hola :)
bueno... mucho tiempo sin subir un capitulo, espero que este les guste y... cuidense
CAPITULO 7 "ESCAPADAS EN SECRETO"
"todo aquel que no puede tener un amor feliz, correspondido o bien visto para la sociedad. Se harta de todo típico final feliz. Lo que no entienden, es que para llegar a ese final feliz, debes de luchar y hacer lo que sea posible".
Bella pov.
A la mañana siguiente, me levante con una felicidad inigualable, las ganas de verlo no eran posibles de esconder. Me levante rápidamente a darme un baño sin fijarme si el agua estaba helada o caliente. Me vestí rápidamente, pero escogiendo muy bien mi ropa, cepille mi cabello lentamente para que no se esponjara, me puse un poco de perfume. Cosa que nunca hacía, pero ahora me dio por hacerlo. Tome una bocanada fuerte de aire y salí. La sonrisa no se iba de mi rostro. Al bajar las escaleras, ahí estaba como siempre, tanya y Mike. Ellos se habían hecho muy buenos amigos y eso me alegraba.
-buenos días amor – me dijo Mike dándome un beso en la mejilla. Aquello me incomodaba un poco, pero después de todo él era mi novio y no podía negarme a un beso de él.
-buenos días – le conteste con una sonrisa.
-hola bella, ¿dormiste bien? – me pregunto tanya con una taza de cereal en la mano.
-sí, muy bien gracias. ¿Ya desayunaron?
-bueno, ya sabes que siempre desayunamos temprano, pero si quieres te acompañamos en la mesa –
-no, gracias. Voy a ver que hay en la cocina, los dejó. – sabía perfectamente que él estaría en la cocina, así que era a propósito mi visita ahí.
Abrí la puerta y como pensaba, ahí estaba el de espaldas y como siempre cocinando. Algún miedo extraño se apodero de mí, pero de todos modos mis ansias de hablar con él, eran más grandes. Se volteó y me dedico una sonrisa.
-buenos días – me dijo con una voz completamente diferente a la de anoche.
-buenos días – yo también le sonreí y avance hacía la mesa.
-¿tienes hambre?
-sí, un poco – admití
-estaba cocinando un poco de huevos, ¿quieres comer conmigo? – la sonrisa no podía desaparecer de su cara. Y de la mía tampoco.
-de acuerdo – sirvió 2 platos en la mesa. Aquello realmente olía bien.
-¿Qué tal la pulmonía, te agarro fuerte? – el soltó una pequeña risa y yo lo seguí
-¿Qué pulmonía? ¿Bella, estas enferma? – pregunto tanya en la puerta de la cocina. Ambos empezamos a reír más fuerte.
-un… chiste privado – contesto Robert, reteniendo una risa.
-menos mal, creí que te sentías mal – tanya dejo el plato de cereal en el fregadero y volvió a salir hacía la sala.
-¿Qué tal está? – me pregunto después de que le diera un bocado.
-sabes perfectamente que siempre te sale bien todo. ¿Por qué lo preguntas? – le dije arqueando mis cejas y una sonrisa.
-por 2 razones. Quería hacerte plática y porque me encanta que me alaguen – los 2 empezamos a reír.
-ya te lo dije, todo te sale bien – le confirme para que dejara de presumir que cocinaba mejor que yo.
-¿hasta mis besos? – aquella pregunta me dejo perpleja.
-aquí no… no hagas esto – le dije ahora un poco más seria.
Es verdad, lo quería, pero no podía dejar llevarme por esto, al menos no demasiado.
-lo siento… me… deje llevar, no lo pensé. Olvida que lo dije, ¿sí? – el volvió a sonreír como si lo hubiese olvidado y eso me tranquilizo.
-hoy…. ¿es tu cumpleaños cierto? – le dije para cambiar de tema.
-no me recuerdes que estoy un años más viejo – bufo
-¿Cuántos años tienes?
-hoy cumplo 25 – dijo arqueando las cejas-
-hmm… no estás tan viejo – le dije con una sonrisa
-¿tu cuantos años cumpliste? – me pregunto.
-no creo que sea importante – le dije evadiéndolo.
-eso no es justo, yo ya te dije mi edad, ahora tu dime la tuya.
-tengo… tengo 22
-no veo porque tengas que avergonzarte, aun eres muy joven – si supiera que era porque yo creía que no era suficiente para él.
-gracias – fue lo único que pude decir
-¿terminaste? – baje la mirada a mi plato y estaba vació. Ni siquiera me di cuenta cuando lo acabe.
-sí, gracias – él recogió mi plato y lo llevo al fregadero.
Me levante de la mesa, aunque no quería irme tenía que hacerlo, ya que no tenía ni una excusa para quedarme. Salí a la sala y tanya me jalo del brazo sin previo aviso.
-¿Qué paso tanya? – le pregunte por tremendo sacudón que me dio
-necesito tu ayuda ¿si porfa? – hizo un pequeño puchero y eso me hizo reír.
-de acuerdo, dime – ella sonrió y prosiguió.
-necesito que te lleves a Robert. No lo sé, inventa alguna excusa, dile que necesitas ayuda o que quieres su opinión para algo. ¡No lo sé!, pero por favor llévatelo – aquella noticia no podía ser más feliz, y sin dudarlo le diría que sí.
-y ¿para qué? – le pregunte para no parecer tan desesperada
-es su cumpleaños te lo dije, y Mike se ha ofrecido a ayudarme. Te lo hubiese pedido a ti, pero no creo que seas muy fuerte o si – ella se empezó a reír y yo solo le sonreí.
-de acuerdo, veré que invento. ¿A qué horas tengo que llevármelo?
-ahora mismo. Hay bella, como se ve que no sabes cómo arreglar una fiesta cierto – me dio un pequeño empujón hacia la cocina y entre.
-¿Robert?, estemm… ¿será que me puedas acompañar al… centro comercial? - ¿centro comercial? ¿No se me pudo haber ocurrido algo mejor?
-¿quieres que te acompañe? – pregunto confundido.
-sí, bueno, necesito hacer algunas compras y pues… creo que algunas bolsas estarán pesadas – de acuerdo, era pésima para improvisar.
-¿y porque no le preguntas a Mike que lo haga? – pregunto ahora un poco más serio
-¿entonces, no quieres acompañarme? – aquellas palabras me dolieron.
-no es eso, es solo que… no importa, de acuerdo iré contigo – me sonrío con una sonrisa torcida. Amaba esa sonrisa. – y… ¿a qué hora nos vamos?
-ahora mismo – le sonreí. Por un momento pensé que no quería mi compañía.
Robert pov.
Bella, ya llevaba un mes sin hablarme, y yo… 1 mes desde que sentí por primera vez su cuerpo contra el mío. Cada noche me maldecía, por haberme dejado llevar ese momento. Gracias a eso, bella ya no me dirigía la palabra, y si lo hacía, era solamente por compromiso.
Ya era demasiado tarde, así que decidí darme un baño para poder descansar aunque sea un poco. Aunque, ya llevaba varias noches sin poder dormir como dios manda.
Siempre que cerraba mis ojos, venía a mi mente ella, sus ojos hermosamente achocolatados, su boca, su piel traslucida, su sonrisa, su cuerpo perfecto. ¡Basta! me dije a mi mismo cuando de nuevo mi cuerpo había reaccionado al pensar en ella. Me metí a la tina, pero ni siquiera con eso, logre que mi cuerpo parara. Tanya ya estaba durmiendo, así que decidí salir con mucho cuidado. ¿A dónde iba? No lo sé, solo quería salir de allí por un rato. En mi mente aún estaba ella. Baje a la cocina, tome un poco de agua, pero no era lo que necesitaba en ese momento, así que sin pensarlo me dirigí hacía el jardín. Necesitaba aire, espacio, tranquilidad. Cosa que no había tenido hace mucho tiempo. Pensé en sentarme un rato a escuchar el aire pasar, pero una parte de mí, agarro la locura y de un solo clavado me eche a la alberca. Lo hice por 2 razones: 1° necesitaba que mi cuerpo dejara de reaccionar ante las imágenes de mi cabeza. 2° hace tiempo que deje de pensar coherentemente sobre mis decisiones.
El agua estaba congelándome, Parecía que estaba a bajo 20° grados. No sé cuánto tiempo estuve ahí pensando en una tontería tras otra, pero me imagine que había sido el tiempo suficiente para que ahora ya no sintiera absolutamente nada de mi cuerpo.
-¿¡qué demonios haces aquí!? Te vas a congelar - aquella voz retumbo mis oídos, pero debía estar alucinando. Sin embargo voltee.
-¡bella!, más bien, ¿tú qué haces aquí?, vete… quiero estar solo – le dije confundido. ¿Qué hacía a estas horas de la noche aquí?
-¡no!, claro que no te voy a dejar aquí, salte de ahí ahora – su voz subió de tono y aquello me hizo enojar. Debía entender que quería estar solo.
-¡Isabella vete! – mi voz también subió de tono, pero me arrepentí inmediatamente. Ella no tenía la culpa de nada.
-bien. Ok está bien, si no entras a la casa es tu decisión, pero yo no te voy a dejar aquí solo… voy a entrar. – su voz tenía pánico, así que supuse que no lo haría.
-no hagas tonterías bella, entra ya – le dije para que supiera que no estaba comprometida a hacer nada.
-¿tú hablas de tonterías?, mira donde estas – era muy buen punto de su parte, pero yo tenía motivos para hacerlo, ella no.
No conteste nada más, esperando a que ella se fuera y lo olvidara todo. Escuche silencio casi por un minuto. Ella muy probablemente ya se había ido. Pero de repente sentí como unas gotas de agua pegaban a mi cara. ¿Estaba loca? Esa mujer era demasiado testaruda y cabezota.
-estás loca Isabella swan. Sabes perfectamente que de todos modos no saldré – le dije para que se rindiera de una vez por todas, pero no pude evitar reírme al ver como temblaba en el agua.
-n...no me im…imporrr…ta – ¿enserio? Se estaba muriendo de frio y… ¿no saldría?
-bella, tu eres la que se va a congelar. No te preocupes por mí, ahora sal, yo entrare dentro de un buen rato – no iba a permitir que ella siguiera ahí ni un solo instante.
-tu es… estas l… loco – al parecer no se había dado cuenta de que ya éramos 2.
-bien, tu ganas, saldremos, pero solo porque te estas muriendo aquí mismo – otra risa salió de mi boca, no podía evitarlo.
-bb…bien – salí primero para poder ayudarla. Ya que dude que ella se pudiera mover por su propia cuenta.
-ten, tapate – le dije al darme cuenta que su hermoso cuerpo se marcaba con su ropa gracias al agua - ¿mejor?
-s… ssi – ella bajo la mirada y eso me enojo, porque no me permitía ver sus hermosos ojos chocolate.
-bella, ¿Por qué hiciste eso? – le pregunte para ver si así, volvía a subir su mirada.
-no te iba a dejar ahí solo. No es común bajar a las 12 de la noche y encontrar a un chico solo bañándose en una alberca – me dije arqueando sus cejas y poniendo su voz sarcástica.
-vamos a entrar – le dije esquivando el tema.
-¿Por qué estabas ahí? – la pregunta que no quería oír, salió de sus labios. ¿Qué le decía? ¿Me tire a la alberca porque mi cuerpo había reaccionado al pensar en ti?
-eso es cosa mía. Preocúpate por ti – le dije ahora molesto conmigo.
-bien. Eso me ganó por tratar de ayudarte – ella se dio la vuelta e intento salir. De seguro había pensado que me había enojado con ella. ¡Qué estúpido! La detuve del brazo y la voltee de nuevo hacía mí.
-no… perdón. No debí gritarte, lo siento. No es tu culpa que yo…. Solo perdóname. – me sentía todo un cobarde.
-está bien, si no quieres decirme que te pasa, no te voy a obligar. – me relaje ante sus palabras. Ella se dirigió de nuevo hacía la sala, pero yo no quería que se fuera. Necesitaba un poco más de tiempo, solo un poco. Para poder mirarla.
-creo que será mejor que te esperes. Vas a mojar todo el camino. ¿Ya se te olvido que te diste un buen baño? - me reí por mi grandiosa excusa para que ella se quedara.
-bien, tienes razón – ella se sentó de nuevo, pero volvió a bajar su mirada eso me frustro, pero tenía su lado bueno. Iba a poder admirarla sin que ella se diera cuenta. Durante un buen rato no dijo nada y cuando al fin levanto la mirada solo fue para irse - bueno… me voy, buenas noches.
Decidí que yo también tenía que subir. Ya era demasiado tarde y no me iba a quedar ahí toda la noche. Subí con la punta de mis pies para no hacer demasiado ruido. Quería darme un baño, así que saque un pijama del armario y me fui a un cuarto de huéspedes para que tanya no se despertara. El agua caliente había tranquilizado mi cuerpo a la perfección, aunque probablemente me costara una pulmonía mañana. Bella como siempre, había invadido mi mente. Una sonrisa salió de mí cuando, recordé todo el suceso de la alberca. Aquella chica estaba loca. Al terminar, me sentía con unas ansias efusivas en mi pecho, algo que no podía calmar, y sabía perfectamente porque lo sentía. Tenía ganas de verla, no me podía quedar así de tranquilo, necesitaba verla aunque sea solo un segundo más para poder dormir tranquilo por lo que quedaba de la noche. Por un momento me desconecte de mi mente y de lo que era correcto, simplemente seguí mis instintos. Me dirigí al cuarto de bella, y ella estaba acostada. Se veía tan hermosa, aunque claro, ella se veía hermosa de todas las formas.
-¿bella? ¿Ya estas dormida? – dije casi en un susurro para no despertarla por si estaba dormida.
-¿pasa algo? – bien hecho Robert, ¡la despertaste!
-perdón, no quería despertarte, me voy.
-¡no! – al oír eso, una sonrisa salió de mí, pero la borre inmediatamente.
-solo quería saber cómo estabas, no quiero que te de pulmonía por mi culpa. – en parte, si quería saber que estaba bien, pero mi principal razón era para poder mirar sus ojos chocolate.
-estoy bien, gracias – sus palabras secas, me lo dijeron todo. Yo sobraba.
-ok… entonces, me voy, descansa – solo había venido a despertarla, y aparte a incomodarla.
-te quiero - bien Robert. ¡Ya alucinas!... pero entonces me di cuenta. No era un sueño, ni producto de mi imaginación, ella de verdad había dicho que me quería. Era imposible, pero debía guardar este momento.
-yo también te quiero – tenía que contestarle, para que ella supiera que no la había olvidado, le sonreí, y no pude hacer otra cosa más que salir. No quería arruinar aquel momento perfecto.
Los rayos del sol, fueron directamente hacía mi cara, haciendo que me despertara de golpe. Aún no podía creer lo de anoche, bella me dijo que me quería, y aunque nada hubiese quedado claro, para mí era suficiente.
Tanya me había pedido que cocinara algo para ella, cosa que agradecí, ya que aparte de pintar. La cocina era lo único que me daba un poco de tranquilidad. La sonrisa no salía de mi rostro, aunque sabía que a lo mejor bella, solo lo había dicho por una simple imprudencia, Para mí lo más importante fue que lo dijo. Termine de hacer unos hotcakes para tanya, y al poco rato bajo el estúpido de Mike.
-buenos días, ¿no ha bajado mi novia? – desde que bella le había dicho que sí. Mike se pasaba por toda la casa con esa maldita palabra.
-no todavía no, ¿quieres desayunar? – tanya le pregunto, porque si fuese por mí, ya lo hubiese echado de la casa.
-si gracias. ¿Qué tal Robert? Huele bien.
Si cretino, me gustaría restregártelo en la cara para que lo huelas mejor.
-siéntate, ahora te sirvo – y eso es lo único que le pude decir.
-¿y tú no vas a comer amor?
-no gracias, más al rato, ahora no tengo hambre - le dije a tanya mientras le servía el plato a Mike.
-bueno… y si sabes qué día es hoy ¿verdad? – me pregunto tanya. ¡Mierda!, mi cumpleaños.
-pues… ¿jueves? – me hice el desentendido.
-no tontito, hoy es tu cumpleaños. No creas que se me olvido. Felicidades – me dijo, seguido por un beso. Tuve que corresponderle o me vería como un idiota si no lo hiciera.
-gracias tanya.
-y… tengo una pequeña cosita para ti – se dirigió al refrigerador y saco un pequeño pastelito de color morado con chispas de colores – es tu pequeño pastelito, ¡disfruta tu día mi amor! – me volvió a dar otro beso y se fue hacía la sala.
-felicidades, no sabía que era tu cumpleaños – me dijo Mike, ahora ya solamente conmigo.
-si… yo tampoco lo recordaba – le dije secamente.
-bueno, te dejo, iré un rato a la sala a esperar que bella bajé - ¡maldito!, dije para mis adentros.
Tanya volvió a entrar y saco un poco de cereal en un plato.
-¿amor? – me llamo.
-¿mande?
-te amo y mucho – ella me beso y me sentí un completo cretino. Yo no podía contestarle con lo mismo.
-te ves muy linda – solo un alago salió de mi boca. Pero ella pareció estar conforme, porque sonrió y de nuevo se fue.
Mi estómago, empezaba a gruñir, ya había preparado el desayuno para tanya y para el estúpido de Mike. Así que ahora solo faltaba yo y… bella. Y ante la posibilidad de que ella se levantase, prepare un poco más de la cuenta. De acuerdo, estaba demasiado esperanzado, pero ya no podía parar.
Mientras preparaba el desayuno, oí que se abría la puerta de la cocina. Intente hacer caso omiso a ello, pero pude escuchar cómo se aclaraban la garganta y supe que era ella. Instintivamente voltee y le dedique una sonrisa.
-buenos días –
-buenos días – me dijo devolviéndome la sonrisa
-¿tienes hambre? – ya vengo preparado pensé para mis adentros.
-sí, un poco.
-estaba cocinando un poco de huevos, ¿quieres comer conmigo? – ante la idea, una sonrisa salió de mí.
-de acuerdo.
-¿Qué tal la pulmonía, te agarro fuerte? – dije como quien no quiere la cosa. Pero una risa salió de mí.
-¿Qué pulmonía? ¿Bella, estas enferma? – no pude evitar reír más fuerte, y bella me acompaño.
-un… chiste privado.
-menos mal, creí que te sentías mal – una de las cosas buenas de tanya. Era que nunca preguntaba de más y me daba mi espacio. Después de todo, si la quería, y tal vez, podría rescatar todavía ese amor.
-¿Qué tal está? – le dije, para poder seguir platicando.
-sabes perfectamente que siempre te sale bien todo. ¿Por qué lo preguntas?
-por 2 razones. Quería hacerte plática y porque me encanta que me alaguen – reí por lo bajo de mi comentario.
-ya te lo dije, todo te sale bien.
-¿hasta mis besos? – ¿¡pero qué demonios había dicho!? Si a duras penas, bella estaba empezando a hablarme de nuevo, esto lo había arruinado todo. Tardó mucho tiempo en contestarme, y eso me estaba poniendo aún más nervioso.
-aquí no… no hagas esto – ella me contesto, y aunque no de la manera que yo hubiese querido. Que me contestara era un avance.
-lo siento… me… deje llevar, no lo pensé. Olvida que lo dije, ¿sí? – sonreí para calmar un poco el ambiente.
-hoy…. ¿es tu cumpleaños cierto?
-no me recuerdes que estoy un años más viejo – bufé
-¿Cuántos años tienes? – la pregunta que no quería oír.
-hoy cumplo 25.
-hmm… no estás tan viejo – eso solo me hizo sentir más viejo
-¿tu cuantos años cumpliste?
-no creo que sea importante – me dijo evadiendo mi pregunta
-eso no es justo, yo ya te dije mi edad, ahora tu dime la tuya. – no se iba a zafar tan fácilmente.
-tengo… tengo 22
-no veo porque tengas que avergonzarte, aun eres muy joven.
-gracias.
-¿terminaste? – le dije al ver que ese tema le incómodo.
-sí, gracias - recogí su plato. Y ahora, ya no había ninguna excusa para que se quedara.
Ella salió de la cocina, y toda mi sonrisa se desvaneció. Decidí lavar los platos antes de salir y enfrentar la verdad, al ver como Mike podía abrazar a bella y yo no.
-¿Robert?, estemm… ¿será que me puedas acompañar al… centro comercial? – sus palabras me sacaron de mis pensamientos. Y entonces recobre poco a poco su pregunta.
-¿quieres que te acompañe? – pregunte, pensando que estaba delirando.
-sí, bueno, necesito hacer algunas compras y pues… creo que algunas bolsas estarán pesadas – esto se estaba poniendo muy raro.
-¿y porque no le preguntas a Mike que lo haga? – le dije ahora, un poco serió, él era su novio.
-¿entonces, no quieres acompañarme? – esa era una pregunta estúpida. Yo la llevaría hasta Francia si ella quisiera.
-no es eso, es solo que… - ¿Qué estoy haciendo?, debo aprovechar esta oportunidad - no importa, de acuerdo iré contigo – le sonreí, ahora regresando la felicidad a mí - – y… ¿a qué hora nos vamos? – intente no sonar demasiado ansioso.
-ahora mismo – mejor aún. Pensé.
-perfecto, voy por las llaves de mi auto – le conteste sin más y fui corriendo por ellas.
Al regresar, bella ya me esperaba en la salida con una sudadera y un bolso. Estaba demasiado ansioso.
-¿lista?
-sí, vamos.
Durante todo el camino, nos dedicamos a escuchar las canciones, y una que otra canción la cantamos a coro.
Cuando al fin llegamos, estacione el auto, un poco lejos de la entrada ya que estaba demasiado lleno el estacionamiento.
-¿y qué vas a comprar? – le pregunte, haciendo deducciones de que tanto espacio ocuparía en el auto.
-Robert yo… pues… la verdad, no iba a comprar nada – ahora si estaba confundido.
-¿Cómo?
-bueno… lo que pasa es que tanya me pidió que la ayudara y que te llevara lejos de casa para que ella pudiera organizarte una fiesta – no sabía cómo reaccionar ante eso – pero… ya que estamos aquí, ¿Por qué no buscamos algo que hacer? No hay que arruinarle la sorpresa – ella me sonrió, y yo me alegre ante la idea.
-supongamos que nos quedamos. ¿Qué se te ocurre hacer?
-mmm… no lo sé, tal vez… ¿cine?
-qué te parece si mejor, vamos a la feria.
-¿a la feria? – una cara de pánico se apodero de ella. Eso me hizo reír.
-¿le tienes miedo a los juegos?
-no, es solo que… yo no… voy… a… la feria.
-¿Por qué? ¿Tiene algo malo la feria? – empezaba a creer que si era por los juegos.
-pues… si, es verdad. Le tengo miedo a los juegos mecánicos, ¡me dan pavor! – admitió.
-no te preocupes bella, no te van a comer, créeme – la tome de la mano sin pensarlo y la subí de nuevo al auto.
-si muero, cargara en tu consciencia – me reí por su comentario, pero ella parecía hablar enserio.
-de acuerdo, intentare no sentir demasiada culpa.
-Ja, que gracioso – dijo, pero al final ella también se puso a reír.
Nos tardamos unos 15 minutos en llegar a la feria. Durante todo el camino nadie dijo nada. Estaba loco, pero tenía que hablar con ella. No podíamos seguir como si nada hubiese pasado entre nosotros, y muy probablemente ella me dejaría de hablar de nuevo, pero no lo podía dejar retrasarse ni un minuto más. Y no sé cómo le haría, pero ella tendría que escucharme, aunque eso implicara secuestrarla.
-llegamos, ¿lista para divertirte? – le dije con un tono sarcástico, pues ella seguía con cara de miedo.
-Ok, vayamos a matarme – yo volví a reír sin poder contenerlo.
-bella, creo que exageras un poco. Solo son juegos, no te va a pasar nada malo.
-de acuerdo, subiremos a un juego, pero si no puedo más, ¿nos iremos de acuerdo?
-empezaremos con algo ligero. Hmm… que tal… la rueda dela fortuna – eso no sonaba tan horrible, a menos que… - ¿no me digas que también le tienes miedo a las alturas?
-no, bueno… no tanto
-bella, de verdad no te va a pasar nada, lo prometo.
-¿y cómo sé que de verdad no pasara nada? – esta chica era testaruda.
-bella, por favor – le dije arqueando las cejas – no te va a pasar nada.
-de acuerdo, confió en ti.
La fila tardó un buen rato, y cuando ya casi era nuestro turno, bella empezó a entrar en pánico de nuevo.
-bella, si quieres mejor lo dejamos para otra ocasión, no te preocupes, no tienes por qué hacer esto.
-sí, si tengo que, es tu cumpleaños y no voy a arruinártelo.
-ven vamos – la tomé de la mano, y la subí con mucho cuidado en el juego. Ella empezó a temblar. Y apretó un poco más mi mano. Cuando ya todo estaba lleno, el juego empezó. Y con ello la respiración de bella, se agito más. – bella, parece que de esto depende tu vida. Si quieres bajamos ya – pero ella no dijo nada. Solo se sentó a lado mío y me abrazo muy fuertemente, hundiendo su cara en mi pecho. Aquello fue algo fascinante.
-por favor, abrázame – me dijo ella, y yo sin pensarlo 2 veces lo hice.
-bella, respira profundo, no pasara nada, solo son… - y ahí estaba. Mi mala suerte se hacía presente. La maldita rueda se detuvo y para colmo, nos quedamos hasta la cima – vueltas.
-dime que no se paró – dijo con los ojos tapados
-bella… solo tranquilízate, no creo que dure mucho.
-¡el juego mecánico se ha averiado, por lo cual tardaremos, un mínimo de 1 hora y media para poder hacerlo funcionar, por favor no se alteren, trataremos de hacer esto lo más rápido posible! – dijo un tipo con un altavoz desde abajo. Yo solo pude sentir a bella tensarse a mi lado.
-Robert, vamos a morir aquí – me dijo bella, con la voz temblorosa, yo solté una pequeña risa, pero intente contenerla ya que sabía que este era un asunto serió.
-bella, no vamos a morir. A menos que por morir te referías a que te tienes que quedar conmigo durante 1 hora y media en un mismo lugar – de nuevo reí para tratar de tranquilizarla, y pareció funcionar.
-esto no puede ser peor.
-¿entonces si te molesta pasar una hora y media conmigo?
-no, es solo que, ¡mira esto!, nos venimos a parar en lo más alto de la rueda – me dijo ahora ya soltada de mí, y eso me frustro un poco.
Y en eso, una idea se me vino a la cabeza. Era el momento perfecto para hablar con bella, y ella no podría salir corriendo y esquivando el tema, a menos que quisiera aventarse de la rueda, y realmente no era lo más prudente. Así que me arme de valor, conté hasta 10, respire profundamente 2 veces y las palabras salieron de mí con mucho esfuerzo.
-bella… necesito hablar contigo ahora – ella levanto la mirada y pareció confundida.
-de… ¿Qué quieres hablar? – ahora parecía entenderlo.
-bella, desde… desde que pasó aquello, no has vuelto a hablarme, ni siquiera has querido arreglar esta situación. ¡El silencio me mata! ¿No lo ves? – creo haber escuchado subir mi tono una octava
-Robert yo… no tengo nada que decir - ¿Qué?
-¿me estás hablando enserio?, te dije que te quería. Luego, llegas y me dices que también sientes algo por mí, nos dejamos llevar por un momento, casi pasa algo entre nosotros ¿y dices que no tienes nada que decir? – la desesperación y el nerviosismo no hacen una buena combinación.
-¿Qué quieres que te diga?, todo ya te lo dije, pero debes de entender, que este tema ya no tiene que volver a salir, ¡no tiene sentido! ¡Eres el novio de mi mejor amiga! Y no por esta estupidez, dejare que ella sufra. Creí que ya te había quedado claro que no se volvería a repetir, y que esto debía olvidarse.
-¿sabes qué?, tienes razón, simplemente que me negué a creerlo. Tienes toda la razón, yo fui el estúpido que no supo escuchar – sentía como la desesperación llegaba a mí. Ella de verdad tenía razón. Todo me lo había dejado claro, simplemente que mi cabeza se negó a escucharlo. No había nada que explicar.
La rabia me invadió en ese momento, no podía ser que de un día para otro, ella lo haya olvidado así como sin nada. Necesitaba confirmar si o si, si de verdad bella, me estaba diciendo la verdad y todo esto lo hacía por tanya, y no porque no me quería. Porque aunque las 2 ideas terminan separándonos, la segunda es la que más me dolería. Así que para confirmarlo, le sujete su pequeño rostro entre mis manos sin previo aviso, y pegue sus labios contra los míos. Podía sentir como su cuerpo se tensó, pero poco a poco lo relajo. Empezó a subir sus manos, enredándolas en mi cabello, y yo lleve las mías a su cintura. Nuestras bocas danzaban sin control, como si nuestra vida dependiese de aquel beso, la acerque un poco más a mi cuerpo para sentirla conmigo. Me separe de ella, ya que por desgracia, necesitábamos respirar para seguir viviendo, pero no sin antes darle un último pequeño beso. Abrí lentamente mis ojos, y cuando pude ver su hermoso rostro, solo sonreí. Ella, no se había negado a mi beso y eso significaba que de verdad me quería.
No dijo nada, solamente me abrazo hundiendo su rostro en mi pecho.
-a veces me pregunto… ¿Por qué no te conocí antes que tanya? Pero otras veces pienso, que si no hubiese conocido a tanya, no te hubiese conocido a ti – ella seguía sin decir ni una sola palabra - ¿Qué piensas? – le dije dejando que mi curiosidad ganara.
-¿Qué vamos a hacer? – Me dijo después de un rato – tienes razón, no podemos hacer como que no pasó nada, sería más incómodo.
-pero tampoco le quieres decir nada a tanya – adivine.
-exacto. Yo… tengo miedo, a que ella me odie. Ella es mi única amiga aparte de irina. Tu no lo entiendes… yo vivía en la rutina. Mi vida era muy apagada y triste, y tanya vino a mí como un milagro, al igual que tú. Porque conocerte, a pesar de las consecuencias, ha sido lo mejor que me pudo pasar – sentí que mi corazón empezaba a agrandarse, hasta el punto de casi explotar.
-bella… no me separes de ti.
-no podemos estar juntos Robert, así tiene que ser. Yo no voy a lastimar a tanya…
-¿aunque sea a costa de tu felicidad cierto? – le interrumpí
-cierto. – no dijo nada más. Soltó nuestro abrazo y ahora me miraba a los ojos – lo siento – dijo casi en un susurro.
No. Yo no me iba a separar de ella, y sé que iba a ser un miserable ante esta propuesta, pero si ella no quería que acabara mi relación con tanya – o al menos no en este momento – tenía que buscar cualquier solución para poder estar juntos. Tenía que arriesgarme.
-bella… necesito decirte algo, pero también, me gustaría que lo pensaras – espere a que ella contestara pero solo se limitó a asentir – yo sé que… esto, no es lo correcto, ni lo más prudente para nosotros, pero… llegue a un momento de desesperación. Me gustaría, que… tú y yo… sigamos con este amor… aunque tenga que ser en secreto – ella abrió los ojos como platos.
-me estás diciendo que… ¿tengamos una relación a escondidas? – Dijo palabra por palabra - ¿¡estás loco!? Eso es… ¡estúpido! ¿Sabes lo que sería para mí, verte con tanya, siendo su novio, y después vengas conmigo, a besarme como si no hubiese pasado nada? ¡Yo no quiero compartir tus labios! – no podía creer lo que había dicho. Ella, no estaba defendiendo a tanya. Estaba expresando sus sentimientos sin pensarlo - ¡sí!, es verdad, lo dije. ¡Soy una maldita egoísta que te quiere solo para mí!, ya no puedo más con esto – se volvió a abrazar a mí, y empezó a sollozar. Yo seguía sin creer lo que había dicho.
-bella…. ¿Eso fue un no, o un sí? - ¡rogaba a dios que haya sido un sí!
-no sé qué pasara después, y hasta qué grado pueda llegar esto… pero, yo también quiero que estés a mi lado – eso era un sí, pero quería confirmarlo.
-es un sí, ¿cierto? – solo se limitó a asentir, y yo cerré nuestro pequeño pero gran secreto, con un beso, un beso sin fin.
