Capítulo 15.

Convencer a Peter de que Jack era tu primo fue una tarea más que difícil. Peter pensaba en lo imposible que sonaba aquello. Es decir, Jack no poseía ninguna similitud contigo. Su piel era sobrehumanamente pálida, sus ojos azules parecían casi irreales y su cabello blanco era inusual, para lo cual, mintieron que llevaba puesta una peluca. El chico pareció no creerlo en un principio, pero su ingenuidad le ganó. En realidad, no había hablado para nada. Se había limitado a escuchar tus excusas sobre la apariencia de "tu primo" y a mover la cabeza en forma de duda, mientras tú esperabas que te creyera. Al cabo de unos minutos, se retiró de la casa aún en silencio y dejándote con la duda de si había tragado tus cuentos o no. Suspiraste de alivio y posaste una mano sobre tu pecho, sintiendo tu corazón palpitar gracias a la pequeña dosis de adrenalina recién vivida.

Jack se mostró un poco sorprendido al principio, pero apenas tu amigo cerró la puerta al momento de irse, se echó al sillón riendo a carcajadas.

"¿Qué es tan gracioso?" preguntaste contagiándote por sus risas.

"Tu rostro fue tan… te desesperaste más que yo."

Inflaste tus mejillas comprendiendo a lo que se refería. Jack no se había molestado en excusar su presencia, y pareció no haberse inmutado de que había sido visto por Peter. En cambio, al igual que tu amigo, quizá por la sorpresa, se inmutó.

Tomaste asiento en el sofá donde Jack se hallaba recostado. Se compuso en su asiento, imitando tu posición. Se miraron durante largos segundos y echaron a reír al mismo tiempo. Las carcajadas de ambos retumbaron por toda la habitación.

"¡Repito! ¡Tu cara fue lo mejor!"

"¡Basta! Te saqué de un aprieto"

"¿Aprieto? ¡Pff!" bufó "Para mí no es un aprieto."

La curiosidad te invadió, por lo que dejaste de reír.

"¿Por qué crees que fue capaz de verte?" cuestionaste, logrando que se calmara y empezara a analizar mentalmente.

"No estoy muy seguro"

Entonces recordaste lo que platicaron el día anterior. Al ver tu libro, Peter había hecho memoria y había recordado cuánto admiraba a Jack. No habías tenido la oportunidad de platicárselo, por lo que decidiste hacerlo en ese momento. Su expresión se serenó, asintiendo con cada palabra. Te explico las razones por las que no podía llevar nieve a tu ciudad; todas aquellas justificaciones eran las mismas que habías aprendido en la escuela, sobre el clima característico de algunas ciudades, etcétera.

"Juguemos algo" sugirió Jack cuando, momentáneamente, el ambiente se empezó a tornar aburrido.

"¿Qué quieres jugar?"

"Inventa algún juego. O enséñame uno que tú sepas" pidió mientras se sentaba en el suelo de tu habitación, donde ahora se encontraban.

"Veamos" empezaste a pensar "Juguemos a las 100 preguntas."

Jack alzó las cejas, pidiendo con la mirada que le explicaras la temática. "Cada uno le hará cien preguntas al otro… bastante obvio, ¿no crees?". Jack asintió comprendiendo, convencido por la idea. "Comienzas tú" le dijiste.

Pensaste que se tomaría su tiempo para formular una pregunta, pero todo fue lo contrario.

"¿Quién es para ti el tal Austin Richards?"

Ouch. Aquella pregunta te tomó por sorpresa. Te removiste en tu cama un poco incómoda por ello, pero Jack pareció no notarlo.

"Es un chico de mi escuela que me gustaba… Me gustó por mucho tiempo, al igual que a Alice. Pero creo que ella fue la que me ganó conquistándolo; los he visto juntos. En sí no significa mucho para mí."

"¿Y ya no te gusta?"

"¡Hey! No es tu turno para hacer otra pregunta. Es mi turno" Jack bufó, pero asintió. "Bien. ¿Cuántos años tienes exactamente?"

"Creo que trescientos dieciocho. He perdido la cuenta" contestó con simpleza.

"¿¡Trescientos dieciocho!?" exclamaste sorprendida. "¿Has visto con tus propios ojos todos los eventos más importantes del mundo?"

"Ah, ah, no. Mi turno de preguntar. ¿Ya no te gusta el tipo ese…? ¿Cómo se llamaba?"

"¿Austin? No. Fue simple atracción física. ¿Entiendes de eso? Bueno, es mi turno. Repito mi última pregunta."

"Sí. Desde los más memorables por ser muy felices hasta los más tristes."

Después de enumerar algunos acontecimientos vividos, aprovechaste para pedirle algunos detalles que tenías para una tarea sobre la época colonial en Europa. ¡Vaya! Si tenías a Jack no necesitabas internet; y el chico era una fuente más confiable.

"Tengo memoria de acero" presumió.

Reíste ante su comentario y anunciaste que era su turno. "¿Quién es tu guardián favorito?" preguntó, con la leve esperanza en su interior de que dijeras que él.

"¡Cupido!" exclamaste.

"¿Cupido? ¡Cupido no es una guardiana!" exclamó con el ceño fruncido. "Dije guardián…"

"Todos los guardianes son geniales. Pero hay uno en especial que me ha robado el corazón…" Jack te miró atento, esperando tu respuesta con ansia. "Norte."

Jack suspiró frustrado, lanzando un alarido que te hizo reír.

"Mentira. Mi guardián favorito es uno que, más bien, es loco e inquieto. Está sentado enfrente de mí. ¿Lo conoces?"

Jack se sonrojó, aun cuando era la respuesta que él quería escuchar. Al percatarte de tus palabras, el color rojo subió hasta tus mejillas encendiéndolas, arrepintiéndote por tu atrevimiento.

La situación pareció amenguarse conforme el juego avanzó. Todo tipo de pregunta fueron formuladas, desde unas sin sentido hasta unas cuantas personales. Jack respondía toda clase de pregunta sin recato, e incluso agregaba cosas que ni siquiera habías preguntado; al contrario de ti, pensabas unas diez veces las cosas antes de poder contestar. Aquello, le permitía conocer muchas cosas entre ustedes. Cada respuesta hacia que creciera la curiosidad por el otro. Sin duda, estaban dando grandes zancadas en cuanto a una mejora para su relación, aquella especial conexión que unía a ambos. Las causas de aquel lazo era simplemente desconocida para ambos, salvo una persona que, al parecer, había sido de gran influencia: el Hombre de la Luna.

"¿Cuándo vas a admitir que fuiste tú el que me jugó la broma ayer?" preguntaste mientras dabas un sorbo a tu jugo de manzana. Entre el transcurso del juego, habías ido en busca de cena, mientras Jack te seguía paso a paso hacia la cocina, tras haberte hecho una pregunta un tanto vergonzosa.

Jack frunció el ceño ante tu última pregunta, rascándose la nuca. "Ya te he dicho que no fui yo…"

"Entonces no entiendo qué sucedió. ¿Acaso fue mi imaginación? ¿Sabes algo sobre ello, Jack?"

"Haz completado tus cien preguntas" comentó, queriendo desviar el tema.

"¡No cambies de tema! Te hice una pregunta. ¿Sabes algo sobre ello?"

Jack se mostró un tanto confundido y extraño. Pareció encogerse en su lugar, por lo que se puso de pie, parándose junto a la ventana. "Tengo unas cuantas suposiciones, pero es algo que se supone no debe ser posible. Pero no quiero decirte nada hasta no platicarlo con Norte y no tenerlo seguro."

Ibas a preguntar pero algo en el rostro de Jack te indicó que no era muy necesario, pues no obtendrías una respuesta de su parte. En cambio, permaneciste callada, esperando, por lo menos, que si iba a decirte alguna de suposiciones, sería por mera voluntad.

"Pausemos un momento el juego. ¿A qué hora vendrán tus padres?" preguntó de repente.

"Según su último mensaje, más allá de la media noche… ¿por qué?"

Sonrió con autosuficiencia, relajando sus hombros. "Creo que es suficiente. ¿Quieres ir a dar un paseo?"

Lo único que pudiste hacer fue preguntar hacia donde irían esta vez, aunque ya lo suponías. Jack se apresuró a sacar una de las bolas mágicas e hizo que el portal mágico se creara ahí mismo, dentro de tu habitación. En menos de un minuto, ya te encontrabas en el mismísimo Polo Norte.

Varios pequeños elfos se sorprendieron al verlos llegar, más aún cuando notaron tu penosa apariencia.

"Debiste haberme permitido peinarme y cambiarme…" susurraste a Jack, quien te guiaba por el lugar hacia donde estaba Norte.

"Es urgente" se limitó a contestar.

Al llegar al estudio de Norte, lo encontraron devorando felizmente unas cuántas galletas con chispas de chocolate. Al notar la presencia de ambos, se apresuró a saludarlos y mandar a traer más galletas y demás bocadillos para ti. Les ofreció asiento y preguntó la razón de su asistencia.

"Ayer por la noche le sucedió algo extraño a (T/n). Me temo que puede tratarse de… tú sabes quién… pero necesito que tú confirmes mis sospechas o que las desmientas."

"Pero, ¿qué pasó? (T/n), cuéntame, pequeña" habló el hombre con su típica voz gruesa pero dulce, captando tu atención.

Le relataste lo ocurrido. Norte te escuchaba con atención, mientras sentías a Jack escurrirte a tu lado. Por alguna razón, recordarlo mandó unas delicadas sacudidas en tu espina dorsal, que hicieron que tu corazón latiera más rápido de lo normal. Tu respiración aceleró, haciendo que asesaras como si por momentos te faltara aire. Jack notó aquello, por lo que posó una mano en tu espalda y empezó a dibujar pequeños círculos con sus dedos para intentar calmar aquella sensación desesperante.

"Vaya… esto es… preocupante" dijo Norte cuando diste por terminado tu informe.

"¿Crees que sea lo que yo pienso?" le cuestionó Jack. Empezaba a estresarte que estuvieran hablando de algo de lo que tú no estabas enterada.

"Quería negarme al principio. Y quisiera decirte que no para no preocuparte… pero todo apunta que sí."

Jack retiró la mano de tu espalda y se levantó llevándose las manos a la cabeza mientras revolvía su cabello. "No lo entiendo… ¿cómo puede ser eso posible? ¿No se supone que…?"

"¿A qué más lo atribuyes?" preguntó Norte, obviando su respuesta.

Ambos empezaron un pequeño debate en las posibilidades de sus sospechas, lo que ocasionó que tu fusión de curiosidad y estrés aumentara. Llena hasta el tope de aquellas dos cargas, irrumpiste su discusión, captando la atención de ambos.

"Podrían decirme qué rayos es todo eso que están diciendo… esto es un tema que me involucra a mí y me están haciendo a un lado. Merezco estar enterada" acotaste con firmeza.

Norte se sorprendió por tu postura y por la aparente fuerza que mostrabas, por lo que sugirió a Jack ponerte al tanto de la situación. El chico se negó rotundamente, mostrando seriedad ante su oposición y la preocupación cada vez más creciente por haber confirmado las sospechas que tenía. Norte amenazó con decírtelo él mismo si Jack no lo hacía, por lo que no vio más remedio que explicarte.

"¿Recuerdas que te platiqué sobre el incidente que me llevó a convertirme en guardián? La misma persona que planeaba atacar al mundo con sus poderes, es la misma que te hizo eso…"

"¿Quién es esa persona?" cuestionaste aun confundida.

"Pitch Black" irrumpió Norte "Mejor conocido como el Coco…"

Quisiste echar a reír, por lo chistoso que sonaba aquello de 'el Coco'. Para la cultura en general, era el monstruo que se ocultaba debajo de las camas de los niños para asustarlos mientras dormían, pero era un cuento tan viejo que resultaba aburrido y no causaba nada de miedo. Sin embargo, a juzgar por lo que habías vivido, no se trataba de nadie muy insignificante.

"Quizá para ti sea algo tonto, pero Pitch es poderoso… más de lo que te puedes imaginar. Se supone lo vencimos, pero su poder es tan extraño que no sabemos qué es lo que puede lograr."

¿Era verdad todo eso? Y si lo era, ¿por qué tenía que ir tras de ti?

"Claro que todo lo que pensamos son suposiciones, pero no conocemos otra cosa que viva de la oscuridad y el miedo tal como lo hace Pitch Black. A menos que se trate de algo nuevo."

Norte siguió parloteando, explicando cada detalle que le venía a la mente para mantenerte informada sobre el abominable hombre que se escondía debajo de las camas. El miedo crecía involuntariamente en tu interior, oprimiendo tu pecho de una manera extraña. Querías luchar contra ese sentimiento, pero cada cosa que te decían sobre Pitch, te hacía estremecer.

Repentinamente, Jack se inclinó a tu lado y, en un acto de reflejo, sostuvo con dulzura pero con firmeza tus dos manos. Te miró a los ojos, transmitiéndote más de lo que podría decir. El miedo se fue desvaneciendo, pero no lo suficiente hasta como cuando escuchaste su voz.

"Escucha bien lo que tengo que decirte, (T/n). Hoy, aquí, en presencia de Norte, te prometo que no permitiré que nada te pase. No me permitiré que nadie, incluyendo a Pitch, te toque. Si algo te llegara a pasar, me culparía a morir. Así que, repito, te prometo te cuidaré más que a mi propia vida. Nada malo te pasara. ¿Escuchaste? Nada."

Estando él de rodillas frente a ti, sentiste tu mundo congelarse, siendo ustedes dos los únicos presentes. El aura que su repentina promesa había creado, era la perfecta para acabar con todas aquellas desagradables sensaciones que pudieran atacarte. Sus ojos brillaban con una sinceridad inhumana, que sobrepasaba los límites de cualquier cosa. Su voz poseía un tono tan persuasivo y dulce que parecía ser una droga auditiva altamente adictiva, por los efectos sanadores tan fulminante. Y su tacto parecía tener un resultado inexplicablemente sensacional, pues te hacía sentir completamente segura, fuera de todo peligro que te acechase.

Después de aquello, Norte acordó con ustedes la próxima junta en la que estarían todos los guardianes y así estuvieran al tanto del acontecimiento, para estar en guardia a cualquier presunto ataque.

Agradeciste toda la bondadosa atención que Norte brindaba y partieron a través de otro portal hacia tu casa. No era muy tarde y tus padres aún no habían llegado, pero Jack sugirió permanecer en tu habitación, platicando o haciendo cualquier cosa, con el único motivo de despejar tu mente de toda la información que recién habías recibido.

Jack se lanzó a tu cama, pasando sus brazos atrás de su nuca. Lo miraste unos segundos pensando en lo que le dirías. Al notar tu mirada, Jack se tensó.

"¿Qué ocurre?" preguntó alarmado.

"Gracias"

"¿Por qué?"

"Por lo que dijiste hace rato… por eso y por lo que has hecho hasta ahora, muchas gracias."

Su sonrojo no fue disimulado, y la risilla nerviosa que lanzó lo dejaba aún más en evidencia. "No es nada. Es mi trabajo."

Pronto un extraño silencio inundó la habitación. Jack y tú compartieron una mirada intensa, en la que mostraban ambos cierta confusión. Jack se sintió incómodo, por lo que decidió romper con la asfixiante tensión.

"Me faltaba hacerte una pregunta" susurró sentándose en la orilla de la cama.

"Pues te escucho"

Esta vez, pareció analizar bien su pregunta, a diferencia de todas las anteriores veces que prefería simplemente hacerlas con tal de escuchar la respuesta que le darías. Se tomó su tiempo para formularla de manera correcta, encontrar la manera precisa en que la lanzaría, con tal de que no sonara muy atrevida, aunque lo fuera. Tus ansias aumentaban con cada segundo. Cuando por fin pareció seguro de su interrogante, abrió la boca para hablar:

"¿Te gusto?"

¿El corazón puede salirse del pecho si late a gran velocidad?


Hola hola, personitas. Vengo aquí a dejarles este super corto y nada interesante capítulo. Les ruego me disculpen la tardanza, pero de verdad he estado ocupada. Esta semana fue la última de clases formales y fue una de las más pesadas; de verdad que no me hallaba, pues tenía tantas ganas de escribir pero no podía :( El lunes empiezan mis exámenes y creo será más difícil el vernos -leernos, mejor dicho- pero daré todo de mi para no fallarles mucho. A cambio, les pido recen por mí para que no deba ninguna materia XD En fin, les dejo el capítulo. Sorry again si tiene errores, voy corriendo. Este fin de semana no hay capítulo ya que no estaré en mi ciudad, así que espero no se enfaden xD Muchas gracias por sus reviews, favs y follows. Les mando un besotototote virtual y que tengan un buen fin de semana.

Ah, y no sé ustedes, pero en mi país, el 10 de Mayo es el día de las madres, así que felicidades a todas sus mamás. Apapáchenlas mucho en este su día y llénenlas de besos :D

Xoxo, Arin.