Capítulo 2.-

El profesor de historia había estado hablando por casi dos horas sobre la Revolución Industrial, tema que, siendo tan sencillo, se había tomado tanto tiempo en explicar.

Era bastante pesado estar en preparatoria. Recién habías empezado el segundo grado. Llevabas días pensando mucho sobre tu futuro, aunque faltara casi dos años para que entraras a la universidad, notaste que el tiempo cada vez se hacía más rápido, acortando tu tiempo para pensar qué querías estudiar.

Aún con los párpados pesados, intentaste no dormirte; intentaste no incluirte en el numeroso grupo de personas que ya habían caído en los brazos de Morfeo gracias al interminable discurso de tu profesor. Más bien, querías guardarle, por lo menos, un poco de respeto.

La campana por fin tocó y tú fuiste unas de las primeras en salir disparada del aula. Tu estómago rugía como si te hubieras tragado un enorme león y ahora este estuviera pidiendo ayuda para salir del encierro. Automáticamente tus piernas te llevaron a la cafetería, donde la aglomeración de gente empezaba a formarse. Cómo pudiste, tomaste una bandeja y te formaste en la fila, o más bien, te metiste sin que, la persona que estaba delante de ti y la de atrás, se dieran cuenta.

Una vez serviste tu comida fuiste a una de las mesas más lejanas y cercanas del rincón, te sentaste ahí mientras admirabas la comida del día. Hoy era bastante bueno. "Macarrones con queso" murmuraste dispuesta a devorarte incluso el plato que contenía tal 'manjar'.

Apenas diste el primer bocado, tu mejor amiga, Alice, venía con sus platos en mano y dándote una sonrisa como saludo. "Hoy llegaste primero," murmuro sentándose y mirando lo que comías "y ahora entiendo por qué" soltó entre risitas.

"Si, bueno, sabes que no me resisto a la pasta…"

"¡Buenos días y provecho compañeras!" la voz de Peter, un muy cercano amigo tuyo, hizo acto de presencia. Se sentó a tu lado y te dedico una de esas sonrisas que dejaría ciego a cualquiera por tanto brillo. Le sonreíste y volviste a tu trabajo de devorar. "Hoy fue un día aburrido, ¿no es así? No me di cuenta en el momento en que salió" Dijo apuntándote.

"Te dormiste, ¿no?" preguntó Alice, aguantando una risa. Peter asintió entusiasmado mientras daba un bocado a su enorme sándwich. Alice elevó su mano para chocarla con la de Peter y este lo hizo también. "Yo también me dormí en la clase de la Sra. Watson. Literatura es taaaan aburrido."

Estar en segundo tenía un lado bueno y uno malo: el malo era que te habían separado de Alice, poniéndolas en diferentes grupos; el bueno era que, por lo menos, te había tocado con Peter, quien a pesar de que se sentaba a tu lado, siempre se dormía y casi nunca hablaban.

"¿Verdad que sí, (t/n)?" preguntó Alice sacándote de tus pensamientos.

"¿Qué cosa?"

"El clima" te contestó Peter. "El frío es hermoso"

"¡Claro que no!" chilló Alice con su típica voz aguda. "La temperatura descendió sorpresivamente de 30° a 7° grados. ¡Tuve que salir sólo con un chalequito!"

"Tienes un millón de guantes, bufandas, gorritos, ¿por qué no usaste alguno?" le preguntaste riendo un poco, aunque sabías la respuesta.

"Oh, (T/n), por favor. Mira mi chaleco", se exaltó apuntando a su sencillo pero hermoso chaleco café con tela similar a la felpa, "no tengo ni guantes, ni bufanda color café" chilló una vez más.

Dicen que a veces, las mejores amigas son diferentes la una con la otra. Por esa razón son mejores amigas. Y Lo mismo sucedía contigo y Alice. Ella era una chica femenina, sociable, amable y de alta autoestima. Tú eras lo contrario; con respecto a lo femenina, tú hacías lo mejor que podías, aunque no quedabas satisfecha.

"Como sea, el frío es terrible."

"¡Para nada!" protestó Peter. "Es delicioso. Yo, en lo personal, amo este clima. Después de años, por fin el viejo Jack Frost se digna a hacer acto de presencia." Dijo en tono de burla.

"¿Quién es Jack Frost?" preguntaste un tanto curiosa. Nunca habías escuchado ese nombre.

"Es el espíritu del invierno," empezó Peter "gracias a él tenemos este delicioso clima. Gracias Mister Frost."

Le diste un sorbo a tu jugo de uva y arándano mientras veías a la ventana de la gran cafetería. Es cierto. Hoy era un día frío, lo suficiente como para querer quedarte en casa, acurrucado en tu cama y con un poco de chocolate caliente, viendo películas de comedia-romance, en la computadora perdiendo el tiempo. A ti te gustaba este clima. Amabas el frío.

La jornada escolar terminó más rápido de lo que esperabas. Habías tenido tu clase favorita y gracias a que la disfrutabas, el tiempo pasó volando. Saliste junto con Peter quien tenía las letras de su libreta estampadas en su mejilla derecha, ya que, como de costumbre, se había quedado dormido.

Al salir, se encontraron a Alice rodeada por sus compañeras de aula. Cuando te vio, sonrió y te llamó con la mano.

"(T/n), ¿quieres acompañarnos al centro comercial?" su tono de voz era algo así como una imploración. Ella sabía perfectamente que tu respuesta sería no, pues ir de compras no era algo que tú disfrutaras mucho. Sin embargo, la cara de súplica que ponía no ayudaba: sus grandes ojos verdes, sus mejillas sonrosadas por el clima, su labio inferior que estaba levemente por fuera y apenas temblaba, la hacían ver como un adorable cachorro que suplicaba porque su amo lo dejara dormir en su habitación, en su cama, en la agradable y cálida temperatura que envuelve a un cuarto.

Estuviste apunto de acceder cuando, de reojo, miraste a sus tres "tiernas" acompañantes. No sabías sus nombres, y tampoco de interesaba, pero la mirada que ellas te lanzaban, analizándote de pies a cabeza, criticando mentalmente tus viejos tenis converse, tu cabello poco arreglado, tu suéter y bufanda que parecían los de una abuelita, simplemente te atemorizaba. A tu parecer, eran las típicas adolescentes preocupadas por la apariencia, superficiales y ególatras por sobre todas las cosas. Eran el tipo de persona que tú simplemente no soportabas.

Le lanzaste una mirada a Peter y después miraste por última vez a Alice. "Creo que paso esta vez" susurraste tímidamente, intentando ignorar la mirada del trío de 'plásticas' (sí, las bautizaste así).

"Oh, bueno. Entonces será para la próxima". Tan pronto como dijo aquello, se despidieron y tomaron caminos contrarios.

"Si lo que no querías era dejarme solo, no te hubieses preocupado" habló Peter mientras caminaba a tu lado. "Se cuidarme sólo".

"Claro que no es eso, torpe" le respondiste soltando pequeñas risas, "sabes que no soy como ellas."

Peter notó el tono que utilizaste al mencionar a las chicas y sonrió burlonamente. "Vaya, vaya, alguien esta celosa porque su mejor amiga la dejo por ir con ellas" mofó imitando tu tono en la última palabra. Negaste con la cabeza y continuaste caminando, acelerando el paso y adelantándote un poco de él.

Peter te miró divertido, mirándote por la espalda, se detuvo pensativo. Cuando notaste que ya no te seguía, desaceleraste un poco el paso.

"(T/n)" te llamó de repente, haciendo que voltearas un poco la cabeza y te encontraras con sus bellos ojos miel. Desvió su mirada y miro al suelo, mientras dibujaba círculos en el suelo con su pie. Estuviste apunto de preguntar cuando nuevamente habló: "Tengo que contarte algo" murmuró aún sin mirarte.

"Te escucho" dijiste mientras te volteabas por completo y empezabas a acortar los cuatro metros que los separaban, caminando hacia él. El chico notó que te acercabas y sintió las palabras agolparse en su garganta, no queriendo salir de su boca.

Un delicado viento helado golpeó tu rostro. Miraste al cielo notando que este empezaba a ponerse gris, mientras la luz del día empezaba a desaparecer. Peter suspiró derrotado, llamando tu atención y haciendo que dirigieras tu mirada, otra vez, hacia él.

"M-me gusta el color de tu bufanda" soltó por fin mirándote.

Abriste los ojos en sorpresa y después estallaste en risas. Su rostro estaba rojo. Quizá era el frío el que hacía que se viera así. Sonreíste y te acercaste hasta quedar frente a frente con él. Bueno, en lo que cabía, pues él te llevaba, por lo menos, una cabeza de ventaja.

En un movimiento rápido, quitaste tu bufanda y se lo pusiste alrededor del cuello. Sus ojos te miraron sorprendido y te reíste ante ello, "te la presto un rato."

"¡N-no!" chilló intentando quitarla, cosa que no logró gracias a los movimientos torpes de sus manos. "¡Morirás de frío!"

"¿Jack Frost me va a congelar?" dijiste como burla. Él se calmó y frunció un tanto el ceño.

Te hallabas en la sala de estar, metida entre tus cobijas, cambiando aburrida los canales del televisor. Mordisqueaste un pedazo de pizza que habías ordenado una hora atrás y dejaste la tele en uno de esos canales de realities shows. El programa se veía interesante.

Esta noche tus padres habían salido al cine con motivo de su aniversario y después irían a cenar, por lo que tenías la noche entera para ti sola.

El reality terminó y bufaste molesta. "Por fin encuentro un programa bueno y termina."

Apagaste el televisor, llevaste tus platos sucios al lavaplatos, metiste los pedazos de pizza en un tupperware y fuiste escaleras arriba, directo a tu habitación. Una vez ahí, te metiste en tu cama y prendiste laptop.

Pasó el tiempo y te diste cuenta que habías ya pasado bastantes horas ahí. Bueno, eso ya era una costumbre. Miraste la hora en el costado inferior derecho de la pantalla: 10:30 p.m. Aún no tenías muchas ganas de dormir, así que te conectaste en tu Facebook para ver si, por lo menos Peter, estaba conectado a esa hora. Desgraciadamente, no lo estaba, pero tenías unos cuántos mensajes de él.

Peter Lynch:

Gracias por la bufanda. Es bonita. Me gusta mucho.

No creas que me la voy a quedar. La lavaré y te la llevaré mañana. Sin falta. Lo prometo.

No quiero que Jack Frost te congele.

Sonreíste por lo tierno que podía llegar a ser Peter. Detrás de esa apariencia de chico torpe, loco y sarcástico, se escondía un chico amable y de buen corazón. Entonces leíste aquel último nombre que tu muy tierno amigo había mencionado. Curiosa, al no saber nada de él, entraste a Google y escribiste el nombre de aquel tipo.

"Jack Frost (también conocido como el Padre Invierno o Jack Frío) es una figura legendaria perteneciente al folclore del norte de Europa. Su trabajo consiste en hacer que nieva o crear las condiciones típicas de invierno, de las heladas y de morder en la nariz y dedos de los pies en ese clima…"

"Espíritu del invierno…" murmuraste mientras investigabas más cosas sobre él.

Algo en ti hizo clic. Por alguna extraña razón, tu corazón se aceleró y tu respiración lo hizo con él.

Un tanto sorprendida por lo último, cerraste todo y apagaste la computadora. Te sumiste en tus pensamientos, preguntándote por qué la reacción de tu corazón al leer tales cosas. Llegaste a la pronta conclusión de que, quizá, era porque tú siempre habías sido una niña imaginativa y creías en muchos cuentos fantásticos. Descubrir un personaje más, era emocionante y divertido. Además, atribuir que el invierno era trabajo y producto de alguien, era fantástico. Sonreíste convencida y cerraste los ojos en busca de poder conciliar el sueño.

Crack. Exaltada, te sentaste en tu cama al escuchar que algo había chocado contra tu ventana. Miraste a través del cristal. No quisiste levantarte, pues, debías admitir, tenías bastante miedo. Lo último que observaste, fue la luna apuntando con su luz directo a tus rostro.


¡Holaaa! Antes que nada, GRACIAS a las personas que comentaron ;n; ¡Me hacen muy feliz~! Hoy me puse a escribir apenas llegué de la escuela, pues tenía unas cuantas ideas. Después de todo, no terminé plasmándolas en el capítulo pues creía que era muy pronto. ¡Eeeeen finnn! *inserte tono Germán Garmendia aquí*, aquí les dejo este nuevo capítulo :). Si les gusta y tienen a más amigos que sean Snowflakes (o Frostitutes (?) XD), recomienden el fic y me harán muy feliz :') ¡Byeeee~!

DEJEN REVIEWS QUE ES MI ÚNICO SUELDO AQUÍ :').

Xoxo, Arin.