"Intente suicidarme y casi me mato."
Hetalia no me pertenece, sino a Hidekaz Himaruya.
Mis sensuales comentarios más abajo, traigo nuevo material! Pero no le digan a mi madre e.e
¡Pero qué asombroso era este lugar! Sin duda con mucha clase. Bastaba con ver al techo para notar los candelabros de cristal en los techos, al menos en los pasillos por dónde estábamos corriendo hace un buen rato.
Miré sobre el hombro cómo el cuatrojos no perdía su paso ¡Pues sí que tenía resistencia! Puede mantenerme el ritmo, merece mi respeto…. Pero yo soy más veloz. El hecho que no pare en su voluntad de querer alcanzarme me demuestra que quizá sea un tipo que merece la pena. Je, me hace sonreír la cara de enojo que aún tiene. Tiene cierta semejanza a la cara que me ponía Ludwig cuando se enojaba…
Hubo un momento en que realmente no sabía dónde estábamos, por lo que paré. Chequé las ventanas y me di con la sorpresa que ya era noche ¿Cuánto tiempo habían corrido?
Estaba recobrando el aliento cuando de pronto un gran peso chocó contra mi espalda y me hizo caer estrepitosamente contra la puerta, la cual por la fuerza de nuestro impacto se abrió y terminamos en el suelo, con el señorito encima de mí.
El cuatrojos no dudó en abalanzarse sobre mí cuando pudo. Por suerte, estiré mis brazos lo suficiente y mis reflejos no me fallaron. Le sonreía altaneramente al ver que hacía su mejor esfuerzo en recuperar su pañuelo.
—¡Dámelo, maldito! —me gritaba tratando de atrapar el blanco trapo en una de mis veloces y ágiles manos.
Solté una carcajada.
—Me sorprende tu insistencia para recuperar este harapo.
—¡No se trata del pañuelo en sí! ¡Me molesta que me subestimes, idiota!
Solté otra carcajada. Me simpatizaba su carácter fuerte al fondo.
—Ya dámelo —masculló.
—¿Por qué tendría que hacerlo? Sí que eres divertido de molestar…
Sin que nos demos cuenta yo había extendido el pañuelo sobre mi cabeza y él, en un momento de querer tomar mi brazo para bajarlo… terminamos en una posición bastante comprometedora.
Quedó extendido a lo largo de todo mi cuerpo, en una cercanía bastante grande. Me sentí algo incómodo de pronto, y al mismo tiempo paramos todo movimiento. Le devolví la mirada al mismo tiempo que él puso la suya sobre mis ojos. Pude notar el claro violeta que tenía de color de ojos. ¡Todo fue… raro!
—…señorito —apenas terminé de decir, salió más como hilillo de voz. Me di una bofetada mental por eso ¿Qué cojones me pasaba?
Lo peor era que él no se movía y, al haber estado corriendo, nuestras respiraciones estaban algo agitadas. Incluso podíamos sentir los alientos chocar con el contrario.
Como un impulso, completamente fuera de mi juicio, tuve la intención de acortar las distancias de nuestros rostros. Vi su cara arder y alejarse en un movimiento brusco, poniéndose de pie nuevamente. Le vi desde el suelo con los ojos totalmente abiertos… Yo…
¿PERO QUÉ MIERDA IBA A HACER?
—Hemos llegado al escenario…—dijo… acomodándose… el pañuelo… y carraspeando su garganta para aclararse la voz.
¿EH? UN MOMENTO.
Miré mis manos y efectivamente… no estaba ¡Maldito, me lo llegó a quitar!
Me puse de pie, simulando que no me afectaba y puse mueca de altanería (la cual, por cierto, me sale perfecta).
—Je, ya era hora de que tomaras esa bendita cosa. Apuesto que te hipnoticé con mi mirada ¿A qué sí? —exclamé sin quitar mi sonrisa de autosuficiencia.
Antes de que el cuatrojos me pudiera reclamar algo, me dirigí velozmente al escenario y no dudé en subirme en él. Las luces estaban encendidas… seguramente para el evento de esta noche. La madera del escenario sonaba con mis pasos y tenía una maravillosa vista de las filas de asientos de terciopelo rojo que se extendían en un primer y segundo piso.
Sonreí sinceramente ¡Amo estar en público! Disfruto mucho que la gente me admire, y pueda ir a verme porque disfruta mi presentación. Como un trueque. Siempre he visto estas actuaciones como un trueque entre el artista y el público.
Me di vueltas con los brazos extendidos a lo ancho del escenario antes de oír que el señorito seguía ahí conmigo.
—Te gusta mucho presentarte ¿no? —más que una pregunta, me sonó a afirmación. Lo vi desde lo alto, él se había sentado en uno de los asientos de la primera fila, bastante elegante.
Me senté en el borde y le miré con una sonrisa sorprendida.
—Oh ¿Qué comes, que adivinas?
Pareció obviar mi comentario pues tardó en responderme, como si se hubiera pensado algo.
—Tienes presencia en el escenario —aseguró, cruzando los brazos y centrando nuestras miradas—Un artista que da todo en su presentación, siempre capta la atención de su público. Tú solo necesitas ponerte frente a todos, los atrapas.
—Oh —repetí con admiración —¿A qué debo este halago de ti, señorito?
—Los artistas como tú siempre triunfan.
—¿Me has visto alguna vez? —pregunté con asombro, pues no recuerdo haberlo visto nunca.
—He oído unos comentarios, nunca me enfrasqué en buscar si era cierto de todas formas, no me interesabas —sacudió la mano restándole importancia. Una vena se me hinchó con su último comentario.
Esperen… ¡Soy conocido!
—Pues bien, señorito —me recosté en el borde y de lado, apoyando mi cabeza en una mano —¿Hay alguna razón también por la que me sigas acompañando? —enarqué las cejas sugerentemente —Oh, quizá quieres ver mi asombroso cuerpo en un striptease para ti ¡Kesesesese~!
Escuché un suspiro.
—No quiero verte en paños menores, ni en un millón de años. Créeme que ni yo sé por qué sigo aquí, pero si me voy solo me perderé… y al menos dos cabezas piensan mejor que una. No correré el riesgo. Así sea con una persona como tú.
—¡Mentira! ¡Yo sé que quieres verme bailar! ¡Kesesese~!
Escuché ahora una palmazo… oh, se golpeó la frente ¡Qué idiota! ¡Kesesese~!
—Ustedes dos ¿Quiénes son y cómo entraron aquí?
Vimos a la puerta cuando escuchamos una voz provenir de pronto. Notamos que era un tipo bastante alto, con cabello blanco e infundía… una clase de aura oscura…
Me fijé bien y su nariz era aplastada ¡Ruso! ¡Tiene que ser un ruso!
Tragué pesado… no me agradan los rusos… El cuatrojos se puso de pie inmediatamente y me miró con el mismo mal presentimiento. Era como si hubiéramos sido pillados.
Eh… pero esto no estaba planeado.
—¿Quién eres? —pregunté extrañado ¿Acaso este lugar era de él o qué?
—Soy el dueño de este salón.
Oh, mierda.
—Podemos explicarlo —se apresuró a decir el señorito, con un tono bastante tranquilizador. Al menos a mí me habría calmado, pero con ese ruso no me calma ni el canto de mi mamá.
Ay… esto no pinta bien. Claramente ese tipo no le iba a escuchar, lo decía con toda su mirada.
Rusos.
—A los que entran sin permiso se les da el privilegio de conocer al caño —nos dijo con una macabra sonrisa.
Rusos.
—¿Al caño?
—Mi caño.
Rusos.
¡La puta madre! ¡Sacó un maldito caño de su abrigo! ¡Y ahora nos persigue!
¡No! No va a desfigurar mi bello rostro.
—¡Corre! ¡Si quieres vivir, corre! —le grité al cuatrojos antes de salir disparado a una nueva carrera que nos tardaría casi lo mismo si queríamos perderlo de vista.
Con esto nunca voy a superar mi maldito trauma con los malditos rusos.
/
¡Achú!
—¡Agh, Fratello, me estornudaste en toda la cara!
—Ojalá te contamines de todos mis putos gérmenes por habernos dejado sin un mísero centavo.
Saqué un pañuelo y comencé a sonarme la nariz. Vaya catarro me ha tocado, y todo gracias a haberme lanzado al mar a recuperar inútilmente nuestro dinero. Mi nariz parece la de un payaso y hasta el olor a detergente me hace estornudar. No mejoraba el hecho que Feliciano me haya levantado muy animosamente temprano en la mañana ¡Joder, yo vine por vacaciones!
Nos tardamos un buen rato en llegar a la cocina, ese crucero era realmente grande y no mentían que te sentirías como si estuvieras en un ciudad ¡Si me sentía tan perdido como cuando fui a visitar a Feliciano allá a Venecia!
Maldita góndola que me hizo caer al agua y maldito el vejete que se burló de mi nula habilidad para nadar.
De pronto recordé el momento en que me lancé desesperado al mar, en busca del dinero…. Y el idiota ese españolote me salvó. Si no fuera que estaba consciente juraría que me iba a dar respiración boca a boca.
Maldito españolote confianzudo, que yo no le iba a dejar que me… que me…
—¡Fratello, estás muy rojo!
—¡Cállate!
Cuando llegamos finalmente, el idiota de ojos bonitos nos abrió la puerta. Lucía entusiasmado de vernos ahí y no dudó en saludarnos. Bufé molesto, seguro que al primero que lo haría pasar sería a mi hermano.
—¡Hola, Lovi!
Abrí los ojos completamente cuando me saludó con un efusivo abrazo. Me congelé por un segundo… hasta que oí a Feliciano soltar un risita que me hizo reaccionar ¡Joder! ¿Qué cara habré puesto? ¿Cuál, para que mi hermano se ría?
—¡Suelta! —le empujé de golpe y me cubrí la cara con mi brazo para ocultar que todo el color se me había ido a la cara ¡Mierda! ¿Qué me pasa con este tipo tan marica?
Se rascó la nuca, nervioso, antes de contestarnos.
—¡Hola, Feli! —ahora lo saludó a él de la misma forma. Entrecerré la mirada. Oh ¿Entonces así es con todos?... —Lo lamento, Lovi. No sabía que no te gustaban los abrazos…
Bufé molesto. No pensaba contestarle a eso…
—Bueno—sonrió; me crucé de brazos aparentando que no me gustó esa bella sonrisa —Hoy es su primer día, antes de explicarles todo lo que tienen que hacer, pónganse estos.
Alzó un par de bolsas frente a nosotros. Alcé una ceja.
—¿Qué es eso?
—Sus uniformes. Son iguales a estos —se señaló con orgullo un conjunto una camisa blanca con corbata azul marino. Tenía un chaleco negro y su pantalón y zapatos eran del mismo color. El chaleco ayudaba a entallar el ancho de la camisa —Con la pequeña diferencia que incluye esta plaquita de "Gerente" —sonrió más orgulloso.
—Te falta abotonar algunos botones de tu camisa, ve~
—Oh, esto —se rió levemente al darse cuenta que no se había abrochado los tres primeros botones— Es que con el ajetreo del día da mucho calor, no hay una regla sobre los botones, pero tampoco exageren~
—Ok~
—Ahora, vayan a cambiarse. Les mostraré la cocina cuando regresen —nos indicó con una sonrisa. Feliciano fue el primero que se marchó y antes que pudiera irme tras él, una mano me tomó de la muñeca repentinamente. Volteé y vi que el español me miraba con ¿preocupación?
—¿Cómo estás con tu resfriado? ¿Mejor?
—S-Sí… —¡Mierda! ¿Por qué me temblaba la voz? Y ni siquiera decía la verdad, bueno, un poco… ¡Pero estaba estornudando más que las mierdas!
—Me alegra —finalizó antes de soltarme con otra gran sonrisa.
Salí casi corriendo en cuanto me soltó y apenas me alejé un poco, me toqué el pecho, sintiendo un ligero cambio en mi palpitar. Fruncí el ceño confundido.
¿Qué había sido eso? ¿Por qué me puse así cuando vi su sonrisa?
Después de un rato estábamos ya con los uniformes tanto mi hermano como yo. Feliciano se había puesto correctamente todo el uniforme, mientras que yo preferí dejarme medio abierta la camisa pues si lo que decía el idiota era cierto, sudaría como cerdo.
—Genial, me siento como un tonto —dije tratando de arreglar mi cabello luego de estarme cambiando.
—Yo no lo creo, fratello. A mí me gustan.
—Nunca dije que no me viera bien en traje, queda bien —dije algo altanero, pues la verdad era que el chaleca me entallaba muy bien. No me quedaba mal. Sin embargo, mi apariencia general me hacía sentir como un tonto al tener que trabajar para alguien.
—¿Y yo, cómo me veo?
Le miré de arriba abajo.
—Bueno, uno de los dos tenía que lucir bien. Obviamente ese soy yo.
—¡Tenemos la misma cara! ¡Deberíamos lucir igual!
—Claro que no, la pubertad me favoreció más a mí.
—¡Fratello! —me dijo con reproche.
—¿Qué? ¡Dije la verdad!
—Somos gemelos, nos vemos igual –insistió mi hermanito. Tenía el ceño fruncido infantilmente.
—Oh, no. Tú me robaste la cara.
La verdad es que cuando éramos pequeños solíamos aprovecharnos bastante de que las personas no pudiera diferenciarnos. Era divertido…
—Disculpen…
De pronto dejamos nuestra pequeña charla fraternal para notar al tipo que nos veía con una cámara en su mano. Era un poco más bajo que Feliciano y se notaba que era asiático, con cabello negro.
—¿Ah? ¿Qué pasa? —le dije extrañado y cruzándome de brazos.
—Si no fuera mucha molestia… ¿Podría tomarles una foto?
—¿Ahhh? —dijimos al mismo tiempo. Miré mal a Feliciano, no me gustaba sonar a coro. El japonés soltó una risilla.
—¿Para qué? —pregunté, dispuesto a irme si era un puto acosador.
—Soy fotógrafo, no se asusten por favor. Es solo que… —se quedó callado— No sé cómo explicárselo… simplemente déjenme hacerlo por favor.
Feliciano y yo intercambiamos miradas, aún no muy seguros de si hacerlo, pero terminamos cediendo. El japonés ese se puso muy feliz y nos enfocó de inmediato. Me crucé de brazos y mi hermano puso su típica sonrisa de retrasado. Yo no sonrío en las fotos…. Yo no sonrío en general.
Click
—Listo. Gracias… por favor, si gustan miren la foto —nos extendió la cámara que yo tomé primero, y observamos la pantalla.
Enarqué las cejas… no era una mala foto. Volteé confirmando la presencia de una ventana detrás de nosotros la cual no había notado. En la foto la luz solar de la mañana se colaba por el cristal de la ventana y caía sobre nosotros. Feliciano sonreía y la luz caía sobre toda su cara, denotaba un aire de felicidad inmensa y hasta su cabello se veía más claro con el sol; mientras que yo estaba del lado oscuro del pasillo con la cara totalmente seria, cruzado de brazos y sin tanta emoción.
Éramos como…
—Polos opuestos —completó mi frase mental, en ese instante le devolvimos la cámara —Gemelos y polos totalmente opuestos… justo lo que quería captar…
—La foto es muy bonita~ ¡Gratzie~!
—Tsk… Me veo muy serio.
—Oh… lamento si te incomodó la foto, no fue mi intención…
—Ya no importa… tenemos que irnos —finalicé regresando a la cocina. A los pocos segundos oía a mi hermano siguiéndome. No tardamos en regresar a la cocina en el que encontramos al españolote de… ¿Cómo se llamaba?
No es que quisiera saber su nombre…
El punto es que estaba hablando con otro tipejo de pelo rubio en una coleta. Hubo un momento en que este le tomó de los hombros y lo abrazó mientras se reían. Entrecerré los ojos ¿Quién era ese?
—Ve~ ¡Antonio, ya volvimos!
Fue entonces que ambos nos miraron. Escuché un silbido por parte del rubio que no me gustó y Antonio (ahora recuerdo su nombre) se nos acercó.
—¡Se les ve bien el uniforme!
—Uhmm, eso no lo niego —dijo el otro con una sonrisa que tampoco me gustó. Un escalofrío me recorrió, ese tipo me daba miedo.
—¿Cierto, no? Fratello dijo que me quedaba mal.
— Para nada…—dijo el rubito. Le miré mal, acercándome a mi hermano. Tenía el presentimiento que se nos lanzaría en cualquier momento.
—Francis, ya déjalos —pidió amablemente el españolote —Espérame un rato en el pasillo ¿sí? —el tipo ese asintió y se fue hasta la puerta, no sin antes mirarnos de arriba abajo a los dos.
Puto pervertido.
—Discúlpenlo —nos dijo rascándose nerviosamente la nuca —Bueno, les explicaré lo que tienen que hacer….
Nos habló acerca de ganarse el pan día a día por su cuenta y todas esas mierdecillas, hasta finalmente llegar al punto de su charla. Feliciano sería ayudante de cocina y yo un mesero… ME-SE-RO. Joder, nunca pensé que serviría en un restaurante…
No… la verdad sí lo he hecho, pero fui despedido…
Todo sea por el dinero, MI dinero tirado al mar.
/
El francés estaba con la espalda recargada en el pasillo fuera de la cocina fumándose un cigarrillo cuando Antonio salió por la puerta.
—No podrás fumar en horas de trabajo.
El ojiazul levantó una ceja asombrado y en seguida tiró el cigarrillo para apagarlo con la suela de su zapato.
—Lo sé, jefe Antonio —dijo con cierta sorna, le gustaba molestar a su amigo cuando lo debía tratar de superior —Me has tenido un buen rato aquí ¿Acaso tu charla con esos gemelitos fue muy amena?
—No fue eso, tenía que explicarles sus puestos, es todo —dijo algo nervioso, detalle que no pasó desapercibido por Francis.
—Oh, eso no me parecía cuando te devoraste con la mirada a uno de ellos; el más alto de los dos, cuando él no te miraba.
Eso tomó por sorpresa al español.
—¡N-No! No digas semejantes cosas… ¡Hey! ¡Tengo que hablarte de tu puesto! —dijo carraspeando su garganta para ocultar el temblor en sus palabras por su observador amigo, el cual soltó una risilla ante su reacción.
—No está mal, si no fuera por el carácter que aparenta también le invitaría unas copas —agregó con un dejo de diversión que hizo finalmente sacar un sonrojo en el avergonzado español —Adelante, ahora sí dime lo que debo hacer.
—Francis… tómame en serio…
—Lo hago, mon ami, soy todo oídos ahora.
Antonio le hizo una seña a la puerta para que lo acompañe y comenzó a caminar por la cocina con él, sin notar la mirada de cierto italiano posada en ellos.
—Maldito tipejo —masculló.
De alguna manera encontró un cuchillo y cortó sin piedad a la zanahoria que tenía entre sus manos, la cual, no tenía ninguna culpa de su enojo.
Pero al fin y al cabo es un vegetal, así que volvamos a la historia.
—¡Ahhh! —chilló asustado Feliciano por el ruido que ocasionó —¡Fratello, yo soy de la cocina! ¡Ve y apréndete el menú!
—¡No me mandes! —otro gran corte se esculló, y otro grito también. Los ayudantes notaron en seguida al par y tuvieron un mal presentimiento para ese día.
Más adelante, Antonio le presentaba a su amigo un chico de gafas y un cabello rubio y algo ondulado, parecido al del francés; con ojos violáceos. De inmediato ese color extraño de ojos captó la atención del rubio mayor.
—Te presento a Mathew, es el encargado del personal de cocina. Por lo tanto, es tu jefe en este lugar —le palmeó el hombro a su amigo— No te dejes engañar por esta cara, él te guiará en estos primeros días que estás aquí.
—Ohh —dijo en asombro disimulado. Examinó a aquel niño (para él) vestido en aquel traje blanco de cocinero, y a esa exótica mirada tras los anteojos —Interesante.
—Suerte —finalizó el castaño antes de dejarlos solos.
Mathew entrecerró levemente los ojos al notar la mirada con la que el francés le inspeccionó. Francis no se perdía ni un detalle del movimiento de él, y sonrió tratando de seducir al más joven con eso. Dio un par de pasos para acercársele bajo la mirada atenta de este.
—Hola —le dijo tratando de sonar lo más encantador posible—Solo quiero que sepas que me emociona mucho tenerte como mi maestro en tod-
Sin embargo no pudo seguir hablando por el certero navajazo que clavó el rubio menor en la madera, atravesando la tela de su manga derecha , rozando la piel de su brazo. El cuchillo se clavó perfectamente en la superficie de madera que separaba a ambos rubios y fue lo suficiente que el francés necesitaba para callarse de inmediato y mirarlo con sorpresa y hasta algo de temor.
—No, que te quede claro con quien estás tratando —dijo con un tono algo amenazante.
—¡¿Eh? Tranquilo, n-no quise de—a pesar que quería excusarse, Mathew no le dejó terminar.
—Respóndeme algo ¿Acaso ves a alguien más, joven, como jefe, aquí? —Francis negó efusivamente, siendo interrumpidas sus palabras nuevamente —¡Exacto! ¿Por qué crees que sea? —preguntó con una mueca algo desquiciada y clavando un nuevo cuchillo cerca del anterior.
—N-No sé, y—
—¡Es porque soy el más rudo de esta cocina! He trabajado duro para lograrlo y no pienso arriesgar mi carrera por un lavaplatos con suerte ¿Oíste?
El ojiazul asintió callado y aún impresionado por aquella actitud.
—Bien —finalizó el otro sacando los cuchillos en un solo y ágil movimiento para darse la vuelta e irse.
—…Wow —susurró el francés sorprendido por aquel rubiecito. Qué carácter… se veía a leguas que lo que decía era cierto y que podía lograr todo lo que quisiera. No pudo evitar dejar salir una sonrisa de interés, si lo que quería era infundirle respeto, lo había logrado… pero, además, había conseguido que su interés hacia él se haya duplicado. Se puso de pie de nuevo (puesto que no pudo evitar agacharse un poco por el agarre de los cuchillos en la mesa de la cocina) y se dispuso dirigirse a lavar algunos trastes, cuando sintió unos pequeños toques en el hombro que lo hizo voltear.
Al bajar la mirada y darse cuenta que era Mathew se quedó congelado. Agradeció infinitamente a su autocontrol el que no haya soltado un grito de susto que no habría sonado NADA masculino.
—…Lo lamento.
Si la quijada de Francis se hubiera tratado de una plataforma antigua a base de cuerdas con la que sostenerse, las cuerdas se habrían roto, quemado carbonizado; debido a la sorpresa.
—Lamento cómo te hablé… no fue mi intención sonar así. T-Tengo un pequeño problema… perdóname por eso —finalizó para volverse a ir.
Francis se quedó sin habla cuando Mathew le hablaba… se veía tan adorable con las mejillas levemente sonrojadas de la vergüenza y con la mirada gacha. A pesar de no poder ver esos bellos ojos, su expresión le cautivó.
Soltando un suspiro, apoyó una mano en aquella mesa y observaba aún a su joven jefe irse por la cocina. No pudo evitar sentir que… tenía que conquistarlo.
Ese niño sí que le había llamado la atención.
/
—¡No, Nekogoro! ¡Espera, por favor!
Por los pasillos un joven japonés trataba de alcanzar a su gato, el cual había robado una de sus fotografías y lo tenía correteando por los dormitorios un buen rato. Incluso se dio cuenta que ya no estaba en el dormitorio, parecía que había vuelto a la zona de servicio de nuevo.
—Suelta la foto… —casi le suplicó al felino, a pesar de saber que este no le entendía y que no le haría caso. Terminó forcejeando con el minino finalmente, jalando la fotografía con fuerza hasta que lo único que se escuchó fue un rasgado en el lugar.
Kiku cayó de bruces en el suelo y, adolorido, cuando se puso de pie notó que aquella foto había terminado por la mitad y suspiró resignado. Dejó el otro trozo en el suelo y tomó a su gato con una mueca que era lo más cercano a una cara de enojo que podría lograr. Si hubiera querido, unas cuantas nubes de humo rondarían por su cabeza.
—Te bañaré como castigo —sentenció y se alejó de vuelta a su habitación. Aquella foto había sido arruinada.
Unos minutos después, Antonio pasó casualmente por el lugar, viendo un ligero desastre de pelos de gato en la alfombra. Frunció el ceño, no dejaría eso así. Se apresuró en llamar a alguien para que se encargue de ellos cuando vio unos trozos de papel en el suelo que le llamaron la atención.
Curioso, los tomó y se quedó prendido del primero que vio: era una fotografía de Lovino. Estaba cruzado de brazos con el uniforme del crucero y con esa expresión seria que había ya conocido el español. Sonrió bobamente ante aquella imagen, a pesar de aquella expresión de molestia en su cara a Antonio le pareció una hermosa foto, a pesar de estar partida a la mitad.
—¿Antonio?
En cuanto escuchó esa voz guardó como un acto reflejo aquel trozo de fotografía en uno de sus bolsillos, sin saber las consecuencias que eso traería a futuro. Se puso en posición de saludo.
—¡C-Capitán!
Ludwig alzó una ceja, extrañado por esa reacción nerviosa del ojiverde.
—¿Qué estabas haciendo?
—N-Nada… ¿Qué hace usted aquí a esta hora…?
—Venía para ver si me podían preparar un café ¿Puedes? ¿Y por qué el lugar está… sucio?
—No se preocupe, ya llamé para que alguien venga a limpiarlo; y claro, en seguida iré a que le preparen un café. No tardo.
El rubio asintió mientras veía al español adentrarse en la cocina. Notó que un papel cayó de uno de sus bolsillos y lo levantó dispuesto a devolvérselo pero cuando se dio cuenta él ya se había adentrado.
Observó al retozo de papel y no pudo soltarlo… era una fotografía, o al menos eso parecía.
En la foto había un castaño ¿o una castaña? No le importó realmente. Estaba frente a una ventana y vestía el uniforme de servicio. Tenía unos preciosos ojos ámbar y una radiante sonrisa que brillaba más por la luz solar que se colaba de aquella ventana. Era… muy lindo.
No se reconoció a sí mismo cuando ocultó aquella foto en el bolsillo de su saco al momento que Antonio llegó con su café. Le agradeció amablemente y volvió a su cabina con la imagen de aquel joven castaño cuya sonrisa le había robado una a él mismo.
/
—Viniste.
El griego no pudo evitar dejar salir una sonrisa que delataba su agrado por ver al japonés en el museo, tal como quedaron el día anterior. De inmediato dejó la escultura que estaba trabajando para recibirlo.
—No podía perderme una exposición tan buena —dijo sinceramente Kiku. Saludó a Heracles con una sonrisa que le gustó bastante al otro —Traje mi cámara también, aunque aún está en mi mochila.
—Bueno, puedo llevarte al estudio de grabado, está…. más atrás —le señaló una puerta a lo lejos—Ahí hay muestras que todavía no están en exposición.
Los ojos del japonés brillaron emocionados.
—Si no te importa, me encantaría tomar unas cuantas fotografías.
—No hay problema—aseguró con su característica voz adormilada—Siempre me alegra que a alguien le gusten mis trabajos. Vamos…
Como un acto inconsciente tomó a Kiku de la muñeca y lo guió a su estudio, y a pesar que el pelinegro solía repeler esos contactos tan confianzudos, en ningún momento lo apartó.
Llegaron a una habitación llena de caballetes y esculturas. Había periódicos por todo el suelo que estaba levemente manchado de pintura salpicada. Había potes de pintura en cada esquina y herramientas para esculpir también. Kiku entró maravillado por el ambiente artístico que emanaba el ambiente y Heracles solo se recargó en el marco de la puerta a observar como su nuevo amigo miraba maravillado cada esquina de su adorado estudio artístico.
Pero sin duda lo que más le llamó la atención fue la espléndida vista al mar que tenía el lugar, igual que el museo. Se podía divisar la cristalina agua y el sonido relajante del mar. Heracles sonrió enternecido al percibirlo como un niño en una dulcería. Se acercó al ventanal y, para sorpresa de Kiku, era en realidad una puerta corrediza de vidrio. En cuanto la abrió se podía notar un pequeño balcón. Se adentró en él y apoyó sus manos en los barandales.
—Es mi lugar favorito —le comentó al pelinegro—El mar me recuerda a mi hogar…
Click
El sonido de la cámara lo sacó de sus pensamientos. Curioso, miró al japonés. Se dio cuenta que le había tomado una fotografía sin percatarse. Se le acercó a los barandales y le enseñó la pantalla, emocionado.
Y ahí estaba él, mirando al horizonte con el océano de fondo y el viento revoloteando sus castaños y ondeados cabellos. Su mirada verde era resaltada por la luz solar y la imagen expresaba una gran paz y tranquilidad de parte de la persona en ella. Sorprendido, miró a Kiku con una sonrisa.
—Creo que has tomado mi ángulo bueno.
Kiku no pudo evitar reírse bajito por la mueca que puso el griego, parecido a la que hizo su amigo Alfred el día anterior.
Sin embargo, Heracles no pudo evitar tomar esa pequeña e inocente risa como un coqueteo muy sutil que le hizo formar una idea en su cabeza….
—Kiku —le llamó, poniendo su mano en el frágil hombro contrario y fijando su verde mirada en la más oscura—Déjame retratarte.
—¿Eh? —parpadeó confundido —Discúlpame, creo que he escuchado mal…
—No… yo… quiero retratarte, en serio.
Aquella figura tan pequeña y dócil del japonés, que destacaba en ese fondo del azul del cielo y del mar no hicieron menos que darle unas grandes ganas de captarlo para la eternidad al griego. Se lo imaginó posando en su estudio y la idea le pareció atractiva.
—¿E-En serio? N-No creo que yo debería hacer… quiero decir…no creo ser…etto…no digo que no quiera pero…e-etto…
—¿Accederías a posar para mí?
—¿E-Exactamente qué quieres de-
—¿Harías un desnudo?
Si no se debiera a la seriedad de su propuesta, Heracles quizá habría soltado una ligera risa al ver las orejas del japonés teñirse de un intenso rojo igual que sus mejillas. Por un momento se quedaron en silencio… hasta que Kiku explotó.
—¡¿N-N-N-N-NANI?!
—Oh, ¿te molesta acaso? Sería solo un simple retrato…
—¡Mi rostro, solo retrata mi rostro! ¡Por Kami, nunca pensé que me preguntarían esto!
Heracles accedió con una leve mueca de decepción, pero decidió que no sería la única vez que insistiría con la idea. Lo retrataría entero… lo prometía…
/
Pasaron las horas hasta que llegó la tarde y el sol se ocultaba en el horizonte. Con el cielo ya tiñéndose de naranja, Lovino tomaba atención al último cliente que quedaba en el restaurante donde comenzó a trabajar esa misma mañana.
Con el chaleco negro desabrochado al igual que los primeros botones de su camisa, sostenía la libreta donde anotaba sus órdenes con su característico ceño fruncido.
—¡Apúrate, abuelo! —agitaba el menú dándose aire para refrescarse—Me aso como un asqueroso cerdo, ese español tenía razón…
—No lo sé, mijo. Mi dentadura no me permite morder una deliciosa manza- Oh~ melones~~ —Lovino siguió la mirada del abuelo y le dio un golpe con la carta en la cabeza al darse cuenta de qué miraba—¡Auch! Mocoso ¡Qué haces! Qué clase de servicio es este…
—Le estabas mirando los pechos a esa mujer, viejo verde —le respondió con una mueca de asco.
—¿Cuál es el problema? ¡En mis tiempos no me golpeaban con el menú, todos mirábamos juntos a las bellas señoritas!
—De eso ya cincuenta años ¿Lo sabe, no?
—¡Mocoso impertinente! Ya quisieras tener una mujer como la que me espera en casa.
—¿Su esposa? —comentó con sorna.
—¡Ja! Ella se fue hace tiempo ¡Un momento! ¡Te estaba pidiendo la orden! Entonces… no sé si una manzana o… oye ¿Ese tipo no te está mirando el culo?
—¿QUÉ? —tan pronto como pudo buscó tras él a alguien que estuviera haciéndolo, con las orejas rojas, pero lo único que vio al mirar al viejo fue a este burlándose de él —¿De qué carajos se ríe?
—Nada, es que sí tienes un buen culo para ser hombre. Ahora entiendo porque ese castaño te devoraba con los ojos todo el rato, estás bueno ¡JAJAJAJAJA!
—¡Eso fue todo!
Antonio salió asustado por el escándalo que se formó de pronto en una de las mesas de su restaurante. En cuanto pudo divisar lo que sucedía, los demás camareros intentaban separar al italiano del anciano que con su bastón apuntaba al joven de ojos verdes.
—¡Devuélveme mis dientes, maldito engendro! —apenas se le entendía—¡Suéltenme! ¡T-Tengo un bastón!
Unos minutos después Antonio tuvo que ir y pedir disculpas al anciano a nombre de todos en el restaurante, a lo que solo recibió un dedo medio por parte del anciano, que juró maldecir a toda su descendencia y se fue indignado con su bastón.
—Carajo…m-mi espalda…
El español solo suspiró resignado al verlo irse y, luego que todo el resto del personal se marchara (incluyendo a Feliciano), se quedó esperando en la puerta de la cocina a Lovino, el cual se había tardado a propósito, esperando que Antonio se marchara y no recibiría la reprimenda que sabía le daría.
—Lovino —le habló, poniéndose contra la puerta para que no pueda salir —No permitiré un comportamiento así con los clientes.
—¡Ya te dije lo que pasó! ¡Fue su culpa!
Antonio le miró serio.
—No debiste golpearlo de todas maneras. Ahora irá y quedaremos como un mal servicio.
—¡Estoy harto de tus reprimendas! ¡Ya veo que no me crees, y no me importa! ¡Ni siquiera debería estar trabajando aquí! ¡No aguanto que lo único que haga la gente es regañarme sin querer creerm-
No pudo seguir hablando pues el castaño le tomó de los hombros y lo encaró, chocando sus miradas.
—Está bien, Lovino… Te creo…
El italiano abrió los ojos enormemente con aquellas palabras que sonaron tan sinceras para él y no supo qué responder. Se quedó estático y para el español, más tranquilo. Lo soltó suavemente y le desordenó el cabello, tratando de no ser duro esta vez.
—… por esta vez. Lo único que quiera es brindar el mejor servicio en este crucero y que mis empleados sean la viva imagen de su esfuerzo. Pienso que era tu primer día y fue un simple error. Espero que no se repita y no me defraudes, es todo.
—Mmm…
—Oh… —la mano siguió acariciando el castaño cabello y llegó a una curva que le llamó la atención—Lovi, qué gracioso rizo tienes…porque es un rizo ¿No? —lo tomó entre sus dedos y lo enroscó juguetonamente.
En ese instante Lovino se puso totalmente colorado y comenzó a sudar frío ¡Mierda! ¡Mierda, mierda!
—¡Chigui!
Y lo último que se escuchó en ese lugar fue un duro golpe contra un adolorido y atontado español.
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La noche cayó en el crucero y con ello las celebraciones por la primera velada nocturna iniciaron. En el salón principal cuyo dueño era el exitoso empresario hotelero Iván Braginski se encontraban reunidos desde los más exclusivos hasta algunos miembros del servicio a los que Antonio amablemente les brindó la noche libre por ser la primera.
El ruso se encontraba en el sillón más privilegiado, justo al centro del escenario y en una cabina alta; por sobre todos. A su lado estaba su mano derecha Yao, ambos alzaron sus copas de vodka apenas el espectáculo estaba por comenzar.
—Por un excelente viaje —dijo el peliblanco.
—Por un viaje inolvidable —le siguió con un toque misterioso que siempre le gustó a Iván. Le sonrío seductoramente. Los cristales sonaron al chocar y de inmediato las luces del lugar se apagaron para encender la iluminación solo del escenario.
En la planta baja, un japonés ingresaba al lugar con su mejor amigo y buscaron con dificultad la mesa que habían reservado, en la oscuridad. Ambos vestían en traje, ya que oyeron que no era un espectáculo sencillo… sino que había gente muy importante.
—Te lo dije, Alfred… Hemos llegado tarde y no vemos nada.
—Tranquilo, ya vi nuestra mesa.
En cuanto se sentaron se mostró en el escenario a una bella chica de piel morena y cabello chocolate, largo y ondulado. Vestía un hermoso vestido turquesa de pedrería y tenía unos hermosos y cautivadores ojos color miel. Todos (la mayoría varones) aplaudieron cuando Sey, la asistente del famoso mago e ilusionista "Ghost", se presentó entre un show de humo y brillos.
Se presentó como tal en los primeros segundos y luego sonrió, cautivando al público.
—¡Bien! ¿Hay alguien en este bello público que desee participar en el primer acto de nuestro talentoso mago?
—¡OH, OH, OH! ¡YO, SEY, YO QUIERO! —Antonio, quien se mantenía en la zona de tragos como barman, levantaba efusivamente su mano y la agitaba para que la bella ayudante lo notara y lo sacara al escenario… cosa que no pasó.
Después de unos segundos, una luz alumbró dentro de la oscuridad densa a un rubio con bellos ojos azules que trataba de comerse lo que quedaba de comida en el plato de su japonés amigo.
—¿…Eh? —preguntó con una voz que parecía la de un niño que acababa de ser pillado haciendo algo malo.
—Tú, querido ¡Sube al escenario, has sido elegido!
En medio de aplausos para animarlo, Alfred subió los escalones que daban al escenario, todavía bastante extrañado.
—Ahh… todos los años levanto la mano y nunca me elige —lloriqueó el español ante la mirada de lástima de su francés amigo, quien disfrutaba de una copa de vino muy bien selecta por su Tony.
—Oh, mon ami… mejor ya deja de intentarlo, creo que nunca te sacará —le dijo con burla, luego, alzó una ceja cuando vio dos personitas iguales entrar por la puerta —Hey ¿Ese no es…?
—¡Lovi~! —el castaño no ocultó su emoción al ver al italiano que le había interesado tanto desde que lo vio en el muelle.
Francis sonrió con una gran idea.
—Anda ya, matador —le dijo con un muy bien imitado acento español—¿Qué esperas para invitarle un trago?
Antonio le asintió dándole la razón y se le acercó dispuesto a que le acepte un par de copas ¡Tenía tantas ganas de acercarse a él!
Francis solo se quedó mirando interesado la escena, como si se tratara del nuevo tráiler de una buena película, degustando su buena copa de vino.
—Antonio ya cayó…—susurró dando otro sorbo.
El capitán del barco dejó por unos minutos la cabina para ir a dar una mirada al gran espectáculo que se daba en aquel salón. Recargado en una pared, disfrutó un momento de los preámbulos de la función de magia y ya dispuesto a regresar al mando, cuando llegaba a la salida un castaño se cruzó en su camino.
Aún en la oscuridad, pudo ver esa delicada figura y el rizo sobresaliendo de su cabeza igual que en aquella foto.
Era la misma persona de la fotografía… lo estaba viendo… y quería hablarle.
Mientras, todo el mundo observaba al norteamericano seguir las instrucciones de la hermosa morena hasta que Ghost apareció. El público se emocionó y le aplaudió por lo repentino de su entrada. Hubo una lluvia de papeles metálicos de colores brillantes por donde la figura negra del mago se coló y apareció ante la atónita mirada de todos.
¿Cuándo había salido al escenario?
Pero no fue una función cualquiera pues Alfred pudo notar, tras la máscara que solo dejaba la vista del mago visible, el detalle que daría inicio a su verdadera aventura en ese barco porque se dio cuenta que aquellos bellos y expresivos ojos verdes de "Ghost" ya los había visto antes, y estaba seguro de dónde.
No le costó problema colarse detrás del escenario cuando el número de magia terminó y daría paso a la fiesta de inicio de viaje. Se recargó junto a la puerta que rezaba con el nombre "Ghost" y en cuanto vio a la menuda figura con capa negra, lo tomó por la muñeca para sorpresa del otro.
Aprovechando que todo el mundo ya se había marchado a la fiesta y la música comenzaba a sonar, nadie lo vio acorralar sin mucha fuerza al mago contra la pared y, en un movimiento rápido, quitarle la máscara a pesar que hubo forcejeos y un gran intento de soltarse por parte del otro.
De inmediato reconoció a ese delicado y cejudo rostro… no se había equivocado. Agradecía ser muy observador unas cuantas veces en su vida, y que esta sea una de ellas.
Sonrió altaneramente frente al otro rostro espantado.
—Creo que ya no puedes ser un fantasma nunca más, Ghost —le dijo orgulloso de ser él quien desenmascarara el secreto del famoso mago del barco —¿Sabes, Arthur? El misterio… y ese traje te hacen ver condenadamente bien.
—¡S-Suéltame! ¿Qué quieres de mí, dinero acaso? —finalmente habló el inglés, forcejeando apenas debido a la fuerza del rubio más alto—Te daré dinero, solo cierra la boca y déjame ir.
—Oh, el caballero inglés es muy descortés —comentó con ironía —…De acuerdo, sí, creo que usaré esto a mi favor y te pediré una cosa.
Arthur se puso rojo inconscientemente y alejó su rostro cuando el estadounidense se le acercó peligrosamente.
—Fuck, ¿Qué quieres?
Antes que pudiera siquiera reaccionar, Alfred apresó los labios del inglés entre sus brazos en un beso que emanaba mayormente pasión y era demandante. Arthur se quedó totalmente paralizado hasta que sintió una ligera mordida en su labio inferior para hacerlo abrir la boca y dejar pasar la lengua extraña. Sin pensarlo y cohibido por la sorpresa, no pudo reprimir un gemido de dolor por ese acto y se quedó aún más confundido cuando de un momento a otro, Alfred se separó de su boca apenas lo suficiente para poder hablar, chocando su cálido aliento contra su boca.
—Salgamos.
GENTE! (como decimos acá en Perú xD) Ha pasado mucho tiempo ahdjasdhakda LO LAMENTO , estaba preparándome para la universidad khdjahdakd lo bueno es que rindió frutos :') PERO (pero…) para recompensar la larga espera les brindo uno de los capítulos más largos que he escrito XD (casi 20 páginas de Word, wow!)
Espero que les haya gustado y me gustaría que me dijera en REVIEW si la historia es buena o mala, si el rumbo es bueno o muy veloz, si la historia merece que la continúe o no XD Todo depende de ustedes! Así que si no recibo muchos reviews…. Creo que eso ya es un mal síntoma XD No creo que los reviews hacen a la historia, pero creo que nos motiva mucho a los autores que la gente diga que le gusta su trabajo… y no les está dando algo asqueroso D:
En fin! Uyuyuuyuy, Alfred ya descubrió a Arthuuuuuur XD ¿Lo hará suyo esa noche? XDDD ok, no sé, es mi imaginación loca XDDD El Spamano irá lento pero seguro (¿? Y lamento que no haya mucho GerIta, pero ya puse el inicio para el próximo capi ;D Pero ando algo escasa de ideas para esa pareja ¡Si tienen algunas sería de mucha ayuda!
Con estas palabras me retiro xd ¡Quiero agradecer a todas las que me dejaron un review! Y que las amo *w* ¡Nos vemos en cuanto pueda, hkahdasjk!
Cuídenseeee! Besos!
Annlu Namikaze
