Ranma 1/2 es una obra cuyos derechos pertenecen a Rumiko Takahashi. Este fanfiction está realizado sin ningún ánimo de lucro y con el mero objetivo de divertir y entretener.

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Encuentros

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3. Cafeteria

A veces Nabiki Tendô piensa que es una mala persona. Sonríe forzada y cambia de tema.

— ¿Sabes de lo que hablo? — le increpa su hermana menor, y ella mira por la ventana de la cafetería.

— Creo que hoy lloverá pero no traje paraguas.

— ¿Has escuchado algo de lo que he dicho?

Suspira como ya ha hecho decenas de veces, cansada, ojerosa. Ya se lo ha explicado de mil maneras, a veces entre lágrimas, otras de forma seria, incluso se lo escribió… pero siempre acaba igual. Siempre el mismo resultado.

— Sí, te oigo Akane, es sólo que no te quiero contestar.

— ¿Cómo puedes ser tan cínica?¡esto es grave!

— Sé que es grave, pero… aún así no importa. Porque esto también lo olvidarás.

— ¿Qué quieres decir?

Allá iban otra vez, debía de tener alguna especie de complejo sadomasoquista por estar dispuesta a afrontar de nuevo la bajada de esa empinada montaña rusa.

— No estás loca, es sólo que eres terca. No te hace falta ningún psiquiatra.

— ¿T-terca?

— Ese hombre que dices existe, no está en tu mente, no es cosa de tu imaginación. Se llama Ranma Saotome y es tu marido.

— No juegues conmigo, ¿que clase de disparate es ese?¿mi marido?, ¡si solo soñé con él!

— No — dice la mediana de los Tendô alzando poco a poco la mirada — no son sueños, son recuerdos. Antes yo misma pensaba que lo soñabas pero… pero creo que con el paso del tiempo el hechizo se ha ido debilitando, se vuelve más y más débil. Por eso cada vez que recordáis os cuesta más olvidar. No son sueños Akane, son tus recuerdos de vuestros trágicos encuentros.

— ¿Hechizo? — su tez clara se vuelve blanquecina, casi verdosa, se muestra asustada de sus propias palabras — Eso no existe, tonterías como los hechizos o las maldiciones… vamos Nabiki, ¿por qué me intentas gastar bromas?

— Ojalá y fuera una broma — se lleva las manos a la cabeza — Ojala y dentro de un rato pudieras recordar esta maldita conversación.

— ¿Y por qué no iba a poder?

— ¡Porque estás hechizada! — exclama a la vez que da un fuerte golpe en la mesa, la mitad de los comensales de la cafetería se giran para mirarla, molestos — Simplemente eres incapaz de recordar nada que tenga que ver con él o con vuestra relación durante más de unos minutos, ni siquiera cuando os encontráis dura más de un instante es…

Frustrante, odioso, pero sobre todo... cruel.

Mira a su hermana con una lástima infinita, y Akane parece fuera de sí, las lágrimas corren por sus mejillas, otra vez lo ha vuelto a hacer, ha sido egoísta, ha vuelto a hablar de más.

— ¿No puedo recordarle? — dice con la mirada perdida — pero… entonces… ¿de veras existe?

Nabiki se levanta y se sienta junto a ella.

— No importa, no llores, en cuanto pienses en otra cosa se irá el dolor. Discúlpame, a estas alturas debería haber aprendido.

— Si existe he de encontrarle — dice levantándose — ¿tu sabes donde está?

— Akane…

— ¡No lo entiendes! si lo que dices es verdad entonces yo…— se lleva una mano a la altura de la boca, se paraliza un segundo y corre hacia el lavabo, abriéndose paso entre las mesas.

— ¿Akane?

Y entonces Nabiki tiene un mal presentimiento, traga saliva y sigue el camino que ha recorrido su hermana. Llega hasta el aseo y abre la puerta.

Observa la frágil espalda, arqueandose ante las arcadas, vomitando el zumo que apenas acaba de tomar.

La mira sin atreverse a mover un músculo, aterrorizada.

— No puede ser… — susurra reclinándose sobre la pared.