Love: beyond the paper.
Summary: Edward se enfrenta a su tratamiento con madurez, mientras que Bella comienza a notar los cambios en su amado ¿Podrá soportar el amor los grandes cambios que les depara el futuro? Secuela Paper Love.
Descalimar: Los personajes no me pertenecen, ellos son creación de Stephen Meyer. La trama es mía por lo que queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Capítulo XIII
Pasado.
Previamente en Love: Beyond the paper: Edward había estado desaparecido por la borrachera que tenían Emmett, Jasper y su propio padre, una vez que es encontrado, se dirigió a toda prisa para su Boda. Una hermosa ceremonia en la que recitó sus votos hacía Bella y se declararon su amor ante testigos ansiosos.
El tiempo corría muy rápido en su nueva vida de casados. Se habían ido a vivir juntos a una casa que compartían con Rose y Emmett, aunque esta era tan amplia que no tenían problemas de convivencia ni juntos ni con sus hermanos. Los hombres se encargaban de las compras de la casa y ellas del aseo y orden. Todo marchaba muy bien, a excepciones cuando tenían exámenes y certámenes de la Universidad, puesto que en esos momentos la casa era un desastre y nadie estaba con ánimo de hacer alguna cosa. Alice de vez en cuando venía a visitarles y ver el desastre que tenían por esas fechas y les ayudaba con ciertas cosas.
—Buenos días, Señora Cullen —sonrió Edward al ver despertarse a Bella.
Ella abrió los ojos y no podía creer que él estuviese allí, tan maravilloso hablándole con tanto amor, al parecer llevaba rato mirándola dormir.
—Buenos días —se revolvió en la cama y se apegó a él.
—¿Desayunamos? —sonrió Edward al verla apegada a su cuerpo como si su vida dependiese de ello.
—No —se quejó mientras se estiraba y reprimía un bostezo —. Quiero quedarme en camita.
Después de los certámenes que ambos habían tenido no podían negar que había poco tiempo para ambos. Ni siquiera habían tenido una Luna de Miel luego de la boda.
—¿Qué te parece si te levantas y nos vamos a tomar desayuno a algún lugar? —la abrazó.
Bella al ver a Edward tan cerca de ella no pudo evitar sentirse atraída por ese hermoso rostro y esas tiernas y melodiosas palabras que salían de esa boca. Perdida en la sensación de pertenencia que tenía con su esposo, le besó con intensidad, provocando la evidente sorpresa de Edward, quién no tardó en responder a esas caricias. Cambiaron de posición y Bella se posó rápidamente sobre él y continuó acariciándole y besándole, en ese mismo instante sonó la puerta.
—¿Se puede pasar? —era Emmett.
Bella se quitó de inmediato de encima de Edward y se abrazó a él, algo molesta y avergonzada por la interrupción.
—Adelante —dijo Edward.
Cuando entraron Rosalie y Emmett comprendieron que era un pésimo momento, pero intentaron hacer caso omiso al rostro de Bella y continuaron con sus planes.
—¿Cómo estuvo ese sueño? —rió Emmett.
—Perfecto, si no nos hubieses despertado —gruñó Bella escondida entre las sabanas y el pecho de Edward.
—Bueno, sólo les veníamos a avisar que a la noche tendremos visitas, unos compañeros de mi carrera y algunos de sus compañeros de Leyes vendrán. Es viernes y planeamos hacer algo así como una pequeña fiesta para celebrar su matrimonio, o lo que debería haber sido la celebración, ya ha pasado más de seis meses y aún no han hecho nada—declaró Emmett.
—Después de todos hay demasiados rumores por la Universidad y aún ustedes no lo han declarado oficialmente, así que sería bueno que hiciésemos algo, ya que no estamos llenos de pruebas y cosas así. ¿Qué les parece? —sonrió Rose y alzó una ceja al ver el seño fruncido de Bella.
—No teníamos en planes una fiesta, pero es cierto que no hemos dicho nada en la Universidad, quizá invitar a algunas personas y declararlo sería sano —sonrió Edward —. Me parece una buena idea, invitaré a algunos compañeros también.
Bella no parecía muy convencida, no quería una fiesta y andar respondiendo preguntas de curiosas, con un par de amigas a las que contarle y unos conocidos estaría bien, pero no hacía falta una fiesta, aún así aceptó porque Edward parecía entusiasmado.
Una vez que Emmett y Rose se fueron conformes de la habitación ya no quedaban ganas de seguir en lo que estaban, así que se levantaron y se fueron a la ducha juntos.
—No se vale —regañó Bella —. Siempre me robas la ducha ¡y te demoras un mundo!
—Tú te demoras más que yo —rió Edward que había entrado a la ducha y estaba lavando su cabello.
—Córrete que yo entro también y nos demoramos menos —rió.
Ambos sabían que la peor solución era ducharse juntos, entre caricias y juegos íntimos pero sin intención de ser algo más, terminaban fácilmente acariciándose con avidez y perdiendo el control de sus sentidos. Entre las caricias del jabón perfumado y la fluidez del agua tibia cayendo en sus pieles, no pudieron evitar entregarse el uno al otro en la perfección de aquella mañana.
—Debería haberlo sabido —rió Bella al salir de la ducha.
—Sigo declarándome inocente, su señoría —sonrió Edward que terminaba de quitarse el shampoo del cabello.
Cuando estuvieron en la Universidad, Edward se dirigió a la facultad de Medicina, donde lo esperaba una clase bastante extensa y sin descanso, mientras que Bella junto a Rose irían a su facultad para entregar el trabajo de defensoría que habían realizado en su pasantía.
—Isabella Swan —le llamó una voz masculina —. Jamás pensé en verte aquí.
La voz le parecía familiar, pero por más que intentó reconocerla le fue imposible, se volteó junto a Rose que le acompañaba para reconocer aquellas marcadas facciones, unos ojos fieros e intensos de un castaño profundo, de pestañas negras que delineaban a la perfección el ojo felino que la miraba con intensidad. No necesitaba hacer más memoria de quién era, podría haberle reconocido en el mismo instante en que pronunció su voz, pero se había negado a sí misma aquella posibilidad. Bajo ninguna circunstancia podría haber deseado que él estuviese aquí.
—Jake —murmuró aún en su asombro.
—¿Cómo estás, cariño? —apegó su fuerte mano a la cintura de Bella y la acercó así para depositar un beso en su mejilla.
—Cullen —interrumpió de inmediato Rose —, Isabella Cullen.
El entrecejo fruncido de aquel joven alto y fornido no pareció importarle a Rose, que seguía con su actitud imponente ante aquel desconocido que parecía tener demasiada intimidad con su hermana. Isabella, quién había tardado en componerse de la impresión, adoptó una postura a la defensiva que Jacob notó de inmediato.
—¿Así que te has casado? —sonrió con sus perfectos dientes blancos deslumbrantes.
Había algo en su acento que le hacía dificultoso reconocer en qué parte lo había adoptado, no era británico ni de alguna zona de USA, tampoco era australiano, pero por su nueva manera de hablar podía distinguir que la amenaza que le había hecho su padre se había cumplido: lo habían enviado fuera del país.
—Si —sonrió Bella —, hace seis meses.
—Vaya, vaya —sonrió Jacob luego de refrescar sus labios con una suave caricia de su lengua que más que esa intención parecía invitar a otro asunto, por lo que Rose actuó de inmediato.
—De seguro nos encantaría charlar, pero tenemos que entregar un trabajo muy importante y ya estamos en la hora justa —alzó una ceja a Bella quién comprendió el mensaje.
—Así es, pero fue un gusto verte, Jake —sonrió por cortesía.
—No creas que para mí no lo fue —se acercó aún más a Bella —. Creo que este encuentro amerita otro con más tiempo, estaré por los alrededores esperando que llegue el momento, cariño.
Besó a Bella en la mejilla y se despidió de señas con Rose, claramente por la actitud de la rubia se notaba que Jacob no le había agradado en absoluto y era cosa de verlo para saber por qué, con una camiseta musculosa y una chaqueta negra de cuero, más esos jeans gastados, unas Ray-Ban estilo aviador, evidentemente no andaba en busca de amistad, menos después de ver como había tratado a Bella. Las evidentes malas intenciones de Jacob se esclarecieron cuando se subió a su moto, corrió sus gafas, miró a Bella y le guiñó un ojo, gesto acompañado de una amplia sonrisa.
Bella se marchó de inmediato, caminó hacia su facultad y se fue directo a la oficina del profesor al que le tenían que entregar el trabajo. En su mente no cabía la posibilidad de haberse encontrado de nuevo con Jake, se aclaró a sí misma que aquellos sentimientos estaban muertos desde mucho antes de lo que ella creía, que nada debía haberla puesto así de nerviosa, que Jake de seguro no buscaba problemas con ella.
—¡Bella! —le llamó Rose que la seguía lo más rápido que podía—. ¡Bella!
Esta se detuvo en seco y esperó que Rose llegara. Ambas estaban de pie frente a la oficina de su profesor y claramente Rose parecía irritada y llena de preguntas.
—¿Me puedes aclarar qué demonios pasó allí? —cuestionó la rubia que parecía echar humos por todas partes.
—Nada, como ves un antiguo amigo, conflictivo y caótico ha llegado recientemente a la ciudad y cómo ves y como ya te había dicho antes, mi pasada vida vuelve a salir a la luz cuando vuelvo a estar feliz —bufó —. Parece ser imposible dejarla atrás del todo.
—¿De qué hablas Bella? —frunció el ceño Rose—. ¿Qué pasada vida? De seguro exageras.
Bella golpeó la puerta de la oficina e ingresó a ella seguida de Rose que estaba molesta por la maniobra evasiva que había hecho su amiga para no responderle. Entregaron el trabajo y se marcharon para la siguiente clase.
—Bella, cuéntame ¿qué demonios te pasa? —insistió Rose.
—No quiero hablar de eso ahora. Además tenemos una clase a la que asistir. De verdad, Rose cuando analice todo te lo cuento —dijo mientras ingresaba a la sala.
Bella no pudo dejar de pensar en el incomodo encuentro y no por lo guapo que se veía Jake, que no podía negarlo, sino por todo el pasado que no le había contado jamás a Edward, por todas esas tonterías que hizo en su temprana adolescencia. Edward se merecía saberlo, él le había contado tanto de su vida, no había nada de su infancia que ella no supiese y se lamentaba de no haber sido tan honesta como él lo era con ella. Lamentaba haberle omitido gran parte de su pasado y aunque Edward poco había preguntado por aquello, sabía que omitirlo no era lo correcto, sabía que Emmett había tenido la razón en tantas ocasiones cuando le había señalado que lo mejor era decirlo antes que viniese todo de golpe y no pudiese evitarlo.
—¿Estás mejor? —sonrió Rose cuando la clase había terminado.
—¿Qué tal si nos vamos por un café lejos del campus? —le pidió Bella.
Rose asintió en silencio y caminaron juntas hasta la cafetería de la Universidad. Una vez con sus tazas de café y unas galletas, se sentaron en el rincón más alejado del público y se dispusieron a conversar con sinceridad. Por primera vez, Bella sintió que era necesario soltar toda su verdad, aunque sabía que no era a Rose a quién debía decírselo, sino a Edward.
—¿Me dirás ahora qué pasa con Jake y toda tu extraña reacción? —susurró Rose por si es que habían oídos curiosos escuchando.
—Tú sabes que mi padre es el jefe de seguridad de la Casa Blanca —Rose asintió —. Cuando estábamos viviendo con él, todo era un caos, cuidaba de la seguridad de la familia del presidente, así como de la nuestra. No tardé en volverme contra él por su exceso de protección, no nos dejaba hacer nada y como buena adolescente buscaba problemas a propósito.
—No le veo nada de extraño a todo esto —dijo Rose luego de beber un poco de su café.
—Porque aún no hay nada de qué espantarse —sonrió sin convicción —. El problema comenzó cuando me inicié en el grupo del hijo del presidente, Daniel era un chico muy amable y bien educado, cuando me invitó a unirme a su grupo, jamás pensé que sería lo opuesto. Siempre me había dicho que él no era lo que su padre quería, pero que debía aparentarlo por el bien familiar. Como todo chico salía de fiestas con amigos, pero este grupo era más que eso, había drogas, excesos y entre esos también salían muchas chicas embarazadas —los ojos de Rose demostraron su espanto al imaginar a Bella en ese estado —. No, no te preocupes, no me embaracé. No se trata de eso, se trata de que en esos estados de exceso en los que bebía y consumía todo tipo de drogas que llegaba a mis manos, conocí a Jacob. Era parte del grupo de Daniel y solía ir de vez en cuando a las juntas. No era un chico como los demás, mantenía ese aire misterioso que tanto me gustaba. Con él me metí en tantos problemas como pude, estuvieron a punto de llevarme presa por consumo de alcohol en la vía pública y por estar drogada, pero todo lo ocultaba mi padre, él tenía el poder de silenciar todo cuanto me rodeaba y fue así como no parecía pasar nada ante los ojos del mundo. Emmett se alejó de mí, no me hablaba, discutíamos por tonterías, llegué a robarle sus cosas para poder comprar mis adictivos. En ese ambiente llevaba dos meses cuando mi papá al ver que no había vuelta atrás en el asunto y descubrir que era el hijo del Presidente, Daniel, que me había llevado por este camino que decidió mandarme a una casa de Rehabilitación y Reformatorio, cuando fui allí, obviamente odié a mi papá y por sobre todo a Emmett que me llevó allí—Bella hizo una pausa para beber su café.
—¿Por qué no le has contado a Edward? —aprovechó Rose la pausa para preguntarle.
—Porque esta es la parte simple del cuento —sus manos temblaban—. No estuve ni tres días en el centro de Rehabilitación y Reformatorio, Jacob, no sé cómo, consiguió sacarme de allí sin que mi padre se enterase y nos escapamos a Las Vegas.
—¿A Las Vegas? —frunció el ceño Rose.
—Jacob había falsificado una identificación para que nos casáramos y luego pudiésemos irnos del país —su voz parecía un hilo.
—¿Me estás diciendo esto en serio, Isabella? Porque esto parece sacado de película —alzó una ceja cuestionándola, al ver que Bella no decía nada, ella negó incrédula—. No puedo creerlo, tú no eres así Bella, jamás has tenido adicciones, llegaste a Forks siendo una chica ejemplar, tus notas son sobresalientes… Además no podrías estar estudiando leyes con ese prontuario.
—Mi padre cubrió todo. Nos interceptó en el viaje, camino a Las Vegas, llevó a Jacob con su padre quién le envió de castigo a otro país con unos familiares y tendría que trabajar duro para volver a tener comodidades, mientras que yo fui enviada con mi madre a Forks para no causar más problemas a mi padre en su trabajo y porque allí se suponía que estaría mejor y así fue —sonrió —. En ningún otro lugar podría haber estado mejor.
—¿Seguiste en terapia o algo? ¿Cómo superaste todo esto? —insistió.
—No quería nada de terapia, quería llorar todo el día por estar separada de Jacob, me creí enamorada y sabía que él también lo estaría de mí. Emmett a pesar de ser arrastrado a Forks por mí culpa y de tratarme bastante mal los primeros meses, comprendió lo difícil que era para mí y comenzó a tratarme con más amabilidad y me llevó a un psicólogo —sonrió —. Jasper.
—¿Te atendías con Jasper? —dijo impactada Rose.
—Sí, él me comenzó con mi tratamiento, no era algo grave y rápidamente le encontró razón a mi padre al decir que había sido el ambiente en el que me movía y la falta de atención. Dentro de mí sabía que yo no era así y que quería algo mejor para mí. Cuando conocí a tu hermano —se silenció —. Cuando conocí a Edward ya había pasado lo peor, había estado tres meses en Forks en clases particulares con Emmett y todo parecía indicar que era tiempo para hacer una vida normal. Sé que no habría podido hacerlo sin Edward, él fue mi fuente de inspiración. Siempre decían que mi caso no era el peor, que siempre había gente con problemas más importantes que los míos, siempre me vi menospreciada y aún así insistía en ser más que el resto, claro que no de la mejor manera. Quise ser la más problemática y lo conseguí, pero no quería destacar así. Mi mamá me prestó las atenciones que tanto me hacían falta y cuando sané ya era tarde, había vuelto a enfermar, pero esta vez era culpa de tu hermano —suspiró —. Su insistente silencio y timidez me hacían ver que eso no era todo lo que podía haber en él y me obsesioné por conocerle, por saber cuál era su verdad, porque detrás de todo hay una verdad diferente a la que el mundo ve y quería que él la compartiese conmigo, luego de eso… todo cambió para mí. Me obsesioné por escucharle hablar, quería que me hablase, que me tuviese confianza, que viese en mí lo que yo veía en él: ese potencial único que todos tenemos —su voz se quebró y un par de lágrimas corrieron por sus mejillas —. Y… Y cuando le conocí y él veía en mí su musa, veía en mí ese alguien especial y único que siempre quise que vieran, cuando él me tocó la primera vez y pareciese que para él era de cristal y cuidaba de no hacerme daño, cuando eso ocurrió, me sentí amada por primera vez en toda mi vida y quise atesorarlo para mí y para siempre. Entonces no podía contarle mi verdad sin herir aquella hermosa imagen que él había creado de mí.
Rose le entregó un pañuelo para que limpiase sus lágrimas y la abrazó con ternura. Todos habíamos cometido errores alguna vez y ella no era quién para cuestionarla ni mucho menos criticarla, no después de todo lo que había hecho por él y mucho menos por lo que ellos eran ahora. Ambos habían cambiado para bien y su felicidad crecía cuando estaban juntos, así que abrazó a Bella con todas sus fuerzas.
—Está bien —susurró Rose consolándola—. Ahora estás bien y Edward también lo está gracias a ti.
—Pero —dijo entre sollozos aún abrazada de Rose —. Pero le mentí, me casé con él sin decirle quién soy en realidad.
—Quién fuiste, Bella, quien fuiste, ahora eres diferente y él también lo es —se separó suavemente de ella —. Pero es tiempo que le digas a Edward todo, sería mucho peor si se enterase por otra persona.
—Por Jake —susurró Bella recogiendo sus lágrimas y bebiendo el último sorbo de café que estaba frío sobre la mesa.
Hola Chicas.
¡Al fin! Luego de tanto tiempo.
Debo decirles que no he tenido tiempo para escribir, he estado con exámenes finales, y visitas en casa, atendiendo a todo tanto como me sea posible, pero estoy feliz que al fin, entre tantas cosas que hacer y el hiatus personal que tenía con esta historia pudiese escribir este capítulo que tenía pensado hacía mucho tiempo.
En la primera parte de Paper Love, pudimos ver a Edward lleno de inseguridades y miedos, ahora vemos la verdad de Bella.
Para las que no recuerden, en el primer capítulo se hace alusión de la escapada de Bella con su novio.
¡Muchos cariños y espero que estén todas muy bien!
Manne Van Necker
P/D: Están traduciendo PAPER LOVE AL RUSO! (Me hace tan feliz)
