Capítulo 8.

Se hallaba enjaulado en una prisión de angustia e impaciencia. Después de muchísimos intentos frustrados por brindar un poco de apoyo. Jack permanecía sentado en las escaleras, planificando alguna estrategia que fuera oportuna y que funcione de verdad.

Tenía su mirada clavada en ti. Te encontrabas sentada en el sofá de la sala de estar, cubierta por tu manta favorita, cambiando frenéticamente los canales del televisor y con un tarro de un litro de helado en mano. Llevabas alrededor de dos horas en la misma situación y parecías no tener un tiempo definido para por fin levantarte; tiempo que Jack había aprovechado para intentar acercarte a ti, pero, como se había dicho, todos sus intentos habían fracasado, gracias a la valentía que, de momento a otro, había huido de su cuerpo.

Murmuraste cosas incomprensibles mientras llevabas otra cucharada de helado a tu boca. De repente, finas hileras de lágrimas empezaron a caer por tus mejillas. Preso por un repentino pánico, Jack voló hacia ti, posándose justo enfrente, viendo como aquellas lagrimitas descendían rápidamente por tus sonrosados pómulos. Abrió la boca para preguntarte por tu súbita reacción, más las palabras no salieron nunca.

"A-apártate" murmuraste lo suficiente como para que te escuchara.

"No" contestó, aún frente a ti.

"N-no, hablo en serio, a-apártate"

"¡Que no! No me voy a quedar ahí viendo cómo te destrozas. Se supone que estoy aquí para ayudarte, ¡y eso es lo que voy a hacer justo ahora!" exclamó, recuperando el coraje.

Parpadeaste un par de veces, mientras tu cerebro procesaba las palabras de Jack. Limpiaste con tus puños tus lágrimas y miraste de nuevo al alterado chico. "Es que no veo el televisor…" El rostro del chico se volvió rojo y, mirando directo al suelo, se apartó, más permaneció parado junto al sofá donde estabas, pareciendo una tabla.

Transcurrieron los minutos, en el que tú permaneciste mirando fijo al televisor mientras Jack seguía pareciendo una estatua de mármol.

Cayendo en cuenta de que si quería ayudarte debía captar tu atención por completo, tomó el control remoto del televisor y, antes de permitirte protestar, apagó el aparato, dejándote con la boca abierta.

"La película aún no terminaba…"

Jack se encogió de hombros indicándote que no le importaba y depositó el control remoto en la mesita de centro. Enseguida tomaste el control y encendiste de nuevo la televisión. Jack frunció los labios y te volvió a arrebatar el aparatito, oprimiendo el pequeño botón de encendido/apagado. Volviste a quitárselo y encendiste el televisor, más esta vez, el chico caminó hasta la toma de corriente y desconectó el cable que mantenía la televisión prendida.

Dejaste de protestar y te cruzaste de brazos, haciendo pucheros. Jack tomó asiento a tu lado, mirando tus mejillas infladas y tus aún rojos e hinchados ojos.

"La película era muy buena."

"Sí, buenísima" se burló con claro tono irónico "Tan buena que fue capaz de hacerte llorar."

"Me sentí muy identificada con la película, ¿cuál es el problema?" dicho esto, tomaste tu laptop que se encontraba suspendida. La pantalla iluminó la oscura sala, cegando un poco tu vista.

"¿Qué haces?"

"Investigando sobre la película, quiero saber todo de ella…"

"No. Quiero que hablemos."

Tecleaste velozmente el nombre de aquel filme que, a pesar de haberte hecho llorar, te había encantado. Jack miró la pantalla también, arqueando una ceja.

"Las ventajas de ser invisible" murmuraste para ti misma "Es un libro también. Creo que voy a leerlo ahora…"

Harto por tu claro intento de ignorarlo, te arrebató la laptop y la cerró, dejándola en la mesa de centro.

"¡Oye!"

"No puede ser que sigas así," empezó, mirándote directo a los ojos "depresiva y llorando cada cinco minutos. Si para mí es frustrante verte así, no me imagino como se debe encontrar tu corazón en estos momentos."

Una punzada en el estómago hizo que apartaras tu mirada cuando te sentiste intimidada por aquel par de orbes azules. Tu corazón empezó a latir tan frenéticamente que sentías que se saldría en cualquier momento.

"Si quieres que deje de hundirme en este mullido sofá, puedo escalar hasta mi techo y tirarme…" sugeriste mientras jugabas con las orillas de tu suéter.

Jack te miró con una expresión horrorizada y negó rápidamente con la cabeza. "¿¡Qué te hace pensar que quiero eso!?"

"No has hecho más que cuestionarme del por qué lloro. Es bastante obvia la razón, ¿no? ¿Qué más pretendes que haga? ¿Qué esté como si nada? Lo siento, no puedo."

No sabiendo que responderte, se venció en el respaldo del sofá. Miró hacia el cielo raso y meditó bien que era lo siguiente que diría. El silencio inundó la sala, creando un ambiente incómodo y terriblemente sofocante.

"¿Es muy importante para ti?" comenzó intentando romper la atmósfera, más era imposible conociendo la situación por la que estabas transitando. Asentiste levemente con la cabeza.

Ninguno de los dos se atrevía a mirarse, por lo que era más difícil llevar acabo de una plática llevadera y de confianza.

"¿Qué tan importante?"

"Ella… es mi amiga desde la secundaria" dijiste con nostalgia "Junto con Peter, es la única amiga de verdad que he tenido en toda mi vida."

"Comprendo… ¿Tienes una idea del por qué se alejó de ti?"

Asentiste mientras suspirabas. "Ella y yo siempre hemos sido muy diferentes. Alice es una chica sociable, con la que nunca pasarás momentos aburridos; no es para nada tímida, es bastante extrovertida; no tiene miedo de decir lo que piensa o lo que siente. Tiene muy alta autoestima y muchísima confianza por sí misma… Mientras yo… soy completamente lo opuesto a ella."

"¿A qué te refieres?"

"Has estado aquí dos semanas, ¿no?" asintió sin entender a qué te referías "¿Me has visto salir a alguna fiesta o algo? ¿Me has visto con alguien más que no sea Peter?" meneó la cabeza, aún desorientado "Bueno, así soy yo. Aburrida, tímida, introvertida, completamente anti-social. Incapaz de abrirse con confianza con una persona, con una autoestima que se encuentra más allá del propio subsuelo… ¿ves la diferencia?"

Comprendiendo por donde iba el asunto, el peliblanco se incorporó en su asiento.

"Entonces, en tu opinión, ella se aburrió de ti y decidió irse con alguien que sea como ella"

"Sí."

"¿Cuántos años tienes?"

Extrañada por la pregunta, enarcaste una ceja "Dieciséis…"

"Y según tú, el perder la amistad de aquella chica, es como el fin del mundo, ¿no es así?"

"No exactamente. Me refiero a que, con alguien como yo, es bastante difícil conseguir más 'amigos'"

Acomodándose para verte mejor, cruzó sus piernas en el sofá, apoyando un codo en el respaldo.

"Si hay algo que he aprendido durante mis 300 años de vida, y no por experiencia propia, es que las personas vienen y van, y muchas no permanecen toda su existencia junto a ti. Quizá era un bien necesario que esa tal Alice se saliera de tu vida" te atreviste a mirarle directo a los ojos, sintiendo como las palabras, de alguna u otra manera, penetraban tu mente y te hacían razonar. "Además de que estas empezando a vivir. En el futuro conocerás a muchas personas."

"Pero te he dicho que soy malísima haciendo amistades."

"Quizá es necesario que tú," apuntó hacia ti "pongas un poco de tu parte, venciendo tus miedos."

Frunciste los labios imaginando como sería tu vida teniendo más amigos. Comenzando por tus repentinas planificaciones para volverte más sociable y extrovertida. La frustración te envolvió por completo cuando te sentiste incapaz de hacerlo, aun cuando ni siquiera lo habías intentado.

Jack notó tu reacción. Un tanto nervioso, pero decidido a lo que diría, tomó aire y habló, captando tu completa atención. "De aquí en adelante, a todo lo que necesites, para lo que exijas ayuda, aquí voy a estar, para apoyarte. Lo prometo."

Un brillo de sinceridad presente en sus ojos hizo que la completa confianza que no tenías por aquel chico, creciera repentinamente. Perdida en aquel par de destellos azules, asentiste. "Gracias" murmuraste, incapaz de desprender tu mirada de él.

Jack sonrió notó tu penetrante mirada, mientras un furioso rubor se dibujó en sus mejillas. Intentando evitar aquello, estrelló una palma contra tu mejilla, obligándote a quitar tus ojos de su rostro. "D-de nada" murmuró, con los nervios a flor de piel.


"Bien, ¿qué quieres que hagamos?" cuestionó Jack sentándose en el suelo, esperando una respuesta de tu parte.

Ya era la mañana siguiente, miércoles para ser exactos. Gracias a una junta de maestros, las clases habían sido canceladas; además, tus padres trabajaban todo el día, por lo que tendrías todo el día libre y para ti sola. Sin embargo, gracias a su repentina promesa, Jack aprovecharía este día para empezar con su labor de guardián, por lo que la idea de pasar-el-día-acostada-en-la-cama estaba descartada.

"No lo sé" musitaste sentándote en la sillita que estaba a lado de tu tocador. "¿Quieres ver películas?"

Jack frunció el ceño en desacuerdo y prosiguió a negar con la cabeza.

"¿Videojuegos?" volvió a negar "¿Internet?"

"¿No haces otra cosa más divertida aparte de eso?"

Esta vez negaste tú. "Para mí es bastante divertido"

Con cierta derrota en su rostro, se puso de pie y abrió las cortinas de tu habitación que hasta el momento permanecían cerradas, dando paso a los hermosos rayos del sol.

"Por si no lo sabes," comenzó, jugueteando con su bastón "mi centro es la diversión. Soy el Guardián de la diversión" exhibió, orgulloso de sí mismo "Y creo que empiezo a entender el por qué de mi asistencia en tu vida"

Analizando sus palabras e intentando comprenderlas, arqueaste una ceja, exigiendo una respuesta. "Eres muy aburrida."

Le miraste inexpresiva. No te estaba diciendo nada nuevo. Es decir, sabías que no eras una persona muy interesante, tu vida era bastante rutinaria y podrías clasificarte como una persona que podría vivir sin problemas con un ciclo de vida basado en usar la computadora, comer, dormir, leer y comer más.

"Dime algo que no sepa" soltaste mientras te recostabas en la cama, mirando al techo.

"Sería más fácil si pudiera hacer nieve en tu ciudad…"

"¿Qué?"

"Digo que sería más divertido si pudiéramos hacer una pelea con bolas de nieve. ¡Eso es espectacular!"

"¿No eres el espíritu del invierno? Supongo que tu bastón sirve para eso. Agita tu varita mágica y haz que caiga nieve" Dijiste, casi mofándote. Jack no tomó tu comentario muy en serio.

"Cierto. Soy el que trae el invierno, pero hay determinados lugares donde puedo y no hacer que caiga nieve. Tu ciudad es un ejemplo de límite, donde no puedo."

Asentiste no muy interesada. Jack caminó hacia tu estante, donde había muchos libros y películas. Revisó los títulos de cada ejemplar, tanto películas como libros, mientras ideaba algo que pudieran hacer para divertirse y hacer que te distrajeras.

Discutieron bastantes cosas, más ninguna sonó lo suficientemente entretenida. Acabaron bajando, yendo a la cocina. Anteriormente, le habías preguntando a Jack si sabía cocinar. El chico respondió con un rotundo no, pues a su juicio no era muy necesario saberlo, ya que él no tenía la necesidad de comer.

"¿C-cupcakes?" preguntó, aun no sabiendo la definición exacta de aquello.

"Cupcakes" repetiste "Hace unos meses aprendí a hacerlos, y aunque no soy de presumir las cosas que se hacer, porque me desagrada hacerlo, cuando digo que hago cupcakes, siempre digo que me salen deliciosos. Creo que es lo único que se hacer bien" dijiste sonriente.

Jack se encogió de hombros para después mirar la pequeña sonrisa que se había dibujado en tu rostro. Al parecer, habías avanzado un 1%. Una sonrisa. Iban por buen camino.

Buscaste en la alacena los ingredientes necesarios para preparar los pastelillos. Desde harina, huevos, mantequilla hasta colorante y pequeñas cosas que servirían para decorarlos. Los dejaste en la meseta mientras rebuscabas por tazones y cucharas.

"Dime, Jack, aunque comer no es una necesidad tuya, puedes hacerlo, ¿verdad?"

El aludido asintió, recargándose en la pared. "Gracias a mi trabajo, he podido viajar y conocer prácticamente todo el mundo. En todos esos lugares he robado unas pizquitas de deliciosas comidas… creo que sigo teniendo gusto por la comida, aunque nunca tenga hambre."

Soltaste unas risitas. Cuando hallaste todo lo necesario, empezaste a recordar de manera rápida todos los pasos y detalles que eran indispensables para la elaboración de los pastelillos.

Cuando estuviste a punto de abrir la bolsa de harina, tu celular vibró y empezó a tocar la cancioncita de timbre. Como tenías las manos ocupadas, le hiciste señas a Jack para que te pasara el teléfono, que se hallaba a su lado. Cuando por fin tuviste el celular en las manos, sin siquiera ver el nombre en la pantalla, contestaste.

"¿Diga?"

"¡(T/n)!" la alegre y encantadora voz de Peter se escuchó del otro lado de la línea "¿Cómo estás? ¿Mejor?"

"Sí, gracias" asentiste con la cabeza como si él lo pudiera ver. "¿Ocurre algo? ¿Por qué la llamada?"

"Hey, ¿hay algún problema con llamar a mi mejor amiga?" te estremeciste ante aquel apelativo. A pesar de que Peter había estado presente el mismo tiempo que Alice en tu vida, nunca te habías atrevido a pensar en él como 'mejor amigo', cuando era él el que era eso de verdad.

"Para nada"

"En realidad te llamaba porque…" carraspeó un poco para aclarar su garganta, mientras escuchabas como tragaba fuertemente saliva "quería invitarte a salir. ¿Qué dices?"

Mordiste tu labio inferior, no sabiendo que responder. Miraste de reojo a Jack, quien se encontraba distraído leyendo las etiquetas de los ingredientes. "En realidad, no sé qué decir."

"Oh, vamos, será divertido" te animó.

Al no estar segura de tu respuesta, optaste por pensarlo un poco más. "Escucha, veré si puedo. Déjame terminar un asunto y te mando un mensaje de texto, ¿sí?"

Peter hizo un sonido de aprobación y dicho esto, se despidieron y colgaron. Miraste a Jack un tanto nerviosa. No tardó en devolverte la mirada, con expresión confusa.

"¿Pasa algo?" preguntó.

"Eh… sí. Creo que tendremos que posponer la elaboración de los cupcakes para otro día"

"¿Por qué?"

Al explicarle a Jack la razón, su expresión cambió totalmente. Sabías que no estaba del todo de acuerdo, pero no queriendo empezar a una discusión, concluyó con un simple 'haz lo que quieras'. Un tanto cohibida por su respuesta, fuiste hasta tu habitación para arreglarte y mandarle un texto a Peter donde aceptabas su respuesta.

Peter no tardó en llegar, mas tú no estabas lista. Optaste por dejarlo pasar y que esperara en la sala, ofreciéndole un vaso de agua.

"Perdón por venir tan pronto" se disculpó con timidez.

Cuando subiste corriendo para alistarte, Peter tomó asiento en uno de los sofás.

Jack, quien hasta entonces había permanecido en la cocina, refunfuñando por su fracaso, salió de su escondite. Al ver al chico rubio sentado en la sala, su rostro se frunció más. Tomó asiento en el sillón que estaba enfrente del chico y permaneció mirándolo fijamente. ¿Quién se creía aquel bufón para venir con invitaciones inoportunas y arruinar su día contigo? Es decir, por fin decidía empezar con su trabajo y el chico llegaba a frustrar sus planes.

"Eres muy inoportuno. Muy, muy inoportuno. Arruinaste todo" musitó como si el chico pudiera oírle, dedicándole miradas iracundas. "Si tuviera una bola de nieve ahora mismo no dudaría en lanzártela directo a tu cara…"

Algo hizo clic en su interior, prendiendo su foco del ingenio. No podía cambiar el clima haciendo que la nieve cayera, pero podía crear una especie de nieve artificial y podía emplearla para molestar un poco. O en este caso, para una pequeña venganza.

Cerró el puño derecho, dejando que un poco de poder se acumulara en él. Abriéndolo, un destello se mostró, creando consigo una pequeña bola blanca, pareciendo ser nieve. Miró a Peter con una sonrisa traviesa, quien se encontraba distraído mirando desde su lugar los rincones de tu casa.

Con un movimiento rápido, lanzó la pequeña pelota, estrellándola justo en el rostro del despistado chico. Este, al sentir el impacto, se levantó de golpe, sacudiendo la cabeza.

"¿Qué mierda…?"Miró hacia el suelo, que se encontraba húmedo, gracias a la bola de nieve que después de impactarse con su rostro sin romperse, había caído al suelo, para hacerlo ahí.

Alarmado por el repentino topetazo, se agachó para tocar el suelo alfombrado. Notando la humedad, pensó que quizá había caído agua de su vaso, mojando el suelo. Sin embargo, el agua que el vaso contenía, la había gastado mucho rato antes.

Jack, mientras tanto, reía sin parar. "T-te lo mereces" dijo cuando su agitada respiración se lo permitió. Mirar la expresión de Peter por el impacto de la pelotilla, después su confusa reacción, buscando por una razón coherente por lo ocurrido, era algo tan graciosos como molestar al Conejo de Pascua.

Pasos en la escalera hicieron que Peter y Jack miraran en dirección a ellas. Este último paró de reír al observarte. Los ojos se ambos te recorrieron, anonadados por tu súbito cambio de apariencia.

"E-estoy lista" murmuraste nerviosa al sentir las silenciosas pero fijas miradas de ambos.


Buenassss. Ya es bastante tarde, pero aprovechando que mañana (o más bien hoy, porque ya es más de medianoche) no tengo clase, subo el capítulo nuevo de una vez :D Me tomó bastante, pero creo que logré lo que quería. Es un capítulo más extenso que los demás, y pretendo que de ahora en adelante, los capítulos sean así.

No sé cuando actualizaré, pero les prometo que empezaré a escribir el siguiente capítulo, porque ya tengo muchas ideas lo que viene ;) Prepárense, porque si yo me lo imagino y siento que muero, no quiero ni pensar que van a sentir ustedes... Oh bueno, me estoy adelantando demasiado, falta bastantito para que ocurra la primera escena romántica... O no (?) Bahahahahah.

Gracias por sus preciooosos reviews, signfican mucho para mi pequeño corazón QnQ Las quiero, personitas~!

Xoxo, Arin.