Capítulo 12.-

Delgadas gotas de frío sudor bajaron lentamente por tu sien, aun cuando el ambiente en la sala era bastante agradable, lo suficiente como para no morirse ni de frío ni de calor. Desviaste la mirada de Jack para observar a los demás, que te miraban sin entender la situación.

"¡Oh! ¡Ya entiendo!" exclamó Peter, captando la atención de todos, como intentando sacarte de la extraña situación. "No especificaba dónde besar; un beso en la mejilla sigue contando como beso, ¿no es así?"

Asentiste lentamente con la boca abierta.

"Chicos, ¿qué les parece si pedimos algo para cenar?" esta vez fue la dulce y cálida voz de Juliette la que habló, más la chica no quitaba la mirada de ti.

"¡PIDAMOS BURRITOS!" sugirió -o más bien ordenó- Louis, levantándose de su lugar emprendiendo una carrera hacia el teléfono.

"¡No! ¡NACHOS!"

"¡Oigan!" exclamó Jeremy levantándose de su lugar "¡ES MI CUMPLEAÑOS Y YO DECIDO QUE COMER!"

Mientras los chicos hacían su maratón para ver quién llegaba primero al teléfono de la cocina, Juliette aprovechó para acercarse a ti. Un poco cohibida, desviaste la mirada, en espera de lo que diría.

"¿Por qué no lo hiciste?" cuestionó, con un toque de ansiedad y confusión en su voz.

Te tomó varios minutos responder, analizando severamente lo que dirías. "Por ti…" lograste decir, hilando las letras y silabas adecuadas.

Frunció el ceño sin entender, estando a punto de preguntar a qué te referías, le cortaste para aclarar a qué te referías. "No quise herirte… besando a alguien que tú quieres."

Fingió no entender. "C-claro que lo quiero… aún si lo besaras no veo el motivo para molestarme"

Sonreíste ante su actitud. "Sabes que no me refiero a ese tipo de cariño…" una descarga eléctrica recorrió sus facciones, haciéndole notar que alguien la había descubierto. "Te gusta, ¿no es así?"

Se acomodó en su lugar, abrazando sus piernas como lo habías hecho tú anteriormente, ocultando su rostro entero, que se encontraba rojo en exceso por haber sido descubierta por alguien. Lanzó un par de murmullos inaudibles para ti.

"No tengas miedo de admitirlo… si quieres que no diga nada, está bien. No lo diré. Será como una piedra."

"¿Pero por qué no lo hiciste? ¿Sólo por mí?" susurró mostrando apenas sus ojos.

Miraste a Jack, quien ahora se encontraba recargado en una de las paredes cercanas. Algo en su expresión te indicaba que no andaba normal. Debías preguntarle qué hacía ahí, cómo había llegado, por qué su actitud y por qué había evitado lo anterior, aunque en parte, estabas agradecida por lo último. Ignoraste por el momento aquello y volviste la mirada a Juliette, quien mantenía clavada la mirada en la botella.

"Sí."

"Debiste aprovechar. A ti también te gusta, ¿no es así?" musitó esta vez mirándote.

Tus mejillas enrojecieron, mientras soltabas una risa. Negaste con la cabeza, mirando al suelo. "No. Le tengo un aprecio bastante especial, pero no me gusta; además apenas y lo conozco. No es mi tipo" dijiste como si realmente tuvieras un ideal.

Algo pareció calmar su alma y su expresión. Sonrió, mostrando sus aperlados dientes. "Creía que si te gustaba... Ya sabes, por lo de la cocina."

Nuevamente te sentiste a explotar, pero no dijiste nada. Retiraste un mechón de tu rostro y lo pusiste detrás de tu oreja, intentando excusar lo anterior.

"Lo siento" murmuraste.

"Ah, no tienes nada de qué preocuparte. Fui yo la tonta por ponerme celosa sin antes preguntarte."

La miraste ahora más segura, más contenta. Como si un gran peso se le hubiera sido arrebatado de los hombros. Empezó a tararear una canción, probablemente pretendiendo amenguar la tensión que anteriormente se había formado en sus alrededores.

"¿Y por qué no se lo dices?" le cuestionaste repentinamente. Su rostro se congeló, con un rosa delicado dibujándose lentamente en sus pómulos.

"¿Q-qué?"

"Díselo."

No eras la más indicaba para sugerirle aquello, pero algo te decía que si ella alguna vez le confesara al chico sus sentimientos, podrían ser correspondidos. Imaginaste a los dos, de la mano, paseando por algún lugar, y al menos en tu mente, se veían lindos juntos.

Con su dedo índice, empezó a dibujar círculos en el piso alfombrado, denotando nerviosismo. Vaciló unos segundos pensando en lo que diría, más no la dejaste hablar. "Se nota que te quiere."

Antes de que continuases, negó bruscamente con la cabeza. "No creo que me quiera como yo lo quiero a él."

Enarcaste una ceja y comprendiste a lo que se refería. Ella no tenía ni siquiera la ilusión de que Jeremy se fijara en ella, ni siquiera el fantaseo de imaginarse juntos.

"¿Qué te hace pensar que no siente lo mismo que tú?"

Lanzó un breve suspiro al aire como si estuviera enlistando sus pensamientos. "No me ve como te ve a ti…"

Algo te hizo sentir mal. No sabías si era culpa, pero era un sentimiento bastante similar.

"Por supuesto que no te ve como a mí me ve… a ti te mira de una manera especial."

Un delicado color carmín hizo presencia en sus marcados pero sutiles pómulos. Llevó una mano a su pecho, sintiendo como aquella oración le hacía tan mal pero a la vez tan bien a su corazón. No tenía la certeza, y tú tampoco la tenías, pero él, por supuesto, la miraba de una manera diferente. Y por supuesto. No podía mirar de la misma manera a quien había conocido días atrás a quien había estado con él desde la infancia.

"He estado enamorada de él desde que tengo memoria" comenzó, jugueteando con cierta inquietud las agujetas de sus coloridos vans. "Nuestros padres son amigos. Mejores amigos, como lo somos él y yo. Nos conocemos desde bebés, pero nunca hablamos hasta que entramos al jardín. Ahí nos volvimos inseparables. Se podría decir que yo era el patito feo de la familia y de cualquier lugar, lo que provocaba que todos me molestaran. Él me protegía de todos y de todo, como el hermano mayor que no tengo. Y así fue para mí por mucho tiempo. Lo admiraba tanto por su valentía y, aunque fuera celoso y sobreprotector, lo quería mucho. Hasta que crecimos, y mi manera de verlo cambió. Ya te imaginas de qué manera."

"La secundaria fue difícil. Seguía siendo fea. Los brackets y lentes no ayudaban mucho. Jeremy y yo estuvimos en las mismas aulas, gracias a Dios, y como siempre, éramos inseparables. Ahí conocimos a Louis. Desde ahí, los tres, no hicimos muy unidos. Pero, ya sabes. Jeremy es bastante atractivo y, a pesar de su raro carácter, llamaba la atención de muchas chicas. Conoció a una chica y cupido lo flechó; se enamoró de ella. Gracias a la intervención de Lou, se volvieron novios. Fue quizá la etapa más difícil, pues el mejor amigo que creía tener, no me hablaba si no era para que le pasara la tarea. Cambió mucho y todo por culpa de esa chica. Incluso me ignoraba, pasaba alado de mí y no tenía las intenciones de saludarme. Sin embargo, seguía teniendo la esperanza de que él, tarde o temprano, volviera a ser el mismo de antes. Y así fue. La chica lo engañó, él se deprimió y volvió a acercarse a mí; yo siempre estuve ahí, con los brazos abiertos, para sostenerlo si él caía.

"Pero, ¿tú crees que alguna vez ha notado eso? Oh, no. Nunca. Aunque lo intente un millón de veces, con señales de humo, que capte mis indirectas que son tan directas a la vez, él no comprende y tengo que quedarme callada."

Sus ojos tenían una apariencia hueca, como si no tuviera color, con la vista perdida en la chimenea artificial (porque era más adorno que de utilidad).

"Debería decirle" susurró Jack. Prácticamente, habías olvidado su presencia en el lugar, pues hasta el momento había permanecido callado, atento a la conversación.

"¿Por qué no le dices?" le cuestionaste, imitando la sugerencia de Jack.

Dibujó una sonrisa sin emoción en su rostro y suspiró, por enésima vez. "Estuve dispuesta a decirle un tiempo después de que cortó con su novia. Incluso aproveché a quitar los brackets, a preocuparme más por mi apariencia… a verme linda sólo por él. Sin embargo, su tristeza permanecía y me echó un discurso de que no quería saber nada del amor. Que no servía. ¿Crees que eso me dio ánimos? Al contrario. Me deshizo por completo y la idea fue desechada. No quería que nuestra amistad acabase y menos por unos estúpidos sentimientos como los míos. Por lo que prefiero guardármelos hasta que mueran solos…"

Jack se levantó casi automáticamente de su lugar y llegó con pasos firmes y sonoros hacia donde estaba la ahora deprimida chica. Se inclinó hasta su nivel y la encaró, mostrando sus oscuras y gruesas cejas encontradas.

"¿Guardarte tus sentimientos? ¿De qué te va a servir? ¿Eh? ¡Dime!" le regañó como si esta pudiera escucharle. Lo observaste con los ojos abiertos, no entiendo muy bien a dónde quería llegar. "Llegará el momento en el que te arrepentirás de no haber dicho las cosas a su debido tiempo, y te preguntarás, ¿por qué no lo dije? No sabes qué es lo que te depara la vida para mañana. Así que, ¿qué esperas? Las cosas deben decirse en el momento, cuando se sienten, ¡cuando todo nace!"

El alegato de Jack llegó a su fin cuando el bullicio de la cocina hizo presencia trasladándose hasta la sala. Jeremy llevaba el teléfono inalámbrico pegado al hombro mientras los otros dos balbuceaban cosas, suplicando que pidiera lo que ellos deseaban comer.

Jeremy los ignoró y miró hacia ustedes. "Julie," llamó a la chica, captando su atención "dime, es mi cumpleaños y tú me conoces mejor que nadie. ¿Qué es lo que yo comería en un día tan especial?" la chica posó un dedo sobre su barbilla, pensando "O no. Mejor dicho, ¿qué deseas comer?"

Juliette abrió la boca un poco sorprendida, encontrándose de pronto en una confusa decisión.

Mientras ellos empezaban a discutir por lo que hasta ahora no había decido cenar, buscaste a Jack con la mirada, quien había prácticamente huido al ver el torbellino acercarse.

Entonces lo hallaste sentado en una esquina, con los ojos perdidos en el ventanal que se encontraban en el comedor. Aquella imagen de él lo hacía lucir débil, como si algo de lo que había dicho le hubiera causado un repentino dolor o alguna especie de recuerdo que le provocase el mismo sentimiento de suplicio. Le lanzaste una última mirada y esperaste a que por fin eligieran la cena.

Al final, optaron por una pizza, casi típico en las cenas con amigos. La comida transcurrió rápida y divertida, aproximándose el momento de partida. Pronto, aquella hora llegó. Tu padre estacionó su auto en la puerta e hizo sonar el claxon sonoramente. Te despediste rápidamente de todos, no sin antes intercambiar celulares con Juliette. Te habías ganado una nueva amiga.

Al llegar a casa, subiste rápidamente las escaleras, directo a tu habitación. Jack ya estaba ahí, sentando en la silla del escritorio, sosteniendo un lapicero y haciendo garabatos en un muchos post-it.

Te acercaste con todas las intenciones de preguntarle que le pasaba, más las palabras no salían de tu boca. Era como si su aura débil te contagiara, haciéndote sentir de igual manera. Posaste una mano sobre su hombro, en modo de consuelo.

"Estoy bien" espetó, respondiendo a la pregunta que mudamente habías dejado en el aire.

"No lo pareces"

Se levantó de golpe, dejando que la silla rotatoria se deslizara y chocara contra la pared impetuosamente. Miraba hacia la ventana, dándote la espalda, no queriendo mostrar su rostro que repentinamente se había transfigurado en un sentimiento de lo que parecía ser nostalgia.

Sin embargo, algo en ti te empujó a querer ayudarlo, escucharlo y consolarlo, aun si él no te lo permitía.

"Si hay algo que tengas que decir… algo por lo que necesites desahogarte, aquí estoy. Dispuesta a escucharte. Prometo no interrumpirte…"

Una risita irónica escapó de sus labios, interrumpiéndote. "Debería ser yo el que haga eso… escucharte y ayudarte…"

Te sentaste en tu cama, con tus piernas cruzadas. "Pero yo no tengo nada que platicar. Además, dicen que para que una relación funcione debe haber comunicación mutua. Uno debe escuchar al otro."

Un leve sonrojo apareció en sus mejillas. No sabía por qué, pero sus mejillas ardieron de una manera peculiar al escuchar la palabra relación.

"Vamos" susurraste, logrando que él volteara y te mirara. "Siéntate y expulsa lo que oprime tu alma" dijiste mientras le dabas unas palmadas a la cama, para que tomara asiento a tu lado.

Él aceptó, sentándose con las piernas estiradas. Te miró un poco confundido, no sabiendo exactamente qué decir. Le sonreíste, intentando brindarle confianza. Su corazón dio un brinco, haciéndole sentir inexplicablemente nervioso.

Tomó aire y ordenó sus palabras, más seguro y dispuesto a abrirse contigo.

"Hace poco más de dos años, fui convocado a ser un guardián. Yo ni siquiera sabía el porqué de mi existencia, no tenía recuerdos. Lo único que sabía era mi nombre, que era el que traía el invierno y que la luna me había escogido para serlo. Y el que me eligieran para tener un cargo como el de ser un guardián, era algo que me había tomado desprevenido. Claro, al principio me negué. No quería tener responsabilidades, pues eso no iba conmigo. Un tipo aventurado y despreocupado. Pero por azares del destino, encontré mis recuerdos..."

"¿Cómo? ¿Encontraste tus recuerdos? ¿De qué manera?" interrumpiste, fallando a tu propio compromiso de no interrumpirle mientras hablaba. Él ignoro aquello, un poco divertido por tu tono curioso.

"Gracias a Tooth, el hada de los dientes" sonrió. "Resulta que los dientes guardan recuerdos, y dado que ella es quien los recolecta, ella posee las vivencias y memorias de todos. Pero eso es algo que te puedo explicar después."

Asentiste y le indicaste mudamente que podía continuar. "Al encontrar mis recuerdos, dude un poco sobre saber acerca de ellos, sin embargo, abrí el contenedor y me vi en mi vida pasada" sonrió con nostalgia, recordando con claridad el momento en que sus memorias pasaron como una película frente a sus ojos. "Era igual que ahora; descuidado, travieso, hacía que todos rieran… era un poco loco, aún más que ahora. Tenía una hermanita, linda y encantadora" su sonrisa se ensanchó, imaginándose a su pequeña hermana corriendo con sus amigos detrás de él. "Un día, ella y yo salimos a patinar sobre un hermoso lago congelado cercano a nuestra casa. Todo iba bien, hasta que ella patinó sobre un pedazo de hielo frágil. Este amenazaba con romperse si ella se movía un solo centímetro. Sentí miedo. Miedo porque le pasara algo y yo permaneciera inútil ahí, sin ayudarla ni salvarla" la escena se recreó en su mente, clara y vivaz. "Pensé rápido e ideé una manera de mantenerle a salvo. Y lo hice. La saqué del peligro. Sin embargo, fui yo el que cayó a las gélidas aguas…"

Un delicado chillido de horror se escapó de tus labios, obligándote a cubrir tu boca con ambas manos. Él te miró sereno, comprendiendo tu sorpresa.

"Y desde eso comprendí por qué el hombre de la luna me había escogido. Salvé a mi hermana, y creo que él notó mi valentía y coraje, siempre dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de salvar a quien quiero. Y me sentí feliz por haber hecho eso."

Le miraste intentando disimular tu pena y asombro. Detallando con la vista cada facción que él poseía.

"Pero no hay día que no las extrañe. A ella y a mi madre. Desde que las vi en mi visión, las echo tanto de menos que es inexplicable lo que siento. Si yo hubiera sabido que me iba a ocurrir tal cosa… yo…" su voz se cortó momentáneamente, con su tono flaqueando y amenazante con quebrarse "… hubiera aprovechado cada momento, cada día, cada minuto, cada segundo, alado de ellas dos… Les hubiera hecho saber cada día sin falta cuánto las amo…"

Notaste en sus ojos un leve brillo, un brillo que no mostraba felicidad, sino tristeza. Sus ojos cristalinos te transmitieron la debilidad que él de por si emanaba. No lloraba, pero tú quisiste hacerlo. Notar su fragilidad, como si estuviera a punto de quebrarse, te hacía mal.

Lo habías visto sonreír, reír cada vez que te hacía una broma, enojarse, gritar; lo habías visto balbucear mientras dormía, lanzando leves insultos cada vez que perdía en uno de los videojuegos de la computadora que le habías enseñado a jugar; pero nunca lo habías visto derramar una lágrima. Y aunque hoy pareciera estar a punto de romper en llanto, no flaqueó en ningún instante. El Jack de apariencia fuerte y segura seguía ahí, aunque en su interior fuese como un muñeco de papel, frágil y manipulable.

Quizá fue el momento lo que te hizo actuar tan súbitamente; el verlo cayendo sin moverse, débil y pesaroso. Tus brazos lo rodearon inconscientemente, como buscando darle conforte y alivio, ahuyentando sus nostálgicos recuerdos.

Su postura fue rígida en un principio, pero sentir tu calor, tu sigiloso pero sincero consuelo, le hicieron relajarse con cada respiración que ambos emitían. Su corazón latía ferozmente, avivando aquellos extraños síntomas que desde hace días había presenciado en su corazón. Pero esta vez no eran molestos; al contrario, eran confortantes y satisfactorios; le hacían sentirse volando, atrapado en una jaula de emociones de las que no quería soltarse.

Estuviste apunto de soltarlo, cuando fueron sus brazos los que esta vez te rodearon. Delicados hipidos escaparon de sus labios, y aunque no podías verlo, sabías que estaba llorando. Con unas palmaditas en su espalda, dejaste que sacara todo lo que, quién sabe por cuánto tiempo, llevaba guardado en lo más hondo de su interior.

Los minutos pasaron y fue él quien rompió el abrazo. No se atrevió a mirarte, temeroso a que te burlaras de su apariencia.

Notaste sus ojos rojos e hinchados. Sus largas pestañas se encontraban mojadas, debido a las lágrimas; sus mejillas estaban ligeramente rojas y pequeños hipos aún escapaban de sus labios.

"¿Sabes, Jack?" murmuraste captando su atención, intentando atrapar su mirada. "A veces es necesario sacar todo aquello que nos hace sentir mal… enojados… tristes. No puedes pretender aguantando, porque ese dolor aumenta y cuando quieras desecharlo, será mucho peor. Siempre que te sientas de esa manera, asegúrate de desahogarte. Llora, grita, o simplemente haz algo para distraerte."

Sus orbes azules te inspeccionaron un tanto aturdidos. Delineó tu rostro: tu nariz, tus cejas, tus ojos, tus mejillas, tus labios… al detenerse ahí, recordó la escena que hace unas horas el detuvo e impidió. Sacudió la cabeza desechando el recuerdo, que creaba en él un sentimiento sofocante.

"Soy patético" soltó, mirando a sus manos.

"¿Qué?"

"Eres mejor tú para esto que yo… ¿te apetece que cambiemos de lugar?" bromeó. Soltaste una risa, llevando tu mano hacia su cabello y revolviéndolo traviesamente.

Entonces recordaste. "Oye, ¿cómo es que llegaste a casa de Jeremy? Dijiste que no irías por nada del mundo…"

Su rostro decayó. Preso por el pánico, se apresuró a contestar:

"Tenía que protegerte. Ibas a estar rodeada de adolescentes peligrosos."

Reíste sonoramente ante su comentario, no encontrándole sentido.

"¿Peligrosos? Lo más peligro que le he visto usar a Peter es un lápiz. Jeremy es partidario de la paz y Louis… es Louis."

Hizo un mohín, uniendo sus cejas.

"Además… ¿por qué evitaste que besara a Jeremy?"

Nuevamente, el pavor le inundó.

"¡Para protegerte!"

"Ay, ¡por favor! ¡Que excusa tan…!"

"¡Malagradecida!" profanó indignado. "Yo intentando evitar que sucedan cosas trágicas y…"

"¿Qué tiene de trágico un beso?" cuestionaste divertida.

La situación en si era estúpida pero divertida. Sea cual sea la razón por la que Jack había evitado aquel contacto, era bastante obvio que ahora no encontraba cómo justificar su acción.

Desvió su mirada y observó sus pies. En sí, ni siquiera él tenía idea del por qué había evitado aquello. Aunque había dicho que no iría, te siguió hasta casa del chico y observó, escondido dentro la casa, cada movimiento que habían realizado. Hasta que llegó la hora del juego y escuchó el reto que te había tocado. Algo le hizo reaccionar y evitar aquello era lo único que podía hacer.

'Jack, dime, ¿sabes qué es el amor?' La voz de Tooth hizo presencia en su cabeza. Su corazón latió fuertemente. 'Lo que nosotros creemos es que tú sientes celos'. El palpitar incrementó su intensidad.

Llevó su mano a su corazón. Sus latidos eran extrañamente feroces, violentos. No le causaban dolor, pero le provocaban una extraña sensación en aquella región.

Entonces te miró, con tu rostro divertido y tu expresión de qué esperas para contestarme.

Examinó con cuidado tus facciones, nuevamente. Empezó por tu rebelde y algo despeinado cabello; tus ojos con su color tan particular pero que desprendían un brillo sin igual; tu nariz respingada, perfectamente alineada; tus cejas, ni muy pobladas ni muy carentes; tus mejillas, siempre sonrosadas y, tenía que admitirlo, apretables… Y se detuvo, otra vez, en tus labios. Pero esta vez no despegó su vista de ahí. No eran ni delgados ni gruesos, eran bastante proporcionales, con ese color rosa que siempre estaba presente… lo suficientemente antojables. Su corazón latió atrozmente una vez. ¿Qué fue lo último que pensó?

Entonces el mundo desapareció a su alrededor. Su vista no podía despegarla de tu boca; miró hacia tus ojos, y después volvió hasta aquellos compañeros atractivos que poseías como labios.

La distancia empezó a acortarse, cosa que notaste y te tensó. Sin embargo, no fuiste capaz de alejarte. Caíste en el encantamiento de sus preciosos ojos azules, su fresco y embriagador aroma, sus pestañas largas…

Te dejaste llevar por el momento, sin saber exactamente por qué lo hacías. Quizá habías caído bajo un hechizo. Cerraste los ojos en el momento que él lo hizo, acortando la escasa distancia que había entre ustedes.

Y sus labios chocaron delicadamente. El gélido tacto de él te hizo estremecer un poco, pero no fue suficiente como para separarte. No querías deshacer ese momento. El roce era tan tierno, tan inexperto, tan dulce que era lo suficiente para aturdir. El sabor de sus labios no tenía igual, aunque nunca habías probado otros, pareciera que era lo mejor que habías probado. Era adictivo. Y él sentía lo mismo, quizá aún más.

Tu corazón latía. Latía como nunca lo había hecho.


¡HOLA DE NUEVO! ¿Qué taaal? ¿Les gustó? ¿No? ¿FALTÓ ACCIÓN? (?) Intenté dar lo mejor de mi, y créanme, mientras escribía esto, fangirleaba mucho :| jojo. Y aunque no lo crean, ya empecé a escribir el siguiente capítulo 3 Y es que tengo taaaantas ideas en mi cabeza. De verdad. Estos días han nacido muchas ideas, tantas que necesito escribirlas para enfocarlas bien. Con decirles, que ya tengo casi completo el final (en mi mente, claro), ¡pero la historia ya tiene finaaal!. Y sí, quizá me gane el odio de muchas pero buee... (no se apresuren, me aseguraré de no hacerles sufrir mucho :3). De verdad que ya tengo la mayoría de la trama concluida, y eso me pone muy pero muy feliz :) Y es que sin su apoyo, personitas hermosas preciosas, no hubiera podido llegar hasta aquí.

También se me han ocurrido muchas cosillas para los one-shots. Uh oh, sí. Y alguien por ahí me recomendó que le agreguemos lemmon a esta historia... pero es algo que no tengo del todo seguro, puesto que yo nunca he escrito lemmon. Quizá se incluya en los one-shots que, si me animo a hacer algunos, se publiquen :)

¡Muchísisisisisisisimas gracias a tooooodas! (digo todas porque, si no me equivoco, las lectoras son niñas e.e) Por los reviews, los follows, los fav's; cuando leo sus reviews me sacan una sonrisota que hace que mis ideas exploten y que, quiero que sepan, esta historia sigue en curso sólo por ustedes :') *Se pone sentimental* Así que, les repito, ¡infinitas gracias! Se avanza poquito a poquito, pero me alegra saber que les hago fangirlear aunque sea un poquito :')

Un último favor. Si alguna de ustedes conoce un libro, una novela, de amor, comedia, fantasía, cualquiera de esos géneros (mejor si son combinados), me recomienden algunas obras, pues recientemente terminé un libro (lo devoré en el fin de semana, omg e.e), y no tienen idea de cómo sirven de inspiración.

Como sea, que tengan un excelente fin de semana y nos vemos en la siguiente actualización, que, según mis ansias de escribir, será pronto, a mas tardar, el jueves que no tengo clases :) ¡Kichus~!

Xoxo, Arin.