Holitas!

Otra vez regresando y van…

Jajajaaa. Creo que finalmente estoy acomodando mi vida, algunas ya habrán visto que de a poquito volví a leerlas, y las demás, espero que crean en mis palabras.

Después de tanto tiempo, este es un capitulo un poco de transición, así que no se espanten si encuentran un "estado de situación" de la casa; pero es solo para retomar la historia.

A las de siempre, las que retoman conmigo y encima me dejan comentario, un gracias así de grandote!

A Patsy, no te librarás de mí! Éste me salió a las disparadas, y me pudieron las ganas de subirlo, pero a la brevedad recibirás noticias mías!!! Siempre y cuando no huyas despavorida ante la cantidad de comas empleadas!!!

Este cap se lo dedico a Lunática, que está de cumple, y a Fiona, que está de cumpleblog.

Espero que les guste!

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CAPÍTULO DIECINUEVE

DUDAS Y MAQUINACIONES.

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Los días transcurren sin grandes sobresaltos, y esto, para todos los habitantes de la casa, es extraño. Tantos años lidiando con la destrucción y la muerte los habituaron a la eterna zozobra y encuentran esta calma ligeramente aburrida.

Zahid ya fue dado de alta y si bien no aceptó mudarse a la casa, sino trasladarse al antiguo departamento de su hija; los visita a diario y ya es común a todos verlo por la mansión estando Alix en ella o no.

La gran biblioteca de la residencia lo atrae poderosamente, y pasada la primera impresión tras conocer el retrato de la antigua dueña de casa, todo marcha bien. Al que esto le llama enérgicamente la atención es a Sirius, quién no termina de comprender como es que su madre acepta mansamente que un extraño, y encima contrario a sus ideas, merodee libremente por sus dominios y ella no estalle permanentemente; pero por si acaso no va a preguntárselo.

Hermione también volvió a la casa, aunque esto será solo hasta que Draco acabe sus encargos fuera del país, y regresa para establecerse. Ella ya anda buscando una casa en los suburbios, y haciendo preparativos para la boda. La futura señora Malfoy está feliz, y ahora que ya todos aceptan su relación, mucho más aliviada; por lo que se deja mimar y acepta los cuidados que todos le dispensan, sin oponer resistencia.

Ginny y Harry disfrutan de la extraña paz que acontece y hasta están planeando vacaciones para después de la boda de la castaña, evento que por supuesto ninguno de los dos se perdería por nada del mundo. Y menos la pelirroja, sabiendo que es la dama de honor de su amiga.

Mientras todos disfrutan de la serenidad que reina, Ron es el único que se parece vivir en el pasado, y es para todos la excepción que confirma la regla; una tormenta a punto de acabar con la tranquilidad de la familia. Harry es quien más lo padece, ya que comparten casa y trabajo, así como también algún curso adicional que les programan; y lo amenaza con pedir su traslado para poder disfrutar de un momento de paz y silencio. Ginny ni quiere verlo. A cada paso de la joven él aparece con nuevos planteos y dudas acerca de su futuro rol de padre, del embarazo de su esposa, de su capacidad de criar un niño y de cuanta duda asalte su carácter extremista. Su firme y decidido carácter de los últimos tiempos ha hecho una regresión a sus años de escuela, y ahora se muestra como el adolescente intranquilo de antaño, para desazón de todos, y especialmente de su esposa, que no sabe como lidiar con esta faceta que a ella le es completamente desconocida.

Ante la negativa de su hermana y mejor amigo de escucharlo, y después de ensayar berrinches y ofendimientos varios, optó por trasladar su bagaje de incertidumbres al hogar materno; y allí encontró a una dispuesta Molly a escuchar todas las incertidumbres y temores de su "pequeñin". La futura abuela, que ya cuenta con otros cinco nietos en su haber, está más que feliz de que alguien le pida opinión y escuche sus consejos, cosa que no ocurre con frecuencia, ya que sus nueras son muy independientes y su propia hija siempre acaba callándola, con afecto pero con firmeza.

Todo parece encaminado en la Casa Black. Todo menos la vida sentimental del dueño de casa, que anda persiguiendo a su pareja para conseguir sacarle una fecha para la boda. Alexia no lo admite, pero sabe que en el fondo él tiene razón, y que ella se niega a formalizar el compromiso por temor.

-Esto es ridículo, Alix. Nada va a cambiar por el hecho de que estemos casados. Solo quiero que el mundo sepa cuan firme es nuestro amor y nuestra unión.-

-Ya lo sé, pero no hay ningún motivo para apurar las cosas, Sirius. ¿Qué más da que sea ahora, en seis meses o un año? No hace ninguna diferencia.-

-Eso lo dirás por ti, que al lado de Herms o Ginny casi no se ve la diferencia de edad, pero yo no puedo decir lo mismo…Y aparte, quiero tener hijos que puedan llamarme papá, no abuelo. Ya estoy grande Al, y lo prometiste. Me diste tu palabra.- Él sabe que eso es una fuerte presión para la mujer. Y logra su propósito. Ella se muerde el labio, dolida.

-Ya lo sé. Y yo también lo deseo. Solo que no quiero apurar las cosas. Papá recién se está recuperando.- No logra acabar su frase. Un Sirius burlón la interrumpe.

-Tu padre está perfectamente recuperado. En cualquier momento entramos al escritorio y lo encontramos jugando póker con el retrato de mi madre. Defendió su independencia a toda costa y vive solo y tranquilo, viene casi todos los días de visita, sale, tiene sus amistades. Se maneja perfectamente. Y sabes que aunque él no lo diga, también quiere verte casada. Creo que en el fondo no tolera la idea de que su hija viva en esta casa, con un ex presidiario amnésico y posiblemente inestable, una caterva de jóvenes propensos a meterse en todo tipo de problemas, un elfo bígamo e inmoral y el retrato de su suegra loca y malvada, quién está feliz de que al fin, su sangre acabe uniéndose a la de otros tan locos y malévolos como ella.- Ahora es él quién se muerde el labio.

En su intento por alivianar sus reclamos con un poco de humor, olvidó los temores de la mujer. Sirius sabe que Alexia carga con la inmerecida culpa de ser hija de Riddle, y que eso la asusta. Toda su racionalidad y sus complejos conocimientos de la mente humana, no logran acallar el miedo que le provoca engendrar un descendiente de ese ser nefasto, y más aún, de unir esos genes a los de los Black.

Si bien Sirius no exhibe ninguno de los rasgos de su familia, no dejan de ser los mismos de esa mujer del retrato que la mira como si ella fuera quien vaya a devolver al Lord a la vida a través de un hijo suyo. Black la estrecha en sus brazos. –Alix, me gustaría poder cambiar nuestros orígenes, pero sabes que eso no es posible. Pero lo que sí podemos hacer, es cambiar el futuro. Nadie va a robarnos la posibilidad de ser felices, que bien ganado lo tenemos. Y el pasado, que bien enterrado está, depende de nosotros que siga así. ¿Estamos? – Ella asiente y se aferra al hombre, que nota el temblor que sacude brevemente sus hombros. Ella finalmente se deshace de su abrazo contenedor, y haciendo gala de su mejor sonrisa, se marcha a su trabajo, instándolo a que él haga lo mismo. ´

El hombre la deja ir, saludándola desde la chimenea; pero lejos de él esta la idea de ir al anticuario. Tiene una reunión muy importante esa mañana, algo que lo tiene atareado y feliz desde hace un par de días, y que cree que ayudará a hacer realidad sus deseos.

A punto de internarse él también en las llamas, oye a Purple Tears y Sunshine que lo llaman a dúo. Las dos pequeñas elfinas parecen felices, y si bien él no comprende cuales son las cualidades que ellas pueden encontrar en su príncipe consorte, siempre y cuando no le traigan más dolores de cabeza, acepta feliz ese extraño triángulo amoroso que se consumó debajo de sus narices. Ellas le anuncian con sus vocecita chillonas que su señora madre quiere verlo; y si bien la idea lo trastorna, él acepta el encargo con una mueca de desagrado y se dirige al escritorio resuelto. Por lo menos, ahora que su madre no se comunica con sus estridentes monólogos y se comporta en forma civilizada, no se le hace tan intolerable.

-¿Que deseas, Madre?-

-Al menos podrías intentar mostrarte amable conmigo, ¿no? Buenos días. Pensé que al menos había logrado inculcarte las normas básicas de la buena educación, pero parece que tantos años en compañía de esa gentuza, te hizo olvidar de todo…-

- No me hagas perder la paciencia. ¿Qué es lo que deseas?- le gruñe Sirius.

-Solo hacerte una pregunta. ¿Nunca se te ocurrió saber que fue lo que hicieron con el árbol genealógico de la Noble y Antigua…?-

Sirius parpadea, sorprendido. A su regreso no lo recordaba, y cuando pudo hacerlo, ver que esa habitación ya no existía y que el maldito tapiz ya no estaba ni siquiera le llamo la atención.

-No, nunca se me ocurrió preguntar por esa pared. Quizás haya sido por que yo no figuraba en ella, ¿no te parece? Y de eso, si mal no recuerdo, te ocupaste tu misma, así que no puedes reclamarme semejante olvido. ¿Qué quieres ahora con el tapiz? Ya te aclaré que ésta es la Nueva Casa de los Black, y tan nueva es, que dentro de poco…-

-Encuentra ese tapiz, Sirius. Y dejarás de darte la cabeza contra las paredes. En esa pared está la solución a tus problemas. El tapiz ni miente ni oculta. Buenos días.- Y dicho lo cual, desapareció una vez más; dejando a su hijo intrigado y malhumorado. Hasta la noche él no regresaría, y no quería enviarle una lechuza a Harry preguntándole por el tapiz, de manera que tendría que esperar a ver a su ahijado para develar el misterio. Su madre de seguro sabía que habían hecho, por eso estaba tan tranquila. Ella podría habérselo dicho, pero como siempre, en lugar de simplificarle las cosas prefería enredarlo en sus maquinaciones. Sacudiendo la cabeza, dejó atrás este nuevo enigma. Lo que lo esperaba lo tenía muy entusiasmado, y las intrigas de su madre hace mucho tiempo que dejaron de atormentarlo.


Parece que ya están todos encaminados, menos, nuestros protagonistas.

Dos intrigas: ¿En que anda Black? Y ¿Qué se trae doña Black entre dientes?

Madre e hijo igual de sospechosos…

Tildibesos!

27.04.