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CRIATURAS ANGELICALES
Por Ladygon
2.- Idioma Celestial
Ahí estaban, parados en medio del espacio sin nada que seguir y con un gran problema entre sus manos, dejado en forma de ángeles. Sentado en la silla del capitán, Sulu decidió comprobar si era real lo que estaba pasando.
-La anomalía ha desaparecido- dijo Sulu- Chekov corrobore la información.
-Sí, señor- Chekov miró su mesa de control- la anomalía desapareció- se volteó a mirar a su capitán interino- no hay rastro de ella por ningún lado es… como si nunca hubiera estado ahí.
-Eso no es importante, lo importante son estos dos- dijo muy seguro de sí el doctor, señalando a las dos criaturas angelicales sentadas en el suelo.
Bones quiso acercarse a ellos, pero no podía moverse. Sentía que la sangre se le iba a los pies, así que ordenó a su cerebro mover un pie hacia adelante y luego otro, haciendo los pasos pausados y lentos como para no asustar a las lindas criaturas.
-¿Jim? ¿Spock? Soy yo, su amigo el doctor McCoy.
Los ángeles se movieron confundidos y lo miraron con cara de inocencia. McCoy quedó sin aire al ver esos ojos tan puros.
-Eeeeeh, buenoooo…- se puso nervioso el doctor- Miren chicos- se arrodilló muy lento para quedar a su altura y abrió las manos con las palmas abiertas hacia arriba- soy su amigo y estoy preocupado por ustedes- les dijo con la voz de un doctor, tratando con niños pequeños antes de la vacunación- ¿Me dejarían llevarlos a la Bahía Médica para chequear que están bien? No dolerá, lo prometo- puso su mano en el pecho como haciendo un juramento solemne.
Chekov, Uhura, Sulu y los demás en el puente, miraban con expectación los movimientos de aquellos tres. Chekov se levantó de improviso de su asiento, haciendo que los lindos ángeles se asustaran y se abrazaran más.
-Es cierto no pasará na…- no alcanzó a terminar la frase, porque el doctor lo detuvo con su mano.
-Nadie se mueva de sus puestos- fue la orden del médico.
Todos quedaron estáticos como si estuvieran paralizados. Bones volvió con sus dulces palabras.
-No deben temer, somos amigos- con lentitud trató de acercar su mano, pero los angelitos retrocedían.
Finalmente, Bones suspiró y se levantó con lentitud.
-Miren chicos- dijo con aire cansado- necesito que me sigan- ¿pueden hacerlo? Vengan- los llamó con su mano derecha.
Los angelitos se miraron el uno al otro y luego clavaron sus pupilas en las del doctor. Comenzaron a levantarse con mucho cuidado.
-¡Eso!- dijo emocionado McCoy- Vengan- retrocedió un paso y vio, con admiración, que las criaturas caminaban hacia él.
Avanzaban abrazados y con lentitud, pero avanzaban, eso alegró al doctor. Con mucho cuidado fue retrocediendo hasta llevarlos al turbo ascensor. Aquí tuvo un pequeño problemas con las largas alas de los seres, así que los rodeó para quedar en dirección a las puertas y así cuando se cerraran, no les atrapara las hermosas plumas de un blanco radiante.
Siguió con los mismos movimientos por los pasillos cuando recordó, que no avisó a la tripulación del hecho que andaría con un par de ángeles por la nave y que no los tocaran o asustaran por el camino. Felizmente, se escuchó la voz de Sulu avisando el hecho, así que no tuvo problemas hasta… que llegó al pasadizo abierto donde conecta con las otras áreas de la nave.
Los angelitos al ver espacio para el vuelo, desplegaron sus alas y ascendieron como pájaros, buscando la salida de una jaula.
-¡No, esperen!- gritó Bones, pero no alcanzó a pillarlos y se les escurrió.
McCoy tuvo que observar como volaban tomados de la mano en un vuelo fantástico, lleno de acrobacias hermosas. Los llamó una y otra vez, asustado de que se golpearan o lastimaran producto del pánico, pero luego vio que lejos de estar temerosos, los chicos volaban fascinados y felices.
Estaban danzando, por lo menos eso parecía. Bailaban al son de una música invisible donde se abrazaban y acariciaban con movimientos suaves, desplegando sus alas de diferentes formas.
Todos los que vieron esto, quedaron estáticos presenciando el espectáculo de esos seres: era demasiado hermoso. Proyectaban un sentimiento profundo y cálido. McCoy era el único que seguía los movimientos con su cuerpo como si esperara atrapar una pelota caída del cielo. Los ángeles volaban a la derecha, Bones iba a la derecha con los brazos abiertos; si iban a la izquierda, Bones también los seguía. Hizo esto un par de veces, hasta que se dio cuenta del ridículo de su actuar. Se detuvo y puso sus manos en la espalda sin quitarles la vista de encima, esperando que nadie le hubiera puesto atención a él. Se le ocurrió salir de esa sección mientras los llamaba, quizás lo siguieran como lo estaban haciendo antes, así que comenzó a caminar hacia la entrada del pasillo en dirección a la Bahía Médica y los llamó por sus nombres.
Los angelitos escucharon la voz que los llamaba y se detuvieron en el aire, miraron hacia abajo y vieron al humano, dirigiéndose hacia la salida. Volaron los dos tomados de la mano y siguieron a Bones por el pasillo, mientras este otro, los miraba por el rabillo de sus ojos, tratando de no voltearse tanto para no asustarlos y que salieran volando. Luego cómo los atrapaba, ¿con una red? Si ya iban flotando en el aire, pero justo cuando se abrió la puerta de la estación médica, apareció de improviso Scotty, quien gritó por la impresión de encontrarse a esos dos tan cambiados.
-¡Whaaaaaa, pero qué les pasó!- chilló Scotty.
Los alados se asustaron con el imprevisto grito y salieron espantados como en una bandada.
-¡Ay, no!- gimió McCoy- ¡No te podías quedar callado!- reprendió.
-¡Perdón, perdón, no sabía que eran tan asustadizos!- se disculpó el ingeniero.
-¡Idiota!- salió corriendo tras ellos- ¡No, por ahí no!, ¡No otra vez!
Las criaturitas regresaron al pasadizo abierto de conexión de áreas y comenzaron a volar por doquier.
-Les gusta mucho aquí, ¿no?- dijo Scotty, quien había seguido al doctor.
McCoy volteó a verlo e hizo una mueca de disgusto.
-Les gustan los espacios abiertos donde pueden volar.
-Ingeniería tiene mucho espacio- Scotty dijo sin pensar.
McCoy lo quedó mirando fijo y el otro también lo quedó mirando. Luego miraron hacia arriba.
-¡No!- gritaron los dos al mismo tiempo.
-¡Oh, demonios, van en dirección a ingeniería!- el doctor salió corriendo otra vez.
Efectivamente, iban hacia ingeniería, donde había mucho espacio para volar, tanto como aparatos radiactivos, electricidad flotante y mucho, mucho peligro latente para dos criaturas tan inocentes. Ellos volaban sin saber del peligro, no les importaba eso, solo les importaba el tener el espacio para volar y danzar en el aire juntos. Hacer acrobacias cariñosas como dos pájaros en cortejo o época de apareamiento. Afortunadamente, todavía no llegaban hasta allá, pero iban tan rápido, volando bajo por los pasillos, que tiraban a las personas en su camino.
-Debemos detenerlos, se pueden hacer daño- dijo McCoy preocupado sin detenerse en su carrera en pos de los seres- ¿Alguna idea?
-Podríamos poner un campo de fuerza alrededor del reactor y en toda el área de peligro potencial- venía corriendo tras él- aunque también podríamos simplemente, trabar la puerta de acceso- dijo, encogiéndose de hombros.
-Bien, haga las dos cosas no quiero que se lastimen.
Scotty sacó su comunicador y habló con sus subalternos para que pusieran la barrera antes de la llegada. Ordenó trabar la puerta, para que no se abriera también como precaución, pero no sabía qué poderes tendrían aquellos. Alcanzaron a trabar la puerta, justo a tiempo de la llegada de ellos. Estos se quedaron, olisqueando por los alrededores como buscando una forma de abrirla. De alguna forma sabían que, detrás de esa puerta, había el espacio deseado por ellos.
McCoy y Scotty los alcanzaron en el momento que ellos tocaban la puerta, buscando algo. Llegaron cansadísimos y trataban de recuperar el aire como podían, inclinados con las manos en las rodillas.
-Chi… cos…- más aire a los pulmones-… chicos… vengan conmigo… por favor…- pidió el buen doctor.
Los angelitos lo quedaron mirando. Emitieron unos ruidos como unos "Ah, ah" agudos. Scotty y el doctor se quedaron mirando.
-Eeeeh, no creo que el traductor universal, traduzca eso- dijo Scotty con seriedad.
-Bueno, al menos dicen algo. Ya es un avance.
Volvieron a seguir al doctor, pero debían pasar, otra vez por el pasadizo. Quiso ir por otra ruta, pero los alados se adelantaron para los nervios de McCoy.
-¡Arggggg! ¡Esto es desesperante!- se agarraba de los cabellos el pobrecito Bones.
Demás está decir que, volvieron al pasadizo a volar con sus acrobacias. Esta vez más juntitos, tanto que empezaron a besarse para sorpresa y vergüenza de quienes lo miraban.
-¡Ay no, ay no!, ¡esto no puede estar pasando!- gimió el doctor con los nervios de punta.
-De todas formas eso iba a pasar algún día- trató Scotty de tranquilizar al otro, pero no le resultó.
-¡Sí, pero no enfrente de todo el mundoooo! ¡Y menos en frente de mí!- perdió el control.
Los angelitos se detuvieron y miraron hacia abajo como si hubieran escuchado a McCoy. Bajaron hasta él.
-Au, au- dijo el Jim angelical.
-Mira, te están pidiendo disculpas- le dijo Scotty divertido.
McCoy rodó los ojos.
-Claro, traductor universal.
Los seres, una vez más, siguieron al doctor- también a Scotty- y por fin llegaron a la Bahía Médica.
-¡Oh!, gracias a Dios- suspiró Bones- sellen la puerta para que no salgan- ordenó.
-Antes de eso, yo tengo que irme- dice Scotty- pero antes quiero que me cure este corte que tengo en el dedo.
-¡Ah!, por eso estabas en aquí desde el principio.
-Pues claro- dice parando el dedo- Me lo hice con…
En eso, el angelical Jim tomó ese dedo levantado con sus hermosas y delicadas manos. Miró a Scotty, quien sintió su corazón acelerarse, y ante los ojos atónitos del doctor, metió ese dedo en su boca, cerrando sus lindos ojos.
Scotty abrió la boca y ojos. Un gritito se le quedó trabado en la garganta, pero una sensación sobrecogedora lo hizo tranquilizarse. Quedó somnoliento y con una sonrisa tonta en su rostro.
El Jim angelical chupó ese dedo y luego lo deslizó por sus labios hasta sacarlo de su boca. La punta de su lengüita, acarició la punta del dedo en la salida como a modo de despedida. Fue retirado por un serio angelito Spock, quien miraba con el ceño fruncido a Scotty.
McCoy miró la escena con cara sospechosa y luego fue a examinar la herida de Scotty. Esta estaba curada. En ese momento, Scotty recuperó la compostura y vio como el doctor tenía tomada su mano y examinaba su dedo de diferentes formas. Scotty se avergonzó y retiró su mano con brusquedad.
-Jim curó tu dedo.
Scotty levantó su mano para mirarla y la movió de diferentes maneras.
-¡Wow! Es cierto. Increíble- dijo todo feliz y sorprendido.
Scotty estaba todo rojo y tosía al notar la mirada de escrutinio de McCoy.
-Me tengo que ir, doctor, gracias por curarme- salió rápido.
-Yo no te curé- refunfuñó, pero el susodicho casi desapareció en el acto.
Tomó un mundo poder hacerles un examen físico como corresponde. "Los niños", porque no podía llamarlos de otra manera, eran unos curiosos y se comportaban igual que niños. No se quedaban tranquilos en ningún momento y todo les llamaba la atención. El doctor pasaba su sensor por ellos, pero se lo tomaban o trataban de quitar de la mano, para solo ver qué era aquella cosa. Lo único que pudo analizar el doctor fueron sus ojos, porque se llevaban el aparato hasta su vista e incluso cerraban un ojo para ver mejor, como quien mira por un agujero. Finalmente, el doctor cansado de eso, tuvo que hacer que se pararan frente al escáner y ahí pudo verlos, pero los sensores no encontraron nada anormal, solo un humano normal y un vulcano normal. Era muy extraño, pero el escáner no reconocía las alas de ninguno de ellos, era como si no existieran. Concluyó, que no podría ver su transformación, ya que para el escáner no había transformación. Eran los mismos de siempre.
Abrumado sintió que tenía las manos atadas. No había nada por hacer, salvo esperar el cambio de sus cuerpos- si es que el ente no había mentido y era cierto lo del efecto- En ese caso, las preguntas de, ¿cuánto tiempo demoraría?, y, ¿cómo haría para mantenerlos fuera de problemas por ese tiempo?, se hicieron presentes en la cabeza del pobrecito doctor.
