Love: beyond the paper.
Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo IX
Sorpresa.
Capítulo Inspirado con las siguientes canciones: You're beautifull y High, ambas de James Blunt.
Previamente en Love: Beyond the paper.
Edward lanza la bomba que ninguna madre quiere oír: él e Isabella quieren vivir juntos mientras continúan sus estudios. Esme intenta digerir todo, mientras que Carlisle y el resto lo aprueban. Finalmente Esme acepta la propuesta de su hijo. Edward decidido a llevar su plan acabo, le preparará una sorpresa a Isabella.
Renée estaba esperando las órdenes de Edward, Emmett y ella sólo dejarían a Bella en la puerta de la casa y se marcharían para darle privacidad a Edward, quién había preparado una sorpresa en casa de su novia, sin dar previo aviso más que un par de llamadas telefónicas.
Edward revolvía las cosas de un lado a otro, estaba nervioso, parecía que todo lo que había ingeniado se hacía poco o quizá había exagerado demasiado, no lo sabía, no quería pensar en que quizá a Bella no le gustase, quizá fuese demasiado cliché, pero se moría de ganas de que todo lo que hiciese estuviese perfecto, quería hacerlo bien, para ella y también por él mismo.
—Todo en orden —se susurró al ver que habían dejado la pieza maestra de su sorpresa en el lugar correcto.
La vibración de su celular le asustó lo suficiente como para sentir que se le acababa el aire.
—¿Aló?
—Edward —era Renée —. No olvides que si mueven a mi regalón debe ser con sumo cuidado.
Renée había adivinado la sorpresa, aunque no le extrañaba, ella era muy perceptiva y quizá Edward también era muy obvio.
—No t-te preocupes, t-todo está b-bien —sonrió.
Bella miró a su madre, quién estaba demasiado extraña, muy pendiente al teléfono como nunca y distraída de la conversación con Emmett.
—¿Pasa algo mamá? —dijo Bella.
—Nada, Bells, es sólo que…—Renée se calló.
—¿Qué? —insistió Bella.
—Espero que no se arrepientan de estas decisiones que están tomando —dijo revolviendo su plato de comida.
Emmett sonrió ante el comentario de su madre.
—No lo creo, mamá. Créenos que nuestras decisiones no podrían ser más perfectas.
—Lo sé, hijo —sonrió —. Lo sé.
Bella se sentía conmovida por el momento tan intimo que compartían. Esme los miraba con un apego materno tan potente que no pudo evitar que sus ojos se humedecieran, sensación que traspasó a sus hijos.
—No te pongas así mamá —susurró Bella —. Sabes que no es el fin del mundo.
—Es sólo que los tuve tan poco tiempo conmigo y ahora se marcharán de nuevo y…
—Mamá, sólo viviremos juntos allá, cuando vengamos de vacaciones seguiremos como siempre —la abrazó Emmett.
Renée condujo más lento de lo usual, Isabella parecía inquieta en su asiento, su madre esperaba que no sospechase nada, se había comportado extraña, quizá había sido demasiado notorio su actuar. Se arregló el cabello antes de seguir conduciendo, ansiosa por que todo saliera bien.
Se estacionó frente a la casa y le pidió a Emmett que la ayudase a bajar las bolsas, mientras que a Bella le pidió que abriese la puerta.
—¿Qué bolsas? —dijo Emmett una vez frente a la puerta trasera del carro.
—Calla Emmett, que a penas entre Bella en la casa, nosotros tendremos que dedicarnos a dar vueltas, luego te explico —susurró mientras observaba como Bella ingresaba la llave en la cerradura.
Bella ingresó a la casa, dejó colgadas las llaves, se limpió los pies en la alfombra de bienvenida y se dio cuenta que había una carta en el suelo.
—¿Se nos echó a perder el buzón? —gritó Bella a su madre, pero se dio cuenta que el automóvil se había ido.
Volteó el sobre y vio que en él decía su nombre, así que lo abrió y encontró en él una nota.
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"Isabella Marie:
Sólo sigue el juego e interpreta lo que dice esta humilde nota.
En el jardín de la vida hay muchísimas flores, algunas destacan por su hermosura, su variedad de colores o quizá de aromas. Desde ese jardín te escogí, siendo tú la más perfecta, y es allí donde espero verte florecer cada mañana de mi vida.
Edward."
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Las manos de Edward temblaban mientras se paseaba de un lado a otro ¿Comprendería el Juego Isabella? No sabía si ella seguiría los pasos indicados. Quizá no estaba preparada, quizá no le gustase todo esto. Negó con su cabeza en silencio y se dio el valor suficiente para seguir con el plan.
Isabella sostuvo el sobre en sus manos y sonrió, el cosquilleo que nacía en su vientre se propagó por cada centímetro de su piel. Ansiosa releyó la inscripción, de seguro era el invernadero en el patio de su madre, allí debía estar Edward.
Cuando llegó al invernadero, vio que allí no estaba Edward, pensó en que había interpretado mal la nota y se disponía a abandonar el recinto cuando vio que arriba del marco de la puerta había una rosa colgando, en ella había otra nota atada y una bolsita roja. Demasiado misterio para ser Edward, pero le gustaba así.
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"Cuando y donde menos te lo esperes estará naciendo algo hermoso, sólo debes abrir los ojos y dejarte llevar por los sentidos…"
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¿Qué habría querido decir Edward con eso? —pensó Isabella —. Era demasiado para ella, era muy ambiguo podía ser cualquier cosa. Estaba tan ansiosa que sus manos temblorosas no eran capaces de abrir la bolsita roja. Cuando se obligó a calmarse pudo desatarla, fue entonces cuando se encontró con una caja que decía: "No me abras".
¿Qué sentido tenía entregársela si no podía abrirla? No lo comprendía, pero se la guardó en el bolsillo y caminó de vuelta a la casa aún confundida. Fue entonces cuando escuchó música en el salón de su madre. Subió la escalera y al final de ella había otra carta, esta era roja y a su lado había un pañuelo de seda del mismo color.
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"Al dejarse llevar por los sentidos se corren muchos riesgos, es hora que abras esa pequeña caja antes de seguir leyendo…"
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¿Qué sería? ¿Sería un anillo? ¿Edward le estaría pidiendo de nuevo…? No alcanzó a finalizar cuando dentro de la caja había un papel envuelto. Lo desdobló y se quedó de una pieza cuando vio lo que allí había.
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"Sé que no te gusta hablar y lo entiendo, debe ser complicado enfrentar las molestias de un par de estúpidos. Pero yo si quiero hablarte, quiero ser tú amiga, por favor si no deseas decirme lo que te ocurre, escríbelo, será un secreto para ambos.
Responde, por favor.
Bella."
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Era la primera nota que ella había escrito para él, aquella nota que no estaba segura de escribir, pero que lo había hecho, rememorando el momento en que Edward no había querido hablarle y ella le había comprendido tan bien, que tuvo la brillante idea de dejarle un papel. De eso ya había pasado dos años. Retomó la nota que Edward le había dejado, pero se dio cuenta que era incapaz de leerla porque sus ojos se habían nublado por las lágrimas de emoción al recordar esos momentos tan lejanos y de cierta manera, tan íntimos que había atesorado en su corazón.
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"… Por favor, espero que no desconfíes de mí, pero una vez más te pido que hagas esto sin preguntar nada… gira la perilla de la puerta en la cual suena la música, no la abras por completo, luego toma el pañuelo y véndate los ojos…"
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Controlando sus nervios y secando sus lágrimas, hizo caso a lo que Edward le había pedido, giró la perilla de la puerta del estudio de su madre, desde donde provenía la música y sintió como los sonidos se intensificaron, se vendó los ojos y esperó.
Edward la vio allí, indefensa, de pie en el umbral. No la tocó, aunque sintió deseos de hacerlo, simplemente se acercó a ella y sintió que ella murmuraba suavemente su nombre. Sin más preámbulos y sin tocarla, no pudo evitar acercarse hasta sus labios y besarlos. Ella le sonrió.
La sentó al lado del piano de Renée y comenzó a tocar para ella, había creado una melodía nueva, había estado componiendo esta pieza desde hacía tanto tiempo y cuando se sintió capaz de terminarla, no hubo duda de lo que significaba para él.
Ella escuchó el dulce sonido del piano, era suave y tranquilizador, podía sentir como Edward dejaba caer sus dedos en cada tecla dando ese sonido tan especial y único, recordó también la primera vez que le oyó en su estudio, estaba cantando y ella lo espiaba. Su corazón comenzó a palpitar con más fuerza, sentía ansiedad, nerviosismo y emoción. Seguía aún vendada y no sabía por qué.
Edward suavizó más el sonido del piano y la melodía parecía extinguirse, cada sonido llegó suavemente a su fin y cuando Edward alzó su rostro y miró a Isabella pudo ver como un par de lágrimas corrían por sus mejillas. Él la acercó a una pequeña mesa que había dispuesto para el momento.
Isabella escuchó el sonido de vajilla y entonces sintió el aroma a frutillas cerca de su nariz, la cuchara tocó sus labios y ella los abrió con confianza, dejando entrar así la sustancia. Era crema de frutillas, su favorita, saboreó suavemente el exquisito sabor y la textura de la crema en su boca. Escuchó la respiración de Edward cerca de ella y sintió el calor de su rostro, sus labios se volvieron a tocar en un suave beso, el calor de los labios de él invadió su boca, sintiendo como su lengua se apoderaba de su interior, en una unión suave e intima. El calor de la boca de él estaba acompañado por un ligero sabor a menta que se esparció con gran rapidez.
—Edward —susurró ella una vez que sus bocas se separaron.
Él no dijo nada, sino que continuó sirviéndole esa exquisita crema de frutillas, mientras que de cada tanto en tanto volvía a besarla, aunque esas veces fueron acompañadas de cierta ternura, una caricia en sus mejillas, o posaba sus dedos en su boca. Ella parecía impaciente en cada roce.
—¿Cuándo me quitarás la venda? —susurró ella antes de abrir la boca para recibir la cuchara acostumbrada de frutilla, pero esta vez era un mousse de menta —. ¿Por qué menta ahora?
Pero por más que se esforzó por recibir respuesta de Edward, él solo la besaba y acariciaba con suavidad, hasta que la tomó por la cintura, la levantó de la silla y la dejó de pie. Entonces comenzó a sonar música y él la tomó con suavidad en donde había dejado el rastro de calor de su mano y comenzaron a bailar al compás.
—¿Me amas? —dijo la voz de Edward irrumpiendo el ambiente musical que los rodeaba.
—Con toda mi vida —respondió Bella—. ¿Y tú, Edward?
Isabella esperó respuesta, pero no la encontró.
—¿Me amas, tú, Edward? —insistió Bella.
Fue entonces cuando Edward soltó la venda de los ojos de Isabella. Tardó un momento en acostumbrarse a la luz nuevamente y fue entonces cuando vio la pared que estaba frente a ella. Estampada de notas escritas con la hermosa letra de Edward, había poemas, frases, palabras, collages, fotografías, todo en el muro.
Edward la abrazó por la espalda y apoyó su rostro en el hombro de ella.
—Te amo más que todo en este mundo —sonrió.
Volteó con suavidad a Bella y miró los ojos achocolatados de ella que estaban llenos de lágrimas, entonces la besó con ternura y se alejó rápidamente antes de perder el control.
—Isabella —susurró mientras se arrodillaba y sostenía su mano —. Hoy has demostrado que confías en mí tanto como yo en ti. No siempre nuestras vidas serán crema de frutillas, no siempre tendrán un sabor dulce, ni estarán llenas de flores hermosas que nos rodeen y acolchen nuestras caídas, quizá muchas veces perdamos nuestros recuerdos que guiaban nuestro camino y nos sentiremos abatidos, sintiendo la fuerza del sabor a menta en nuestra vida, pero entonces no debes olvidar que juntos, reuniendo los sinsabores de la vida, la frutilla y la menta, formaremos la música que nos guiará donde quiera que estemos. Te amo Isabella, eres todo para mí y planeo mi vida a tu lado, estoy agradecido de tenerte en mi vida, como la niña que fuiste en tu pasado que te llevó a ser la mujer que eres ahora, fuerte y responsable, hermosa tal cual eres y como la mujer exitosa y hermosa que seguirás siendo en un futuro que espero compartir contigo.
—Edward —sollozó Bella al oír esas palabras, pero él continuo.
—¿Te casarías conmigo? —dijo aún arrodillado, mientras extendía ante ella la caja abierta con una argolla.
Isabella sintió que su corazón se detenía y se subía a su garganta, a penas era capaz de ver el anillo que contenía la caja extendida frente a ella, miró el rostro de Edward, pero también se veía borroso.
—Si —sonrió —, por supuesto que sí.
Edward se levantó y la besó con impaciencia, con deseo y dejó que la emoción lo embargara, desde dentro. Se sintió libre, y atesoró ese momento como el más feliz de su vida. Se mantuvieron abrazados, mientras él la consolaba, acarició su largo cabello castaño, mientras que le tarareaba una nana.
—¿Edward? —dijo ella separándose de él suavemente —. No tartamudeaste nada.
Él se sorprendió al darse cuenta de aquello, pero se quedó en silencio sin saber cómo explicarlo.
—¿Es la nueva terapia de Jasper? —dijo Bella manteniendo el contacto visual.
Él negó moviendo su cabeza, pero no se sentía suficientemente seguro de hablar ahora que ella lo había mencionado. Un torbellino de preguntas se adueñó de él, pero se armó de valor para hacerlo.
—Creo que cuando estoy contigo —aclaró su garganta —, me siento seguro —sonrió.
Se sentaron juntos de nuevo y disfrutaron de las cosas que Edward había traído, terminaron de comerse la crema de frutillas, que era la preferida de Bella, no así el mousse de menta, pero que disfrutó cada vez que Edward la besaba.
—Me lo has pedido dos veces —sonrió ella.
—Esta vez fue con anillo de por m-medio —rió Edward.
—¿Es sólo el anillo que lo hace diferente?
—No, de hecho, no quiero irme a vivir co-contigo.
Bella frunció el ceño al no comprender a que se refería Edward. Habían hablado eso ayer con sus padres, se suponía que estaba de acuerdo, él mismo lo había propuesto.
—No quiero convivir contigo, q-quiero ser tu esposo —dijo tomándole la mano —. Casémonos antes de v-volver a la Universidad.
—Pero eso es en un par de meses… —dijo atónita —. ¿Quieres que nos casemos… ya?
Él asintió.
—Una boda no se puede planear en tan poco tiempo, hay que mandar a hacer las cosas, la comida, las invitaciones, los alojamientos de los invitados, el vestido…—sintió que le faltaba el aire.
—Isabella —alzó la voz Edward —. No me interesa c-casarme con lujos, m-me interesa casarme contigo.
—Pero…
—Si quieres una boda grande, contratamos todo lo mejor y la hacemos pomposa, haré lo que quieras, pero tiene que ser antes de volver a la Universidad —sentenció.
—Pero… no entiendo, ¿Por qué tanta urgencia?
—Porque ser mi conviviente no es lo que mereces, eres demasiado importante para mí y quiero hacer las cosas bien y si tengo que bajarte las estrellas para que todo salga bien, a pesar que podría ser imposible bajarlas, puedo hacer mi mejor intento —sonrió —. Y aunque mi mejor intento… puede no ser s-suficiente para ti, quiero darlo todo, porque lo mereces.
Bella sintió que su pecho explotaría en cualquier momento, la mezcla de sensaciones: felicidad, emoción, nerviosismo, orgullo y amor; sobre todo el último, hicieron que estallara en llanto abrazada a Edward.
—¿Eso es un sí? —dijo Edward.
—Si —respondió entre llanto —. Pero que conste que me volveré una loca histérica con la boda y tendrás que soportarme todas estas semanas y que conste que no prometo ser una novia relajada —hipó.
Edward sonrió al ver que Bella se sonrojaba ante el suceso.
—Serás toda una histérica —rió —. Lo s-sé, pero me casaré c-contigo así que tendré que a-acostumbrarme.
Ella lo golpeó en el pecho y rió con él. Juntaron sus narices y se mantuvieron así, mirándose, sonriéndose y sintiéndose parte del otro con tan sólo tenerse al frente. Una vez más no necesitaron palabras para decirse cuanto se amaban, lo sabían y lo atesoraban en ellos, pero eran conscientes que lo que se venía ahora era decirlo a toda la familia. Sería como lanzar una segunda bomba atómica a la pobre Esme.
Hola chicas.
Lamento la tardanza, tenía este capítulo allí. Abierto. Todos los días escribía una frase y al siguiente no me gustaba y la borraba. Así estuvo por semanas.
Ayer tenía toda la disposición para escribir, pero tuve que correr a Urgencias porque no podía respirar bien y me diagnosticaron Costocondritis, una inflamación en el cartílago que une las costillas con el esternón. Ahora estoy bien, puedo respirar, pero esto seguirá molestándome en un plazo de dos semanas. Mientras más tiempo pasaba, parecía que más complicado se me hacía para conseguir la inspiración. Hasta que hoy, en un santiamén, terminé el capítulo.
En mi perfil tengo un link que dice: Entrevista a Manne Van Necker, resulta que me entrevistaron en la radio y esto se guardó, así que cualquiera de ustedes puede escuchar mi entrevista y me harían muy feliz si lo hacen, porque hablo de ustedes, mis lectoras. También hay más entrevistas a diferentes autoras, las invito a pasar por la Radio en donde también soy Locutora los viernes y sábados.
Con cariño.
ManneVanNecker
