Love: beyond the paper.
Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XII
Travesura
Previamente en Love: Beyond the paper: Edward es dado de alta por Jasper quién le ha explicado que de ahora en adelante todo estaba en su disposición a aumentar su autoestima. Entre los preparativos que estaban volviendo a todos locos, Emmett, Jasper y Carlisle han preparado la despedida de soltero que Edward jamás había imaginado, así también las chicas han hecho lo suyo.
Edward sintió como sus músculos adoloridos intentaban incorporarse, pero con tal dificultad que sólo consiguieron moverse lentamente. El sol le daba de pleno en el rostro impidiéndole ver más que puntos rojos y amarillos que lo encandilaban.
—¿Qué demonios? —dijo cuando aún enceguecido tocó su piel y se encontró desnudo. Como única vestimenta tenía su ropa interior.
Se levantó adolorido y se vio a la mitad de un campo con pastizales que le llegaban a la cintura. Todo a su alrededor era verde, pastos, arboles, incluso cerros. No tenía idea de donde se encontraba ni mucho menos que había pasado la noche anterior. Miró a su alrededor, buscando algo que pudiese ayudarle. ¿Dónde habría dejado su ropa? Movió los pastizales, buscando quizá sus pantalones, pero aún estaba confuso y adolorido como para intentar recordar que había ocurrido. Fue entonces, cuando ya creía que se quedaría sentado allí, que escuchó un zumbido lejano. ¿Qué sería? Caminó en búsqueda de aquel sonido que luego comenzó a emitir una canción bastante conocida. Definitivamente en esos momentos estaba en búsqueda de su celular, pero cuando parecía acercarse a él, este dejó de sonar.
Cuando parecía haber perdido las esperanzas, caminando descalzo y con hambre, pisó el aparato móvil, que se trisó ante la presión.
—¡Genial! —reclamó Edward contra sí.
A pesar del accidente, el aparato seguía funcionando con la pantalla trisada. Buscó señal y comenzó a caminar por todos lados, pero le era imposible recobrar la señal de su teléfono. En varias ocasiones pisó piedras del camino que lastimaron sus pies y aún no sabía donde estaba.
"Esta noche es tuya"
Edward recordó aquella voz susurrándole al oído, ese aroma a perfume intenso que llegaba a serle molesto. Fue entonces cuando su memoria recobró una imagen. Una de las mujeres, al parecer una pelirroja que no era natural, se sentó sobre sus piernas y comenzó a bailarle encima ligera de ropa. Emmett y Jasper emitían ruidos extraños y gritos invitándole a participar del baile erótico, pero él se negó.
—Vamos, Edward —rió Emmett —. ¡Pon esa máquina en marcha!
Jasper y Emmett estaban abrazando a dos mujeres que tenían curvas de muerte, como lo habría definido su padre, que por cierto también tenía abrazada a una mujer. ¿Era su despedida de soltero o la de ellos? No tenía ningún entusiasmo en participar del festejo innecesario. Él no festejaba su último día de soltero, porque estaba ansioso por serlo, si había un día que mereciese la pena celebrar, ese sería su boda.
—Edward —dijo Jasper —. Aumenta tu confianza —rió.
En ese momento la pelirroja se acercó a él y le besó el cuello, pero Edward se intentó alejar de ella, fue así como cayó de la silla. La muchacha que cayó sobre él, se aprovechó de la situación, aunque ella sólo hacía su trabajo, Edward no aceptaba que siguiese desabotonando su camisa.
—Detente —le advirtió Edward quitando las manos de la chica —. No quiero esto, m-márchate.
No tenía que tener miedo de lo que quería o no quería, tenía que decidir por sí mismo y mantener su opinión al respecto. Confiar en él, porque si Edward no confiaba en sí mismo, nadie lo haría, ni siquiera Bella.
Se levantó del piso y se apoyó en la barra para volver a sentarse en un rincón, alejado de Emmett, Jasper y su padre. Pidió al barman un shot de tequila para pasar el desagradable momento, aún recordaba como la muchacha le miró al ser rechazada por él.
—¿Te molesto? —dijo la vedette.
—No, mientras no te quites la ropa —dijo Edward. Ella sonrió.
Se sentó a su lado y le miró con atención, parecía un chico timido y tierno, se notaba que estaba enamorado de la que sería su esposa, sino no la habría rechazado. Era el primer hombre que en una despedida de soltero le rechazaba y para ella significaba que él era especial. Un hombre así le habría gustado tener, alguien que la mirase con dulzura y le enseñase las cosas más tiernas, pero para los hombres, ella no era más que un objeto de entretención temporal.
—¿Qué pasa? —dijo Edward al ver sus ojos humedecidos.
—Esta noche es tuya —sonrió —. Tú decides que hacer con ella, no necesariamente tiene que ser así tu última noche de soltero.
Le besó en la mejilla y se marchó a buscar otro cliente a quién entretener.
Edward intentó recordar que más había ocurrido esa noche, pero le era difícil conseguir algo de información cuando su cabeza parecía explotar por los efectos del alcohol de la noche anterior y además por el sol que estaba dando todo su calor. ¿Qué hora sería? —Se preguntó —, quizá ya fuese lo suficientemente tarde como para que Bella se preocupase por él o alguien lo llamase. Vio que en su celular, la trisada pantalla decía que no había servicio.
—¡Demonios! —se repitió.
Decidió caminar hasta que ya no diese más, no tenía idea de donde iría o qué ocurriría, pero si se quedaba allí sin duda no podría saber donde estaba y mucho menos, ¿Qué había ocurrido?
Bella llamaba desesperada a Edward, tenía jaqueca por la noche anterior, pero intentaba omitirla por completo. Había llegado Emmett, Jasper y Carlisle en unas condiciones deplorables, gracias al cielo Carlisle manejó con cuidado, pero cuando llegaron a las once y media de la mañana, casi muriendo a vómitos y sin Edward, desde Esme a Renée los retos y reclamos no habían cesado.
—¡¿Qué tenían en la cabeza? —les gritaba Esme histérica por la desaparición de Edward —. ¡A Ustedes darles una noche de diversión se les convierte en perversión!
—¡Es el Colmo, Jasper! ¿Cómo se te ocurre permitir que le hicieran esto a Edward? —chillaba Alice.
—¡Cállense, que tengo una jaqueca que parece partirme la cabeza! —gritó Emmett.
—Tú no te salvas de esta, Emmett —dijo Alice tomándole por el cuello de la camisa —. ¡¿Dónde está mi hermano?
—No me acuerdo, sólo sé que íbamos todos enojados porque Edward no había querido continuar con la fiesta y en una de esas nos bajamos a orinar en unos árboles y de ahí no me acuerdo más…—dijo con los ojos abiertos de par en par —. Osita, no me grites más que la cabeza me va a matar.
—¡Pues deberías habértelo pensado antes! —gritó Rose —. Antes de dejar a mi hermanito quizá por donde… y tú…—dijo hacía su padre —. Podrías haber actuado como el adulto de la situación ¿no te parece?
—Lo siento —dice Carlisle —, pero nunca pensé que un par de tequilas me dejasen en un estado así, sin duda mi tolerancia juvenil al alcohol ya pasó.
—¡Al diablo tu tolerancia al alcohol! —dijo Esme aún histérica —. Si no encontramos a Edward lo antes posible tendremos que cancelar la boda.
El rostro de Isabella se petrificó en una mueca de terror. ¿Todo lo planeado se iría al tacho de la basura por una broma cruel e infantil? Esme y Renée la confortaron con una caricia en el hombro, dándole a entender que esto no ocurriría.
—Creo que lo mejor es salir a buscarlo —dijo Jasper.
—Ya —dijo Alice —. Pero sólo conseguiremos encontrarlo si es que se acuerdan por donde anduvieron anoche.
Emmet, Carlisle y Jasper se miraron petrificados. Sabían que no podían decir donde estuvieron, si se enterasen del lugar donde tuvieron la fiesta, sin duda, esto les traería un problema de proporciones mayores. El punto era que si no lo hacía probablemente no tendrían idea por donde buscar a Edward.
Aún caminando sin rumbo fijo y sólo en ropa interior, Edward se detenía de vez en cuando a revisar si había señal en su teléfono, pero no existía servicio. Tenía sed, sólo sed, porque sentía un vacío desagradable en su estómago y no quería comer porque le daba la impresión que vomitaría hasta el alma, pero claro estaba que poco importaría si quería comer porque no tendría de donde sacar algo por un buen par de kilómetros a la redonda. Todo cuando te rodeaba eran pastizales y campos sembrados, bosques y cuanta cosa hay a los alrededores de Forks.
—Tengo que intentar recordar que pasó —susurraba para sí mismo mientras caminaba buscando alguna carretera, alguna caseta de vigilante o lo que fuese que le dijese que estaba bien y que todos estaban bien. Ante la desesperación ya se imaginaba siendo un sobreviviente estilo "The Walking dead"
Entonces se forzó a recordar, intentando olvidar el calor quemante que tenía sobre su piel. Imágenes sueltas se le venían a la cabeza, recuerdo de conversaciones, pero sin poder escuchar lo que las personas le decían, poco a poco, como si hubiese subido el volumen, pudo sintonizar el recuerdo.
—Edward —dijo Emmett arrastrando la "r" —. Eres un aguafiestas, ¿Cómo es posible que no quieras ser normal ni tú última noche de soltero? ¿Ah? —me puso el brazo sobre mí y con el vaso en la otra mano me apuntaba a la cara.
—Es temprano, Edward —dijo Jasper —. Aún podemos disfrutar de un par de compañías interesantes. Deberías aprovechar esta oportunidad —sonrió.
Jasper estaba en mejor estado que Emmett, pero eso no significaba que estuviesen sobrios. Buscó a su padre entre la multitud de mujeres que estaban acompañando a un hombre, pero no conseguía encontrarlo, por lo que se levantó de su asiento algo mareado por los tequilas en su interior. Fue entonces cuando vio a Carlisle, acompañado de dos mujeres que estaban sentadas sobre sus piernas. Una rubia y otra morena. Carlisle reía ruidosamente mientras recibía de manos de las chicas el alcohol de unos vasos extravagantes. ¿Qué era lo que estaba bebiendo?
—¡Edward! —chilló Carlisle —. Vente aquí hijo —arrastró la "j" con una sonrisa tonta —. Te voy a presentar a mis dos nueras: Lila y Luli —rió —. Voy a tener que elegir cual me gusta más.
—Levántate —dijo Edward quién nunca había visto a su padre en ese estado. De los cuatro, Emmett era el más borracho, Jasper estaba absolutamente callado y retraído, pero sin duda tenía una cantidad de alcohol considerable en su torrente sanguíneo y luego venía Carlisle, que para ser su padre, estaba bastante complicado en el asunto. Edward había bebido, estaba un poco mareado, pero no estaba borracho, por lo que los juntó a todos para hablar de lo que había que hacer.
—Nos vamos —sentenció quitándole las llaves a cada uno —. En el estado que estan ahora, mañana mi boda será un desastre.
Recuerda que todos se subieron al coche y que él iba conduciendo, hasta que Emmett comenzó a vomitar por la ventana y Jasper al ver vomitar a Emmett, le imitó. Ambos estaban dando un espectáculo en la parte trasera del auto de Carlisle. Edward se detuvo en la orilla del camino para que vomitasen en paz.
—Creo que me uniré a ellos —dijo Carlisle pálido y en una voz apenas audible.
Edward esperó que volviesen, pero al parecer no tenían animos de hacerlo, ya llevaban más de veinte minutos y ante unos gritos para saber si estaban bien, estos sólo respondían monosílabos. Por lo que Edward se bajó del carro para ver en persona que ocurría.
—¿Listos? —dijo Emmett.
Carlisle y Jasper asintieron con una sonrisa cómplice, a pesar de su estado pálido y enfermo, tenían claro lo que querían hacer. Edward llegó donde estaban y se sorprendió al ver a Jasper y Emmett abrazados caminando en zigzag, cantando una canción bien distorcionada.
—Vamos —dijo Edward —. ¿Dónde está mi papá?
Emmett y Jasper le abrazadoron dejando caer todo el peso de sus cuerpos sobre él. Edward, quién a penas era consciente de lo que estaban haciendo sus piernas, con dificultad llegó al carro para darse cuenta que su padre estaba instalado en el asiento del piloto.
—Bájate, tú no puedes conducir —dijo Edward.
—Eso ya lo veremos —rió Carlisle.
Fue entonces, cuando Edward perdió todo tipo de recuerdo. La noche anterior se había esfumado dejándole la gran duda de lo que había sucedido. Después de subir al coche, no recordó más hasta que el sol le despertó. En esos momentos lo único que deseaba era saber donde estaba, porque no recordaba que esta fuese la carretera hacía Forks. Maldijo una y otra vez, gritando al cielo, pero luego se dio cuenta que todo era en vano.
Mientras que en casa, Renée, Esme y Bella estaban pensando en llamar a la policía para dar aviso de la desaparición de Edward, pero descartaron la idea, porque no sabían como explicar lo acontecido. La mejor solución era ir hasta donde habían estado esa noche, pero los hombres sabían que esto les llevaría grandes problemas, el único capaz de decir que había ocurrido fue Carlisle.
—Fuimos al cabaret, estuvimos casi toda la noche allí, recuerdo que Edward no se quería quedar, por lo que nos obligó a todos a marcharnos. En una parada para orinar y devolver todo ese alcohol, tomé el volante y conduje —frunció el ceño Carlisle.
—¿Para dónde? —insistió Bella preocupada.
—Emmett quería llevarlo de regreso al cabaret —dijo Carlisle —. Queríamos que allí continuara la fiesta, así que nos devolvimos todos allí, pero… no alcanzamos a llegar.
—¿Qué pasó? —gritó Rose.
—Saqué una botella de ron que había debajo del asiento y se lo di —interrumpió Jasper —. Edward estaba todo un aguafiestas, así que pensé que con un poco de alcohol se soltaría un poco más.
—¡¿Qué? —le gritaron las mujeres.
—¡¿Cómo es posible que dos médicos actuasen así? ¡Les creo que Emmett haya hecho tanta barbaridad, después de todo no me sorprende, pero ustedes! —gritó Bella enfurecida —. ¡¿Qué clase de profesionales son? ¡No, es que yo los demando, es que esto no puede estar pasando!
Alice intentó calmar a Bella, que parecía que en ese mismo instante se lanzaría sobre su futuro suegro y le arrancaría los ojos.
—Ustedes se quedan aquí, nosotros iremos a buscarle —dijo Rose.
—Quedan siete horas para la boda —le susurró Alice a Rose —. Será mejor que te quedes con Bella, yo me encargaré de buscar a Edward con este trío.
Fue así como Rosalie, Esme y Renée se quedaron arreglando a la novia, llevándola a todas aquellas citas que tenía por la mañana para la preparación que se suponía sería perfecta. Claramente nada iba según lo planeado.
—¿Por dónde comenzamos? —dijo Emmett.
—Cada uno buscará por la carretera camino al dichoso cabaret. Lleven una foto de Edward —les tendió una a cada uno —. No regresen si no es con Edward.
Bella caminada histérica de un lado a otro en su habitación, ¿Cómo le podían haber hecho esto el día de su boda? ¿Qué clase de personas eran esos tres hombres? ¿Estaría Edward bien? Tomó su celular e intentó discar cada número del teléfono de Edward sin equivocarse, ya que sus manos temblaban, pero no había señal en el teléfono de su novio.
—Lo encontrarán —le susurró Renée —. Pero es tiempo que vayas a prepararte.
Alice recorrió cada rincón que pudo, callejones, pasajes, se alejó de la carretera por caminos rurales, buscó hasta donde creería que no podría estar, todo era válido en este momento, pero aún así no encontró nada. A Carlisle, Emmett y Jasper, tampoco les iba muy bien, a pesar de andar separados cada uno en su vehículo, no sabían por donde buscar, no recordaban nada y bajo el intenso dolor de cabeza, poco podían concentrarse.
Edward sentía que había estado caminando en círculos, todo le resultaba familiar y no encontraba a nadie, a demás no quería aparecer a mitad de carretera desnudo, como si nada. Fue entonces cuando lejos, como a setecientos metros escuchó la bocina de lo que parecía un camión. ¿Qué diría la gente si le viese en ropa interior, perdido a mitad de potrero?
Caminó hasta donde escuchó el sonido, y mientras más se acercaba, más intenso se hacían los sonidos de motores y bocinas. De seguro era una carretera —pensó — por lo que con más animo se dedicó a seguir los sonidos. Pero cuando quiso acercarse más, se dio cuenta que estaba cercado y que al otro lado de la cerca había un canal de agua profundo. No podría saltar sin caer al canal y no sabía cuan profundo podía llegar a ser.
Alice decidió que si seguía recorriendo todo en vehículo no encontraría a Edward, por lo que a la entrada de un camino rural comenzó a disminuir la velocidad. De vez en cuando se bajaba y gritaba por Edward, pero no había respuesta. Carlisle seguía revisando cada rincón de la carretera sur, hacía lo mismo que Alice, pero al parecer no había rastros de él. La búsqueda se hacía cada vez más necesaria, existía miedo, más de lo que hasta el momento expresaban. Emmett se sentía terriblemente culpable, aquella broma que habían gastado se estaba volviendo cada vez más peligrosa y complicada, jamás había pensado que dejar abandonado y semidesnudo a mitad de potrero a un futuro novio sería tan peligroso. Entonces aquel pensamiento le iluminó. Edward estaba a mitad de un potrero, el punto era saber cual.
Jasper caminó por la orilla de la carretera, a varios de kilómetros del cabaret, fue entonces cuando vio la camisa de Edward, estaba mojada y sucia de barro. Miró el canal que había allí y lo siguió, un par de metros más allá encontró los pantalones de Edward, estaban mojados, enganchados en una rama que sobresalía del agua. Entonces recordó parte de la broma que le habían gastado a Edward. Emmett le había dicho que un novio fugitivo sería gracioso, habían decidido tirar al canal a Edward para que despertase de su burbuja de amor, una vez dentro, Emmett le sacó toda la ropa. En unos inicios su amigo había puesto resistencia, pero no había sido capaz ante la fuerza bruta de su amigo. Finalmente, con el ron en la mano, dieron de beber a Edward hasta que este cayó al suelo a mitad de potrero. Fue allí cuando, Jasper le dejó el celular a unos escasos metros y se marchó.
Jasper tomó la ropa de Edward y la echó en el maletero de su auto y siguió el camino. De vez en cuando bajaba el vidrio para gritar el nombre de su amigo, en una de esas podría oírle por allí. Impactado, era lo mínimo que se podía decir de su reacción, cuando vio a Edward, a mitad de carretera, haciendo dedo con tan sólo su ropa interior.
—¡Edward! —gritó.
Fue entonces cuando no sabía si arrepentirse y retroceder o quedarse allí y esperar un golpe en el rostro. La mirada de Edward era penetrante, venía caminando directo a él, como un animal rabioso. Se subió al coche de Jasper, le miró intensamente y luego fijó su mirada en el camino.
—A toda velocidad, tengo unos votos que recitar —gruñó.
Entonces, Jasper supo, que Edward no le perdonaría, pero al ver su reacción y la fortaleza de su carácter, poco le importó el perdón, porque a su lado no iba el Edward adolescente que conoció, ni el adulto joven, iba un Edward decidido y fuerte a decirle a Bella que quería ser su esposo para toda la vida ante un altar. Sin más, aceleró a fondo para llegar cuanto antes a la ceremonia.
Hola chicas.
¿Cómo están? Espero que todas esten maravillosamente, porque así lo estoy.
Muy feliz por todo, estoy en el campo y he tenido un golpe de ganas de escribir que ha hecho que salga este capítulo.
Así con las travesuras de estos chicos, ya veremos que ocurre en la boda y todo eso no?
Besos
ManneVanNecker
