Love: beyond the paper.
Summary:Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo IV
Uniones indisolubles.
Capítulo dedicado a: Black_Cullen.
Romi ya sabes que viene ahora ¿no? Te quiero amiga ¡Disfrútalo!
Queridas lectoras, este capítulo ha sido pedido por la Black_Cullen desde que inicié Paper Love. Así que realmente espero que lo disfruten.
Recomendación: "déjese llevar por los sentidos".
—¿Estás lista? —sonrió Edward mientras colocaba las maletas de Bella y las propias en el maletero del auto.
Bella estaba tan nerviosa y ansiosa como él. Al fin tendrían tiempo juntos, de ese tiempo que ya hacía mucho no disfrutaban. Aunque para ambos esta vez sería muy diversa a lo que alguna vez creyeron que sería: ambos sabían a lo que iban.
Edward había estado nervioso todo el día, estuvo estudiando hasta altas horas de la noche, evitando pensar en lo que podría llegar a pasar si ambos, nuevamente, perdían el control. Él era virgen y no sabía si Bella ya lo suponía o definitivamente lo sabía, sin dudas decírselo sería aún más embarazoso que tartamudear, pero entonces vio los ojos de su novia, tiernos y comprensivos y olvidó por completo ese temor. Por lo menos en ese momento.
—Ahora si estoy lista —sonrió Bella, quien por fin sentía ser la misma.
Como un pez fuera del agua, Bella no había sabido enfrentar los celos, era algo absolutamente nuevo para ella, jamás había tenido que celar a un novio, no era su estilo y jamás había considerado a alguien tan importante como para hacerlo, pero Edward era diferente en todo aspecto y ella quería mantener su relación a toda costa, incluso demostrando su inseguridad.
—Es hora de m-marcharnos e-entonces —sonrió Edward quién le abría la puerta del coche.
Detalles así enamoran —pensó Bella.
—¿Cuándo tienes hora con Jasper? —sonrió Bella mientras Edward ataba su cinturón de seguridad.
—El miércoles, t-tengo que hacerme u-una regresión y l-le pedí q-que estuvieses c-conmigo ¿Puedes? —sonrió tímido.
—Claro, dime la hora y estaré contigo —sonrió Bella al sentir que esos detalles mínimos que él deseaba compartir con ella, eran sin duda una gran demostración de confianza.
—Es a las 19:40 d-después d-de t-tu clase, t-te estaré esperando —sonrió.
Bella y Edward comenzaron su viaje, ella se encargó de la música mientras Edward conducía, de vez en cuando se detenían para que Bella tomase algunas fotografías y luego volvían a su curso. Llevaban ya bastante tiempo cuando Bella entró en razón ¿Cómo iban a viajar en coche hasta Forks cuando eso llevaría mínimo tres días de viaje y sólo disponían de cuatro días?
—¿Edward? —dijo Bella interrumpiendo a su novio —, ¿Vamos a Forks?
Entonces Edward se dio cuenta que su novia se había dado cuenta que no iban precisamente donde él le había dicho.
—C-Cambio de p-planes —sonrió.
—Pero había reservado ya las habitaciones —reclamó Bella.
—La reserva s-se canceló —sonrió Edward —. R-Relájate, y-ya verás q-que todo anda b-bien.
—¡Quiero saber dónde vamos! —insistió Bella.
—N-No, es una s-sorpresa —sonrió Edward quién se sentía complacido.
Bella se rindió, sabía que no conseguiría sacarle ni una sola palabra a Edward. Habían decidido salir a primera hora de la mañana, hacía frío y la panza de Bella comenzaba a sonar en señal de hambre.
—¿T-Tienes hambre? —rió Edward.
—Parece que si —sonrió Bella quién estaba hecha un ovillo en el asiento.
—Llevamos cuatro horas de viaje, d-deberíamos p-parar a c-comer —sonrió Edward.
—¿Dónde estamos? —dijo Bella confusa.
—Bangor, en Maine —sonrió Edward.
—Vale, quiero comida —rió al no haber estado nunca en Bangor.
Edward estacionó el volvo frente a un restaurant, comida china, la favorita de Bella, así que juntos disfrutaron de una exquisita cena, mientras que la descarada de la mesera no le quitaba los ojos de encima a Edward. Bella intentó calmar sus celos, no podía evitar sentirlos, pero si podía controlarlos.
—¿Qué tal las clases? —dijo Bella intentando olvidar sus celos.
—B-Bien —sonrió Edward quién había terminado de comer y esperaba que Bella lo hiciera.
Mientras su novia le hablaba y él respondía, tomó su lapicera y comenzó a dibujar en la servilleta. Bella estaba tan distraída, preocupada de controlar sus celos que no vio lo que Edward hacía. Cuando él terminó cuidadosamente intercambió las servilletas, mientras Bella hablaba distraída de lo incomodo que era estar siempre en grupo y que deberían salir solos más seguido.
Cuando Bella fue a limpiarse el rostro notó la servilleta escrita. Miró a Edward y comenzó a leer.
"Quién diría que estaríamos aquí y ahora.
¿Recuerdas como comenzó esto? Nuestro amor en un papel.
No importa si es un papel extravagante o esta simple servilleta…
Te amo Isabella"
Los ojos de Bella brillaban con intensidad, mientras que Edward ruborizado intentaba evitar esos ojos chocolate, pero de vez en cuando los observaba y sonreía.
—Eres hermoso —rió Bella con los ojos aún brillantes —, sigues haciendo que esto sea especial.
—C-Contigo todo es e-especial —susurró Edward.
Se tomaron de las manos y Edward le sonrió. Eran un cuadro tierno de ver, ambos sentían que en ese lugar no existía ningún trauma, no existía una Camille o una camarera odiosa, no, parecía que todo el mundo se pusiese en "Off" para ellos.
Edward canceló la cuenta y reanudaron su viaje. Recorrieron lugares, sacaron fotografías. Bella a cada cierto tiempo le pedía que se detuviese para poder estirar las piernas. Pasaron por un aduana y Bella se dio cuenta que estaban en el límite entre Estados Unidos y Canadá.
—¿Edward? —dijo exigiendo una explicación.
—Tranquila —sonrió —, y-ya queda p-poco.
—Edward no es justo, quiero saber dónde vamos, llevamos nueve horas arriba de este automóvil, siento que me estas raptando —chilló Bella.
Edward rió a modo de respuesta.
—¡¿Dónde me llevas Edward Cullen? —chilló nuevamente.
—Veinte m-minutos más y habrá un l-letrero gigante s-sobre tu cabeza —rió.
—Sobre la tuya habrá un enorme Hematoma —sonrió.
Edward no respondió, simplemente se dedicó a conducir tranquilamente hasta que de pronto vio el puente que unía el continente con Prince Edward Island.
—Bella, ya llegamos —sonrió, pero no recibió respuesta, al parecer el cansancio agotó a Bella y no pudo saber cuál era su destino de viaje.
Edward no insistió y simplemente llegó al hotel en donde tenían una reserva. La ubicación estratégica del hotel hacía que quedara a minutos de la playa y a minutos del parque nacional de la Isla.
Bella despertó en el estacionamiento frente a su cabaña. Y aún no tenía idea de donde estaba parada.
—¿Me dirás dónde estamos? —sonrió una vez abrazada de su novio.
—En la Isla P-Príncipe Edward —sonrió abriendo la puerta.
—¿Tienes una Isla? —rió Bella.
—T-Tengo una p-princesa también —susurró Edward antes de besarla tiernamente.
Ella acarició la mejilla de su novio, buscando aquella sensación tan exquisita que él le producía, cariños y caricias, besos tiernos y deseos contenidos, todo de a poco fue desatado del interior de cada uno. Edward con suavidad la tomó en sus brazos, mientras que ella jugaba con el cabello cobrizo de él. Fue entonces cuando el estomago de Bella sonó.
—¿Hambre? —sonrió Edward.
—Mucha —susurró Bella en el oído de él.
Edward llevó en brazos a Bella hasta la habitación, la posó con suavidad en la cama y la dejó allí lanzándole un beso a distancia.
—Ya v-vuelvo —le sonrió y luego cerró la puerta.
Bella temblaba en la cama, los nervios se apoderaron de ella, sabía que ocurriría luego que Edward llegase y por más que pareciese natural y por más que ella le haya pedido este momento a su novio, no podía negar el nerviosismo que ello le acarreaba. No quería hacerle daño, no quería arruinar el momento, estaba tensa y nerviosa, sin contar que también estaba hambrienta. Se ordenó controlar su cuerpo, sus ansias y sus nervios.
Edward preparó un sándwich rápido, uno para cada uno. Una hamburguesa, un poco de tomate, palta, lechuga, mayonesa y bebida. Algo simple, además era lo que más a mano había en los refrigerados de la cabaña.
Cuando llegó a la habitación Bella estaba tendida haciendo zapping, la única actividad que podía distraerla a medias de pensar en sexo, aunque falló rotundamente cuando sintonizó el Discovery Home and Health y se pilló con la publicidad que hablaba del programa: El sexo y el matrimonio. ¡Perfecto! —se dijo.
—¡Qué rico! —fue lo primero que dijo a penas dio un mordisco a su hamburguesa.
—N-Nada muy e-elaborado, princesa—sonrió Edward.
Una vez que la comida se acabó, Edward se levantó y fue a dejar todo a la cocina. Estaba nervioso y temblaba. Cuando pensó en un fin de semana juntos, si, había pensando en que esto pasaría, pero jamás se había visto tan incomodo con Bella. Si en ese mismo instante hubiese tenido que decir algo de seguro su lengua se había trabado sin dejar que pronunciara una sola palabra.
Bella se levantó de la cama, salió de la habitación y caminó hacía la cocina, sabía que Edward estaba nervioso, de hecho el nerviosismo de ella se debía a él, por lo que tomó de la mano a Edward y la besó con ternura. Acarició la mejilla de él y le alzó en puntillas para besarlo. Era la única forma de romper el nerviosismo. En un inicio fue un beso tierno, dulce y lento, pero este no tardó en transformarse en algo mucho más intenso, en una danza de movimientos acompañados de ese cálido contacto que producía cargas eléctricas en ellos, como si millones de átomos estuviesen chocando en su interior, esta danza, este frenesí no tardó en surtir efecto. Él la tomó en brazos y la llevó hacía la habitación, sin pensarlo se dejaron caer en aquel mullido colchón. Edward besó con ansiedad esos labios tibios y carnosos que parecían prenderle fuego a su cuerpo, sin pensar, sólo sentir, se adueño del cuello haciéndola estremecer.
Ella se moría de necesidad, de una necesidad que su cuerpo exigía, una leona rugía en su interior esperando salir, esperando ser descubierta por las manos de Edward. El roce de la ropa parecía molestar, cambió de posición adueñándose del dominio, dejó a Edward entre la cama y ella, aprisionándolo, demostrándole que ya no había escapatoria.
Se deshizo de su blusa, desató su ropa interior y dejó al descubierto sus pechos. Edward nunca había sido tan consciente de lo que estaba haciendo, de lo que estaba sintiendo. La prisión de su pantalón parecía estallar en cualquier momento, al igual que los suaves pezones de Bella estaban al borde del éxtasis, cada vez que él los tocaba o los besaba aumentaba el frenesí de ambos, el deseo de poseerse, de tenerse en los brazos del otro, era imperativo: él quería más de ella, tenía sed de Bella.
Ella comenzó a moverse con más intensidad, aumentando la fricción, demostrándole a Edward que esto era lo que tenía guardado tanto tiempo, demostrándole que no solamente era ella quién sentía esto, sino que ambos estaban ansiosos por desatar esas pasiones que habían ocultado.
Bella tomó la iniciativa y desató el pantalón de él, un alivio inmenso para Edward ya que su intimidad gritaba por libertad. Se deshizo de la ropa, lejos junto a esas prenda se fueron los temores de ambos, no cabía nada más que el deseo, la pasión y la desmesura de sus cuerpos ávidos de goce.
Bella se acercó al pechó de él, sus labios calientes rozaron con suavidad la piel ardiente de Edward, acariciando sus músculos definidos, llegando hasta el límite de lo conocido, hasta el bóxer que era lo único que permanecía aún en Edward. Se deshizo de él para ver todo lo que escondía, la magnífica pieza masculina quedó al descubierto, fuerte, firme y vibrante, exigiendo ser acariciada, anhelante de ser liberada de esa prisión.
Rodeó con sus manos el miembro firme. Edward estremeció ante el contacto, ante las frías manos de Bella en su miembro, se dejó llevar por la sensación eléctrica que esto le producía, se dejó llevar cuando ella movió sus manos lentamente hacia arriba y hacia abajo. Edward parecía detonar, una punzada aguda de placer en su cerebro lo tenía al borde de un abismo, como si todo estuviese a punto de paralizarse, una sensación que no lo iba a dejar continuar, pero ella ya estaba húmeda, lista, preparada para que él se introdujese, pero a pesar de las exigencias de su cuerpo, decidió esperar.
No permitiría que esta exploración fuese incompleta, no, ella quería y exigía más de él. Tomó la mano de Edward que permanecía en su espalda y la acercó a su femineidad. Fue solamente necesario que ella lo acercara, ya que Edward se dejó llevar por el calor y la humedad de la zona, acarició los interiores de Bella, aquellos que estaban jugosos y compactos alrededor de sus dedos, pudo sentir como ella era más sensible en algunas zonas, como ella gemía de éxtasis, así como él sentía ese hormigueo recorrer todo su cuerpo cuando Bella lo tocaba y lo acariciaba sin desenfreno. No tardaron en necesitarse a gritos, los gemidos y el aire caliente de la habitación eran el ambiente que ambos habían creado, deseo, pasión todo se veía desenvuelto, expuestos uno al otro, Edward quitó sus dedos del interior de Bella y ella comprendió. Con delicadeza se introdujo en la firme erección de Edward. Su interior húmedo e hinchado cedió ante el espécimen de él, con lentitud y cuidado, por más que deseara comenzar a moverse en torno a él, por más que deseara soltar su desenfreno, se midió cuidadosamente para no dañarlo. Una vez que la erección de Edward se adaptó a la humedad de ella, comenzaron los movimientos suaves, movimientos que eran prudentes, ella lo deseaba con descontrol y él parecía al borde del abismo, si no hubiesen sido cautelosos ambos habrían caído exhaustos en menos de un segundo.
Edward abrió los ojos para deleitarse con la imagen de Bella sobre él, sus pechos danzaban al ritmo de su vientre, de su unión, ambos estaban disfrutando de la explosión de sensaciones, él posó sus manos en las caderas de ella, incitándola a aumentar la presión y el roce de sus cuerpos. Bella sentía la fricción en cada zona de su interior, sentía como sus paredes se amoldaban al miembro de Edward, sentía como cada vez que él embestía, ella parecía perder la consciencia. Era increíble para ella notar que Edward aún podía mantenerse firme en su interior, ya que ella sentía que cada músculo de su cuerpo se estaba adormeciendo de placer, estaba sintiendo el agotamiento del éxtasis en cada centímetro de su cuerpo, pero aún así su intimidad parecía sedienta de Edward.
El calor de aquella cueva inexplorada hacía que él sintiera deseos de permanecer allí, la humedad y el roce exquisito le provocaban pequeños espasmos que se transformaban en temblores cada vez más seguidos, pero él parecía querer hacer oídos sordos al límite que le era permitido. Fue entonces cuando Bella comenzó a gemir con lentitud y suavidad, liberándose de toda atadura, quedando expuesta ante el placer. Había llegado al punto máximo. Él lo comprendió y sólo entonces pudo desatar aquella fiera que llevaba dentro enjaulada por tanto tiempo, dejó que la electricidad recorriera todo su ser, desde la punta de su erección hasta el último cabello de su cabeza. Sintió como Bella lo recibía dentro de ella y pareció que por un lapso todo se volvía en blanco, todo, lo único que le quedaba era el hormigueo placentero por todo su cuerpo.
Ambos cuerpos agotados por el deseo se quedaron inmóviles, uno sobre el otro. Edward abrazó la espalda de Bella, ambos húmedos por la acción, se quedaron dormidos perdiendo la noción del tiempo, quizá porque después de esto, lo que menos les importaba era lo que ocurría en el exterior.
Hola Chicas ¿Qué tal?
Espero que les guste... bueno ya veremos que sigue en este FIN DE SEMANA DEL AMOR xD por lo menos para estos tórtolos.
¿Han leído "The Host"?
Bueno como saben yo lo leí ¡Y Tengo un FIC de "The Host"!
Se llama: Soul's Scars.
Ya subí el primer capítulo y me encantaría que las chicas que Leyeron The Host se pasen a leerlo.
Les dejo Summary. Las quiero.
SUMMARY: Wanda y Melanie han sido separadas, Wanda ya tiene un nuevo cuerpo, pero ¿Podrá Wanda separar los sentimientos de su nuevo cuerpo con el anterior cuerpo que pertenecía a Melanie? / Continuación de "The Host"
Pasen queridas.
Besitos
Manne Van Necker.
