Love: beyond the paper.
Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo III
Caricias y silencio.
Edward no podía creer que Bella, su Isabella, estuviese tan insegura de sí misma, al punto de pedirle que dejase de ser ese nuevo ser que ella misma había inspirado. Ese afán por ser mejor para Edward era sólo parte de la inspiración que su novia le daba, él había decidido mejorar su tartamudez por ella y luego de tantos intentos fallidos ahora, por fin, podía ver resultados positivos. Isabella de seguro no sabía lo que estaba pidiendo y Edward, en un intento de entrar en calma, se apartó dándole la espalda. Él la amaba y ella lo sabía, lo que él no entendía era el por qué de esos celos, él hace tiempo le había dado su ser en un compromiso de matrimonio. ¿Qué más podía demostrar que realmente él la amaba? Desde pequeño Edward fue alguien inseguro y más bien introvertido, la desconfianza era parte de su vida diaria y conocía muy bien lo que podía provocar esa oscura sensación, y a pesar de no ser un ser extremadamente cariñoso ni romántico, sentía reales deseos de poder explayar todo lo que ella era para él, una vez más y cuantas fuesen necesario, pero la cordura y, quizá hasta la madurez, le hicieron ver que en este caso lo mejor era la comunicación entre ambos.
—Edward —susurró Bella posando su mano temblorosa en el hombro de él.
Isabella no quería continuar esa discusión, era insano continuar con ello, ni ella ni Edward darían su brazo a torcer. Ella sabía que lo que decía era cierto y él sabía que jamás nadie podría hacerle cambiar de parecer con respecto a su noviazgo. Él había dejado de ser voluble e inseguro, cada día lo superaba con creces, por lo que aquel contacto cálido y suave, tímido y necesitado, hizo sentir a Edward un escalofrío envolvente a lo largo de su espalda, como si la mano de Bella electrizara todo su ser, como si ella quisiera afirmar el sentimiento que ambos compartían.
Edward no estaba enojado con su novia, simplemente se sentía abrumado y confuso, quería darle más seguridad a Bella, pero sabía que no podría estar con ella más tiempo del que ya compartían, la universidad no lo permitía y ambos deberían acostumbrarse a sus elecciones, por lo menos por un tiempo, hasta que ambos tengan superada esta etapa de la vida. Edward alzó su mano hacía su hombro, en donde Bella tenía apoyada su mano, y la acarició volteándose al mismo tiempo. La mirada de los jóvenes fue suficiente para saber que ambos habían superado aquel dilema. Ella necesitaba más de él y Edward no podía negar que la necesitaba más de lo que había pensado, ambos eran el sustento del otro, por más que aquello fuese ciertamente idílico resultaba ser cierto.
—Lo siento, creo que estoy cansada, preocupada y estoy… muy celosa de que ella pueda pasar más tiempo contigo del que yo puedo tener, no es justo que…—la voz de Bella estaba quebrada, el nudo en la garganta le impedía continuar. Esto no era lo que ella había esperado, se suponía que al estar de novios tendría un "felices para siempre", pero no, nada de eso. La vida real era más distinta de lo que ella creía, no era un cuento de hadas en donde todo era perfecto, no por lo menos ahora, no en la universidad.
—¿Ella? —dijo Edward comprendiendo luego que se refería a Camille —. No, B-Bella —tomó el rostro de su novia y lo alzó hasta que sus miradas conectaron —, no hay "ella" aquí y n-no habrá. Puedo estar m-mucho más tiempo c-con otras personas, p-puedo reír y d-divertirme c-con ellos, p-pero no dudes n-ni por un s-segundo que mientras eso pasa, estoy p-pensando en ti y si d-de mi dependiese, p-preferiría estar c-contigo. Lo sabes ¿v-verdad?
—Sí —fue todo lo que se animó a decir, no sabía cómo ceder ni que él lo hiciese, pero no quería continuar con esto.
—¿Qué p-pasa? —Edward esperó una respuesta que no llegó, por lo que continuó —. No te e-entiendo. D-Debería ser y-yo quién está c-celoso de ti. E-Eres una mujer m-marav-villosa, c-cualquier hombre q-querría estar contigo, t-todos se v-voltean a mirarte, eres g-guapísima y p-popular, en c-cambio y-yo no poseo n-ni quiero p-poseer esas cosas…
—Eres hermoso —susurró sin sentido, no escuchó nada de lo que Edward le decía, la imagen preciosa que tenía frente a sí sin dudas le provocaba una sensación intensa fuera de lugar, absolutamente diferente a la dulzura que él en ese momento emanaba, por lo que esas palabras escaparon de su boca sin alcanzar a ser acalladas en su interior.
—Hablo e-en serio, B-Bella, p-presta atención —le pidió él, pero ella ya estaba perdida en el mar verde de sus ojos y el deseo de tenerlo cada vez más cerca ya era incontrolable, esa sensación de que él tomase el mando, de que la protegiese y la celase, era algo que realmente la ponía de cabeza.
—Lo s-siento —susurró ella mientras enlazaba sus manos en el cuello de él.
—Deberías p-pensar q-que demonios me estas p-pidiendo, realmente n-no entiendes n-nada, deberías pensarlo m-mejor a-antes de llegar y d-decir las c-cosas, y l-luego no te desentiendas de l-lo q-que dices —la recriminó con razón, ya que ella había provocado esta situación, pero ahora parecía volar en otro lado.
Bella silenció rápidamente ese sentimiento lascivo que se creó tan rápidamente que ni siquiera alcanzó a detenerlo y escuchó atentamente lo que Edward le decía, palabras que la volvían a tierra y a sus temores que aparentemente eran bien fundados, pero aún así se obligó a escuchar a su novio quién le repitió lo importante que era la confianza en su relación y en que tarde o temprano podrían estar juntos, pero que con su actitud no llegaría a ningún lado. La presión del pecho de Isabella era cada vez más creciente al escuchar cada palabra que salía de la boca de Edward.
—Tengo miedo que te canses de mí —susurró controlando su interior —. Sé que pronto lo harás, no puedo evitar sentirme furiosa al saber que hay otra mujer cerca de ti, trátame de celopata, pero es cierto, es como que me hirvieran la sangre, es escalofriante lo que llegaría a hacer si una de ellas se intentara propasar contigo, no lo podría soportar, me da miedo pensar que si eso ocurre jamás podría controlarme y tú te cansarías de mí y…y… —comenzó a hipar escandalosamente y el llanto le impidió continuar.
Abrazó y acunó en sus brazos a esa indefensa criatura que tenía frente a él. Lejos había quedado esa Isabella fuerte y decidida, esa mujer que inspiraba respeto, ahora tenía a una mujer insegura, una niña asustada y él se sentía realmente sin experiencia en esa situación. Jamás había protegido a nadie, siempre él había sido protegido, en ese instante se dio cuenta que Isabella estaba llorando en su pecho, parecía una pequeña desconsolada y ese aparente desconsuelo no era más que felicidad y a la vez era una recriminación hacía sí misma. Bella se criticaba por ser tan estúpida de creer que Edward, su Edward, sería capaz de serle infiel con otra persona, ni con Camille ni con nadie, jamás olvidaría que por más que cambiasen las circunstancias, ese Edward tímido y cariñoso estaba en el interior, más allá de esa tartamudez, más allá del rechazo de los demás. Ella le amaba y él le correspondía, el resto era indiferente. Se juró en ese mismo instante que jamás volvería a dudar de él, que jamás le armaría una escena de celos, no mientras no hubiese motivos reales, porque dudar de Edward era una falta de respeto y confianza que él no merecía.
—¿Qué pasa? —le susurró Edward al oído.
—Me haces endemoniadamente feliz —hipó Bella.
—Y tú a mí —le volvió a susurrar mientras que el hálito tibio de Edward le hizo cosquillas en el oído.
Se quedaron abrazados por un momento que fue más largo de lo que quizá debió ser, esa unión era agradable para ambos, esa seguridad y tranquilidad era lo que necesitaban, algo de lo que no podían prescindir.
—Bella ¿Qué dices si n-nos vamos a Forks un fin d-de semana? —sonrió Edward.
Los ojos de Isabella fueron respuesta suficiente para que ambos decidieran la fecha y hora del viaje. No le dirían a nadie. No lo sabría ni Alice ni Rose, menos los chicos, tampoco lo sabrían sus padres, la idea era un fin de semana para ellos solos, donde pudiesen estar tranquilos y pudiesen disfrutar de esa compañía que tanto les hacía falta, pero debía ser un tiempo corto, no podría ser más de dos días ya que la universidad los agobiaba cada vez más, por lo que aprovecharon que en tres semanas más había un fin de semana largo lo que les daba un poco más de tiempo juntos, así que sin más comenzaron a planear aquel viaje con un entusiasmo para nada exagerado.
Como de costumbre el grupo de amigos salía los días viernes en la noche a algún bar cercano para conversar y disfrutar de un fin de semana más relajado que el resto de los días, todos se dejaban libre esa noche para disfrutar el momento de relajación que les hacía tanta falta durante los seis días restantes. Alice y Jasper habían estado conversando de la situación de Edward, y era de esperarse, después de todo Alice era la más preocupada de Bella, la notaba distinta y sabía que algo extraño le estaba ocurriendo, algo que Rosalie escondía muy bien, y que ella quería averiguar. Por lo que recurrió a Jasper quién no le escondió su preocupación por Edward, pero le señaló que lo mejor era que ellos arreglaran sus propios asuntos. Emmett y Rosalie estaba felices porque ambos habían terminado unas asignaturas bastante complejas, por lo que estarían libres un par de días y ambos tenían intención de visitar al padre de Emmett.
—¿Así que vas a ver a Charlie? —dijo Jasper.
—Sí, esos son nuestros planes —sonrió Emmett.
—¿No irás tú? —preguntó Alice mientras bebía su refresco.
—No, la verdad es que me quedaré estudiando esos días —mintió Isabella.
—¿Y qué harás tú Edward? —interrumpió Jasper.
—Nada fuera de lo usual, q-quizá m-me quede c-con B-Bella en la universidad —acompañó en la mentira a su novia.
—Podríamos hacer algo juntos —criticó Alice —, hace tiempo que no vamos a Forks, podríamos ir —sonrió.
Edward y Bella cambiaron una mirada rápida, si Alice quería estar con ellos en Forks, sus planes se hundirían en lo más profundo de La Push, así que ya que sabían que ninguno de los dos quería estar soportando la idea de ver sus mini vacaciones arruinadas por la compañía decidieron no ser tan evidentes en la manera de desechar el plan.
—Lo siento, n-no deseo continuar viajando t-tan seguido a Forks, allá no puedo e-estudiar con tranquilidad, m-me distraigo fácilmente y las horas de viaje son t-tiempo perdido c-cuando se trata de e-estudiar —añadió Edward.
—Sí, además quiero estar aunque sea un poco con Edward, si es que ambos tenemos libres, prefiero quedarme acá —dijo Bella asegurando su opinión de la idea de Alice.
—¡oh, vaya! Par de tortolitos, entonces realmente quería estar solos, solos para… —rió Emmett sin terminar la frase.
—Piensa lo que quieras —dijo Bella.
A pesar de sus intentos por cubrir su fin de semana romántico, todos los demás notaron algo extraño, pero debido a los últimos acontecimientos de la pareja nadie quiso insistir en ello para no causar más problemas. Rosalie y Emmett ese fin de semana viajaría a ver a Charlie, mientras que Jasper y Alice irían a visitar a la madre de Jasper, por lo que Edward y Bella podrían viajar tranquilos a Forks o a las cercanías de Forks.
Cada vez que tenían tiempo, se dedicaban a mirar hoteles, hostales o algún lugar discreto donde pudiesen quedarse, algo cerca de la playa, la reserva de La Push les resultaba muy tentadora y agradable, lo suficientemente cerca de Forks y a la vez lo suficientemente amplio como para no ser descubiertos.
—¿Qué tal si nos vamos a acampar unos días? —sonrió Bella.
—Estupendo si es que no tuviese que estar conectado a internet de vez en cuando —dijo amablemente su novio.
—Entiendo, ¿Qué tal unas cabañas que quedar a tres kilómetros del inicio de la reserva?, podríamos estar allí un par de días y luego si es posible podríamos acampar, ¿Qué dices? —dijo Bella mientras le servía un café a Edward que llevaba mucho tiempo estudiando.
Esa tarde Rosalie se había ido a quedar a casa de una de sus compañeras y la habitación de Bella había quedado sola, por lo que Edward fue allí a estudiar y planear su viaje. Cualquiera fuera el motivo, ambos buscaban el momento de estar juntos aunque fuese sólo presencialmente. Mientras miraba a Edward sentado en el sofá con el laptop sobre sus piernas no pudo evitar pensar que aquella camisa blanca con líneas rectas delgadas y azules, le favorecía mucho a su tono de piel, además se entallaba delicadamente haciendo que se le marcara aún más su espalda perfectamente delineada que había adquirido con los días de natación extra que había adquirido últimamente como hábito para liberar tensiones. Edward era guapo, de cierta manera esa timidez era olvidada cuando la miraba con esos ojos verdosos que atrás habían dejado esa mirada inocente, ahora la madurez y el progreso de Edward se veía desde su espalda, pasando por su mirada y rematando en su creciente personalidad que cada vez más se hacía ver. Bella jamás había discutido con Edward en la preparatoria, jamás habían intercambiado conversaciones tan enfrentadas como estas, pero ahora Edward a pesar de su tartamudez, disfrutaba debatir con ella, mostrarle su punto de vista mientras ella estaba sentada en su regazo. Él la acariciaba con ternura y a veces incluso más que ternura, pero ella necesitaba más que esas caricias tiernas y delicadas, no era sólo que Bella lo pensara si no también su cuerpo lo pedía, increíblemente Edward conseguía que cada mínimo factor de su personalidad afectara a esa Isabella lasciva que aparecía cada vez con más frecuencia. Era como si sus cuerpos enviasen señales invisibles de las que eran solamente víctimas, sobre todo Isabella, que en la fuerza de voluntad era la primera en ceder, mientras que Edward a pesar de sentir fuertemente esa sensación incontrolable a ratos, intentaba mantenerse en sus cabales, siempre manteniéndose a raya de una situación demasiado comprometedora, aunque en sus más profundos y ocultos deseos sabía que deseaba exactamente lo mismo que su cuerpo le pedía. A veces la tensión de la pareja era tan evidente que ante cualquier contacto ambos se veían estremecidos por completo, muchas veces Edward debió pedirle a Isabella que se sentase en el sofá y no en sus piernas, otras Isabella tuvo que interrumpir un beso demasiado candente como para continuarlo sin ninguna consecuencia. Esta vez la inocencia de ambos era algo que fingían, por una parte Bella había invitado a Edward con la ilusión de planificar ese viaje y quizá también porque la soledad les podría hacer bien, pero por ahora no había intentado nada más que sentarse en sus piernas y besarlo largamente. Edward por su parte era consciente de lo que podría acarrear ese viaje, solos en una cabaña, por tres a cuatro días, lo más probable es que hubiese una sola cama y que su cuerpo le jugara pésimas pasadas al ver a Bella paseándose en ropa liviana por la casa, el hecho simplemente de imaginarlo le produjo una, ya conocida, reacción de la que tuvo que prohibirse antes de que sus pensamientos se hiciesen tangibles en la zona media de su pantalón.
Esto era vivido casi a diario por la pareja, las caricias tiernas se transformaban pronto en caricias más necesitadas, esos besos prolongados y suaves se transformaban en besos llenos de fogosidad y entusiasmo, pero en su momento justo eran interrumpidos por un tercero o simplemente Edward se alejaba de ella con suavidad, otras veces, Bella parecía adivinar que pronto sería desplazada y para ahorrarse la incomodidad ella misma se alejaba. Se querían, se celaban, peleaban, reconciliaban y a veces hasta se gritaban, se adoraban y amaban, se decían la verdad, se ponían limites, se reprendían cuando el otro actuaba mal, se reían del otro, tenían de todo en la relación, quizá era ya momento de tomar un paso más importante en esta, pero aquella cuestión había pasado tanto tiempo en las mentes de cada uno que a veces parecía enfriarse y cada vez parecía más lejana. Quizá ya era tiempo que se decidieran, Edward lo había pensado todo el tiempo, era probable que el paso estuviese más cerca de lo que él mismo creía y quizá no debía pensarlo tanto sino dejarse llevar por lo que su cuerpo exigía cada vez que estaba a solas con Bella.
Esta dejó de pensar en lo terrible que se sentía cada vez que Edward comenzaba a acariciarla con ternura, se sentía terrible cada vez que él la buscaba, que buscaba su boca, sus caricias, que sentía su aroma dejando un escalofrío que recorría su cuerpo cada vez que acercaba la nariz a su oreja, se reprendió por ser tan débil y continuó revolviendo el café mientras se lo entregaba en las manos.
—Gracias —le sonrió.
—Préstame ese laptop, llevas demasiado tiempo trabajando en eso, es tiempo que te tomes este café y descanses, luego retomas lo que hacías —sonrió Bella.
Edward le extendió el aparato y bebió su primer sorbo de café mientras Bella iba a buscar su tazón y se sentaba a su lado apoyando su cabeza en el hombro de Edward.
—Podría estar todo el día así contigo —susurró Bella mientras soplaba el café a la espera que se enfriase un poco.
—N-No lo dirás e-en serio, d-de seguro t-te aburrirías —rió sin muchas ganas de hacerlo.
—Nunca —le susurró en el oído mientras dejaba el café en la mesa de estudio.
—No creo q-que dijeras l-lo mismo d-después de u-unos m-meses así t-tal y c-como e-estamos —sonrió Edward mientras enfriaba su café.
Isabella mantuvo sus ojos cerrados, necesitaba mantenerse a raya, necesitaba respirar profundo y pausado, el calor le recorría todo el cuerpo, los latidos de su corazón eran potentes, retumbaban por todo su cuerpo, como si ese tambor africano aumentase sus sonidos afrodisiacamente, como si fuese un llamado para Edward, quién al ver tan silenciosa a Bella se dedicó a mirarla. Su cuello blanco y largo, su mandíbula tan suavemente delineada, su cabeza extendida hacía atrás, sus ojos cerrados dejando ver la cortina abundante de sus pestañas, el brillo labial que resaltaba la carnosidad de sus labios, sus mejillas sonrosadas, sus manos envolviéndolo, para él la tensión era demasiada. No podía quitar los ojos de ese largo cuello, de esos hombros que eran escasamente cubiertos por una camiseta, y la naciente línea que unía a sus pechos, sin duda ese escote en "v" era demasiado tentador. La respiración acelerada de Bella hacía que su pecho se expandiera y contrajera en una danza rápida y cautivadora. Su piel era suave, en sus brazos, manos y rostro ¿Cómo sería la textura en su pecho? ¿Cómo sería en su pierna media, en sus muslos, en el nacimiento de sus caderas, en su bajo vientre, sería tibio y agradable? Edward se imaginó tocando cada zona de su novia, descubriéndola, acariciándola y besándola en cada rincón, no tardó en darse cuenta que la necesitaba con extremo deseo, que ya no podía soportar la sufriente presa de su bóxer que reclamaba por ser liberada.
Para Isabella, quién llevaba ya largo tiempo con los ojos cerrados, abandonándose a sus más profundos deseos, imaginando, probablemente, lo mismo que Edward, pensando en el contacto de sus cuerpos, no tardó en sentir una apremiante presión en su vientre, como si estuviese completamente acalambrada, paralizada y tumbada bajo todo ese deseo que la llenaba de pie a cabeza. Llevaba demasiado tiempo sin estar en sus brazos sin ser acariciada como merecía, llevaba demasiado tiempo limitada.
Edward acarició lentamente la cabeza apoyada en su hombro, revolvió los cabellos de Bella y la acercó más a sí, sin pensar en qué hacía, simplemente arrojándose completamente a sus anhelos más profundos la besó con pasión, con intensidad y con la fogosidad que todo este tiempo había sido escondida, era una reconciliación, una de esas en las que dudas sobre lo que discutían se esfumaban de manera inmediata. Edward tomó de las caderas a Bella que se dejó llevar con facilidad y la sentó sobre sí, aprisionado bajo el sillón Edward recorrió la espalda de Bella sobre la ropa, dibujó la silueta de su cintura y la atrajo a sí con anhelo. Besó con necesidad a su novia, le acarició los pechos sobre la ropa y sintió como su descontrol se expandía por todo su cuerpo, por sobre todo en la potencial arma de su pantalón. Fue allí cuando Bella sintió como esa zona de él tenía contacto con ella, separada por la capa fina del pantalón de cada uno, comenzaron a moverse para aumentar la fricción. Ella introdujo sus manos dentro de la camisa de Edward, tocando su espalda, sus brazos, sus pectorales, su cuello devorando cada zona de él, acariciando sus sensibles lóbulos, respirando ruidosamente en ellos cada vez que Edward besaba su cuello, su pecho, aún sin quitarse la ropa. Entonces Bella en la necesidad imperante se quitó la camiseta y le quitó la camisa, Edward continuó con las caricias sobre el sostén de ella, mientras que perdía cada vez más la noción del tiempo y espacio, el calor de sus cuerpos era lo único que medía lo que estaba sucediendo. Edward desabrochó el sostén y lo lanzó lejos mientras admiraba la perfección de esos pechos tiernos, aún en sus formas, con las puntas tensas y erectas por la excitación, acarició y besó la cima de estos, fue entonces cuando su pantalón exigía atención. Fue entonces cuando se dio cuenta de donde estaba y qué estaba haciendo, pero no sabía si sería capaz de detenerse. En ese lapso Isabella sintió que él se detenía y mantenía su rostro entre sus pechos, como si descansase en ellos, fue allí cuando comprendió que se habían dejado llevar muy rápido.
—Eres hermosa, perfecta —le susurró agitadamente entre sus pechos, mientras la presionaba contra sí con más fuerza que antes.
Y contrariamente de lo que creía Bella, Edward no se detuvo, continuó besándola y descubriéndola, besó sus pechos una vez más y se deshizo de los molestos pantalones, dejándola completamente desnuda. La intimidad de la muchacha estaba tan hinchada, parecía que fuese a explotar de placer y necesidad. Edward la recostó en el sofá mientras que él aún mantenía su pantalón y le recogió las piernas dejándolas flexionadas, dejando a vista y paciencia el sexo de su novia. Una ola de placer lo inundó con más violencia que antes y se acercó a ella y depositó su boca allí, en el lugar más íntimo e inexplorado, sabía que estaba en territorio virgen y en ese mismo instante estaba colonizándolo por primera vez. Introdujo su lengua suavemente, jugueteó con su clítoris, con sus labios y con su interior hasta que se sació de ella, la acarició con sus dedos, le produjo placer al punto de que ella lo tomó del cabello y lo acercó a su boca. Ambos no medían la fuerza de su necesidad, pero ambos sabían que por más que ya no hubiese límites, todo lo que se inicia se debe terminar. Fue cuando Edward se desató los pantalones que sin querer pasó a derramar el café y la taza cayó al suelo, sonando atronadoramente en toda la habitación, tal y como aquel día con su abuela, el sonido, los trozos quebrados por toda la habitación, el grito de miedo, el silencio. Todo, todo lo revivió en un segundo, como si volviese a ocurrir, como si lo viviese en ese exacto momento. La piel se le erizó y su boca se secó en segundos. Su mente se quedó en blanco, no fue capaz de pensar en nada. Jamás había escuchado ese ruido atronador de nuevo. Loza quebrándose, cayendo, líquido vertiéndose. Fue cuando Isabella lo vió en estado de shock que se dio cuenta de lo que ocurría, se levantó de su posición y le extendió la camisa para abrigarlo, cuando hizo esto se quedó y lo abrazó por mucho tiempo hasta que él interrumpió el silencio.
—P-Per-rd-dón —fue todo lo que logró decir con la voz entrecortada y ronca.
—Hacía mucho que no se quebraba la loza, ¿No es así? —sonrió tristemente Bella. Edward asintió en silencio —, no importa, ya pasó. ¿Estás mejor?
Edward asintió incomodo, cada vez que se quebraba algo él recordaba ese momento, esa taza de leche haciéndose trizas en el suelo, desde ese instante en la casa Cullen quedó estrictamente prohibido quebrar algo, todo el mundo tenía extremo cuidado, Esme había evitado los juegos de vidrio en las mesas, fuera floreros, diseños de vidrio y todas esas cosas. Desde hacía mucho que Edward no escuchaba quebrarse algo, quizá también influyese el hecho que las terapias con Jasper iban cada vez más intensas, la hipnosis lo llevaba hasta lugares de su subconsciente que son absolutamente perdidos para él, pero esta vez era diferente. Le había fallado a Bella, cuando al fin se había decidido a hacerlo. Bella pareció adivinar lo que él pensaba.
—En una semana más estaremos tranquilos en la cabaña, no pienses en esto, no es nada —lo besó tiernamente en los labios mientras abrochaba su ropa interior.
Pero Edward no creía que fuese nada, se sentía como un idiota, un imbécil que le falló a su novia en el momento en que estaba decidido a hacerle el amor, le falló por ese trauma imbécil que le había jodido la vida, quería ser normal, quería dejarlo atrás, creía haberlo superado, estaba hablando mejor ¿no? ¿Por qué entonces todo parecía vivido con tan sólo unos vidrios rotos?
Hola mis niñas, espero que todas estén maravillosamente y me perdonen por este horrible atraso.
Comenzando con que estuve trabajando y llegaba muerta, hasta que sufrí por una muela del juicio y terminando con que viajé a Santiago,
creo que esa es la lista de excusas que tengo para darles.
Pero jamás las olvidé siempre están en mi mente y aquí les traje este capítulo intenso.
¿Qué opinan de todo?
Espero que les guste, comencé la universidad, mi horario esta muy relajado por este ramo que les conté que tendré que repetir.
Ahora escribiré Mr. Misterious y luego I'm waiting for you in eternity.
Luego de eso tengo planes para un nuevo fanfiction.
¿les conté que estoy leyendo the host y que ya tengo planes de fics... ooh! si mi cabeza está llena de ideas pero quiero terminar algunas, para comenzar otras.
Las quiero mucho.
Dejenme sus reviews, LOS RESPONDO TODOS, por lo menos todos los que tienen cuenta en fanfiction.
Los que no: ¡también los leo!
Besitos.
Manne Van Necker
¡PASEN POR MI WEB! http : / sinistertemptation . weebly . com (quite los espacios) y disfrute de todos los rincones que allí tengo.
