con los dedos de una mano― A ese paso, el agua se terminará y tendremos que ir a los baños compartidos con las demás casas.
― Si lo hacemos rápido, todos alcanzaremos― replicó Scorpius encogiéndose de hombros sin dejar de sonreír― Además nos sobrará tiempo para bajar a desayunar y encontrarnos con algunas chicas por el camino.
Ante las palabras de Scorpius, Mallory y Zabini intercambiaron miradas para después asentir con la cabeza. Scorpius, sonrió ladinamente y Liam tuvo que darles la espalda para evitar que soltara una carcajada y poder reírse en voz baja.
A veces Scorpius podía ser muy persuasivo.
Realizaron el sorteo con sus respectivos nombres escritos en u pedazo de pergamino que Evan sacó de su mesa de noche y el ganador fue Scorpius seguido de Liam, a lo que los dos primos sonrieron victoriosos.
― ¿Por qué siempre te sales con la tuya?― murmuró Liam a su primo quien lo miró con cierta arrogancia.
Scorpius tomó sus cosas para tomar su baño y sonrió con malicia. Cerró la puerta del baño y una vez dentro, soltó una carcajada.
Lo que hacia el poder de la persuasión.
Aquella mañana del mes de octubre, se levantó muy temprano para su gusto, y el culpable de que no pudiera dormir tranquila en toda la noche, lo era un chico de cabellos rubios y ojos grises que había encontrado la noche anterior cerca de la Sala de los Menesteres.
Desde hace algunos días, había escuchado por parte de sus primos que Scorpius Malfoy llevaba algunas semanas actuando de manera extraña. Entonces pensó que lo que para sus primos era extraño, para Malfoy y aquellos que se encontraban alrededor de él fuera algo normal.
Era sabido por todo el colegio que Malfoy desde hace algunos años, actuaba de manera prudente, no realizaba los duelos de medianoche en los que solía participar en la Sala de Trofeos donde alumnos de todas las casas se reunían para, según ellos, practicar algunos encantamientos y un poco de Defensa.
Incluso sus notas habían mejorado y fue nombrado Premio Anual, una gran sorpresa, pues todos pensaban que al que nombrarían Premio Anual sería Evan Mallory. Extraño y sorprendente sin duda.
De romper las reglas y reunirse a medianoche a un Club de Duelo, de no ser responsable en las clases, se había vuelto más responsable, tranquilo y cortés. Ya no era un arrogante ni un inmaduro. Era como si hubiera vuelto a nacer como un nuevo Scorpius Malfoy y se cambió le intrigaba en demasía.
El grupo de estudiantes que conformaba ese Club de Duelo eran los que más dolor de cabeza les daban a los prefectos y premios anuales de ese entonces.
Los primeros años los puntos de las casas bajaban a causa de los duelos, sin embargo, con el paso del tiempo y viendo que no dejarían de asistir a la Sala de Trofeos a medianoche, los prefectos dejaron de seguir a los estudiantes y evitaron mandarlos con los profesores que eran los Jefes de las casas.
Y uno de los cabecillas de ese grupo nocturno lo era ni más ni menos que Scorpius Malfoy junto con Albus Potter, su hermano mayor.
¿Cuántas veces se había peleado con Albus por esos duelos? Muchas, y eran demasiadas para contarlas. ¡Incluso James había formado parte de ese grupo!
Lo cual significaba que existía desde antes de que ella entrara en el Colegio y, James nunca lo admitió ni reconoció, pero estaba segura que él había tenido la idea de formar ese grupo de duelo, porque era muy bueno en Defensa y Encantamientos, incluso había podido realizar sus propios hechizos tal y como los tíos Fred y George antes de que Fred muriera.
Pero a diferencia de ellos, James los utilizaba para defenderse y no para realizar bromas, James fue uno de los mejores estudiantes pero también era bastante travieso y se había ganado regaños por parte de sus padres en sus años de colegio antes y después de que ella entrara.
En ese entonces, Lily había escuchado de algunos estudiantes que aquellos duelos no eran simples prácticas, si no que se jugaban el todo por el todo en esas noches.
La preocupación y el miedo que sentía porque le sucediera algo a Albus si no lo detenían aumentaba cada día, así que, para tratar de detener a esos alumnos, armó a un pequeño grupo en el que se encontraba su mejor amigo, Lysander Scamander, y retaron a los alumnos a un duelo con apuesta.
Apuesta que consistía en que si el grupo de Lily ganaba, desintegrarían el grupo de duelo, pero si ellos ganaban, nadie les diría nada sobre sus reuniones y los dejarían en paz.
La inminente derrota fue anunciada. Estudiantes de cuarto año en delante contra estudiantes de segundo. Estaba claro que Lily y Lysander no ganarían de ninguna forma y el club de duelo siguió hasta ese entonces.
Fue por aquella derrota que Lily se dispuso a estudiar hechizos de defensa y desarme, pero Defensa era algo que no podía dominar, lo cual la frustraba porque ella era de alguna manera, buena en Encantamientos.
Durante las vacaciones practicaba con James, pero su hermano se desesperaba porque no podía moverse con facilidad y rapidez en medio de un duelo y James bromeaba con ella diciéndole que durante un duelo real no dudaría ni cinco minutos.
Esa falta en Defensa, la compensaba con Pociones y Transformaciones, era una buena pocionista, según el Profesor Benjamín Smith, que impartía Pociones, tenía un talento nato, incluso mejor que muchos en su familia, siendo alcanzada por su prima Rose Weasley de Gryffindor.
Cuando habló la última vez con Albus sobre entrar o no al Club de Duelo, su hermano le dijo que Malfoy había dejado el club de manera indefinida, aunque, Albus pensaba que una razón de su abandono era la muerte de su abuelo durante su cuarto año.
Lily se acomodó su uniforme de Ravenclaw con lentitud, se colocó la túnica azul de su casa y se dirigió a su baúl para sacar los libros que utilizaría ese día.
Acomodó los libros sobre la cama y comenzó a meterlos en su mochila, se acercó a su mesa de noche y sacó de uno de los cajones algunos tinteros y plumas, se detuvo unos instantes al observar un pergamino viejo oculto detrás de los frascos de tinta y plumas que guardaba.
Alargó una mano y tomó el pergamino de su lugar, lo desdobló mientras que sacaba su varita y apuntaba con ella el papel amarillento por el paso del tiempo.
― Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas― dijo ella en un susurro apenas audible pero bastó para que en el pergamino aparecieran unas letras y el dibujo de todos los rincones del pasillo.
Pasó las yemas de los dedos por encima del pergamino buscando los indicadores con el nombre de su hermano Albus y sus primos, sonrió al observar que todavía se encontraban en sus salas comunes.
Sin pensarlo, sus ojos se dirigieron hacia la mota de tinta que decía el nombre de Malfoy quien se encontraba en el Gran Comedor junto a Nott y unos cuantos más de Slytherin.
Frunció el ceño con confusión.
El día anterior había descubierto a Malfoy gracias a ese mapa, pues en solo segundos descubrió como el punto con su nombre desaparecía, lo que le pasó por la cabeza fue las palabras de su hermano James quien les había enseñado a utilizar el mapa.
"Hay algunos rincones del colegio que no aparecen en el mapa. Uno de ellos es la Sala de los Menesteres. Supongo que el abuelo y sus amigos no sabían que existía, por eso si uno de los puntos desaparece del mapa es porque ha entrado a la Sala seguramente."
La sala de los Menesteres. ¿Qué buscaba Malfoy en ella? ¿Por qué salió de la sala como si no quisiera que nadie lo mirara?
O, ¿Qué ocultaba?
Las voces de sus compañeras de habitación se hicieron presentes y se apresuró a lanzar el hechizo que haría que las palabras del mapa desaparecieran por completo.
Le saludaron con sonrisas somnolientas y otras lanzaron bostezos al aire mientras se preparaban para un nuevo día de clases.
Lily les sonrió como saludo a cada una, se levantó de la cama, tomó su bolsa de útiles y salió de la habitación cerrando levemente la puerta tras ella. En el pasillo se encontró con algunos estudiantes de otros cursos que le dieron los buenos días, estuvo a punto de bajar las escaleras cuando la voz de su mejor amigo, Lysander Scamander, se escuchó desde la sala compartida.
― ¡Lily Luna!― gritó Lysander parado frente a las escaleras de los dormitorios de quinto curso.
Lily rodó los ojos con exasperación y sin evitarlo, soltó una sonrisa amable, desde que habían entrado al colegio esa era su rutina.
Si uno de ellos se levantaba más temprano que el otro, y como no podían acercarse a los dormitorios de las chicas y los chicos, siempre bajaban a la sala común y gritaban desde abajo para despertarse mutuamente.
Solo que había un problema. Lysander había tomado la costumbre de levantarse temprano y gritarle, pero nunca dejaba que Lily lo levantara a él, argumentando que no le gustaba que le gritaran cuando apenas comenzara la mañana, pero parecía que le divertía despertarla siempre gritando.
Algo que no le gustaba a Lily era sentirse enojada apenas despertaba pero conocía a Lysander desde niños y siempre habían actuado así, estuvieran en sus casas o las de sus primos. Siempre era lo mismo.
Lysander era hijo de Luna Lovegood y Rolf Scamander, era un muchacho de cabello rubio oscuro con algunos mechones largos, había heredado los ojos azules de su madre, Luna.
Desde que habían comenzado el colegio, algunos de los profesores que conocían a su madre por sus tiempos de estudiante y otros más gracias a sus trabajos de investigación de criaturas mágicas junto a su marido Rolf; le decían a Lysander que se parecía mucho a su madre.
Por su aspecto soñador y tranquilo, así como el don que tenía su madre de decir lo que otros callaban. A diferencia de su gemelo, Lorcan, que era como una mini copia de su padre, rubio y de ojos azules, pero amante de todo aquello que tuviera que ver con criaturas mágicas, con viajes o excursiones, aunque fueran gemelos, Lorcan era más activo que Lysander, quizá por esa razón, Lysander y Lily se llevaban muy bien.
Recordó que cuando eran pequeños, los gemelos Scamander jugaban a intercambiarse uno por el otro, pero no les servia de mucho, la diferencia de carácter entre ambos era muy notoria y siempre los adultos lograban identificarlos, incluso una vez lograron confundirla y le contó uno de sus mayores secretos a Lorcan pensando que era Lysander.
Cuando lo descubrió, Lily corrió detrás de Lorcan con un sonrojo notable en sus mejillas mientras Lorcan se reía por observar el rostro enojado de Lily. Al final logró hacer prometer a Lorcan que no diría nunca nada de lo que le había dicho, comenzando así una buena amistad entre ellos que no se comparaba a la amistad que ella compartía con Lysander.
Lily bajó las escaleras con tranquilidad y caminó hasta estar a la altura de su amigo quien la recibió con una gran sonrisa.
― ¿Qué tal dormiste?― preguntó Lysander con voz seria mientras colocaba sus manos dentro de los bolsillos de la túnica.
Lily soltó una carcajada ante las palabras de Lysander ― Bien, gracias― dijo ella acercando una mano al pelo del chico y lo desordenaba un poco en medio de risas de ambos.
― Será mejor que vayamos rumbo al Gran Comedor― dijo Lysander tomando la mano de la chica y alejándola de su cabello que hasta ese momento se encontraba perfectamente peinado ― Me muero de hambre.
Lily asintió con una sonrisa amable y los dos amigos salieron por la entrada de la sala común y caminaron hacia el Gran Comedor.
Hubo un instante durante el recorrido en el que ambos se quedaron en silencio, Lily no le dio gran importancia, era común que Lysander se perdiera en sus pensamientos tratando de encontrarle algún significado lógico a las cosas.
Miró de reojo a su amigo y se sorprendió al notar que Lysander tenía una expresión seria, siempre que ponía esa cara era porque algo le preocupaba.
Abrió la boca para preguntarle qué pasaba pero Lysander le ganó en velocidad, realizándole una pregunta que no pensó que le haría.
― Lily, ¿Por qué llegaste tan tarde después de la ronda?― preguntó Lysander con aparente tranquilidad y posó sus ojos azules sobre ella de manera acusadora.
Lily tragó saliva, de pronto se sintió nerviosa, ¿Qué debía contestar? A Lysander no lo contentaría con simples palabras sin sentido, tampoco tenía caso mentirle porque descubriría que le estaba mintiendo.
Esa era una de las ocasiones en las que no le agradaba nada que Lysander fuera el otro prefecto de Ravenclaw, porque significaba que realizarían las rondas juntos y regresarían a la sala común juntos.
Lysander era un experto en saber cuándo le mentían y cuando decían la verdad, ¿Entonces…? ¿Le diría la verdad? ¿Qué le había robado el Mapa del Merodeador a Albus y que había descubierto que Malfoy se escondía en la Sala de los Menesteres?
¿Qué había esperado hasta que Malfoy saliera de la sala para tratar de encontrarlo con "las manos en la masa"?
Quería pensar que la situación del día anterior solo le interesaba a ella y a Malfoy. Quería pensar que todo lo que habían pensado desde hace algunos meses no era verdad, que sólo eran las conjeturas de Hugo gracias a lo mal que se llevaba el tío Ron con el padre de Malfoy.
Porque aun cuando Hugo era de la misma edad que ellos, a veces actuaba como un celoso y posesivo, tanto con su hermana menor como con cualquiera de sus primas, incluso con ella y no quería pasar ni dejarlas ni un día cerca de los Slytherin ni de ningún hijo de mortifago.
Muchas veces se había peleado con Hugo por eso, por ser tan prejuicioso y algo inmaduro y si decía que había encontrado a Malfoy en una actitud sospechosa, lo más seguro es que Hugo les diría un claro "te lo dije".
― ¿Lily?― repreguntó Lysander mirando a la chica con una sonrisa amable en su rostro dándole confianza para contestar.
Odiaba esa mirada y esa sonrisa, era como si Lysander pudiera mirar a través de ella y descubrir lo que en verdad pasaba.
Lily carraspeó por un momento y dijo ― Me entretuve con alumnos de otras casas y no me fui hasta que acompañé a cada uno a su respectiva sala común.
― Bien, solo me preocupaba porque tú no te saltas las normas tan fácil, a menos que sean tus primos o hermanos quienes te lo pidan― señaló Lysander mirándola por un momento mientras seguían avanzando tranquilamente por los pasillos.
Punto a favor de Lysander y ella quedaba en ceros. Arrugó el ceño y se descubrió a sí misma pensando que se había tomado demasiado en serio su papel de prefecta, cuando había creído todo lo contrario.
No era una perfecta prefecta, no era tan responsable, y no seguía las reglas al dedillo. Incluso en ocasiones había salido al Bosque Prohibido en compañía de Lorcan y Lysander a realizar investigaciones sobre Criaturas Mágicas, la fascinación de Lorcan y había saltado las normas cuando sus hermanos se fugaban a Hogsmeade por uno de los pasadizos secretos.
No era la perfección andando. Y en cierto modo le molestaba que pensaran eso de ella solo por pertenecer a Ravenclaw. Así como le molestaba que le dijeran que era como el tío Percy cuando estudiaba en Hogwarts, como también le molestaba que trataran de compararla con Rose gracias a la inteligencia que ambas poseían, de manera diferente, pero eran las que sobresalían en coeficiente intelectual.
En el vestíbulo de entrada se encontraron con Albus, el hermano de Lily que cursaba séptimo año al igual que a Rose Weasley, prima de ambos Potter, los dos muchachos pertenecían a la casa de Gryffindor.
Albus era muy parecido a su padre, con el cabello negro con algunos mechones negros cayéndole por la frente y unos brillantes ojos verde esmeralda adornando su rostro, Rose era un poco más alta que Lily que media metro sesenta, de cabello largo y rizado de un color entre castaño y rojizo, de piel trigueña y llena de pecas y ojos azules.
Muchos de los alumnos de séptimo, les respetaban y admiraban porque aparte de ser hijos del famoso trío dorado y salvadores del mundo mágico, eran muy buenos en lo que respectaba a Defensa Contra las Artes oscuras y Transformaciones, en el caso de Albus, y Encantamientos y Pociones cuando de Rose se trataba, aunque también era sabido por muchos que Rose había heredado la inteligencia de su madre y era conocida como la mejor de su promoción.
Lily los miró y los saludó distraídamente, los cuatro se detuvieron a unos metros de la puerta del Comedor.
Con sus ojos marrones, miró a cada uno de ellos y le extrañó ver el rostro preocupado de Albus y el ansioso de Rose. Ellos nunca se ponían de ese modo a no ser de que fuera algo realmente grave o importante.
― ¿Qué sucede?― preguntó Lily poniendo una de sus manos en la mejilla de su hermano.
Albus le sonrió de medio lado y tomó la pequeña mano de su hermana entre sus manos y le pasó un brazo por los hombros.
Rose los miró con ternura y desvió la mirada hacia Lysander que se encontraba serio mirando detrás de ellos como si buscara a alguien.
― Lorcan se entretuvo, vendrá más tarde― dijo Rose con voz suave a Lysander quien asintió con la cabeza.
Rose soltó un suspiro y miró a sus primos― Lily, escucha― le llamó con voz seria.
Lily ladeó la cabeza hacia la derecha mirando a su prima con una pequeña sonrisa y espero a que Rose continuara a decir lo que fuera que iba a decirle.
― Hugo me preocupa― soltó Rose en tono confidencial que llamó la atención de Lysander quién la miró con curiosidad y Lily la miró aturdida y sorprendida por lo que escuchó.
― ¿Qué quieres decir?― preguntó Lily en el mismo tono que Rose.
― Sigue insistiendo en que algo nos están ocultando, ahora dice que James lo sabe pero no quiere decir nada, tengo miedo de que haga algo imprudente.
― ¿Hugo le ha escrito a James?― preguntó Lily abriendo los ojos con sorpresa― Pensé que seguía de misión, no sabía que había llegado a casa― dijo mirando a Albus quien soltó una risa nerviosa.
― Ese es el problema, que James sigue de misión― respondió Albus soltando a Lily colocándose a un lado de Rose formando un circulo entre los cuatro.
― Debe de haber alguna razón para que Hugo actúe de ese modo― dijo Lysander con tranquilidad y con las cejas enarcadas― Algo que haya escuchado en casa o leyó en el diario. Hugo no es de aquellos que actúan nada más porque sí― señaló mirándolos a los tres primos Weasley.
― Lo que me preocupa es lo que James pudiera haberle dicho― dijo Rose nerviosa.
Lily se acercó a ella y la tomó por las manos brindándole apoyo, ambas sonrieron ante el acto de la otra.
― James es un bromista empedernido, un egocéntrico y demás cosas que ya sabemos― dijo Lily con voz suave casi en un susurro audible para todos― Pero algo como esto, mi hermano no lo trataría tan a la ligera mucho menos sabiendo cómo es Hugo.
― ¿Ves, Rose? Te dije que no pasaba nada― afirmó Albus pasándose una mano por el pelo despeinándolo más de lo que ya lo tenía.
― ¿No te ha contado nada, Lily?― preguntó Rose con ansiedad mirando a su prima con la urgencia de una respuesta que la tranquilizara.
Lily negó con la cabeza― Sabes que si supiera algo sobre su comportamiento, te lo diría, Rosie-bu― habló Lily con una media sonrisa― Pero si quieres que hablé con él…
― ¿Crees poder hacerlo?― preguntó Rose con un brillo de ilusión en sus ojos azules, Lily asintió con la cabeza.
― Si así estás más tranquila, lo haré.
Rose abrazó a su prima con efusividad, Lily no dudó en regresar el abrazo con un apretón fuerte.
Los cuatro chicos entraron al Comedor y se encaminaron a sus respectivas mesas, Lily y Lysander sentados ya en la mesa de Ravenclaw comenzaron a intercambiar sus puntos de vista sobre lo que pasaba por la cabeza de Hugo.
Lily miró un momento a la mesa de Gryffindor donde se encontraban la mayoría de sus primos, quienes estaban desayunando en medio de pláticas y risas. Por un momento sintió algo de envidia, le gustaría mucho pasar una comida dentro del colegio junto a ellos, pero las reglas del colegio decían que los estudiantes no podían desayunar en otras mesas, siempre en las suyas.
Su mirada chocó con la de su hermano, quien le sonrió de manera condescendiente, ella se volvió a su mesa con rapidez haciendo que su cabello rojo oscuro se meciera al viento por el movimiento brusco que realizó.
Agachó la mirada y lanzó un suspiro de resignación. Levantó la mirada cuando Lysander le pasó un cuenco de cereales que ella aceptó de buena gana.
― ¿Quisieras estar con ellos, verdad?
Lily tomó un poco de cereales con una cuchara, se los llevó a la boca y después de que terminó miró a su amigo con los ojos marrones brillando con determinación.
― Fue mi decisión estar aquí, era Gryffindor o Ravenclaw― se sinceró Lily con su mejor amigo quien la miraba con atención y prosiguió hablando en el mismo tono― Todos han estado en Gryffindor, yo quería sobresalir por mí misma, no quería depender de la sombra que James y Albus proyectan sobre mí, incluso Rose, con su inteligencia enorme… yo quiero tener mis propios logros por mis meritos, no por lo que otros antes que yo han sido.
― Lily, siempre has sido tú, te aseguro que en cualquier casa que hubieras sido seleccionada, serias la misma de siempre― aseguró Lysander mordiendo una tostada― No necesariamente debes de ser como los demás quieren que seas. Eres una de las mejores brujas de nuestra promoción y no es por tu apellido.
― No tiene nada que ver con el apellido, eso no me importa, solo que me da un poco de envidia, ¿Sabes?― dijo Lily colocando su cabeza sobre una mano mientras con la otra comía sus cereales.
Lysander se encogió de hombros con desinterés, tomó una nueva tostada y le untó un poco de mermelada― Supongo que es normal. Toda tu vida junto a ellos, riendo, divirtiéndose, viéndose diario por estar en la misma casa. Es normal que los extrañes, a tu hermano, a Hugo, Rose, a todos. Cada quien tiene su camino y quizá el tuyo no está con ellos.
¿Existía algo llamado Destino? Sin duda, hubo algo que la hizo estar donde estaba ahora, era la segunda Weasley en estar en Ravenclaw, su prima Victoire había sido la primera en pertenecer a una casa que no fuera Gryffindor como todos en la familia.
Desde que era niña le había gustado convivir con Victoire y sus hermanos, había algo que los hacía distintos a los demás miembros de los Weasley, incluso Rose era distinta. Cuando se reunían siempre terminando hablando de cosas como la política, la sociedad muggle que era conocida por Rose y por ella por haber asistido a un colegio muggle sus primeros años de educación.
Durante un tiempo, los adultos habían mencionado que la mayoría de ellos asistiría a Gryffindor y así había sido hasta ese momento, a excepción de Fred quien aun no entraba al colegio. Fue una sorpresa cuando Victoire fue seleccionada a Ravenclaw, era inteligente y muy bonita, un ejemplo a seguir para Lily.
Cuando Rose y Albus asistieron por primera vez, fue la primer ocasión en la que tuvieron dudas sobre el destino que tendrían en el colegio, sin embargo, los dos habían sido Gryffindor, pero cuando llegó su momento y el de Hugo junto a Lorcan y Lysander, la sorpresa la dio ella, quedando en Ravenclaw junto a Lysander.
Ella no sabía que fue lo que pasó para que quedara en Ravenclaw, pero estaba contenta de estar ahí, no negaba que los primeros años extrañó a sus primos y hermanos, pero gracias a Lysander pudo pasar esa etapa, no estaba sola y juntos hacían un buen equipo en las clases.
¿Podría encontrar cuál era su camino? No lo sabía, por lo pronto quería jugar en el equipo de quidditch de su casa y tratar de ser mejor en un duelo.
En el pueblo de Gales, dentro de una cafetería decorada con sillones de piel negros y mesas de aluminio y sillas del mismo material, se encontraban dos jóvenes de entre diecinueve y veintisiete años.
Uno de ellos se encontraba de espaldas a la puerta de la cafetería, vestia de negro completamente, al igual que su cabello negro azabache alborotado y ojos marrones, con el rostro pecoso y facciones angulosas. Era James Sirius Potter, hijo mayor del auror Harry Potter.
Sentado frente a él estaba un muchacho de aspecto amigable y tranquilo, de ojos del color del caramelo y el cabello castaño con algunos reflejos azules, vestía de color marrón oscuro y respondía al nombre de Teddy Lupin.
Ambos tenían una taza de café a uno de sus costados y platicaban amenamente haciendo que la poca clientela que había en el lugar se girara a verlos con extrañeza, pero poco les importaba a ellos que parecieran como unos viejos amigos que no se habían visto en años por lo contentos que se mostraban.
Teddy tomó su taza y dio un sorbo a su café negro sin azúcar, puso una mueca de seriedad en su rostro y miró al chico Potter frente a él que no desviaba la mirada del periódico que habían recogido minutos antes de entrar a la cafetería.
El rostro de James denotaba preocupación y cierta ansiedad mientras leía un artículo del periódico. Lo dejó sobre la mesa con cuidado de que no se vieran las fotografías móviles para no levantar sospechas y lanzó un bufido al aire.
― Elecciones― soltó a bocajarro― Tener un periodo de elecciones en este momento cuando estamos teniendo problemas en pueblos como este.
― James, baja la voz― suplicó Teddy sin alzar la voz, regañándolo como un padre loharia con su hijo― Es una tapadera, ya lo sabes.
James miró hacia otro lado y se cruzó de brazos ante las palabras del que consideraba como un hermano menor.
Entonces recordó que debía comunicarle algo a Teddy, algo que lo había dejado algo nervioso.
― Hugo me envió una carta ayer por la tarde― le reveló descruzándose y tomó un poco de su café― Quiere saber lo qué está pasando, al parecer escuchó una conversación de la tía Hermione y tío Ron antes de que iniciara el curso.
Si Teddy se sorprendió o no, no hizo el menor amago de una reacción, solo quedó quieto como si tratara de encontrar una respuesta a la acción de Hugo.
― No es algo que les concierne― sentenció Lupin con aburrimiento.
― Quizá no ahora, ¿Qué les diremos cuando la noticia sobre los Reconquistadores salga en el Profeta?
― Ya te lo he dicho, hallaremos algo, sus padres lo harán, lo importante es que no te vean como su posible informante. Hugo es muy curioso y le gusta indagar por su cuenta sin pensar en las consecuencias que pueda traerle, no me preocuparía mucho por él, además está Rose con él y Albus y Lily que, puede hacerlo pensar y cambiar de opinión.
James rió ante las palabras de Teddy para darle la razón.
― ¿Quién diría que mi hermanita pudiera hacer eso?― ironizó James entre risas por lo que Teddy sonrió de medio lado.
― A todos nos sorprendió, James, ella no necesita que alguien la proteja, puede valerse por si misma y lo ha demostrado, no por nada es prefecta― dijo Teddy con orgullo pero sonrió con nostalgia― Todos pensábamos que la pequeña Rose sería una buena Ravenclaw, te aseguro que incluso ella pensaba eso, pero en su lugar fue Lily la que quedó en Ravenclaw…
James sonrió del mismo modo, con nostalgia, con alegría, estaba feliz por su hermana, que estaba logrando muchas cosas en tan poco tiempo, pero que también tenía algunos problemas.
― ¿Qué dijo Rose cuando Lily fue a Ravenclaw?― preguntó Teddy con curiosidad.
James se encogió de hombros recordaba ese día muy bien. Fue ese día donde la relación entre Lily y Rose ya no fue la misma de antes.
Ni ellas, ni ninguno de ellos, porque Lily se había distanciado por alguna razón y se había vuelto más unida a los gemelos Scamander, James no lo veía mal, porque con Albus y él era la misma de siempre, pero no podría decir que con sus primos fuera igual.
― Nada, aunque ambas pensaron lo mismo― explicó James desviando la mirada― Lily es inteligente como Rose, pero ambas son diferentes. Rose es más lógica y racional mientras que Lily es más intuitiva, ingeniosa, las dos con puntos de vista que chocan entre sí, es como si observaras a la tía Hermione y a la tía Luna en una discusión.
― ¿Qué pensaron?
― No podía haber alguien mejor que ellas, por lo que trataron de dar lo mejor cada una por separado y cada una es la mejor de su promoción, hasta ahora. Y para evitar peleas o discusiones, se distanciaron aunque mantienen un trato cordial.
― Ha de ser un dolor de cabeza estar en medio de ambas― dijo Teddy con una sonrisa burlona.
James negó con la cabeza. Tomó un último sorbo de café y dejó la taza en su lugar.
― Es un dolor de cabeza estar cazando a los Reconquistadores que no sabemos quienes los conforman, y cuál es su objetivo.
Teddy rió y tomó el periódico que James había dejado de lado y lo abrió por la primera plana donde se encontró con una nota que le llamó la atención a parte de la noticia sobre las elecciones de un nuevo ministro.
― Han desaparecido hijos de muggles en algunos condados de Gran Bretaña y nadie sabe porque― le comunicó a James quien abrió la boca por la sorpresa y le arrebató el periódico a Teddy para poder leer la nota.
Puso el periódico sobre la mesa y comenzó a leer con prisa. No podia creer que eso estuviera pasando.
"DESAPARECEN NIÑOS EN CONDADOS AL NORTE DE GRAN BRETAÑA.
Según testimonios de habitantes de los condados de Durham, Chesire, Lancashire y Merseyside, desde inicios del mes de agosto han desaparecido al menos cincuenta niños de los cuales aún no se sabe su paradero.
Estos acontecimientos se dieron a conocer a las autoridades de seguridad muggles que pidieron de manera confidencial la ayuda del Departamento de Seguridad Mágica para indagar sobre la desaparición de los niños, en algunas de las casas de estos condados, es posible encontrar restos de magia lo que hace creer a las autoridades que los causantes de estas desapariciones pertenecen al mundo mágico. Así lo dio a conocer el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, el señor Justus Pilliwickle.
Se ha comenzado una exhaustiva investigación para dar con el paradero de los niños desaparecidos, sin embargo, se cree que esta desaparición tiene que ver con un reciente grupo de magos que se hacen llamar "Reconquistadores" del cual, la Oficina de Aurores está dando seguimiento.
Esto es una mancha negra que aparece cerca del periodo de elección del nuevo Ministro de Magia, por lo que se espera que se dé solución al conflicto antes de que inicie la campaña electoral"
― Bien, Teddy, un problema más que añadir a la lista― dijo James una vez que terminó de leer el artículo.
En una mansión de piedra caliza, de aspecto deteriorado, se encuentran alrededor de una mesa rectangular de madera oscura varias personas con túnicas negras de las cuales no se puede observar su rostro gracias a la oscuridad en la que se encuentra la mansión.
Cerca de ellos, acostado sobre el suelo, se encuentra un niño de no más de ocho años con un charco de sangre alrededor dándole un aspecto espeluznante a la imagen.
Una de las personas se levantó de su lugar arrastrando su silla provocando un fuerte rechinido que molesta en los tímpanos de sus compañeros.
Se arrodilló al lado del cadáver del niño y tocó con una de sus manos la piel blancuzca del cuello del infante y a los pocos minutos se levanta de golpe mirando a los demás.
― El chiquillo ha muerto― dijo la voz grave de un hombre.
― Era de esperarse― se escuchó la voz chillona de una mujer― Solo los magos sangre pura pueden aguantar esa droga, por lo que ese niño no tiene magia en sus venas.
― Aunque no todo salió como lo esperábamos, mi señora― dijo la voz de una mujer que al parecer por la ropa que portaba no pasaba de los diecisiete años.
― ¿Qué quieres decir, querida?- preguntó lamujer de voz chillona con falsa curiosidad.
La muchacha carraspeó por unos momentos y dijo con una sonrisa burlona― Ustedes y yo sabemos que hubo alguien que logró sobrevivir al experimento, incluso lo sabia alguien que ya no está con nosotros.
― Por ahora no importa si ese niño está vivo o no. Aunque tienes razón, Hurley, alguien lo sabía y puede darnos problemas…
― Lucius Malfoy fue el único que no estuvo de acuerdo con esto.
La mujer que parecía ser la líder rio con arrogancia y sonrió con maldad.
― Por eso terminó así, mis queridos amigos…
