Love: beyond the paper.


Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.

Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo VI

Decisión tomada.


Previamente en Love: Beyond the paper.

Edward había pasado un hermoso fin de semana con Bella y a pesar que esta le pide que no se haga la hipnosis Edward decide hacerlo de igual manera, era la única alternativa que Jasper le había ofrecido, era lo único que podría restablecer el habla normal a Edward, quien estaba cansado de ser un tartamudo.


Edward analizó muchas veces el asunto, había tomado su decisión hacía más de una semana, sabría que quizá sus amigos no apoyarían su decisión, pero tenía claro lo que quería y si esto fuese útil para avanzar, lo haría. Llamó a sus padres para darles la noticia, Esme lo tomó muy nerviosa, no estaba segura, pero apoyó a su hijo al ver que Carlisle lo hacía. Aún así, a pesar que todos dejaron en sus manos el asunto, Isabella no era capaz de aceptarlo. Ella no necesitaba que Edward cambiase, ella lo amaba así y se sentía culpable que él quisiese cambiar, porque antes de ella él estaba conforme de ser como era, pero ahora, todo este cambio… ya no sabía si era bueno o malo, sólo sabía que tenía miedo, un miedo agobiante que no le dejaba dormir.

—Estaré b-bien, confía en mí y e-en Jasper —sonrió Edward antes de entrar a la oficina de Jasper.

Isabella le sonrió débilmente, para sus adentros seguía sintiendo ese peso que le presionaba el pecho y hacía que el aire fuese insuficiente. Una palmadita de Rose la tranquilizó un poco más. Todos estaban allí, todos los amigos se habían reunido para apoyar a Edward en este proceso, no querían que Isabella se sintiese sola, sabían que ella era la única que no era capaz de aceptar lo que en esos momentos estaba a punto de ocurrir, pero no podía negar que la decisión final era de Edward y que ocurriese lo que ocurriese ella estaría ahí para él.

Edward abrazó a Emmett, a Alice y finalmente a su hermana, el abrazo fue intenso, duradero más que cualquier otro. Eran hermanos, habían estado desde siempre juntos y jamás lo olvidarían, existía algo especial en ellos, esa protección y seguridad que sólo conseguían en el otro. Rosalie estaba tan nerviosa como Bella, pero nadie más lo notó, nadie más que Edward, quién la aprisionó más contra él, haciendo del abrazo tierno un abrazo necesitado.

—Todo va a salir bien —le susurró al oído Rosalie —. Te amo hermanito y te estaré esperando aquí.

Edward asintió en silencio y la besó tiernamente en la mejilla. Su sonrisa no alcanzó a llegarle a los ojos, las ventanas del alma, como decía su Nona, le delataban, no estaba feliz ni ansioso, simplemente iba a hacer lo que hace mucho tiempo debería hacer hecho. Enfrentar este miedo le haría crecer, fuese para bien o para mal, ese era otro asunto, pero el hecho de enfrentarlo ya le hacía sentirse mejor.

Para el final dejó el abrazo a Bella, sabía que despedirse de ella sería un poco más difícil que del resto, decía despedirse porque no sabía que podría ocurrir allí dentro, existían grandes posibilidades que todo fuese negativo, así como que todo saliese bien, la primera sesión era la más relevante, de esta dependería como sería todo lo demás.

Isabella se alzó en puntillas y rodeó el cuello de su novio, mientras este estrechaba la distancia de sus cinturas, el abrazo fue prolongado, Bella sintió su respiración cada vez más irregular, parecía que en cualquier momento el nudo en la garganta la traicionaría y caería en llanto, pero no podía hacerle eso a Edward, no ahora, soportó todo en silencio, se abrazó a él con fuerza y recibió el tierno beso que él depositó en sus labios. Antes de que Edward entrase definitivamente a la sala, le susurró un te amo y le entregó una pequeña nota en sus manos.

—Ya es hora —sentenció Jasper —, nos vemos en un rato.

El sonido de la puerta fue el momento definitivo en que todos fueron conscientes que ya no había tiempo para retroceder. Desde ahora en adelante todo quedaba en manos de Jasper.

—Recuéstate, por favor —señaló Jasper con toda la naturalidad que le fue posible.

—¿Has hecho e-esto a-antes? —dijo Edward mientras se sentaba.

—Un par de veces —sonrió —. Sé lo que estás pensando, pero necesito que te relajes, pronto obtendremos muchas respuestas y quizá soluciones —Jasper posó su mano sobre el hombro de su amigo —. Confía en mí.

Edward hizo todo lo que Jasper le pidió, se concentró en el objeto circular frente a él, mientras que Jasper se preocupó de mantener un ambiente tranquilo. La voz de Jasper era suave y pausada, daba la impresión de estar absolutamente en paz consigo mismo, aunque dentro de su ser estuviese tan ansioso como su paciente. Edward comenzó a sentir que se alejaba de su propio cuerpo, una extraña sensación de no saber donde están tus manos o tu cabeza, ni siquiera era capaz de sentir la superficie del sofá debajo de él. Un pequeño hormigueo recorrió su cuerpo hasta llegar a sus cervicales, se adueñaron de la zona y le hicieron perder todo tipo de movimiento voluntario. En un par de minutos Edward ya estaba en trance.

Rosalie estaba intranquila, pero intentaba contenerse al ver que Bella estaba casi fuera de sí, sus manos temblorosas no eran capaces de sostener la taza de café.

—Relájate, todo saldrá bien —sonreía Emmett —. Edward tiene una fuerza interior muy especial, tú misma lo sabes, él es capaz de hacerlo.

—Si, Bella, debes darle tu apoyo a la distancia, tus fuerzas, porque con esa actitud no estás ayudando —sonrió Alice quien frotaba la espalda de su amiga que en ese momento temblaba completamente.

—Lo intento —dijo —, pero no es fácil. Se supone que estábamos bien, yo soy feliz con quién es él, no necesito otro Edward.

—Pero él lo necesita —sentenció Rosalie.

Sus palabras terminaron cualquier discusión, decidida en apoyar a su hermano y dejar de pensar en lo que podría estar pasando dentro, se dedicó a hacer zapping en la televisión que tenían en la sala de estar.

—Edward ¿Me escuchas? —fue la primera interacción entre Jasper y Edward.

—Si —susurró inconsciente el paciente.

—Quiero que me respondas con precisión ¿Puedes hacerlo? —continuó Jasper con las preguntas de rutina. Edward volvió a asentir.

—Dime ¿Cuál es tu último recuerdo?

—Mis piernas y brazos se e-estaban adormeciendo y u-un hormigueo s-seguía mi cuello —respondió Edward.

Jasper se sentía satisfecho, había conseguido que Edward cayera en la hipnosis sin algún problema que pudiese dañar el proceso, por lo que continuó con algunas preguntas de rutina, como el día, mes y año en el que se encontraba.

—Bien, Edward quiero que retrocedas un par de días y me digas que ves —comenzó Jasper.

Edward frunció el ceño, pero no dijo nada, sus ojos estaban cerrados y sus manos estaban sujetas al borde del sillón terapéutico. Jasper estaba tenso, tenía una grabadora que estaba registrando cada momento, mientras que Edward seguía sin responder.

—Edward, quiero que me digas dónde estás —insistió.

—Hay silencio, hace calor —gruñó.

—¿Estás solo? —dijo Jasper mientras tomaba unas vagas notas.

—No —volvió a gruñir —. Bella e-está sobre mí.

Jasper comprendió a qué momento se había remontado, algo incomodo por la evidente tensión de Edward ante el recuerdo fresco de su último fin de semana con Bella, decidió cambiar el lugar.

—Ahora nos remontaremos a dos años atrás, Edward, ¿Dime que ves? —Jasper acercó un poco más la grabadora.

Edward comenzó a gruñir, Jasper sujetó con fuerza su lápiz atento a escribir cualquier cosa que Edward dijese, pero este no hacía más que gruñir y titubear.

—¿Qué ves, Edward? —insistió.

— Mike —carraspeó —. D-Déjenme, ¡Basta! —gritó.

—Está bien, Edward, escúchame —Jasper llamó la atención de Edward.

—No, déjenme, basta ¡Basta! —gritó sin escuchar a Jasper.

Edward estaba recordando una de las tantas veces que se había encontrado con Mike, este lo había acorralado en el gimnasio luego de la clase de educación física, estaba agrediéndolo, tenía su cuello rodeado por las manos de Mike, cada vez respiraba con mayor dificultad.

—¡Edward! —escuchó una voz lejana —. Concéntrate en mi voz.

Así lo hizo y sintió como la presión de las manos entorno a su cuello disminuía hasta quedar en nada.

—Quiero que vuelvas a tu infancia, ahora tienes diez años, estás en casa ¿Quién está contigo? —dijo Jasper quién por un momento creyó no poder recobrar la atención de Edward.

Edward visualizó con una claridad única su casa, estaban todos comiendo, Carlisle, Esme y Rosalie, estaban todos sentados en sus respectivos puestos, parecían muy complacidos, Rosalie vestía un tutú rosa y su cabello estaba sujeto por un hermoso moño. Iba a clases de ballet.

—Edward, hijo ¿Quieres llevar un poco al colegio? —sonrió Esme que le mostraba un postre casero.

Jasper vio como Edward movía su cabeza mientras hacía un puchero, el Edward adulto estaba haciendo los gestos de niño, los gestos que solía hacer a los diez años.

—¿Qué te dicen? Dime Edward ¿Quién te habla? —interrumpió Jasper.

—M-Mi m-mamá —susurró —. Quiere que lleve postre a-al co-colegio, y-yo no q-quiero.

—¿Por qué no? —demandó Jasper.

—Porque m-me lo v-van a q-quitar a g-golpes —susurró.

—¿Quién? —Edward no respondió —. ¿Quién te quitará tu postre?

—Todos, t-todos quieren mi postre, e-esperarán a que R-Rosalie se v-vaya y me lo q-quitarán —susurró disminuyendo el volumen de su voz hasta que se apagó.

—Edward, ahora retrocederás aún más, ahora tienes siete años, estás en casa con tu hermana y tu nona —dijo Jasper con seguridad —. Tus padres han salido y te has quedado con tu abuela.

Edward comenzó a moverse en el sofá, negaba con la cabeza, parecía negarse a lo que Jasper decía, sus manos se aferraron a la superficie del sillón, su respiración se tornó cada vez más acelerada y el ceño fruncido era señal que algo le alteraba, algo que Jasper sabía muy bien, así como Edward, pero si este se bloqueaba y no le dejaba acceder a sus recuerdos todo podría salir mal, podría ser mucho peor de lo que temía, así que inhaló y se concentró, esperando que esto saliese de la mejor manera posible.

—Edward, necesito que me digas qué estás viendo, ¡Vamos, dímelo! —insistió.

Edward gruñó, no respondió más, comenzó a chillar y a sudar en exceso, su frente estaba húmeda y sus mejillas estaban encendidas.

—Edward —insistió Jasper —, escúchame, Edward. ¿Dónde estás?

La voz de Jasper no se sentía ya tan segura como antes, pero hacía sus mayores esfuerzos, Edward estaba bloqueando el momento crucial de todo esto, estaba reservando la información y por lo que veía si no conseguía llegar a ella no habría más que hacer, Edward no podría superar su trauma, necesitaba conseguir que él no se sintiese culpable ni temeroso.

—No, no —susurró —, no, no —negaba con su cabeza al mismo tiempo y luego comenzó a reír.

—¿Qué no quieres? —consultó Jasper.

—N-No puedo d-dormir —gruñó Edward.

Edward estaba en su habitación, las ramas de un árbol chocaban en su ventana, el viento estaba muy fuerte esa noche y no quería dormir solo. Había estado recordando su obra de títeres, se reía cada vez que recordaba a su nona haciendo sonidos raros con la boca. No podía dormir por tanta emoción y además las imágenes del recuerdo se borraban ante sus ojos, como una televisión mal sintonizada. Un sonido sordo le provocó tal dolor que dejó cualquier concentración posible y se tapó los oídos.

—¿Qué oyes, Edward? —gritó Jasper.

Edward gritaba y se tapaba los oídos ante el sonido tan desagradable.

—Sal de allí, Edward, quiero que vuelvas a la cocina ¿Qué pasa en la cocina?

—No, la cocina no, no quiero ir a la cocina —chilló Edward.

Edward estaba bloqueando sus recuerdos, no le dejaba libre acceso a lo que había ocurrido esa noche, el Edward del presente se oponía en su interior a revelar y revivir ese dolor, y por más que Jasper dirigiese la hipnosis, ni siquiera el hombre más experto podía luchar contra la mente de su propio paciente, si seguía insistiendo, quizá podría conseguir algo, pero quizá podría convertirse en una tortura para Edward.

—¿Qué pasa en la cocina? —insistió.

Jasper se prometió que lo haría sólo un poco, un par de minutos, quería llegar al momento en que a la abuela se le caía la taza, luego de eso se permitiría descansar, luego de eso cerraría la sesión, sólo si Edward no quería hablar más, pero era importante llegar hasta donde más se pudiese.

Edward sintió la mano de su abuela guiándolo escaleras abajo, lo tomó en brazos y le sentó en una silla, allí comenzó a tararear esa canción. Edward se sentía cómodo en sus brazos, en el calor de la piel de su abuela y la suavidad de su ropa. La suave voz de la anciana le hacía sentirse cómodo y reconfortado.

—¿Qué está pasando, Edward? —Jasper se asombró del cambio radical de Edward, quizá había dejado de bloquear el recuerdo.

—Mi abuela me ofreció una taza de leche —susurró —. Se va a levantar a prepararla, pero yo no quiero que se mueva. Estoy cómodo. Me gusta estar así.

El pechó de Edward comenzó a alzarse y a bajar con mayor rapidez, su respiración era desmedida, él Edward del presente era demasiado consciente de su pasado. Si continuaba así podría ser peor de lo que ya era y Jasper lo sabía.

—¿Qué pasa? Sigue narrándome —alentó Jasper.

—Ella me ha dejado sentado en una silla, está preparando mi taza de leche —susurró.

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy mirándola, ella me sonríe…—el silencio de Edward dejó en claro que estaba a punto de ocurrir.

—Continúa Edward —añadió Jasper.

Edward no respondió, no habló ni se exasperó, se quedó en silencio, un silencio que por Jasper era percibido como de la ultratumba, insistió en que Edward le respondiese, pero este parecía haber congelado la imagen, era como si hubiese decidido quedarse en ese segundo.

—¿Edward? Edward quiero que dejes fluir tu vivencia —dijo con seguridad —, y dime ¿Qué pasa?

Luego de un notorio silencio Edward continúo.

Su abuela había caído ya al piso, gritó hasta desgarrar su garganta, parecía como si a pesar de gritar con todas sus fuerzas nadie le escuchaba. Comenzaron a brotar numerosas lágrimas y el llanto se volvió cada vez más desesperado y desgarrador, Jasper le intentó hacer hablar, pero le fue imposible, Edward sólo lloraba. Edward tomó el teléfono y llamó al 911. Su abuela estaba en el piso, inmóvil mientras que la leche derramada y la taza quebrada yacían en el suelo junto a ella. Wallace llegó, el médico con la Enfermera.

—¿Hay alguien más en casa? —le dijo la enfermera.

Edward asintió mientras veía como el médico procedía con las maniobras.

—¿Me puedes llevar? —insistió la enfermera.

—¿Qué pasa Edward? —escuchó la voz de Jasper —. Dime ¿Qué está pasando?

—Ella quiere que la lleve con Rosalie, yo no quiero, quiero quedarme con mi abuelita, yo quiero quedarme con ella, no quiero ir a buscar a Rosalie —respondió agitado.

—Edward, quiero que acompañes a la enfermera a buscar a Rosalie —sentenció Jasper.

Edward frunció el ceño, él quería permanecer al lado de su abuela.

—No —gruñó —, me quedaré con mi nona.

—Es mejor que hagas caso a la enfermera —insistió Jasper.

La misión de Jasper era manipular el recuerdo, debía crear un nuevo recuerdo, debía enviar a Edward a la habitación de Rosalie, quizá de esa manera y si se mantenían allí lo suficiente, Edward sería capaz de generar de alguna manera un recuerdo nuevo, quizá mientras menos exposición al cuerpo de su abuela, menos factores podrían afectarle o quizá todo lo contrario, no lo sabía, pero creía que la mejor manera era que Edward se mantuviese en la habitación del segundo piso.

—Vamos, Edward, ve con la enfermera —manipuló Jasper.

El pequeño le hizo caso y se mantuvo allí con Rose y la enfermera, por lo menos hasta que ya no pudo más y descendió a ver qué estaba pasando. Edward había dejado de bloquear el recuerdo, por lo que Jasper tenía un acceso más puro a la narración que este le entregaba, el Edward adulto ya no estaba interfiriendo con sus recuerdos ya hechos, por lo que Jasper podría trabajar mejor, siempre y cuando Edward contemporáneo no fuese de alguna manera, consciente de lo que estaba ocurriendo.

—¡No! —gritó Edward —. ¡No!

La exasperación y el grito desgarrador fueron suficientes, Edward niño había visualizado a su abuela muerta, ya lo sabía. Chilló como si realmente tuviese siete años, fue entonces, luego de aquella crisis de llanto, que Jasper decidió que era todo por hoy, que quizá luego podrían ver las consecuencias de lo ocurrido.

Al despertar Edward sintió su cuerpo demasiado tenso, como si hubiese estado haciendo ejercicio por días. Sus ojos estaban hinchados y rojos, mientras que sus dedos no respondían bien a las órdenes que él les daba.

—¿Qué ha oc-currido? —quiso saber Edward.

—¿Quieres escucharlo solo o prefieres que los demás entren? —consultó Jasper.

—Solo —fue todo lo que respondió.

Jasper dejó correr toda la cinta, mientras que Edward escuchaba atento a todo lo que él le había dicho, por la voz de Jasper pudo notar que no había sido fácil, parecía tan agotado y alterado como él. Continuó escuchando a pesar que la presión en su pecho y el nudo en su garganta eran asfixiantes, continúo incluso cuando sentía que iba a desfallecer. Muchas piezas ahora calzaban para él, una superposición del pasado con el presente, una extraña sensación de saber más de lo que debería. Todas las piezas del rompecabezas parecían haber calzado perfectamente.

¿Acaso Jasper manipuló su recuerdo con el afán de experimentar la nueva reacción de Edward? ¿Sería posible que Jasper tuviese la culpa que él hubiese acompañado a la Enfermera? ¿De quién era la culpa? La confusión de su mente le había llevado a un extraño estado en el que no era capaz de definir realidad. Sentía que todo lo que estaba en su mente era real. La voz de Jasper diciéndole que hacer el día de la muerte de su abuela era tan real como el antiguo recuerdo que poseía. No era capaz de distinguir nada. Había perdido el concepto de realidad, sus recuerdos se habían mezclado, lo único que sabía es que Jasper tenía culpa. Él era el culpable.

—¿Estás bien? —dijo Jasper una vez que la cinta dejó de correr.

—Si —mintió Edward.


Hola chicas.

Espero que estén bien y que hayan leído mi cartelito en mi profile.

No había estado con inspiración como para escribir y no quería presionarme, necesitaba espacio, así que me lo di.

Por eso no actualicé, pero aquí estoy con este nuevo capítulo.

Puede que haya resultado un tanto enredado con los recuerdos mezclados de Edward.

Cualquier consulta estoy como siempre para ustedes.

Sólo les puedo aclarar que esta confusión es temporal y que ya veremos que sigue.

Cariños

Manne Van Necker