hola :)

bueno... aqui les dejo otro capitulo... manden reviews :3


CAPITULO 6: "LA TEORIA DEL AMOR"

"Al amor nunca lo subestimes, si es algo que no puedes evitar. No intentes evitarlo"

En parte me hacía feliz que él no estuviera aquí, pero sabía que en cualquier momento lo vería. Corrijo, no me hacía feliz, pero me quitaba un peso de encima.

Al bajar completamente las escaleras, tanya me dio un fuerte abrazo y lo acompaño con un "felicidades". ¿Pero qué demonios me había perdido?, entonces recordé que detrás de todo este alboroto que estaba en mi cabeza. Hoy, era mi cumpleaños. ¡Genial!. Ahora me preguntaba ¿Cómo es que se había acordado de mi cumpleaños?, no recuerdo haberlo mencionado en ningún momento, solamente en la preparatoria pero… eso ya había sido desde hace mucho.

-¿Por qué no me habías dicho que era tu cumpleaños? – exigió Mike con el ceño fruncido.

-bueno, para serte sincera, ni siquiera yo me acordaba de mi cumpleaños. La verdad es que no sé cómo se acordó tanya.

-yo lo recuerdo todo, además, jamás olvide tu cumpleaños porque es el mismo día del aniversario de mis papas – ella sonrío, y me volvió a dar un último abrazo.

Me jalo del brazo y me llevo directo hacía la cocina. Entonces, para mi mala suerte, ahí estaba el, y tenía un pastel de compañía. No pude mirarlo a los ojos, tenía demasiada vergüenza.

-felicidades bella – me dijo con la voz seria.

-gracias, amm… tanya, no tenías por qué hacer esto – cuando le dije aquello, no pude verla a la cara.

-bella, eres mi amiga, y por ti haría cualquier cosa – de acuerdo, aquellas palabras se volvieron mi propio infierno.

Durante todo el día, ella me estuvo consintiendo. Me llevaron a comer, y Edward se excusó diciendo que se sentía un poco mal. Aunque yo sabía perfectamente que no le pasaba nada. Las horas me iban comiendo, conforme pasaba el tiempo. Parecía que la culpa pesaba más cada vez, haciendo que la respiración se entrecortara.

1 mes…. Un mes había pasado ya desde que Edward y yo… desde aquel contacto entre nosotros. No volvimos a estar a solas, ya que lo esquivaba cada vez que podía pasar eso. Solo cruzábamos unas cuantas palabras, pero eran secas. Aquello me destrozaba el alma, porque yo lo amaba, pero él era prohibido para mí.

Tanya cada vez se apegaba más a mí, y yo trate de no verme tan distante para que no pensara nada malo de mí.

Mike hacía apenas 2 semanas, en una cena como cualquier otra, me agarro desprevenida y me pidió que sea su novia. No sabía que contestarle. Edward me miraba con ojos de tristeza, pero él debía de entenderlo de una buena vez, así que le dije que sí. Me sentía aún más miserable, porque sabía que le había dicho que si a Mike, solo para poder olvidar a Edward.

Disimulábamos felicidad, con nuestras respectivas parejas. Salimos otro par de veces a bailar, pero ahora solo bailaba con Mike o con tanya.

No había noche que no pensara en él, en aquel día donde estuve a punto de ser suya, en donde por un momento perdí la cabeza completamente. Las lágrimas salían de mis ojos cada vez que pensaba en él. Era imposible olvidarlo por más que intentara, me era inútil.

Los peores momentos que pasaba, era cuando tanya me contaba, como Edward la hacía suya. Me moría de celos tan solo de pensarlo, y por un instante me hubiese gustado ser yo, la que estuviese en su lugar.

Ya solo faltaba 1 mes para poder irme de nuevo y no volver a verlo nunca. Todo este tiempo se me haría una eternidad, pero debía aguantarlo.

Eran las 12 de la noche, mis manos sudaban y mis mejillas temblaban. De nuevo había soñado con él y la culpa me mataba. Decidí ir a la cocina a tomar un vaso de agua, necesitaba despejar mi cabeza un rato. Todas las luces estaban apagadas, prendí la de la cocina y las luces me dieron un fuerte golpe en los ojos. Poco a poco mis ojos se acoplaron a la luz, entonces me serví el vaso de agua. Voltee hacía el jardín, todo parecía tranquilo, las luces de la alberca estaban prendidas y se veía hermoso. Al visualizarlo bien, me di cuenta de que había alguien en la alberca. El pánico entro en mí, no sabía qué hacer, entre la desesperación, tome solamente una sartén para poder defenderme, sentía que me veía como en una película, que estúpida. Abrí en silencio la puerta hacía el jardín y me acerque lentamente hacía la alberca, entonces, pude distinguir muy bien de quien era ese cuerpo.

-¿¡qué demonios haces aquí!? Te vas a congelar - había prometido no volver a hablarle, o al menos no a solas, pero, ahora si me había preocupado. Más bien, me había asustado.

-¡bella!, más bien, ¿tú qué haces aquí?, vete… quiero estar solo – me dijo con la voz apagada.

-¡no!, claro que no te voy a dejar aquí, salte de ahí ahora – mi voz había subido de volumen, pero el de verdad estaba loco. El pareció enojarse porque me contesto con el mismo tono de voz.

-¡Isabella vete! - ¿había perdido el juicio?

-bien. Ok está bien, si no entras a la casa es tu decisión, pero yo no te voy a dejar aquí solo… voy a entrar. – ahora yo era la que había perdido el juicio, pero me estaba desesperando.

-no hagas tonterías bella, entra ya – su voz sonaba más calmada, pero de nuevo tomo el mismo tono triste.

-¿tú hablas de tonterías?, mira donde estas – entonces me di cuenta, de que ni siquiera se había quitado la pijama. ¡Entro con todo y ropa!

Entonces, sin pensar las cosas en ese momento, me arme de valor, y de un salto entre a la alberca. Él se empezó a reír. Bueno, tan siquiera había quitado su cara de pocos amigos.

-estás loca Isabella swan. Sabes perfectamente que de todos modos no saldré – me valía un demonio si entraba o no, debía saber porque había hecho eso.

-n...no me im…imporrr…ta – el agua estaba demasiado helada y yo no dejaba de tiritar.

-bella, tu eres la que se va a congelar. No te preocupes por mí, ahora sal, yo entrare dentro de un buen rato.

-tu es… estas l… loco.

-bien, tu ganas, saldremos, pero solo porque te estas muriendo aquí mismo – el volvió a reír, y eso me enojo. Se estaba burlando de mí.

-bb…bien – ahora ya no sentía ninguna parte de mi cuerpo. El salió primero y luego me tendió su mano para que pudiera salir.

-ten, tapate – me dio una toalla y yo sin pensarlo me la puse. - ¿mejor?

-s… ssi – baje la mirada, no podía permitir volver a perderme en sus ojos.

-bella, ¿Por qué hiciste eso? – hasta la pregunta era tonta.

-no te iba a dejar ahí solo. No es común bajar a las 12 de la noche y encontrar a un chico solo bañándose en una alberca – le dije sarcásticamente.

-vamos a entrar – me dijo dándose la vuelta. Yo lo seguí.

-¿Por qué estabas ahí? – tenía que saberlo.

-eso es cosa mía. Preocúpate por ti – de nuevo se había enojado.

-bien. Eso me ganó por tratar de ayudarte – me di la vuelta y avance hacía la sala. Entonces, una mano me detuvo del brazo.

-no… perdón. No debí gritarte, lo siento. No es tu culpa que yo…. Solo perdóname.

-está bien, si no quieres decirme que te pasa, no te voy a obligar. – me solté de su mano y volví a girarme. No me iba a quedar ahí a ver como terminaba todo.

-creo que será mejor que te esperes. Vas a mojar todo el camino. ¿Ya se te olvido que te diste un buen baño? - de nuevo volvió a reír, pero en un tono bajo para no hacer ruido.

-bien, tienes razón – me senté en uno de los bancos y no dije ni una sola palabra. Pasados unos minutos, ya estaba lo suficientemente cerca para poder subir a mi habitación. – bueno… me voy, buenas noches.

Subí a mi habitación muy lentamente para no hacer ruido. Todavía tenía demasiado frio, así que decidí darme un baño de agua caliente. Al terminar, me puse otro pijama y me envolví entre sabanas. ¿Por qué había hecho eso?, hubiese sido mejor que él se quedara ahí y yo jamás me hubiese aventado a la alberca. A lo mejor la locura era contagiosa. No, ¿a quién quería engañar? Lo hice por él, porque de verdad me había preocupado, porque me dolía verlo triste, porque ahora él… era parte de mi vida, y ya no iba a poder sacarlo nunca más. Por más que quisiera, ya era inútil cualquier intento por olvidarlo. Me había tardado un buen rato en entenderlo, pero al fin lo entendí. En el amor no se manda, y tu corazón, siempre va a ganar ante tu mente.

No sé cuánto tiempo pase meditando sobre aquello, pero de repente, escuche como alguien tocaba a mi puerta, cerré mis ojos haciendo que dormía.

-¿bella? ¿Ya estas dormida? – escuche su hermosa voz llenar toda mi habitación y abrí los ojos sin pensarlo.

-¿pasa algo? – le pregunte fingiendo la voz adormecida.

-perdón, no quería despertarte, me voy.

-¡no! - ¿Qué demonios había dicho? El entro paso por paso a mi habitación hasta quedar al borde de la cama.

-solo quería saber cómo estabas, no quiero que te de pulmonía por mi culpa.

-estoy bien, gracias – no tenía nada más que decir. Con él enfrente de mí, nunca me salían las palabras, al menos no coherentes.

-ok… entonces, me voy, descansa – él se dio media vuelta, y el valor salió de mí.

-te quiero – al salir esas palabras de mi boca, inmediatamente me arrepentí. El solo se quedó inmóvil sin decir ni una sola palabra. ¡Mierda! Lo había arruinado. Volvió a voltear hacía mi dirección.

-yo también te quiero – una media sonrisa salió de él y se fue.

¿Qué había sido eso? La verdad no importaba. Millones de emociones invadieron mi ser. Él me quería, y me lo confirmo. Aquella felicidad era inexplicable, ¡él me quería! Y yo también a él. El único problema era… que los 2 estábamos comprometidos y nadie lo cambiaria. No sé porque, pero ahora no me arrepentía de lo que había dicho. Aunque mi decisión de no volver a tocar ese tema con él, seguía en pie. No iba a lastimar a mi mejor amiga, ella lo amaba a él, al igual que yo, pero mis sentimientos no importaban, no en ese momento. Deseaba que fuera de mañana para poder volver a verlo, ahora ya no me molestaría, solo me haría feliz. Si poder verlo era suficiente para mí, entonces me conformaría con eso, pero ya no negaría más este amor que sentía por él.