Capítulo 13.

Quizá respirar no era tan vital para él, pero para ti lo era, y la sensación de asfixia te empezaba a inundar. La separación fue inevitable.

El contacto visual perduró por varios minutos. Ninguno de los dos habló, permaneciendo en silencio, como si pudiesen transmitirse todo lo que sentían tan sólo con mirarse. Tú perdida en sus bellísimos orbes azules y él en tus brillantes ojos.

Jack fue el primero en percatarse de lo ocurrido, rebobinando la escena y reproduciéndola fugazmente en su cabeza. Dio un brinco fuera de la cama, viendo hacia la ventana, ocultando el pronto sonrojo que había explotado en su pálido rostro.

Tú, por tu parte, permaneciste intacta en tu lugar. Únicamente escuchando los frenéticos y salvajes latidos de tu corazón, que se escuchaban como si tuvieras un micrófono dentro y una bocina que permitiera a todos escuchar los golpecillos.

Después de aquel pequeño incidente, la comunicación que había empezado a crecer alegremente, comenzó a mermar considerablemente. Cuando querían comunicarse, con trabajo lograban intercambiar sílabas, o simplemente se comunicaban con la mirada. Más sin embargo, cuando notaban que se observaban mutuamente, volvían a ignorarse con la pena estampada en sus rostros. Sin embargo, él te acompañaba a todas partes. Desde la escuela hasta a hacer las compras para la semana que te encargaban tus padres.

En la escuela, tu amistad con Jeremy y Louis aumentaba positivamente. Al parecer, y gratamente para ti, el episodio del casi beso no afectó de manera negativa en tu relación con Jeremy. Con Louis todo iba normal, -aunque te molestara en secreto con Jeremy por lo ocurrido y lograra que te sonrojaras- el chico era divertido y un gran amigo.

Claro, a Jack, que te acompañaba a cada momento, se le hacía cada vez más difícil ocultar ese sentimiento que aborrecía cuando te veía junto a los tres chicos que tenías como amigos. Cada que podía, evitaba que hicieras el mínimo contacto físico con los chicos, o simplemente los fulminaba con la mirada, como queriendo usar su bastón para congelarlos. Aquellas indiscreciones, no pasaron desapercibidas para ti. Siendo sus celosas acciones bastante evidentes, tu sospecha de que el chico sintiera algo por ti aumentaba a sobremanera, aunque te causara un poco de confusión y vergüenza.

Y así pasaron las semanas. La primavera se acentuaba con dureza, con la calidez en el ambiente cada vez más presente y las flores y colores armónicos adornando todos los lugares. Aquello te desconcertaba un poco. Tu país era bastante tropical, con las primaveras y veranos bastante calientes, temperaturas que lograban sobrepasar los 40°. Siendo Jack el espíritu del invierno, ¿no le resultaba incómodo? ¿No afectaría en su vitalidad?

Curiosa por saber si ocurría algún cambio en él, te dispusiste a eliminar la barrera que empezaron a construir en el transcurso de las semanas.

Jack estaba en el estudio de tu padre, en un sofá rojo y mullido que daba a espaldas de la puerta, a lado de un enorme estante lleno de libros. Su mirada estaba clavada en un viejo, gordo y casi descocido libro, con letras doradas en la portada y hojas gastadas saliéndose por todas partes.

Aprovechando que se encontraba inmerso e hipnotizado por el grande libro, te acercaste sigilosamente. Viendo sobre su hombro, notaste que hojeaba tu libro favorito de la infancia: "Los Guardianes de la Ilusión."

Tus ojos brillaron, recordando todas las incontables veces que pediste a tu madre que te leyera el libro antes de dormir, hasta que pudiste leerlo por tu cuenta. Aquella obra traía relatos fantásticos y bonitos, además de las descripciones de los seres fantásticos como Santa y el Hada de los Dientes, y también de los lugares en los que ellos vivían.

Jack notó tu presencia, dando un brinco y cerrando con firmeza el libro, dispuesto a marcharse.

"¡No te vayas!" exclamaste rodeando el sillón hasta quedar a un metro y medio de él.

Te miró un tanto nervioso, estático en su lugar. Después de un rato, volvió a sentarse de igual manera a como estaba anteriormente.

"Quería platicar contigo…" murmuraste tomando asiento a su lado. Él asintió, tragando saliva e intentando encontrar algo para decirte.

Le echaste un ojo al libro y sonreíste. "Vaya, ¿lo estabas leyendo?" Asintió, aún mudo. "Es un libro precioso… mi favorito de la infancia."

Él sonrió, volviendo a abrir el libro y hojeando con ternura las hojas, temeroso de desprender una más del montón. "Si, es precioso" habló por fin, perdido entre las ilustraciones impresas en las hojas.

Te acercaste sin recato a él, sin pena de que sus hombros rozaran y que tu cálido aliento chocara contrariándose con él gélido de él. Él se paralizó, no sabiendo que hacer ante tu cercanía. Tomaste el libro entre tus manos, hojeando con la misma delicadeza que él las páginas de tu libro.

Las ilustraciones eran bellísimas. Llegaron a la parte en la que estaban las fichas de los personajes. El primero era Santa, con su característica barba blanca y sus mejillas sonrosadas; después venían el Hada de los Dientes, el Conejo de Pascua, Sandman, Cupido, Nightlight, el Padre Tiempo y muchísimos otros. Era como una recopilación de todos los seres mágicos que podían existir. Una antología. Y sus casi trescientas páginas le eran vastas al libro.

"Ninguna de las ilustraciones le hace justicia a los verdaderos" añadió de repente Jack. Le miraste sin entender, a lo que él te miró ya sin timidez. "Me refiero a que ninguno de ellos es físicamente como aquí."

"¿No? ¿Y cómo son?"

Posicionó mejor el libro entre sus piernas, regresando a las páginas donde se encontraban las ilustraciones de los guardianes. Cuando llegó a Santa, lo examinó un poco antes de empezar:

"Norte no es así. Sí, es alto y grandulón, también esa blanca barba, pero su panza no es tan grande" su comentario te hizo reír, haciendo que él sonriera "Además, sus ojos son más grandes. Y azules. Tiene tatuajes en los brazos también…"

"¿¡Santa tiene tatuajes!?" cuestionaste sorprendida. Jack asintió, explicándote todos los tatuajes que Norte tenía.

"Tooth no es como aquí. No tiene ni un vestido ni una varita mágica. Parece más bien un colibrí" eso último provocó que hicieras una mueca bastante chistosa, haciendo que Jack se carcajeara. Sin embargo, no explicó más. "Conejo no es pequeñito ni lindo. Es grande, alto, y tiene un boomerang y huevos de pascua explosivos. Además de que tiene siempre mal genio. Sandman es bastante parecido aquí, con la diferencia de que no es alto; es enano y chistoso."

Sonreíste imaginando a cada uno de los guardianes que Jack te había descrito. Si en ilustraciones te eran magníficos, no querías imaginártelos en persona. "Pero algún día los conocerás y verás cómo son en realidad" agregó Jack. Tu sonrisa no pudo ampliarse más.

Jack continuó describiendo a los demás personajes del libro, comentando que no llevaba una buena relación de Nightlight, el Padre Tiempo era más bien un viejito gruñón debido a la edad y que a las únicas que no conocía de ahí era a la Madre Naturaleza y a Cupido.

Hasta que llegó a una página, donde se detuvo, no entendiendo muy bien el título y sin reconocer a la persona. Lo miraste también, intentando saber de quién se trataba. La ilustración mostraba a un hombre, con larga barba blanca y cejas pobladas, con un manto plateado como batón y bastón que brillaba en la punta; junto a él había un muñeco de nieve, que parecía tener vida también por la amplia sonrisa que poseía y la rama que poseía como mano, que parecía estar saludando.

Te atragantaste con tu saliva, oprimiendo una carcajada que empezaba a nacer en tu interior. Leíste el título, verificando el no haber leído mal:

"Old Man Winter (Padre del Invierno)".

Jack te miró extrañando, con una ceja alzada, esperando a que le explicaras que te ocurría.

"Jack… ese señor…" señalaste, con tu dedo temblando por la risa que bloqueabas "…es…"

"¿Quién?" preguntó impaciente "¿Quién es?"

"Es… eres tú"

Observó bien la figura, poniendo de cabeza el mismo libro. Leyó unas treinta veces el título, haciendo lo mismo que tú, verificando el no haber leído mal.

"Es una broma, ¿verdad?" murmuró un tanto indignado. Negaste divertida. "Yo no soy así… ¡no soy así de viejo!"

No pudiste más y te echaste a reír. Las carcajadas inundaban el estudio, combinándose con los furiosos parloteos de Jack, quejándose de la apariencia que le daban en el libro.

Cerró con enojo el libro y lo dejó en la mesita de alado. Se cruzó de brazos e hizo pucheros, inflando sus mejillas. Le miraste con lágrimas en los ojos por la risa asfixiante que te atacaba. Intentaste hablar pero te faltaba respiración y el estómago dolía.

"Jack" hablaste como pudiste. El chico te ignoró. "Jack…"

"No me hables" te cortó.

Tu risa se acabó instantáneamente, no entendiendo la repentina actitud del espíritu. "¿Qué ocurre, Jack?" preguntaste. Miró hacia la dirección contraria, indicando que te estaba ignorando. "¡Hey! ¡No me ignores!"

El chico te miró, aún con un delicado mohín en su rostro. "¡Si yo quiero te puedo ignorar!" exclamó como niño pequeño.

"¡No puedes!"

"Si puedo."

"No puedes… no soportarías ignorarme."

"Lo había hecho bien hasta ahora."

Al principio no comprendiste sus palabras, pero después todo tuvo sentido en tu cabeza. Las últimas semanas habían sido extrañas debido a los débiles intentos por parte de Jack para ignorarte y por la tuya también. Sonreíste con picardía.

"No lo hacías bien. Se notaba a leguas que morías por hablarme" le molestaste.

Sus cejas se unieron más y un rosado adornó sus mejillas, haciendo lucir gracioso su rostro. Dios, ¿de dónde había salido esa parte de ti?

"N-no quería hablarte" acotó tartamudeando.

"Demostrabas todo lo contrario."

"Claro que no."

"Y eres muy egoísta."

"¿A qué te refieres?" preguntó.

"No querías que ni Peter, ni Jeremy, ni Lou se acercaran a mí… ¿o me equivoco?"

El rojo se encendió aún más en su rostro, haciéndole perder los estribos. No sabía que responder, no sabía ni que pensar. Se encontraba acorralado, en la esquina más remota de la habitación. No tenía escapatoria. Se encontraba amenazado por tu presencia, por tu repentina observación y tu presuntuoso y extraño carácter momentáneo.

Sonreíste, como si hubieras obtenido la victoria. Más fuiste interrumpida por su voz.

"Sí. No quería que se acercaran a ti. Lo odio" comenzó levantándose del asiento, captando tu atención, cambiando por completo tu semblante seguro y confiado. "Aborrezco que estén cerca de ti. Aborrezco que te hablen, que te miren, que toquen. Cuando lo hacen, siento que me golpean, que me debilitan. No quiero que lo hagan. Simplemente No quiero. Detesto el tan sólo pensarlo" repentinamente, su posición cambió, acorralándote en el respaldo del sofá, controlando su equilibrio apoyándose del mismo y posicionando sus brazos arriba de tus hombros. "No quiero verte cerca de ellos. No quiero que les hables. No quiero que ellos te roben sonrisas… No quiero compartirte."

Lo último te mutiló, aún sin saber por qué. Jack permaneció intacto en su lugar, hundiéndose en tus ojos mientras te miraba sin reserva. Tus mejillas no podían arder más, haciéndote sentir a explotar. Aquello fue algo inesperado, algo que en definitiva no te esperabas. Aunque claro, desde el principio debiste de haberte preparado para algo similar, pues tu traviesa actitud iba en busca de algo parecido.

Te estremeciste en tu lugar, escurriéndote de espaldas en el sofá, desviando la mirada de tu guardián.

¿Había sido una confesión? ¿Se estaba tomando muy en serio su papel como guardián? Las preguntas simplemente burbujeaban en tu mente y explotaban haciendo bullicio.

Eliminó su postura y se dirigió hacia la puerta. A los pocos segundos despertaste de tu trance, lanzándote detrás de él. Iba hacia tu cuarto, hasta donde lo seguiste. Al entrar, lo hallaste quitándole el seguro a tu ventana, dispuesto a salir volando. Más tú lo impediste, abrazándolo por la espalda.

"¿A dónde vas?" susurraste, apegada a su espalda.

"A donde sea" respondió con simpleza, con la voz apagada.

"No te vayas"

Tu voz voló por el aire, con tu tono impregnado en los oídos de este. El matiz que habías usado al hablar había sonado dulce, encantando, persuasivo, bastante complaciente para Jack. Con delicadeza, cerró la ventana de nuevo, volviéndose hacia ti, hasta rodearte con sus brazos.

El gélido tacto que sentiste cuando sus brazos te envolvieron, te hizo estremecer. Su respiración golpeaba tu oreja derecha y tu nuca, siendo lenta y relajante. Súbitamente, su mano empezó a moverse lentamente en tu espalda, arriba a abajo, de manera dulce y grata. Su repentino tacto te hizo cerrar los ojos, disfrutando del mismo. Tu respiración se hizo un tanto acelerada, haciendo que Jack tiritara de manera extraña.

Con delicadeza y a paso lento, te llevó a la cama, donde ambos se sentaron, aún sin separarse. Y cuando lo hicieron, se miraron profundamente a los ojos, como lo habían estado haciendo muy a menudo las últimas semanas.

"¿Qué es esto que siento, (T/n)?" te preguntó, sin despegar su mirada de tus ojos.

"No lo sé…"

Tomó tu mano y la llevó hasta su pecho, con las intenciones de que sintieras tu corazón palpitar aceleradamente.

"¿Sientes lo mismo que yo?" preguntó ido.

"No" dijiste mientras negaste suavemente con la cabeza. Creíste ver sus ojos oscurecer un poco, preso por un imprevisto vacío. "Creo que más"

Y el color volvió a sus ojos, haciéndolos brillar de sobremanera. Sus brazos te rodearon nuevamente, esta vez levantándose, obligándote a hacerlo también. Le preguntaste con la mirada qué estaba haciendo, a lo que respondió con una enorme sonrisa:

"Me gustaría llevarte a un lugar." Enarcaste una ceja y le preguntaste a qué se refería. "Ya lo verás. Sólo quiero que cierres los ojos"

Le miraste indecisa, pero hiciste lo que te dijo. Llevaste con cautela tus manos hasta tu rostro, cubriendo tus ojos con ambas palmas. Sentiste su mano abandonar su sitio de tu cintura.

Anteriormente, en una de sus últimas visitas al Polo Norte, Jack había tenido una plática especial a solas con Norte. Este, embaucado entre la alegría e incertidumbre, atrapado por la impulsión, ofreció a Jack una esfera mágica, diciendo que la usara cuando este quisiera ir contigo al Polo Norte, y así tuvieran la dicha de conocerte. Jack la aceptó de inmediato. Al llegar a tu casa, la ocultó en tu ropero, en un lugar donde tú no pudieras encontrarla.

Al hallarla, la posicionó enfrente de ti, murmurando el sitio al que te llevaría.

"¿Qué haces?" cuestionaste empezando a sentirte curiosa e impaciente.

"Ya lo verás."

Tan pronto como terminó, lanzó a la esfera hacia el suelo. Al impactar contra el duro piso, emitió un pasmoso sonido, haciéndote retirar tus manos de tu cara. Tu quijada cayó, mientras observabas una especie de luminoso vórtex, con la imagen de un palacio en su interior. Miraste con los ojos abiertos como platos a Jack, quien mantenía su típica sonrisa traviesa grabada en su cara.

"¿¡Qué es esto!?" preguntaste aumentando el volumen de tu voz.

"¿Estás lista?" cuestionó posicionando, nuevamente, su mano en tu cintura.

"¿Para qué? ¿Qué es esto? ¿A dónde me llevas? ¡¿JACK!?"

"En sus marcas, listos…" y antes de que pudieras rogarle porque no te obligara a lanzarte por ahí, el chico te empujó junto a él dentro del portal "¡FUERA!"


La cálida sensación de la taza de cocoa caliente reconfortaba tus manos por la frialdad del ambiente. El cálido aura que desprendía la chimenea llegaba para calmar el temblor que las bajas temperaturas ocasionaban en ti, ya que no tenías la costumbre de sentir tal grado de frialdad.

Desde su llegada, Tooth se había pasado varios minutos reprendiendo a Jack por haberte traído en tales circunstancias, no estando al tanto de tu debilidad ante el extremado frío y por no haber avisado al polo con tiempo. El espíritu se limitaba a asentir con pesadez con cada regaño que el hada le concedía.

Tú estabas, no solo conmocionada por el leve trauma de haber sido transportada por un vórtice, si no el haber conocido, en persona, a los seres que tú creíste meramente imaginarios. O al menos hasta que conociste a Jack.

Observaste con detalle a cada uno de los guardianes, que ahora se encontraban reunidos en la sala.

Norte era un hombre con una estatura extraordinaria; robusto y de apariencia fuerte, de talante frío pero bastante amable y risueño. Su característica barba blancuzca era lo único que no se perdía en la apariencia que normalmente le pintaban a los niños, además de su traje rojo, más no era el típico. Su acento ruso era lo más gracioso de él. Al verte, lo primero que hizo fue mandar a uno de sus enormes yetis a que te condujera hacia un lugar cómodo junto a la chimenea, y a tres de sus elfos a prepararte bocadillos y cocoa caliente.

El Hada de los Dientes tenía una apariencia que nunca te habías imaginado. La idea de una mujer con tutú y una varita mágica era desechada y daba paso a una imagen increíble y extraordinaria. Su cuerpo estaba cubierto por lo que parecían ser plumas, que contaban con un degradado de diferentes tonos verdosos, que cubría también parte de su cabeza; sus alas eran increíbles, al tiempo que revoloteaban al mil por segundo, dándole una apariencia alegre y graciosa. Sus ojos eran lo más bello, pues poseían un brillo espectacular, púrpuras y detalles fucsias, además de pestañas largas y delgadas. Lo primero que la mujer te dedicó fue una sonrisa penosa, parte por tu estado y porque consideraba que no estaba lo suficientemente preparada para recibirte como merecías.

El conejo era igual o más impactante. Su altura era casi igual a la de Santa (gracias a sus largas orejas). Su color grisáceo, combinado con aquel blanco en su pecho, era simplemente hermoso. Extraños pero elegantes adornos oscuros estaban dibujados en parte de sus brazos y piernas. Usaba unos estilosos brazaletes de cuero, adornados con piedras brillosas, además de unos adornos similares en sus patas inferiores. Portaba unos tres coloridos huevos de pascua, atados a lo que parecía ser una correa. Te sorprendió cuando parloteó al verte llegar de manera tan sorpresiva, causándote un poco de pavor por su fría apariencia, aunque después te dedicara unas palabras que parecían más bien ser unas condolencias.

Sandman era un hombrecito gracioso. Era completamente dorado, de pies a cabeza, dueño de una sonrisa encantadora y contagiosamente alegre. Sus cabellos arenosos y dorados volaban chistosamente en su cabeza, además de que emitía un brillo bastante inusual. Esperabas que hablara, pero en vez de eso, dibujo unas cuantas figuras sobre su cabeza, igualmente de arena. Aunque intentaba decirte o preguntarte algo, te resultó algo frustrante y vergonzoso el tener que responderle (con lo poco de voz que tenías), que no entendías nada.

"¡No entiendo cómo te atreves a exponer a esta pobre y frágil chica a emociones como estás!" exclamó la mujer con apariencia de colibrí.

"Como siempre, desconsiderado hasta con su propio protegido" dijo el conejo, afilando lo que parecía ser su boomerang.

"Oigan, oigan, paren, ¿quieren? La he traído aquí para presentárselas, como cierta persona me había insistido," acotó mirando a Norte "y me vienen con reclamos."

"Tan sólo date cuenta del estado en el que la dejaste"

Todos dirigieron sus miradas hacia ti, cohibiéndote hasta la punta de los pies.

Jack se acercó lentamente, agachándose para quedar a una altura más o menos adecuada para poder verte a los ojos. Descansó su mano en tu rodilla y te miró de manera dulce y encantadora.

"Lo siento tanto. Sé que debí haberte consultado esto antes, pero algo dentro de mí hoy podría ser un día especial para traerte. No me preguntes el motivo, simplemente sentí que era singularmente especial. Ahora, si me permites, me gustaría escuchar de tus palabras que me perdonas."

Aquel súbito cambio de actitud por parte de Jack cuando se dirigió a ti, dejó helados a todos. Bunnymund fue el que rompió con el ambiente envuelto entre tensión y sorpresa, quejándose a voz alta que moría de hambre y que prepararan la cena pronto.

Cortésmente, Norte te invitó a que compartieras la cena con todos ellos. Era curioso el hecho de que te sintieras nerviosa, pues sólo una mirada por parte del hombre era suficiente para transmitir una considerable cantidad de confianza infinita. Sin embargo, algo en la tesitura en la que Jack te había metido: llegar de improvisto al Polo Norte.

La cena transcurrió tranquila y divertida. Las recurrentes discusiones entre Jack y Bunnymund te hacían carcajear discretamente. Tooth se apresuraba a regañarlos y a guardar compostura ante tu presencia, pues no quería que te causaran miedo. Sandman devoraba pastelillos disimulando su ansia por saborearlos. Norte comía decentemente, con un cuchillo y un tenedor en cada mano. Aquella escena era, sinceramente, la más extraña pero divertida que jamás habías visto.

Lo siguiente fue una lluvia de preguntas para ti, las que respondiste un tanto tímida al principio pero más desenvuelta conforme el tiempo pasaba.

La velada fue magnífica. Siguió un mini-recorrido por el palacio, que era a su vez, el taller de Santa. Este último lugar estaba repleto por yetis y elfos trabajando, yendo de un lado a otro. Aún faltaba mucho para Navidad, sin embargo, eso no les impedía trabajar como si la festividad fuera la mañana siguiente. Cada habitación que se te era presentada era igual o más preciosa que la anterior. Llegó el momento en el que se toparon con un pasillo larguísimo, con muchísimas puertas a cada lado. Optaron por dar por terminado el paseo, ya que, aunque faltaba mucho por ver, resultaría infinitamente cansado para ti.

La despedida llegó, pues habías pasado considerables horas en el lugar. Tus padres llegarían pronto y se percatarían enseguida de tu ausencia.

Te despediste educadamente de todos, cada uno correspondiéndote a su manera. Incluso el conejo pareció alegre de conocerte, despidiéndose, primero con una sacudida de manos y después por un efusivo abrazo.

En menos de lo que cantó un gallo, y gracias a otra esfera mágica, llegaste rápidamente hasta tu habitación. Jack se apresuró a avisarte que estaría ausente por lo menos hasta la tarde del día siguiente, pues tenía algunas misiones junto a los guardianes, y debía ausentarse. En un gesto casi natural, se acercó a ti y depositó un suave y dulce beso en tu frente. Después de inmutarse por aquello, se dio media vuelta, despidiéndose mientras desaparecía fuera de tu ventana.

Sin sentirte con mucha energía, te desplomaste en tu cama, cayendo rápidamente en un profundo sueño.

Oh, tu corazón volvía a latir tan ferozmente, que si no descansabas, este podría saltar fuera de tu corazón.

¿Qué era exactamente eso que nacía en tu interior?


Hola personitas :) ¿Cómo están? Creo yo, que este es el segundo capítulo más largo que he hecho hasta ahora, y créanme planeaba escribir más, pero repentinamente me alcanzaron las ganas de continuar con mi libro de "Orgullo y Prejuicio y Zombies", y dije 'suficiente por hoy'.

Quedé bastante satisfecha con el capítulo al principio; al final, con la situación de la primera visita al polo, siendo esta la primera de muchas, pretendía hacerla más emocionante y explícita en cuanto a descripciones; sin embargo, me bloquée :| Mil disculpas. Además de que, como muchas veces, no re-leí el capítulo, sorry x'D

Como siempre, ojalá y disfruten el capítulo, gracias a sus preciosos reviews, favs y follows y un besotototote para todas! Las quiero!

Xoxo, Arin.