Love: beyond the paper.


Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.

Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.


Capítulo VIII

Reunión Familiar


Previamente en Love: Beyond the paper.

Edward ignore completamente a Jasper, luego de su confusión, estuvo con Bella, en un fin de semana especial en el que se sintieron muy unidos, fue entonces cuando al finalizar este viaje y tras un incidente aparece Jasper con Alice, quién intenta explicarle a Edward lo ocurrido y su trauma, es así como descubren que no fue la muerte de la nona de Edward lo que le causó el trauma sino que fue la casi violación de Rosalie.


La llegada a Forks fue esperada por todos, Carlisle y Esme esperaban a Isabella y Edward, quienes habían decidido llegar después de lo estipulado, no hicieron preguntas al respecto, pues algo les había adelantado Rose, por lo que al ver que Alice, Jasper, Bella y Edward.

—¿Qué les trae a todos por acá? —rió Esme luego de abrazar a cada uno de los visitantes.

—Buenas noticias esperamos —sonrió Carlisle.

—Absolutamente —respondió Jasper —, pero creo que no soy yo quién deba darlas.

—Quizá, lo mejor sea dejarlo para después —añadió Bella, mientras apoyaba su mano en el pecho de Edward quién le sonreía.

La cena fue muy sobrecogedora, todos estaban felices de ese reencuentro familiar en el que se sentían a gusto nuevamente. Aunque Rosalie y Emmett no comprendían como Edward y Jasper estaban de nuevo reunidos, estaban agradecidos de que hubiesen llegado a un acuerdo.

—Mamá, si-sigues haciendo l-los p-pavos más exquisitos que hemos probado —sonrió Edward.

—Definitivamente —rió Isabella —, aunque no es lo único que hace más exquisito —rió.

Todos en la mesa celebraron el certero comentario de Bella, Edward se sentía cada vez más seguro, tranquilo y feliz, ella podía notarlo en su rostro, en su manera de hablar y en el simple hecho de mirarla.

—¿Vas a algún lado? —dijo Isabella al ver que Edward salía hacía el patio de su casa.

—Sólo a r-refrescarme —sonrió.

—Te acompaño —sentenció ella.

Ambos caminaron en silencio, recordaban sus momentos en cada lugar de la casa de Edward, sus risas más juveniles, cuando eran chicos de preparatoria, ahora eran unos universitarios más maduros y mucho más ocupados.

Bella le tomó la mano a Edward y este la enlazó a la suya con seguridad. No necesitaban palabras, nunca las necesitaron, no sólo porque Edward no quisiese hablar o le costase hacerlo, sino porque en ellos había algo más que palabras, a veces Bella consideraba que era demasiado cliché decirlo así, pero era su amor quién hablaba por ellos sin usar palabras.

—¿Se los dirás? —sonrió Bella.

—¿D-Decirle qué? —dijo serio Edward quién no dejaba de mirarla a los ojos.

Un escalofrío recorrió la espalda de Bella, incomoda, algo herida no pudo evitar hacer un puchero. Fue entonces cuando Edward, sonrió y la abrazó.

—Tonto —susurró ella mientras golpeaba suavemente su pecho.

—Era sólo una b-broma, a-amor —susurró.

Él acercó su boca a la de ella, la abrazó con más fuerza y la besó, perdiéndose del tiempo y del espacio, sentía como sus labios se fundían y a la vez sus brazos se enlazaban, en necesidad de un contacto íntimo y potente como podía llegar a ser un beso.

—Se los diremos j-juntos —sonrió y le tendió la mano.

—¿Ahora?

—N-Nunca he estado m-más seguro de a-algo que ahora —la besó en la frente y caminaron juntos al salón en donde estaban todos.

Carlisle y Esme estaban en la cocina, lavando la loza, mientras conversaban con los chicos. Rose había comentado sobre su vida en la Universidad, lo difícil y comprometedor que era todo, cuando llegó Edward de la mano con Bella.

—T-Tengo que d-decirles algo importante, familia —susurró Edward.

Todos se quedaron en silencio expectantes a lo que el joven Cullen podría decirles.

—Hoy, I-Isabella y yo hemos decidido comunicarles a-algo m-muy importante —sus mejillas se tornaron rosadas —. Q-Queremos vivir j-juntos.

Esme quedó sorprendida, jamás pensó que su pequeño Edward creciese tan rápido, pensamientos fugaces pasaron por su cabeza, inevitablemente sintió nostalgia, celos y una presión incomoda en el pecho.

—¿Qué? —susurró Esme.

Bella se sintió incomoda, tanto como ella. Sabía lo difícil que sería tomar la noticia, no era algo que se dice a buenas y primeras, pero al estilo peculiar de Edward estaba dentro de lo normal.

—Bueno, Esme —sonrió Bella armándose de valor —, Edward y yo estamos en la misma universidad y no tenemos mucho tiempo para dedicarnos, aún así creemos que estando el poco tiempo juntos que tenemos, nos sería de gran alivio, para sentirnos más unidos y más en casa —sonrió.

—E-Eso mismo —rió Edward —. N-No podría haberlo d-dicho mejor.

Carlisle miró a Esme, todos se miraron entre sí. Rose y Emmett habían estado bromeando desde hace tiempo con la misma idea, pero ninguno se decidió a hablarlo directamente con su familia, pero al ver que sus hermanos lo habían hecho, les pareció lógico plantearlo ahora.

—Nosotros también queremos lo mismo —sonrió Rosalie.

—¿Ustedes también? —dijo Carlisle con un nudo en la garganta.

—Bueno, si fuera por nosotros —añadió Alice sintiéndose un poco apartada del tema —, también les pediríamos permiso, pero creo que nada que ver —se rió a carcajadas.

El intento de aplacar los ánimos dio un excelente resultado, se distendió un poco el ambiente y dio paso a la conversación. Se sentó Carlisle al lado de Esme y ambos se miraron por un lapso, antes de dar paso a lo medular del asunto.

—¿No están bien en el internado de la Universidad? —fue lo primero que dijo Esme.

—A-Algo así —sentenció Edward —, nos falta t-tiempo para estar j-juntos y a v-veces la falta de una s-sensación hogareña e-es apremiante.

—Creo que me sumo a eso —dijo Rose —, es necesario sentirnos en casa, como familia, pero a la vez poder darnos tiempo como pareja, cada uno por su lado a veces empeora las cosas.

—A mi parecer no le veo nada de malo —dijo Carlisle.

Esme sintió toda la responsabilidad en sus hombros, se sentía incomoda, no sabía si aceptarlo, era algo tan nuevo para ella que se sentía atemorizada de equivocarse al elegir.

—Creo, Sra. Cullen —dijo Emmett —, que esto es muy fuerte para digerirlo y pensarlo ahora, además aún estoy pensando en su exquisito pavo al horno —rió —, piénselo y no se presione.

Esa noche Edward soñó intensamente, un recorrido sudoroso por cada instante de su vida, revivió la conversación con Jasper, se sintió agobiado, extasiado y apenado con cada recuerdo. Era como un laberinto sinfín que parecía cerrar sus paredes sobre él, no veía salida y temía arrastrar a Isabella con él. No podía evitarlo, no podía negarlo, se sentía lleno de miedo y de presión, pero fue entonces, cuando ya parecía explotar que sintió un calor intenso que se expandía en su pecho y le quitaba toda presión dando paso al alivio instantáneo.

—Edward —escuchó que lo llamaban en la lejanía —, despierta.

Se incorporó con cuidado, sintiendo aún sus músculos pesados y sus ojos se demoraron en enfocar la imagen femenina que tenía frente a él.

—Mamá —susurró.

—Disculpa que te despierte a estas horas —sonrió Esme —, pero sólo quiero decirte, que hagas lo que hagas tendrás mi apoyo —sonrió nuevamente.

—¿Tenías que d-decirlo a esta hora? —susurró.

—Sí, no podía dormir pensando en todo esto —acarició el cobrizo cabello de su hijo.

—Gracias, mamá —sonrió.

—De nada mi pequeño —le besó en la frente y se marchó.

Edward, sintiéndose lleno de energía, extrañamente cómodo con todo lo que ocurría, sintiéndose mejor de lo que parecía estar, se levantó de la cama y decidió vestirse. Un pantalón corto y una camiseta, llevó con él su ipod y una botella de agua amarrada a la cintura y se fue.

Necesitaba correr, ejercitarse y ya faltaba poco para el amanecer, nada podría perjudicarle en esos momentos, por lo que se dedicó a pensar en todo lo que le había ocurrido. No era fácil admitir que su nona había sido importante en su vida, pero que su hermana había sido casi violada frente a sus ojos, tampoco era fácil. Ese desgraciado posando sus manos sobre la pequeña Rose. Las imágenes le bombardearon la cabeza y sintió un pequeño pitido que cada vez era más molesto. Intentó respirar hondo y controlarse, por lo que inspiró el frío aire y siguió trotando, fue entonces cuando se encontró frente a la casa de Alice y no dudó en golpear la puerta.

—¿Quién es? —la suave voz de Alice estaba detrás de la puerta.

—Soy Edward —dijo firme.

—¿Edward? ¿Qué haces a estas horas por acá? —susurró Alice mientras abría la puerta.

—L-Largo de explicar —sonrió al verla —. ¿Está Jasper?

—Sí, está en la ducha, si quieres le esperas acá —sonrió Alice algo confusa.

—Dile que lo e-espero en la plazoleta de la e-esquina —susurró Edward mientras se alejaba de la puerta.

—Bueno —dijo Alice con el ceño fruncido al verlo a esas horas en un simple pantalón corto.

—¡Vuélvete a d-dormir! —le gritó mientras seguía corriendo.

Edward se sentía fuerte, cada vez más seguro, era una sensación extraña, como si sentir el apoyo de todos por primera vez surtiera efecto sobre él. Tenía que hablar con Jasper, tenía que contarle que esta mañana se sentía diferente, era algo sobrenatural, era especial y no sabía cómo descifrarlo ni definirlo, sólo sabía que era real.

—¿Qué pasa? —dijo Jasper detrás de él.

Edward se volteó.

—Hola, lo s-siento por la hora —sonrió.

—No te preocupes, suelo levantarme temprano —dijo Jasper mientras se sentaba.

—Bueno, hoy tuve un s-sueño e-extraño, s-sentí c-como todo el peso se iba y m-me sentí liberado —intentó explicar.

—¿Un sueño? —analizó Jasper —. ¿Veías algo en él?

—Pues no mucho, sólo eran s-sensaciones, finalmente s-sentí un gran alivio, a-algo muy especial —sonrió Edward al recordarlo.

—A veces los sueños son premonitorios, otras son parte de nuestros deseos más escondidos, quizá este sea algo de eso —sonrió Jasper al verle tan positivo.

—No lo sé, quizá sea a-así —dijo Edward sentándose frente a Jasper.

—Lo indispensable en este enfoque de tu tratamiento es hacer una regresión e ir al momento en que Rose es casi abusada —señaló Jasper.

—Quizá n-no sea n-necesario —sentenció Edward —, quizá e-ese no sea el enfoque que necesitamos.

—¿A qué te refieres?

—Cuando me guiaste en la última r-regresión, intentaste g-generarme otro recuerdo, a-algo que me mantuvo m-muy confuso, quizá no sea necesario una r-regresión tan i-intensa, quizá sólo necesite un p-poco de relajación y a-aceptación, no sé cómo decirlo —dijo Edward.

—Quizá una simple hipnosis pueda ayudarnos —sonrió Jasper —, pensándolo bien tu positivismo podría llevarnos a lo que necesitamos, Edward.

—¿Lo c-crees así? —cuestionó algo inseguro.

—Sí, definitivamente así lo creo. Todo está en tu mente Edward, siempre ha sido así, que te sientas bien al respecto es más de la mitad del trabajo hecho, créeme si continúas así, no tardaremos en tener esto solucionado —sonrió.

Edward no quiso abrazar a Jasper, sólo porque había estado haciendo ejercicio, por lo que le tendió la mano y sonrió.

—G-Gracias por todo a-amigo —le dijo con sinceridad.

Una vez que Edward se sintió tranquilo y cómodo en casa, comenzó a extrañar la presencia de Bella, quién junto a Emmett había decidido irse a La Push con su madre. Esos días tranquilos y agradables que podría haber disfrutado junto a su novia, los aprovechó con sus padres en su casa.

—¿Piensas aún en establecerte con Bella? —dijo su padre mientras le ofrecía una lata de cerveza.

—Si, c-creo que e-es lo mejor —sonrió nervioso.

—Si, yo también lo creo, pero quizá sea importante pensar en Emmett y Rosalie —dijo Carlisle.

—¿A qué t-te r-refieres?

—Tú nunca has estado separado de tu hermana, además costear dos casas independientes es un lujo para nosotros —aclaró su garganta.

—Comprendo p-papá —interrumpió Edward —, arrendar una casa n-nosotros cuatro n-no es mala idea, a-además Alice p-piensa v-vivir con Jasper.

—Creo que tu madre es la más aprensiva en esto, pero sin dudas es muy probable que lo consigas —sonrió mientras chocaban sus vasos en señal de festejo.

Esa tarde Edward estuvo componiendo en su pequeño salón. Tocó diferentes piezas musicales que había creado para Isabella y se embriagó de los recuerdos de sus primeros momentos, de los papeles escondidos bajo la puerta, de los nervios para hablarle y un sinfín de cosas que ahora parecían lejanas. Decidido dejó de tocar, se levantó y fue directamente hacía su habitación, tomó las llaves del volvo, su bolso y su móvil.

¿Quién es? —respondió la voz femenina.

—E-Edward —sonrió al reconocer la voz de Renée —, por favor no me n-nombres, q-quiero d-darle una so-sorpresa a Isabella.

Ya veo, ¿en qué soy útil? —dijo suavemente.

—¿Guardas a-aún las llaves t-tras el masetero de los c-cactus?

Si, úsalas, cualquier cosa avísame —rió Renée.

—Gracias. N-Nos v-vemos pronto —dijo Edward cortando la llamada.

Una vez con las llaves de la casa de Bella en sus manos, soltó rienda suelta a su imaginación, tenía planeado tantas ideas, tantas pequeñas cosillas que pudiesen significar algo para ellos, sentía esa necesidad imperante de demostrarle su amor. Las caricias parecían no ser suficientes y él sabía que esos pequeños detalles que los habían unido con el tiempo se habían esfumado, pero sentía la necesidad de revivirlos, de demostrarle a Bella que aún eran algo especial y que, a pesar de la madurez de su relación, aún permanecía el sentimiento puro que los había unido, aún estaba ese amor en papel, aunque ahora era mucho más que eso.


Hola queridas.

¿Cómo están?

Estoy subiendo este capítulo, más que apuradita, espero que les guste y les aviso que en el siguiente tendrán una sorpresita, al igual que Bella, Edward tendrá sus avances poco a poco, ya verán en el siguiente capítulo la sorpresa que se viene.

Besotes gigantes.

Manne Van Necker