Capítulo 4.
Después del incidente, pasaste alrededor de quince minutos rogándole a Jack que te perdone por haberle propinado un golpe como tal. Cabe destacar que la botella de mousse para cabello es bastante dura, y un solo golpe puede crear un moretón bastante evidente. Claro, estamos hablando de Jack Frost, espíritu del invierno; no tenías idea de si un espíritu podía herirse, sangrar, ocasionarse moretones o algo parecido, pero hoy habías comprobado que si le propinabas un golpe con una botella de mousse, podías noquearlo.
"Se me hace tarde" murmuraste mientras metías tus libretas y libros a tu mochila.
Jack yacía recostado en tu cama un tanto aturdido por el golpe. Mientras sobaba con delicadeza su frente, te miró sin entender: "¿Para qué?"
"Para la escuela"
Fuera de tu habitación, escuchaste ruidos que supusiste eran tus padres. Ellos trabajaban mucho, durante todo el día, únicamente descansando los domingos. Cuando eras niña, de verdad odiabas que nunca tuvieran tiempo para ti, pero conforme creciste, comprendiste que lo hacían para mantenerte estable y no pasaras carencias.
Un súbito silencio inundó la habitación que fue seguido por una especie de rugido. Miraste a Jack que te observaba inexpresivo y después miraste tu estómago.
"Al parecer alguien tiene hambre…" susurró Jack con una media sonrisa. Lo contemplaste con algo de timidez y asentiste lentamente. "¿Quieres que te prepare algo?" Se levantó de la cama y tomó su bastón con una mano. Caminó hacia la puerta abriéndola, saliendo del cuarto y dirigiéndose a las escaleras.
Pasmada, corriste para detenerlo. No podías dejar que tus padres lo vieran. Es decir, tenías a un extraño en la casa, en tu habitación. Y ese extraño se iba a pasear por toda tu casa.
"Ey, ey, ¡ey!" susurraste captando su atención, deteniéndolo antes de bajar otro de escalón "¿a dónde crees que vas?" Dedicándote una juguetona sonrisa, te ignoró y continuó bajando las escaleras.
Aún más escandalizada, corriste por tus cosas y bajaste como maratón hacia la cocina. Una vez ahí, observaste a Jack caminar hacia tus padres, quienes estaban de espaldas; mamá preparando tu desayuno y papá preparando el que él llevaría a su trabajo.
Se dio media vuelta antes de entrar a la cocina y, una vez más, te dedicó una de esas sonrisas encantadoramente juguetonas. Entró a la cocina mientras tu corazón daba un brinco.
"¡NO!" gritaste, en busca de detener a Jack.
Tanto tu padre como tu madre voltearon alarmados para encontrarte con una mano estirada y una cara inquieta. Abriste los ojos sorprendida cuando notaste que Jack se encontraba parado justo frente a ellos como si ellos no lo vieran. Y al parecer era así.
"¿Qué sucede, mi amor?" cuestionó tu mamá al ver lo extraño que te comportabas.
"¡N-no! N-no coman e-esa manzana" señalaste a la fruta que tu padre tenía en mano. "L-la comeré camino a la escuela" excusaste rápidamente, para no levantar sospechas.
Tus progenitores si miraron sin entender por unos largos segundos. Tu padre dejó la manzana en la barra de desayuno y ambos volvieron a lo que estaban haciendo.
"No pueden verme" soltó Jack con simpleza, mientras se recargaba en el refrigerador, examinando lo que hacia tu mamá "Nadie puede hacerlo si no creen en mí."
Tomaste la manzana y le lanzaste una mirada venenosa por el susto que te iba a causar.. "Me voy" anunciaste a tus padres.
Ambos te miraron y te dedicaron una sonrisa. Tu mamá se acercó a besar tu frente. "Papá y yo llegaremos tarde."
"No te preocupes, sólo dejen dinero para la cena" dijiste sonriendo. Tu madre volvió a propinarte un beso, esta vez bastante sonoro.
Saliste de tu casa corriendo mientras le dabas grandes mordiscos a la jugosa fruta que traías entre manos. Tu escuela no estaba muy cerca de tu casa, sólo tenías que tomar un autobús y este te dejaba en la puerta de tu colegio, pero al menos de recorrido, eran cuarenta minutos. Llegaste a la parada de bus y, para tu sorpresa, no había nadie. Miraste tu muñeca como si quisieras ver la hora. "Ah, mierda," susurraste "ni siquiera uso reloj." En definitiva, estabas quedando loca.
"Vaya boquita la tuya."
Diste un brinco y volteaste para encontrarte con la hipnotizante mirada que sólo Jack poseía.
"¿¡En qué momento llegaste!? ¿¡Por qué me sigues!?" Agradeciste que nadie estuviera ahí porque, a menos de que creyeran en Jack, no podrían verlo y te verían gritándole histéricamente a la nada.
"Llegué volando. Porque la Luna me dijo que lo hiciera."
Lo miraste con el ceño y los labios fruncidos. Si así iba a ser siempre, él siguiéndote a todas partes, tú no querías esto. "Puedes irte, no te necesito."
"Oh, sí me necesitas. De no ser así, yo no estuviera aquí."
"¿No que no querías hacer esto?"
"No tengo opción" Musitó desviando su mirada de ti para mirar su bastón "Hice un juramento como guardián y debo cumplirlo." Lo contemplaste un tanto ofuscada no entiendo mucho a lo que se refería.
Su atención se trasladó, nuevamente, en la calle. No había rastros de ninguno autobús y dudabas mucho que, en cinco minutos, llegara y te permitiera entrar a tiempo a tu primera clase. Un foco se encendió en tu interior haciendo que miraras a Jack.
"Dijiste que volabas, ¿no es así?"
Sus ojos azules se entrecerraron. "Ni creas que voy a llevarte hasta ahí volando" dijo moviendo su cabeza y manos en negación.
"¡Por favor!" suplicaste "Dijiste que estás aquí para ayudarme; bueno, ¡hazlo! ¡Ayúdame!"
"No me refiero a ese tipo de ayuda" masculló sin mirarte.
Intentaste imitar la cara de perrito abandonado que Alice ponía cada vez que quería algo. La muy desgraciada lo lograba, así que, si ella conseguía lo que quería, ¿por qué tú no? Tu rostro se transfiguró en lo que, según tú, era tu cara que rogaba por piedad. Más bien mueca.
El chico te miró arqueando una ceja. "¿Qué haces?"
Al parecer, tu mueca no estaba causando ningún efecto en Jack. ¡Claro! No eras Alice. No eras ni tierna, ni linda y no tenías aquellos ojos enormes que parecían canicas. Por supuesto que no iba a funcionar.
Volteaste frustrada mirando hacia otra dirección. Escuchaste a Jack murmurar unas cuantas cosas inaudibles, y antes de que pudieras siquiera respirar, sus dos brazos de rodearon y posaron sobre su hombro. Lanzaste un grito y miraste a Jack, quien sin ningún gesto de dolor o molestia, emprendió vuelvo hacia el cielo.
"¿Q-qué haces?" lograste articular.
"¿No esto querías? Sólo dime en qué dirección debo ir para llegar a tu escuela."
Durante todo el camino guiaste a Jack, preguntándote mentalmente cómo era posible que pudiera cargarte sin siquiera perder el equilibrio por tu peso. No era que fueras gorda, era él el que se veía tan menudo y frágil que parecía poder romperse con sólo el aire.
La clase de latín era tan aburrida como la de historia. Incluso más. El maestro ponía de pretexto que tenía mucho que hacer y marcaba hacer planas de las palabras latinas unas diez veces, mientras encendía su laptop y hacia quién-sabe-que-tanta-cosa.
Soltaste un largo suspiro y miraste hacia el enorme ventanal que daba vista a las canchas de básquet y los jardines con los que contaba tu escuela. De pronto pensaste en Jack. Después del aterrizaje forzoso (cabe mencionar que, al momento de descender, cayeron casi en picada y terminaron en la copa de un árbol), había desaparecido diciendo que iría a alguna parte. Aún con la mirada perdida en el cielo, rebobinaste tu mente y volviste a reproducir todo lo que había pasado hace apenas unas horas. Llegaste a la conclusión de que, en verdad, habías perdido la cordura.
Saliendo de tus pensamientos, observaste a Peter, quien yacía durmiendo plácidamente, recostado en la paleta del mesa banco. Dudaste en despertarlo para contarle lo sucedido, pero de todos modos lo hiciste.
Con un dedo, pinchaste su mejilla y, como resorte, se compuso en su asiento "Presente, señor Wisley" dijo mientras su voz baja de intensidad con cada letra pronunciada.
"Peter" dijiste en voz baja, procurando que el maestro no se diera cuenta de que no estaban haciendo la tarea.
Frotó sus ojos bruscamente y parpadeo un par de veces antes de abrir la boca para hablar "¿Qué sucede?" dijo antes de lanzar un bostezo de oso.
"Tengo que contarte algo."
Tu amigo se incorporó en su asiento y te miró atentamente, indicándote con la mirada que te escuchaba y podías empezar a hablar. "Ayer, bueno, hoy en la madrugada sucedió algo extraño" hiciste una pausa, buscando las palabras exactas para decir lo que ibas a decir. Tomaste aire y miraste directo a sus preciosos ojos miel. "Conocí a Jack Frost."
"¿Qué?"
"Lo que escuchaste" susurraste acercándote más a él. "Lo conocí."
Su rostro se transformó de una expresión zombie a una de histeria provocada por la risa que le había causado lo que acabas de decir. Intentaste decirle que lo que decías no era broma, pero una presencia atrás de ti te hizo voltear.
"¡Mira!" dijiste jalando la manga de Peter "¡aquí está!" señalaste a Jack.
Peter alzó la mirada. Finas lágrimas estaban presentes sobre sus mejillas, mientras suaves risitas aún permanecían saliendo de su boca. "No veo nada" logró articular entre pequeños hipos.
"Él no cree en mí. No puede verme" susurró Jack, mirando el ataque de Peter.
Después de unos minutos, esperaste a que Peter se calmara. Sus mejillas rojas denotaban lo mucho que se había reído. "Gracias" musitó de repente.
"¿Hmm? ¿Por qué?"
"Por hacerme reír" soltó sonriendo "Es por eso que te quiero."
Un poco sonrojada, miraste hacia el piso. Creíste que Peter creía en el espíritu del invierno, y tal vez así, alguien más sería capaz de verlo, además de ti. Desgraciadamente, no fue así.
"¿De dónde sacaste tal cosa?" cuestionó ahuyentándote de tus pensamientos.
"Ah, es que… ayer lo mencionaste. E investigué sobre él" Lanzaste una mirada rápida a Jack, quien se encontraba merodeando por todo el salón.
"Es sólo una expresión. No es que crea en él. No existe."
Algo en ti te impulso a decir lo contrario. Pero no lo hiciste. La campana sonó, haciendo que todos se despertaran y, uno que otro, empezara a salir. Guardaste tus cosas y buscaste a Jack, esta vez, miraba detrás del maestro y lo que hacía en su laptop.
Una cabeza rubia asomó por la puerta. Alice te llamó con la mano y tú te acercaste entusiasmada a saludarla.
"Qué raro que vengas a verme a mi salón" dijiste sonriendo.
"Si, bueno" empezó algo nerviosa "Venía a avisarte que hoy no comeré con ustedes."
Tu sonrisa se borró un poco pero aquello no fue visible para tu amiga. Delicadamente, te tomó del brazo y te arrastró un poco afuera. Ahí viste a las tres chicas que estaban en el salón de Alice. Ahí comprendiste.
"Me pidieron que coma con ellas y su grupo de amigos" continuó con su nerviosismo más notorio; o más bien, la pena que sentía por abandonarte. "¿No te molesta? Es sólo por hoy"
Negaste con la cabeza y le dedicaste una enorme pero falsa sonrisa. Claro que te dolía que te dejara, aunque solo fuera por hoy, te estaba dejando por aquel trío de plásticas (otro apodo más).
Ella dibujó una hermosa sonrisa en su rostro y después se acercó para susurrarte en tu oído, mientras cubría su boca con su mano "Y al parecer comeremos con Austin Richards". Tu corazón dio un saltito y la miraste sonrojada.
Austin Richards era uno de los chicos más populares de la escuela. Guapo, atleta, el típico chico popular. Aunque fuera extraño, a ti te gustaba. Durante todo el primer año, tanto Alice como tú, se dedicaban a mirarlo en secreto como muchas de las chicas de tu colegio lo hacían. Para colmo, estaba en su propio salón. Alice era la única que se había atrevido a hablarlo, sin pena alguna, mientras tú habías hablado con él una sola miserable vez y únicamente para pedirle un borrador.
"Puede que, ya sabes, consiga su teléfono esta vez" soltó entre risitas. "Creo que será mejor que me vaya, ¡nos vemos!"
La miraste perderse por el pasillo con sus nuevas 'amigas'. Jack llegó a tu lado mirando por donde tú lo hacías y dijo como burla: "Vaya amiga que abandona."
Le dedicaste una mirada agría y viste a Peter acercarse a ti vagamente. "¿Vamos por comer? Juro que si no fueras mi amiga te comería aquí, ahora. Me muero."
El resto del día no fue ni tan diferente ni tan cansado. No volviste a ver a Alice hasta la hora de la salida, donde se retiró con el trío plástico en uno de los autos de alguna de las chicas. Pudiste jurar que ella te vio, sin embargo, no se despidió. No lo hizo.
Hola. Estoy casi cien por ciento segura de que hay bastantes errores el día de hoy. Hm. Lo siento, pero hoy no lo re-leí como acostumbro hacer x'D Les confieso que se me es difícil escribir de esta manera; yo acostumbro a escribir siempre en primera persona, por lo que ahora me confundo un poco. Con decirles, que ya había empezado a escribir en primera persona y me di cuenta cuando iba por la cuarta parte :| no fue mucho pero aún así estoy pensando seriamente en escribir como se me acomoda más. Sin embargo, no lo creo posible, pues habrían cosas que necesitarían entender y narrado desde la perspectiva de la protagonista (o sea, la lectora, TÚ), habrían muchos detalles que se perderían.
Creo que deben tener una idea de por doooonde esta yendo esto con respecto a Alice. ¿La tienen? ¿No la tienen? Bueno, creo que es bastante obvio.
Lo dejo hasta aquí. Ojalá y pueda actualizar pronto. Dejen reviews, personitas. LOS QUIERO~!
Xoxo, Arin.
