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CRIATURAS ANGELICALES

Por Ladygon

3.- Aves Celestiales

Mientras McCoy se rebanaba los sesos, los angelitos se pusieron a juguetear por el lugar, desparramando los instrumentos. Spock alado seguía al Jim alado en el pilla-pilla. Los pacientes y enfermeros del doctor agachaban la cabeza cada vez que pasaban por sus lados, al final tuvieron que ponerse en el suelo, mientras los otros sobrevolaban el lugar sin ninguna consideración aparente, y muy divertidos ellos dos. Eso se notaba en los ruiditos sin sentido de Jim, como si estuviera riendo, y en el brillo de Spock quien no sonreía, pero se notaba en sus ojos lo divertido que estaba.

-¡YA BASTA!- gritó McCoy.

Los angelitos se quedaron quietos en sus sitios como si los hubieran congelado en el aire.

-¿Qué no ven que están molestando a las personas?- dijo el doctor- ¡Tienen que comportarse por Dios, estamos en una nave estelar! Vengan acá ahora mismo- dijo, señalando con su dedo índice delante de él.

Tímidamente, los angelitos se acercaron asustados hasta la posición señalada y se plantaron en ese lugar, abrazados.

-No tienen que temer, pero no anden por ahí causando desorden- les dijo- hagan lo que yo les diga y todo estará bien.

Grave error. Desde ese día, el doctor McCoy se convirtió en "Mamá Gallina". Los angelitos lo seguían a todos lados, volando casi por encima de su cabeza; imposibles de separar. Los primeros días fueron difíciles, en especial cuando quiso ir al comedor y armaron un disturbio, tirando bandejas por todos lados, pues querían probar la comida de los demás. Después, quisieron dormir con él en la misma cama y no hubo caso de convencerlos de lo contrario. Despertó en el medio, con uno a cada lado, abrazados por encima de él. Ni intentar bañarlos, además parecía que no lo necesitaban. Siempre relucientes, hermosos, olorosos y preciosos, así los llevaba a todos lados.

-¿Cómo están sus pollitos doctor McCoy?- era la pregunta que todo el mundo le hacía con una sonrisa burlona en su rostro.

Al principio respondía, ahora, hacía una mueca solamente.

Trabajar con ellos en la Bahía Médica era complicado, porque sus aires juguetones sucumbían a la curiosidad de los instrumentos de McCoy, pero prefería que estuvieran rondando por ahí antes de que otro se hiciera cargo. Ya había cometido ese error con Chekov, quien no hizo nada mejor que llevarlos al invernadero de Sulu, donde los "pollitos" quebraron maceteros y destruyeron plantas. Sulu estaba furioso y amenazó con encerrarlos en las cámaras de detención. McCoy tuvo que hacer gala de sus aires diplomáticos, los cuales no tenía, para convencer a Sulu de lo contrario. Al final, no fue él quien lo convenció, sino Chekov, nunca supo cómo lo logró, pero pudo comprobar que el señor Sulu era un demonio muy terrible cuando se enojaba, eso lo tendría más que claro el doctor.

Debía tener cuidado, porque los encerrarían y adiós oportunidad de devolverlos a la normalidad ¿No dijo el ente que deberían tener contacto con ellos en vez de aislarlos? Tendría mucha paciencia… pero esta se le estaba agotando, en especial, cuando se ponían cariñosos y eróticos entre ellos, situación bastante incómoda para él.

Los angelitos jamás dejaban que los tocaran y ellos solo tocaban a McCoy, era al único con el que se relacionaban físicamente, en especial cuando dormían con él en la misma cama. Eso nadie lo sabía, el doctor ni loco lo diría. Además, no era que se acostaran y amanecieran juntos, sino que el doctor los dejaba en una cama separada de la suya y los muy patudos, mientras dormía, aprovechaban de subirse a su cama. Era así como amanecían juntos para el disgusto de Bones.

Lo peor fue cuando comenzaron a desnudarse y toquetearse en su cama. Los sacó volando- literalmente hablando- de ahí.

-¡Ah, no! ¡Eso sí, que no! ¡No permitiré cochinadas en MI CAMA!- los gritoneó.

El angelito Spock alzó una ceja medio divertido y el angelito Jim tenía una sonrisa de oreja a oreja. Sucedía que los gritos de Bones, ya no los asustaban. Eso era mal presagio, porque no podría controlarlos tan bien, ¡maldición!, los muy cochinos ya estaban en nivel 2. No se quería imaginar el nivel 3 menos tan cerca de él, eso era… ¿Repugnante?

Debió imaginarlo del principio, toda esa danza es un cortejo, era de esperar que tarde o temprano se iban a revolcar. Tendría que encontrar algún nido para ellos y alejarlos de su cama, (eso sí que no). Necesitaban un espacio amplio donde pudieran volar y al mismo tiempo satisfacer esas "necesidades subyacentes".

Los oficiales se juntaron en la sala de reunión para conversar sobre el asunto. Distrayéndose, con los alados por encima de sus cabezas y parados arriba de la mesa, llegaron a conclusión que el doctor tenía la razón, y cuando vieron como se revolcaban encima de la mesa esos dos frente a todo el mundo, decidieron que tenía calidad de urgente el encontrar el lugar. Detenidos a tiempo por el doctor, comenzó una operación de acondicionar una de las salas de descanso, la más amplia, para que los angelitos tuvieran su propio lugar.

Hasta allí llevaron una enorme cama. Muchas alfombras y almohadas. Ingeniería colgó del techo unos columpios creados por Scotty y un árbol sintético improvisado:

"Para que descansen los pajaritos"- dijo Scotty.

Eran una tontería, pensó McCoy, pero dejó que pusieran esos aparatos, ya sumamente cansado de la situación. Además, los "pajaritos" estaban encantados, pues tenían juguetes nuevos y los estrenaron al instante. Comenzaron a hacer sus gracias frente a todos quienes remodelaban el lugar, menos mal que alcanzaron a terminar justo a tiempo, porque ya se estaba poniendo muy caliente el ambiente.

-Es mejor que salgan todos ahora mismo- dijo McCoy.

Esta vez los angelitos no hicieron caso, pues estaban muy "entusiasmados". Todos los demás salieron de la sala y el doctor salió de último. Este Cerró y los dejó adentro.

-¡Uf!, al menos tendré un descanso- se dijo el buen doc y se fue en dirección a la Bahía Médica.

-Pobre doctor, llama descanso a su trabajo- dijo Chekov.

-No puede "descansar". Debe terminar su trabajo de Mamá Gallina- sonrió Sulu y salió en pos del doctor.

-¿Hikaru?- preguntó Chekov.

-Esto no me lo pierdo por nada del mundo- Scotty siguió a Sulu.

-Estos no aprenden- negó con la cabeza Chekov y se fue al puente.

Los plumíferos parecían en celo, aprovecharon cada uno del tiempo dejado solos. Estaban, besándose cuando los demás se fueron. Besándose en el columpio mientras el suave vaivén los mantenía en un ritmo marcado y pausado, acariciaban sus lenguas, moviendo la cabeza de un lado para el otro, mientras tomaban sus rostros con ambas manos y sus rodillas flexionadas en el aire como sujetándose al impulsar con sus alas para darle movimiento. Se lengüeteaban sus cuellos, pasando sus lenguas calurosas desde la base hasta por detrás de las orejas. Jim aprovechaba de llegar más allá de eso, mordiendo el lóbulo y la punta de las orejas del vulcano. Le sabían deliciosas esas orejas y le gustaban en extremo. Spock abrió la boca al recibir ese contacto, tiró la cabeza hacia atrás y se dejó hacer, le gustaba también mucho lo que su plumífero le hacía. Las manos comenzaron con ese contacto y luego, fueron las alas quienes entraron al juego de las caricias. La suavidad les daba una sensación de lo más exquisita y no se podían controlar.

-¿No los va a mirar doctor?- pregunta Scotty cuando lo alcanzaron.

-¡Qué!, ¿cómo se te ocurre que los voy a mirar?

-¿Y cómo sabrá si estarán bien?

La pregunta quedó en el aire.

-Tiene razón- dice Sulu.

-¡Pero yo no voy a mirar! ¡Es obvio lo que están haciendo ahí adentro!

-Pero alguien debe quedarse y observarlos. Son seres únicos y les podría pasar algo. Nunca han estado solos- habló el capitán interino Sulu.

-Pues yo no lo haré- dice el doctor seguro de sí.

-Yo sí- dice Scotty.

McCoy lo mira con cara de asombrado y sin poder creerlo.

-¿En serio señor Scott, puede hacerlo?- pregunta Sulu.

-Pues claro, no tengo problemas.

-¡Un momento!- grita el doctor- No puedes verlos.

-¿Por qué no?- pregunta Scotty.

-Pues porque, porque…- vio las sonrisas burlescas de esos dos- ¡Ah, maldición!- exaspera el doctor- ¡Está bien, los monitorearé¡ ¡Pero solo los veré de vez en cuando, y solo para asegurar su transformación! ¡Escucharon! ¡Yo no soy ningún mirón!

-Eso lo sabemos, no se preocupe- le dijo Sulu.

Refunfuñando ante las sonrisas de esos dos, se fue por el pasillo, pero antes les gritó.

-No se rían o cuando vuelvan a la normalidad les contaré de ustedes dos.

Scotty y Sulu borraron las sonrisas en el acto y por primera vez desde que aparecieron esos angelitos, se sintieron asustados.

El doctor decidió seguirles los signos vitales. Ni loco los vería por el visor. Sin embargo, los signos eran de humanos, pero el acto que estarían haciendo debía mostrarse igual. En efecto, así era. Suspiró tranquilizado, porque si no lograba ver los signos alterados, tendría, sí o sí, verlos por el visor, sabiendo exactamente qué estarían haciendo. Los signos vitales decían solo una cosa: ambos estaban sexualmente excitados. Cuando generaran endorfinas eso le diría que estaban copulando.

-¡Demonios!- chilló, agarrándose la cabeza- ¡No quiero imaginarme eso!

Lamentablemente, ya era muy tarde. Su mente traicionera le jugó una mala pasada y vio a los seres copulando de lo lindo, con Spock encima de Jim, metiéndosela fuerte mientras las alas del vulcano se abrían para impulsarse dentro del otro.

-No- dijo- definitivamente, no puedo verlos. Si ya con mi imaginación fue traumante, el verlos en vivo sería…

El doctor McCoy casi se puso a llorar de la frustración. Bueno, se tranquilizó, no era su culpa. La culpa la tenían ellos por ser tan pervertidos. Ni como ángeles lo dejaban de ser.

-Grrrr, malditos mocosos. Me las pagarán- rugió.

Después se preguntó el porqué se imaginó a Spock encima, en vez de Jim encima, pero se detuvo antes de que su imaginación se disparara. Ya era demasiada imaginación por el momento.

Frotaban sus alas por encima de sus cabezas mientras seguían con sus besos tranquilos y pausados. Sus movimientos se guiaban por una música invisible solo escuchadas por sus oídos celestiales. Los sonidos quedos e ininteligibles que salían de sus bocas, intercambiados con suspiros entrecortados, acompañaban cada una de sus caricias.

Descendieron arremolinados con lentitud sin dejar los estímulos que los guiaban con una fuerza instintiva, una primaria. Esa fuerza no estaba en ellos al principio de su existencia angelical, sino que se fue formando con el paso del contacto humano más fuerte, más fuerte, hasta hacerse insostenible, y este es el momento donde se dejaban guiar por esos instintos que afloraban. Salían aquellos desde un lugar desconocido. Era como si lo hubieran disminuido a solo una gota inerte dentro de sus seres y que esta fue creciendo, expandiéndose como una fuga de agua derramada que después se vuelve incontrolable y destructiva, sin control.

Depositados en la cama, ambos arrodillados de frente, cara a cara, se entregaron a esos instintos "humanos", pues no se podían calificar de otra procedencia. Se quitaron el velo celestial que los arropaba para quedar, completamente, desnudos. Sus cuerpos luminosos armonizaban con sus hermosas alas blancas. Las líneas que marcaban las curvaturas de sus músculos eran pronunciadas y perfectas, tan perfectas como los ángeles que eran.

Jim deslizó sus manos por esas curvaturas en el cuello que marcaba un camino sensual hasta cada lado de sus hombros, bajando derecho, llegó hasta las tetillas, donde amasó, con sumo cuidado, con sus manos, provocando un suspiro. Vio con ojos ensoñados al dueño de ese cuerpo que acariciaba y tuvo como respuesta el agarre de su cintura, por esas manos con vibración lujuriosa. Esas manos, bajaron hasta sus glúteos, los cuales fueron amasados de la misma forma y al mismo tiempo como él masajeaba esos pezones.

Sin dejar los movimientos pausados, acercaron sus rostros hasta que las puntas de sus narices se tocaron. Las respiraciones pesadas daban un aliento quejumbroso, acariciador en la piel de sus labios. Los ojos entrecerrados y bajos, adormilados por el placer, comenzaron a restregar sus caderas, sus penes buscaban la proximidad del otro, frotándose erguidos.

La lengua de Spock, buscó el labio superior de Jim en esa boca entreabierta por gemidos, y se deslizó por aquel como saboreando su contorno. Jim no aguantó la tentación y atrapó esa lengua con su boca, chupeteándola, acariciándola con su propia lengua.

Jim posó sus manos en los hombros del sentado Spock, tomó un impulso con sus alas para dejarse caer sobre el pene erecto, penetrándose con lentitud hasta quedar sentado también, pero sobre el otro. Echó la cabeza hacia atrás, con la boca abierta, cuando sintió su fondo llenado.

Spock lo atrajo en un abrazo por su espalda. Agarró su cuello con la boca, porque quería chupetearlo, lamerlo, devorarlo. Abrió sus alas y dio un impulso a su cadera hacia arriba, ordenando un ritmo, que el otro supo acatar en cabalgadura.

Montando, cabalgando, Jim se movía de arriba hacia abajo, aumentando la rapidez. Con gritos y quejidos, deslizó sus manos de los hombros a la espalda para abrazar a Spock por el cuello. Las penetraciones, temblaban sus cuerpos llenos de deseos inexplorados hasta este instante. Era la culminación de un sentimiento guardado dentro de las profundidades de sus seres, cualquiera fuera la naturaleza que tuvieran: ángeles, humanos o vulcanos. Esa verdad, profundamente guardada, se hizo presente de una sola vez.

Estaban cerca, un movimiento brusco hacia arriba, profundo casi doloroso y gritaron con fuerza humana. El líquido los mojó, escurriéndose por sus cuerpos, Jim lo sintió muy dentro, pero no se despegaron; atrajeron sus piernas como, abrazándose también con ellas. Sus alas se estiraron desde la base de sus espaldas, moviendo los músculos de los omóplatos hasta quedar en toda su extensión, para luego recogerse y abrazarse entre sí, convirtiéndose en una especie de capullo, donde las extremidades de ambos se perdieron.

El doctor McCoy decidió que era tiempo de ver a sus pollitos como estaban, ya que los sensores mostraban baja actividad. Debían estar durmiendo o descansando, por último. Así que decidió echar una miradita. Abrió la puerta y se aproximó a la cama.

Vio a Jim y a Spock, ahora sí como ellos eran, salidos de su transformación de ángel, yacían desnudos sobre la cama y abrazados, respirando con tranquilidad. El doctor sacó su tricorder y comenzó a analizarlos. Según las lecturas estaban perfectos de salud. Tenían sus uniformes tirados a un lado, quizás era porque las ropas de ángel que tenían antes, se transformaron también. Los dejó descansar, evitando mirarlos más de la cuenta, luego salió sin que ellos se percataran.

Jim y Spock no recordaban sus aventuras por el mundo celestial, como tampoco nada de su estadía como ángeles. Trataron de enseñarles alguna foto o video tomado en ese momento, pero nada quedó en las grabaciones, simplemente no aparecían en las imágenes. Sin embargo, no fue necesario explicarles mucho para que lo entendieran. Desde que habían despertado abrazados, eran conscientes de estar unidos por algo más fuerte que una simple experiencia extraterrestre. De hecho, sabían que esa experiencia solo aumentó algo que ya estaba presente.

Eran parte de una misma alma y como tal, debían permanecer juntos por siempre. Esa conclusión fue rotunda y evidente no solo para ellos, sino también, para toda la tripulación testigo de ese fenómeno celestial.

-Yo no estoy tan seguro que fueran ángeles. Eran muy cochinos para serlo- soltó el doctor McCoy de improviso.

-Bones, no puedes decir eso, si los demás decían lo lindos que éramos- defiende Jim.

-Es que los demás no tuvieron que aguantarlos todo el tiempo. Eran unas verdaderas molestias.

-¿Por cochinos se refiere al sexo?- pregunta curioso Spock.

-¡Claro que sí! Si pasaban revolcándose ante mi presencia.

Los dos quedaron como en shock.

-¡No puede ser!- chilló Jim.

-Se besaban y toqueteaban ante todos- siguió Bones, quien estaba disfrutando de la agonía de esos dos- y me seguían a todas partes.

Jim pasó su mano por la cara sin creerlo con la boca abierta. Spock miraba al vacío como si lo hubieran fulminado por un rayo.

-Por eso, ¡dejen de seguirme! Ya no son "adorables"- marcó con sus dedos las comillas.

Jim y Spock no se habían dado cuenta, pero continuaban siguiendo por inercia al doctor McCoy.

-Bueno, es que… nosotros vamos por el mismo camino…- trató de disculparse Jim.

-Pues, no te creo- dijo Bones- este camino es hacia la enfermería y al invernadero. No creo que vengan a la Bahía Médica, menos al invernadero, ¿adónde van?

-Al invernadero…- dijo con torpeza Jim- ¿Cierto Spock?- le dio un codazo que hizo despertar al vulcano, pero no pudo avisparlo- necesito unos arreglos para mi habitación.

-Sí, claro- Bones los miró de pies a cabeza-. Entonces, no me hagan perder tiempo hablando con ustedes. Nos vemos.

-Está bien Bones, hasta más rato.

El doctor despareció detrás de la puerta, pero salió un momento después a ver por el pasillo. Jim y Spock doblaban al desaparecer rumbo al invernadero.

-Me gustaría ver la cara de Sulu, cuando vea a esos dos en su preciado invernadero, jejeje. Se lo merece por dejarme a mí toda la carga.

Así fue como Sulu despachó, rápidamente, al capitán y al primer oficial de su preciado invernadero. Casi tan rápido que los dos quedaron parados en el pasillo con una planta en sus manos, sin saber adónde ir.

-Creo que debemos evitar estos corredores por un tiempo- dijo Jim.

-Afirmativo, capitán, estoy totalmente de acuerdo con usted- secundó Spock.

-Al menos sabemos cómo será la eternidad, juntos en el cielo como ángeles.

-Que no se entere el doctor McCoy puede no gustarle esa idea.

-Jajajaja, cierto, el angelito Bones tendrá que cuidarnos, jajaja.

Lo lamentaba por Jim y, seguramente, el doctor se alegraría, pero no irían al cielo, ni serían ángeles. Spock tenía otros planes para la eternidad. De todas formas, tomaría la idea de su querido Jim como "Plan B".

Caminaron juntos por el pasillo hasta desaparecer en la esquina rumbo a la habitación del capitán donde instalarían la nueva planta y quizás harían otras cosas más. Sin embargo, no alcanzaron, porque fueron requeridos en el puente.

-Es una pena no recordar una experiencia tan maravillosa- Jim conversaba con Spock de camino al puente-. Imagina volar- alzó su mano en forma teatral.

-No es una habilidad muy útil el volar por nuestros propios medios. Si fuera así, la naturaleza nos habría dado alas a todos- dijo Spock.

-¡Ah!, pero yo vuelo por mis propios medios y sin alas- infló el pecho con orgullo.

-Eso es ilógico capitán, no diga incoherencias- se detuvo para observarlo- ¿Se siente usted bien? Iríamos a la Bahía Medica, pero no creo…

-Estoy bien Spock- le sonrió-. Me refiero a que yo vuelo cuando…- se acercó a él de forma sensual- …tus manos me tocan y tus labios me besan.

Spock tragó saliva.

-Eso, mi querido capitán, es absolutamente, lógico- se acercó para besarlo.

Unas risitas escucharon cerca. Se separaron con rapidez.

-Informe Señor Spock- soltó Jim sin pensarlo mucho.

Spock lo quedó mirando extrañado. Jim tosió un par de veces y le hizo señales con sus ojos de que había alguien detrás de él, aunque ya lo sabía, pero no podía mentir.

-Capitán, deberá especificarme el informe que necesita, porque todavía no llegamos al puente y no estoy informado de la situación.

Jim volvió a carraspear.

-Claro, claro, señor Spock, se lo diré por el camino. Mejor nos apuramos.

-Naturalmente- y siguió a su capitán como siempre hacía.

No podía dejar de seguirlo, después de todo, seguía a la mitad de su alma. Un katra a medias no le servía, debía tener su katra completa y así podría entrar al Arca Kátrica, donde las almas permanecerían después de la muerte, juntas por toda la eternidad. Esta era su creencia más fiel, pero por alguna razón oculta, estaba tranquilo pues había un "Plan B", y es que en esto, de la eternidad, debía asegurarse.

Fin