Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Encuentros

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2. Apartamento

Él no es así, nunca se consideró del tipo de persona que se deja arrastrar por impulsos o ideas momentáneas.

Él es otro tipo de hombre, uno triste y taciturno del que los demás prefieren alejarse para no verse envueltos en su nube de apatía.

Entonces, ¿por qué siente cómo arde ante la presencia de la desconocida?. La acababa de ver, no la conoce, simplemente estan en ese lugar por casualidad. Nadie se la ha presentado, pero siente como todo su ser le fuerza a seguirla con la mirada.

Le da un largo trago a su vaso de licor, lo paladea, casi se enjuaga la boca con el potente líquido. La mira intensamente y entonces ella se gira, sus ojos se encuentran. Baja la mirada repentinamente tímido, sintiéndose descubierto y enrojece hasta la raíz de sus cabellos.

Cuando la vuelve a levantar la desconocida se ha acercado un par de pasos hasta su posición, arruga el rostro, parece confusa.

— ¿Te conozco? — pregunta con una voz dulce, tanto que parece irreal, un hada de cuento.

Él pestañea, le duele la cabeza, ella le mira preocupadada.

— ¿Te encuentras bien?

Cierra sus ojos azules a la vez que una decena de imágenes atraviesan su cerebro, quiere agarrarlas, quiere detenerse en cada una de ellas, deleitarse, pero tan pronto como llegan se van. Jadea con la impresión de haber corrido kilómetros.

Sólo una imagen ha quedado grabada en su retina de todas cuantas han pasado ante él. No sabe si es fruto de su desmedida imaginación pero la ha visto, la desconocida con una hermosa sonrisa en el rostro, luciendo un vestido y un delantal, está de pie frente a una cocina, mirándole con amor a la vez que le da a probar el guiso que está cocinando.

La mira asustado, su hermosa melena de pelo corto envuelve su pálido rostro, sus labios rosados parecen a punto de decir algo importante, sus ojos marrones pestañean confusos.

Ninguno de los dos necesita más palabras, agarra su mano y la arrastra fuera, ella se deja llevar. Salen del local de copas y avanzan por la calle en completo silencio, sólo interrumpido por el sonido de sus pasos y sus respiraciones.

Él vive cerca, llega hasta su piso y la hace entrar, ella ni siquiera pregunta.

— ¿Porqué no puedo recordarte? — pregunta sin prender la luz, adivinando la figura delgada en la oscuridad.

— Yo sí recuerdo algo — responde su voz angelical — recuerdo… que te quiero.

Siente un cosquilleo, su piel se eriza, traga saliva con dificultad. Sí, es justamente eso, la ama sin más, sin explicaciones ni porqués.

Lleva mucho tiempo amándola, pero hasta ese momento no lo ha recordado.

Suspira feliz, apoya una mano en su fino cuello y la estrella contra su boca, la besa como recuerda haberlo hecho cientos de veces, henchido de amor, conteniendo su desbordante anhelo.

Se recorren por completo, palpando cada centímetro de piel, desnudando sus cuerpos ansiosos de contacto. Se abrazan en mitad de la penumbra, suspiran entre besos, se desgarran el uno al otro arrancándose el corazón. Beben de sus bocas, jadean imparables, se revuelven entre las sábanas, bailan la frenética danza de la pasión hasta que sus cuerpos caen rendidos, hasta que vuelven a empezar.

No preguntan, no hablan. Se aman durante toda la noche, como si no existiera el mañana, como si aquello fuese lo único que tienen, ese instante, ese breve momento.

El alba les sorprende a uno en brazos del otro, casi se miran confusos, sin entender muy bien que es lo que ha ocurrido. Lo comprenden por sus cuerpos desnudos, por su silencio incómodo.

Ella se sonroja y toma sus ropas, se viste a la vez que consulta su reloj, llega tarde a todas partes. Él la mira tapar su hermosa piel con las prendas, y siente como el vacío que se adueñaba de sus entrañas antes de tenerla en su cama retorna a su lugar.

Se despiden cohibidos y ella corre por la calle, mientras el alba despunta entre los edificios. Él siente una sensación amarga en su boca. Se viste de cualquier forma y abandona su apartamento, corre tras ella.

Su respiración produce vaho, denso y blanquecino. Corre y la encuentra caminando tranquilamente por la acera vacía, entre los comercios aún sin abrir, pone una mano sobre su hombro y ella se gira. Se miran y de repente les asalta la confusión.

Ninguno de los dos recuerda la noche anterior, ninguno sabe absolutamente nada, sólo hay caos, un caos negro que se traga la luz de sus ojos. Ranma retira la mano de su hombro sin saber lo que está haciendo.

— Disculpa — dice mientras ella le mira asustada — pensaba que te conocía.